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lunes, 1 de octubre de 2018

Esta es la primera revista porno de la historia

La mujer trans que se convirtió en dragón

"AMLO es la esperanza hecha hombre": Latinos cuentan qué piensan de su presidente

Artículo publicado por VICE México.

Todos tenemos una opinión de nuestros presidentes. A los políticos nosotros mismos los ponemos ahí cada cuatro o seis años con nuestros votos. Nos engañan, cumplen a medias, o dejan en el olvido todas las propuestas y promesas que hicieron en el tiempo de campaña. Es como una historia repetida que no tiene fin. Pero siempre confiamos. A veces nos ilusionamos tanto con un cambio que despersonalizamos y descontextualizamos la manera en la que los presidentes llegan al poder. Pero nuestro deber como ciudadanos y miembros de una sociedad es exigirle al presidente en turno que haga su trabajo de la mejor manera posible, indiferentemente de cualquier bando político que sea.

Latinoamérica fue dominada por la izquierda no hace mucho: Lula, Hugo Chávez, Cristina Kirchner, Rafael Correa. Hoy, al parecer, estamos viviendo un revival de la derecha en algunos países.

Le preguntamos a latinoamericanos qué opinan de su presidente actual en seis palabras, lee sus respuestas abajo.

"Un imbécil que destruyó nuestra economía". —Gustavo, 27. Argentina.

"La razón por la que emigré". —Mario, 29. Venezuela.

"Lo mejor que ha pasado últimamente". —Daniela, 27. Chile.

"El cambio que todos necesitábamos urgentemente". —Luis, 29. México.

"Un robo a la historia contemporánea". —Raúl, 30. Brasil.

"Un asesino que pronto podremos sacar" —Michelle, 25. Venezuela.

"Un retrógrada que nos quiere retrasar". —Ignacio, 32. México.

"La pizca de esperanza que necesitábamos". —Sebastián, 30. Colombia.

"Una persona cegada por su poder". —Daniela, 25. Perú.

"La única vez que mi voto funcionó". —Ángel, 30. Ecuador.

"La demostración que la democracia funciona" —Susana, 29. Chile.

"La opción menos peor para Colombia". —Camilo, 27. Colombia.

"Una transición necesaria para el país". —Diego, 35. Uruguay.

"Lo peor que recuerdo en política". —Johana, 28. Argentina.

"El enemigo número uno de Venezuela". —María, 25. Venezuela.

"Una vuelta al progreso económico real" — Paola, 28. Chile.

"El regalo más grande del año" —Carlos, 28. Colombia.

"Una persona insegura, falsa e hipócrita —Claudia, 30. Venezuela.

"Un atraso económico nunca antes visto" —Roberto, 25. Argentina.

"AMLO es la esperanza hecha hombre" —David, 30. México.

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"Lloré de la desesperación": El martirio de titularse de una universidad mexicana

Artículo publicado por VICE México.

No es lo mismo graduarse de una universidad pública, que de una privada. Al menos en México, cada una de estas opciones tiene sus matices, convirtiendo esta experiencia en algo muy distinto para cada estudiante. De acuerdo con la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior (ANUIES), mientras en instituciones particulares reconocidas se titula 66 por ciento de los alumnos que ingresaron en el mismo periodo, en las públicas la cifra desciende a 52.

Para comprender un poco mejor la distancia estadística, hablamos con egresados de distintas universidades en el país, y después de escucharlos coincidimos con ellos en que hacerlo en cualquiera de las dos opciones, implica ventajas y desventajas, y que finalmente para casi todos resulta un calvario.

Lee sus historias abajo.


Anel Bautista, 27

Título: Instituto Politécnico Nacional

Hay varias formas de titulación en el Poli —universidad pública—. Yo elegí seminario de actualización porque se me hizo cómodo en tiempo. Con fotos, donación de libros, empastados y pasajes por las vueltas que te hacen hacer, tal vez me gasté un total de 8 mil 500 pesos.

De ese total, el seminario me costó 5 mil, duró 4 meses y al aprobarlo, ya quedaba lista mi titulación.



