Páginas

lunes, 2 de julio de 2018

El puesto de limonada de este niño de seis años recaudó 13,000 dólares para los niños inmigrantes

Artículo publicado originalmente por Munchies Estados Unidos.

Recaudar dinero por una buena causa es algo digno de elogio a cualquier edad, pero para los niños de seis años, las oportunidades de organizar grandes eventos de recaudación de fondos son pocas... o al menos eso creíamos. ¿La respuesta? Un clásico puesto de limonada.

De una manera totalmente estadounidense para combatir un tema vergonzosamente anti estadounidense, un niño de seis años abrió un puesto de limonada en Atlanta, Georgia, con el objetivo de recaudar dinero para ayudar a los niños separados de sus padres en la frontera con México.

Cuando Shannon Cofrin Gaggero, madre de dos hijos, explicó lo que estaba sucediendo con las familias inmigrantes en la frontera, su hijo de seis años estaba ansioso por ayudar. Gaggero estableció una meta de 1,000 dólares para la campaña de recaudación de fondos para el puesto de limonada, una cifra que consideró realista. Sin embargo, el resultado fue demasiado realista. En sólo tres horas, la recaudación alcanzó el objetivo de 1,000 dólares. Seis días después, alcanzó los 13,000.

Todas las ganancias de Gaggero beneficiarán al Centro de Refugiados e Inmigrantes para el Servicio Legal y de Educación (RAICES), una organización sin fines de lucro de Texas que ofrece servicios legales gratuitos y de bajo costo a los inmigrantes.

Con la esperanza de comenzar a ayudar a la organización lo antes posible, Gaggero decidió cerrar la campaña en internet luego de que alcanzara los 13,000 dólares para poder eludir el sistema de pago de dos semanas de Facebook para la recaudación de fondos.

Un consejo rápido para cualquier niño que pueda estar leyendo esto: No todos los dueños de puestos de limonada ganan 13,000 dólares por semana. Quédense en la escuela.

Ian Burke https://ift.tt/eA8V8J

Relájate y explora 'El viaje de Chihiro' de Hayao Miyazaki en Minecraft

Hoy mi papá cumple 80 años

Artículo publicado por VICE Argentina

Escritores de Latinoamérica arrancan en VICE la serie “Correspondencia Mundial”, un cruce de correos literarios para comentar los pormenores del encuentro en Rusia 2018.

Hoy mi papá cumple 80 años. Voy a ir a trabajar y después voy a ir a verlo a su casa de Avellaneda, ahí en el primer cordón del conurbano, al sur de Capital Federal. En Avellaneda hay 2 de los 5 llamados equipos *grandes* del país, Independiente y Racing. Entre una cancha y otra hay apenas 300 metros de distancia. Comparten una calle –Alsina– y la zona se alterna entre el color rojo y el celeste y blanco de acuerdo al equipo que juegue ese día. Avellaneda es una de las 6 ciudades en el mundo –y la primera más chica– en tener 2 campeones del mundo.

Con este panorama es medio difícil ser o haber nacido en Avellaneda y que el fútbol te pase por el costado. Sin embargo, mi papá es hincha de Boca. Una vez me contaron, no él, porque supongo que le daba un poco de vergüenza la historia, que en realidad era hincha de Independiente, pero que a los 6 años su padrino le prometió que si se hacía de Boca le iba a regalar una bicicleta. Mi papá, que nunca llegó a tener una bicicleta en su vida, ni en ese momento ni en otro, aceptó. La bicicleta nunca apareció. Lo que sí le apareció es una hija hincha de Independiente. A veces me pregunto si al verme a mí ve una renuncia o una revancha.

Seguramente cuando hoy lo vea me va a preguntar cómo ando, si tengo trabajo, si como bien y cómo me vuelvo a mi casa. También es probable que me haga algún comentario sobre el Mundial. El fútbol siempre funcionó como una masilla entre nosotros, un pegamento que nos unía y corroboraba el parentesco de una manera fácil y llevadera. Con los años me empezaron a importar otras cosas, el fútbol dejó de ser un adhesivo efectivo y no lo reemplazó nada. Sin embargo, cuando perdimos el sábado 4 a 2 contra Francia en lo primero que pensé fue en él y en cómo llegará al Mundial del 2022. Me pregunté si iba a estar, y me dio bastante pena todo. Mi papá es fuerte, hizo trabajo físico toda su vida –se colgaba de torres para soldar– pero hoy cumple 80 años.

En todo el mundo el fútbol tiene la fama de ser el deporte del *pueblo*, y por esa misma razón está expuesto a toda clase de gente que no forma o no tiene ganas de formar parte del *pueblo* y toma la palabra durante el Mundial para señalar que el fútbol es una customizada cortina de humo para tapar todos los males del país, del continente y del mundo. No lo niego, porque negarlo sería lo mismo que negar que los últimos tres libros que leí tirada en la cama también son una cortina de humo, y que este fin de semana que estuve con mi novia y la pasamos increíble porque conectamos también fue una cortina de humo y que las trufas que comí mientras escribía esto también lo fueron. No lo niego, porque es hacerle precio a la estupidez regalarle negaciones. Y porque nunca van a entender los que levantan el dedito que el fútbol, además de ser un deporte hermoso, estético y con la capacidad de instalarte en el pleno presente como pocas experiencias lo hacen, es una excusa que sirve para recordar esas redes de afecto que subyacen y nos sostienen.