Sacar el título y la cédula implica un trámite personal en las oficinas centrales del Instituto. En la DAE (Dirección de Administración Escolar) tienen una plataforma que es necesario monitorear para saber cuál es el estatus del título. Tardan como mínimo tres o cuatro meses. A mí me tocó al inicio del paro del Instituto y tardé en hacer todo como un año y medio.

En general, se me hizo muchísimo tiempo. Ahora, con la cédula electrónica, tal vez tarde menos.


Elisa López, 30

Título: Universidad Intercontinental

La titulación fue relativamente difícil en mi tiempo. Teníamos que hacer tesis y tesina. A pesar de que mi universidad era privada, no era muy cara y la titulación tampoco. Pasó el tiempo y me enteré que ahora los alumnos ya pueden hacer algo llamado “titulación cero”, mediante la que pueden acceder a un trámite muchísimo más fácil y rápido, pero caro.

La titulación normal cuesta 14 mil pesos, siempre y cuando hayas cursado y pasado todo lo que te piden: las clases normales, los idiomas, los servicios prestados en otras instituciones, etc.. Yo tardé en titularme como seis meses.



Javier González, 32

Título: Universidad Panamericana

Yo ya no quería estudiar mi carrera en la UP —universidad privada de la CDMX— pero tuve mucha presión familiar, por lo que decidí hacer el método más rápido de titulación. Tuve que ir a la Universidad de Nueva York —NYU, por su sigla en inglés—, tomar unos cursos aquí en México y aprobar unos exámenes.

Estuvo bien, pero una vez que concluí con todo, ha sido súper tardado y he tenido que corretear a todos. Se tardaron como dos meses y medio para los "vistos buenos" administrativos, otro mes y tanto para una cita de toma de protesta y a partir de allí una espera larguísima.

La verdad, es un proceso de hueva y no debería ser así. Ojalá con lo de la cédula nueva todo mejore. No entiendo como con tanta tecnología esto sigue tan mal.


Dania Corcuera, 27 años

Título: Universidad Nacional Autónoma de México

Titularse de la UNAM —universidad pública de la CDMX— es un desgaste de inicio a fin. Entiendo que se trata de una de las instituciones con más renombre en toda Latinoamérica, pero sin duda muchos procesos podrían ser menos engorrosos, es muy tardado y hasta inútil.

Reconozco que gran parte del tiempo que tardé en hacerlo dependió de que salí de estudiar y me dediqué a trabajar de inmediato. Pero cuando empecé a recibir muchos reproches de mi familia, volví a mi proceso de titulación y el sólo hecho de pedir informes implicó malas caras, ventanillas cerradas por la hora eterna de comida y la necesidad de cruzar toda la ciudad para llegar hasta mi facultad. Confieso que alguna vez lloré de la desesperación.



En cuanto a los trámites, fueron muchas copias, muchas firmas, una tesis, plazos vencidos, renovaciones, nuevas firmas, validaciones y espera. En el proceso, con todo y la impresión de los tomos de mi tesis, así como el derecho a examen y el pago del cartón, me gasté como seis mil pesos.

Valió la pena. En el caminó creo que envejecí bastante, pero a final de cuentas ya tengo mi título y mi cédula —que la misma UNAM me tramitó, lo cuál es una gran ayuda— y eso es lo único importante.


Carlos Ruiz, 32 años

Tecnológico de Monterrey Campus Puebla

Para graduarte, el Tec —universidad privada en el estado de Puebla— no necesitas hacer tesis. La mayoría de las carreras se gradúan por examen CENEVAL y en las que no aplique porque no existe ese tipo de examen —Relaciones Internacionales, algunas ingenierías, licenciatura en Creación y Desarrollo de Empresas—, te gradúas haciendo un proyecto.

Respecto al trámite, el Tec te ofrece una opción mediante la que pagando una cuota de gastos de graduación, ellos ven todo por ti, hasta la entrega de tu cédula profesional. En el 2011, que fue cuando yo salí, los gastos estaban aproximadamente entre 35 y 40 mil pesos.


Relacionado: Así fue la mayor protesta estudiantil de los últimos años en México.


Con ese pago ellos organizaron un evento de firma de título en el campus, un desayuno con el rector previo a la graduación, el evento oficial, y el trámite de la cédula profesional —que te entregan ellos mismos en el campus aproximadamente dos meses después ya validada y liberada—.

Yo me gradué en junio de 2011 y en agosto del mismo año ya tenía en casa mi título y cédula profesional. No sé qué tanto haya cambiado el proceso, pero me imagino que no mucho. Probablemente ahora sea un poco más caro que cuando salí.

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Busqué a mi sobrino en los tráilers abandonados de Jalisco

Artículo publicado por VICE México.

Las calles estaban repletas de automóviles de familias que buscaban a sus desaparecidos. Alejandro Puerto Covarrubias descendió del coche una calle antes de su llegada al Instituto Jalisciense de Ciencias Forenses, en el número 2395 de Batalla de Zacatecas, en Tlaquepaque, y al segundo percibió el hedor a cuerpos en descomposición. Olía a sangre podrida y la fetidez iba en aumento mientras caminaba rumbo a la entrada del edificio.

Alejandro dice que ya se acostumbró a ese tufo fúnebre. Desde hace año y media busca en los forenses el cuerpo de su sobrino desaparecido, Carlos Arturo. Por eso no aceptó el cubrebocas que le ofrecieron al ingresar a la morgue.

Llegó al instituto forense porque, a mediados de septiembre, se informó sobre la aparición de cajas refrigeradoras de tráilers que contenían cientos de cuerpos ante una infraestructura insuficiente para el resguardo de los no identificados. Uno de esos enormes féretros, con 157 cadáveres, fue reubicado en más de una ocasión pues no existía un espacio para resguardarlo. Luego se informó que se depositó en una bodega de la Fiscalía de Jalisco, en Tlaquepaque. El cuerpo de Carlos Arturo podía estar ahí.

Cuando Alejandro se enteró de la existencia de los contenedores, lo primero que hizo fue ponerse en contacto con la fiscalía. Averiguaba qué procedía para quitarse la duda de si su sobrino estaba entre los cuerpos almacenados. Lo remitieron al instituto forense. Al poco tiempo llegó a Tlaquepaque.

***

Carlos Arturo Ruíz Puerto, de 30 años, desapareció el 6 de marzo de 2017. Lo último que se supo de él es que estaba en su casa en el municipio de El Grullo, al suroeste de Jalisco, la región con mayor número de desaparecidos del estado. Ese día iría a visitar a su pareja, en Unión de Tula, a media hora de camino. Un testigo relataría haber visto cuando lo subieron a una camioneta “parecida a la de los judiciales”. Carlos Arturo vestía camisa sin mangas, bermuda de mezclilla y sandalias. No se había alistado para salir. Al ingresar a su domicilio, sus familiares descubrieron en la sala una muda de ropa. Se preparaba para tomar un baño.

“Te haces mil ideas de qué pudo haber pasado”, señala Alejandro, estudiante de 26 años y oriundo de Guadalajara. “No sabíamos cómo proceder. No queríamos presentar la denuncia, hasta que hubiera certeza de algo, lo que fuera”. Finalmente, la levantaron el 29 de marzo en Autlán de Navarro, pero desde ese día no hay avances. Hace no mucho, personal de la Fiscalía Especializada en Personas Desaparecidas buscó a la familia para preguntar qué había averiguado. Tras unos segundos de indignación, Alejandro respondió: “Esto es increíble. Son ustedes quienes tendrían que decirnos”.

***

En el primer filtro del instituto forense hay un grupo de policías que le solicitó su identificación y tomó sus datos, anotados en una bitácora. Alejandro lo dijo claro: “Vengo a investigar si mi sobrino está entre las cajas de tráilers”. Accedió por un pasillo y fue en el segundo filtro en donde comenzó el problema. Las jóvenes que ahí efectuaban su servicio social atendían a las familias que buscaban a sus desaparecidos.

Alejandro describió a Carlos Arturo de pies a cabeza. “Me enfrenté a un inconveniente grande de comunicación, porque la joven no era experta en temas forenses o penales. Por ejemplo, no sabía cómo se llamaban las partes del cuerpo”. La encargada escribió con pluma el testimonio en una hoja en blanco, sin formato alguno. Al final trazó un 55, el número de ficha que correspondía a Alejandro. Apenas eran las 12 del día y otras 54 personas ya aguardaban.