En lo personal, no disfruto ni vivo el fútbol como un entretenimiento: lo sufro; me excito si mi equipo gana; me deprimo si pierde. Puedo llegar a reconocer y a denostar cuando jugamos horrible, pero no es lo que más me importa. Quejarse de que un partido de fútbol es aburrido, que esté siendo mal jugado o que los mejores jugadores no aparezcan es lo mismo que decir que el final de Anna Karenina es triste: es no entender nada. A las personas que nos gusta el fútbol no nos importa su aspecto de pasatiempo: nos lo tomamos en serio y cada uno sabrá porqué. Al fútbol voy a gritar, a descargarme, a hacer comunidad, a intentar destruir imaginariamente a otra comunidad, a abrazarme con alguien que no conozco y, tal vez, para no olvidarme de dónde vengo. O para autoengañarme con el pensamiento tranquilizador de que vengo de algún lado. Igual todo esto cada vez me pasa menos, como si el paso del tiempo fuera un embudo que te va acotando la experiencia.

Con esto quiero decir que Argentina jugó horrible contra Francia –y contra Islandia, Croacia y Nigeria– pero eso no es lo importante. Porque durante los 10 o 15 minutos que íbamos 2 a 1 el corazón fue por ascensor y la razón por escalera. Durante 10, 15 minutos nos vi en cuartos, con una vida más y mejor humor en la calle como si todos hubieran tenido buen sexo o gustaran de alguien y fueran correspondidos. Pero fuimos felices 10 minutos, como casi siempre en la vida con todo. Francia nos liquidó con absoluta justicia de la mano de un jugador –galgo, de un galgo negro de zancadas majestuosas e inalcanzables: Kylian Mbappé. Galgo, gacela, guepardo, pantera hijo de una argelina y de un camerunés, Mbappé fue la punta de lanza de un equipo que nos pasó el trapo y nos expuso como a un alumno que, de 10 preguntas en un examen, sabe con suerte 3.

Como dijo un amigo por ahí, los padres y madres de las inferiores de Francia cruzan el Mediterraneo en barco todos los días. Mbappé, Pogba, Kanté, Matuidi lo confirman. El equipo francés campeón del mundo del 98 nos lo recuerda. Y el documental Les Bleus: Une autre histoire de France 1996-2006, que se puede ver en Neflix, registra una de las más grandes tensiones de nuestro tiempo: el racismo y la necesidad de integración. Como si para ser aceptado hubiera que levantar la copa o convertirse en el hombre araña para salvar a un bebe colgado de una baranda, la selección francesa nos recuerda uno de los principales problemas de las democracias europeas.

En Argentina tenemos nuestras propias tensiones y expectativas. El 8 de agosto, luego de obtener la media sanción en diputados adentro de un Congreso rodeado por un millón de mujeres, el proyecto de ley de legalización del aborto se vota en la cámara de senadores. Le pedían la copa a Messi, pero creo que la vamos a traer nosotras. Y eso no sería ganar, sería hacer justicia.

Silvina Giaganti https://ift.tt/eA8V8J

Diez historias detrás de los despidos masivos en Télam

“Ganamos los que siempre perdemos”: Así festejaron a AMLO en el Zócalo

Esta bolsa de aire para smartphone protege a tu celular de las caídas

Artículo publicado originalmente por Motherboard Estados Unidos.

El diseño de un protector de smartphone que despliega unos bómpers que hacen las veces de bolsas de aire cuando tu celular se cae tiene a toda la web fascinada. Si alguna vez has sentido accidentalmente el terror momentáneo que provoca ver tu teléfono descender hacia el suelo en cámara lenta en la vida real, en otras palabras, si eres un humano, querrás probar esta maravilla

El protector fue diseñado por Philip Frenzel, un estudiante de ingeniería en la Universidad de Aalen en Alemania, después de cuatro años de trabajo. Frenzel ideó el diseño después de que la pantalla de más de uno de sus celulares se rompiera por alguna caída, le dijo a la emisora pública Südwestrundfunk. Los brazos flexibles están ocultos dentro de cada esquina de la elegante carcasa y sólo se despliegan cuando los pequeños sensores que lleva dentro detectan que el teléfono está en caída libre.

No estoy segura de por qué esto no se le ocurrió a nadie antes, pero el genio del diseño no ha pasado desapercibido. Frenzel recientemente fue galardonado por su sobresaliente trabajo en el campo de la mecatrónica por la Sociedad Alemana de Mecatrónica. Ahora sólo tenemos que esperar su Kickstarter para que el resto de nosotros, torpes y descuidados, podamos tener en nuestras manos un protector como éste.

Kaleigh Rogers https://ift.tt/eA8V8J

Este Breathalyzer BO olerá tus axilas para que tus amigos no tengan que hacerlo