A partir de ese momento, espero en una sala improvisada: unas cuantas decenas de sillas en un cuarto sin calefacción y con las puertas abiertas para, sin suerte, ventilar el fuerte olor y combatir el potente calor.

Al lado de esa sala, Alejandro recuerda una puerta de cristal “que va a las planchas donde tienen los cuerpos y hacen las autopsias”. Hay otro pasillo que llega a oficinas administrativas: trámites de actas de defunción, entrega de cuerpos.

Dos horas después, no ocurrió nada. Harto, preguntó cuál era el procedimiento y otra joven de Derechos Humanos de la fiscalía le respondió que, cuando llegara su turno, pasarían a otro cuarto a examinar la base de datos del forense. Alejandro sintió ánimos, que se extinguieron conforme pasaron más horas: ocho en total, sin que alguien explicara qué sucedía. Ocho horas en las que las familias se animaban con al menos una mirada fugaz.



Por fin, llegó el momento de Alejandro. Pasó a la sala donde cuatro personas revisaban “la base de datos”. Se percató enseguida de que no existía un registro fotográfico. Lo que vio fue carpetas verdes de archivo, de las tradicionales de argolla grande, apiladas en una silla. Ahí estaban las fichas de control de personas no identificadas.

Una joven preguntó la fecha de desaparición. “En la tarde sólo hacemos búsqueda de los acumulados este año”. Nadie había dicho eso antes. “Por favor, regrese en la mañana”.

El trabajo del personal consiste en cotejar la descripción proporcionada en la hoja en blanco con la información en esas fichas. “No hay una certeza de que en realidad estén revisando los datos de los cuerpos en las cajas de tráilers”, examina Alejandro. “Pudiera ser cualquier archivo. El gobernador Aristóteles Sandoval afirmó que cada cuerpo tiene una ficha de control. La situación con que me enfrenté me hace creer lo contrario. En ese momento, no podía creerlo, tantas horas de espera para recibir un ‘venga mañana’”.

***

Alejandro ya había buscado a su sobrino en tres forenses e incluso un MP lo citó en Tamaulipas, pero un policía de Jalisco le aconsejó no ir. Era peligroso.

La noticia sobre los contenedores no fue novedad en el estado. Desde hace cuatro meses se conocía que se transportaban cuerpos que no alcanzaban lugar en el forense, pero la gente pensaba que era una forma de conservar los cadáveres. “No sabíamos que los tráilers no tenían calefacción, que no iban resguardados. Se movían por la Zona Metropolitana de Guadalajara, pero no hay una bitácora sobre quién manejaba, cuántos cuerpos había. Desconocíamos ese nivel de improvisación. Más bien parece que quieren esconder los cuerpos del delito”, analiza.

El gobierno declaró que eso cuerpos correspondían a los desaparecidos entre 2015 y 2017. Al enterarse de que había tantos, almacenados en cajas dentro de tráilers, Alejandro pensó que su sobrino podría haber estado ahí desde hace tiempo, pero que la autoridad no se había preocupado en investigar si el perfil encajaba con una víctima en poder del estado.

“Muchas cuerpos permanecen en ese lugar, los conservan de forma incorrecta y le dicen a la gente que no aparecen sus familiares sin indagar”, critica. Fue el 24 de septiembre pasado cuando, en compañía de su pareja, Alejando acudió al instituto forense, en Tlaquepaque, sin sospechar lo mal que la pasaría.

***

Alejandro no vio los tráilers. No puede afirmar que estuvieran ahí. “No sé si el forense tiene en su poder los cuerpos. Se dijo que la fiscalía había rentado una bodega para guardarlos, en Tlaquepaque, y que el personal forense comenzó a procesar los cadáveres, pero no hay certeza. No se especificó dónde ni el proceso de reconocimiento”, denuncia el estudiante, quien recientemente se enteró de que en al menos seis ciudades almacenan cadáveres en 12 tráilers.

Como Alejandro, el resto de las familias en el instituto forense estaba ahí por voluntad propia, no por convocatoria de las autoridades.

“Me quedé con la percepción de que todo ahí es improvisado. Esperaba revisar datos en una computadora y eran carpetas”, enfatiza, “La fiscalía no orienta a las víctimas. En el forense, me puse a pensar en la falta de seriedad en manejar datos tan importantes. Por eso muchas personas siguen sin identificarse. La joven que hace la búsqueda llevaba varias horas trabajando, descifrando la letra de quien hizo la descripción, revisando una y otra vez. No hay responsabilidad ni respeto”.

***

Cuando salió del forense, aguardaban todavía unas 30 personas y otras más llegaban, tras salir del trabajo. En promedio, unas tres personas pasaban por hora y nada justificaba la espera.
Alejandro planea ir de nuevo al forense para verificar si en realidad se revisan los cuerpos en los tráilers. Si encaja la descripción de su familiar con las supuestas fichas de control, seguiría un reconocimiento visual.

“Pero creo que se habló de fichas por presión mediática”, reflexiona. “Insisto en que es un problema de ineficacia política del gobernador, quien no se preocupa por un instrumento eficaz para identificar cadáveres. Quiere solucionar el problema con un refrigerador. Eso sólo servirá para acumular cuerpos”.

En esas ocho horas, Alejandro vio entrar y salir coches del forense. “Parece un hospital de guerra, entran y entran muertos por un ingreso lateral. En Guadalajara asesinan a ocho personas por día y ahí te percatas de las crisis”.



En la fúnebre visita, escuchó a los familiares decir que, como los tráilers no contaban con calefacción, la piel de los cuerpos se había carcomido, y que había desabasto de médicos, tanto que solicitaron refuerzos a las delegaciones regionales. “El gobierno quiere solucionar la crisis mediática, no el problema de fondo. Urge que haya refrigeradores para meter muertos y no que sus familiares logren recuperarlos. La autoridad se rindió ante la inseguridad y no se preocupó de las consecuencias”.

En su búsqueda, Alejandro encontró que Arizona tiene una página web con filtros accesibles, una base de datos para identificar a gente que murió en el desierto. “Puedes buscar por rango de edad, peso, estatura, y se despliega una lista de expedientes. Si encuentras a tu familiar, reclamas su cuerpo. Entonces, se puede. Nuestros gobernantes no están preparados para eso”.

***

Esa noche, Alejandro no pudo dormir. Tampoco las que vinieron. Recordaba a las familias de Tamaulipas que estaban ahí y habían recorrido diversos forenses del país. “Vienen de lejos pero no hay búsqueda exhaustiva. ¿Cómo es posible ese trato?”

Quizá por eso se animó a contar su experiencia en Twitter y vecinos del fraccionamiento Revolución, que se encuentra atrás del instituto forense, le informaron por esa red social que el olor a muerto del que hablaba a veces era insoportable. Que así vivían.

“Más que el crimen organizado, me hace sentir inseguro la frivolidad del gobernador, una persona que no está acostumbrada a que se le cuestione”, sentencia Alejandro, “Imagínate a nivel nacional cuántas personas siguen sin ser localizadas, no porque el narcotráfico las haya disuelto en ácido o arrojado en un barranco, sino porque el Estado se dedica a escondérselas a sus familiares. Esto, definitivamente, es el infierno”.

Guillermo Rivera https://ift.tt/eA8V8J

El boom de las carreras humanistas después del 68

Artículo publicado por VICE México.

Lo primero que hay que tomar en cuenta es el contexto en el que se da el movimiento. Era 1968, habían pasado más de 20 años desde el fin de la Segunda Guerra Mundialy en el mundo se vivía una Guerra Fría entre la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) y Estados Unidos —los grandes vencedores de los nazis— que aunque no se enfrentaban directamente sí participaban en hostilidades regionales y locales en varias partes del mundo. La influencia de uno y otro país se hacía sentir en distintos conflictos bélicos. Eran las dos opciones de mundo que se ofrecían en la época: el socialismo soviético o el capitalismo de nuestro vecino del norte.

Por aquellos años, la Guerra de Vietnam atravesaba sus capítulos más sangrientos y la Revolución Cubana presumía sus logros en materia educativa y agraria, avances que después servirían como una meta común para varios movimientos sociales de todo Latinoamérica. Además, en 1968 se vivía una efervescencia social y política en la juventud mundial. Fueron varios los intentos de los estudiantes y jóvenes por romper con las formas de hacer política a la vieja escuela.

Entre los conflictos que sucedían a la par, se encontraban La Primavera de Praga, que buscaba mayor apertura democrática en un régimen totalitario. Las manifestaciones por el asesinato de Martin Luther King, un líder de los derechos civiles de los afroestadounidenses, y las protestas masivas contra la Guerra de Vietnam en el corazón de Washington D.C. Las revueltas del Mayo Francés, en las que los jóvenes galos buscaban abolir la sociedad de clases y mayores canales de expresión política contrarios a los que su gobierno les ofrecía. Manifestaciones similares se vivieron en la República Federal Alemana —recordemos que en aquel tiempo Alemania estaba dividida en dos—, Suiza, España, Argentina, Uruguay, Italia y, por supuesto, México.

Las peticiones

En nuestro país, los jóvenes buscaban mayor libertad de expresión y ser tomados en cuenta por una sociedad que los criminalizaba por su manera de vestir, apariencia, gustos musicales o ideas políticas. En ese entonces, la juventud mexicana, sobre todo la que vivía en ciudades, había volteado a ver las carreras de humanidades para buscar una respuesta a lo que ocurría en materia social en su entorno y proponer soluciones. La filosofía fue una de ellas.

Los muchachos mexicanos eran influenciados por autores como Marx, Hegel, Nietzsche y Jean-Paul Sartre, entre otros. Pero también por la teoría conductista, la psicología marxista —impulsada por las protestas en Alemania—, las revolucionarias ideas de Michel Foucault y los autores que proponían un psicología más humana y cercana a lo social. Además, buena parte de los jóvenes, sobre todo los estudiantes con ideas de izquierda, veían como un ejemplo y, quizá, un modelo de hombre a Ernesto ‘Che’ Guevara, un médico argentino asiduo lector de las teorías de Sigmund Freud, que junto a Fidel Castro había conseguido el triunfo de la revolución en Cuba.



En ese contexto y con esas influencias teóricas, la juventud mexicana vivió el Movimiento del 68. Luego, llegó el 2 de octubre y el sistema cerró todos los canales de expresión política para ellos. Pero, ¿qué pasó después? Si bien la psicología en México se estudiaba formalmente desde los años 50, el Movimiento del 68 permitió, con el paso de los años, mayor apertura para sectores de la población que habían sido excluidos, como los estudiantes.

El movimiento detonó demandas sociales muy específicas, una de ellas fue en el aspecto educativo. Eso provocó que en años posteriores se abrieran más escuelas con carreras en ciencias sociales, humanidades y otras enfocadas a estudiar las relaciones humanas y los individuos. La psicología fue uno de los campos más beneficiados. Hubo un boom en la oferta educativa y miles de jóvenes mexicanos se inclinaron por el estudio de esa ciencia.

La detonación

De acuerdo con el doctor Edgar Aníbal Galindo Cota —profesor de psicología en la UNAM durante los años 70 y 90, y actual investigador de la Universidad de Évora en Portugal—, el periodo que se inicia en 1959 y que dura por lo menos hasta 1990 se caracteriza por un enorme auge de dicha disciplina en muchos sentidos.

“Tan sólo de 1960 a 1987, el número de escuelas y departamentos de psicología pasa de 4 a 66 y el de estudiantes se incrementa de 1,500 a 25,000”, explica en su artículo ‘Análisis del desarrollo de la psicología en México hasta 1990’.

Asimismo, señala que en los campos de aplicación de la psicología también hay grandes cambios, ya que hacia 1960 los psicólogos trabajaban principalmente como auxiliares psiquiátricos y como aplicadores de tests, y a finales de los de los años 80, los psicólogos se empleaban no sólo en los tradicionales campos de la clínica y la educación, sino también en la industria, el comercio, la salud, la tecnología, la vivienda y la investigación en diferentes rubros.

Galindo Cota señala que a mitad de los años 70 se empiezan a configurar los cinco campos de esa disciplina en México: conductismo, psicología transcultural, psicología cognoscitiva, psicología social y el enfoque psiquiátrico-psicométrico. Pero pone atención en los dos primeros: “tienen un carácter revolucionario reconocible y surgen y se desarrollan en el marco de un enconado enfrentamiento con la psicología establecida en su momento histórico, a la cual consideran caduca e incapaz de responder a las exigencias de la realidad del país”.

Además, menciona que esos dos campos muestran una gran capacidad para difundirse ya que forman discípulos, transforman currículos universitarios, fundan sociedades científicas y centros de investigación, realizan investigaciones sistemáticas durante décadas, organizan congresos y publican libros y revistas. Lo anterior provocó que durante su época de auge hayan obtenido una influencia creciente que los convirtió paulatinamente en dos de los campos más estudiados en México.

El parteaguas

El evento que fue un hito en el desarrollo de la psicología en el país fue justamente el Primer Congreso Mexicano de Psicología que se realizó en 1967 en Jalapa, Veracruz, un estado del Golfo de México. De ahí surgieron varios de los psicólogos mexicanos más destacados en años posteriores. Es decir que antes del 68, ya comenzaba a gestarse un boom para estudiar esa ciencia en las universidades del país.

A pesar de esto, fue hasta cinco años después de la Matanza de Tlatelolco, en 1973, cuando se fundaron las primeras facultades de psicología en México. La primera en la Universidad Veracruzana y después en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) —antes de esa fecha, esa disciplina en la UNAM se estudiaba en la Facultad de Filosofía y Letras—. Justo en ese año el Estado reconoció por fin de manera oficial la profesión de psicólogo.



Luego, en 1974 se realizó el Primer Congreso Mexicano de Análisis de la Conducta y un año más tarde comenzó la publicación de la revista que serviría como su órgano de difusión. Y en 1976, tomando como base el congreso, se crea la Sociedad Mexicana de Análisis de la Conducta.

Por esos años, entre 1975 y 1976, en medio de luchas sociales que exigían mayor presupuesto a las universidades públicas y la ampliación de la matrícula estudiantil, se inauguraron dos campus más para el estudio de la psicología en la UNAM, al norte y al oriente de la Ciudad de México, y se abrieron escuelas de dicha materia en la Universidad Autónoma Metropolitana.

La falta

Josafat Acosta, especialista en psicología social, señala que otro de los puntos que pudo haber hecho que más jóvenes se interesaran por el estudio de esa ciencia en el país después de 1968, fue el tratar de entender el malestar social que permeaba en distintos sectores de la población. Para él, lo que provocó el Movimiento del 68 fue un empuje a lo que ya venía desarrollándose en la psicología mexicana.

“Recordemos que en aquellos años era muy difícil que profesionales de la salud se interesaran por demandas sociales específicas, hasta que los médicos en 1965 salieron a las calles para exigir condiciones laborales más justas. Fueron manifestaciones precursoras al Movimiento del 68 y después de éste muchos jóvenes buscaron entender a través de la psicología lo que había pasado y buscar herramientas para tratar esos episodios a nivel psicológico”, dice Acosta.



Menciona también que en momentos importantes de la historia de México, la sociedad ha volteado a ver a la psicología como un mecanismo para asimilar de mejor manera distintos eventos: uno fue el 2 de octubre de 1968, otro el Halconazo de 1971; pero no sólo pasajes de represión política, sino también desastres naturales como el sismo de 1985 o el reciente de 2017, donde la labor de los psicólogos fue indispensable para tratar a la población.

Sin embargo, explica que a pesar de ello, desde los años 80 y hasta hoy, la psicología ha abandonado un poco el carácter humanista, “Ya no se preocupa tanto por los aspectos sociales y ahora más del 90 por ciento se enfoca al área administrativa y a la capacitación”.

La actualidad

Hoy en día casi la totalidad de las universidades del país, públicas y privadas, cuentan con la carrera de psicología dentro de su oferta educativa. Y aunque depende de la institución el enfoque que le da, siempre hay alternativas para orientar el conocimiento en una u otra área de la carrera, tomando en cuenta las aspiraciones de cada persona.

50 años después, es una ventaja tener un abanico de opciones para aquellos que quieren enfocarse en el estudio del comportamiento humano. Si bien, el Movimiento del 68 no detonó el boom de las carreras de psicología, las demandas sociales que lo motivaron sí potenciaron su estudio.

Es algo que se debe agradecer no sólo a los estudiantes de aquel entonces, sino a los académicos e investigadores que apostaron por una disciplina que, de la misma forma que la juventud, no era tomada en cuenta.

Rogelio Velázquez https://ift.tt/eA8V8J

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