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miércoles, 29 de agosto de 2018

Valentina sólo tenía cuatro años y fue asesinada

Es cruel ver que los feminicidios en México aumentan. Del 1 de enero al 27 de agoto de 2018, he contabilizado 1190 feminicidios en el país, de los cuales, 58 son feminicidios infantiles. El Estado de México encabeza esta lista con 119, Guanajuato con 106 y Guerrero con 103.

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Hace dos meses Valentina fue violada y asesinada. El dolor y el tormento, aunado a la gran culpa, no dejan que Brenda, su madre, pueda entender qué fue lo que sucedió ese 26 de junio de 2018.

Valentina García fue una niña amada y muy esperada por sus padres. Bren, su mamá, constantemente se realizaba ultrasonidos para asegurarse de que la bebé estuviera bien, ansiosa de verla, abrazarla y besarla. El 29 de enero de 2014, poco después de las tres de la tarde, Vale nació; era una pequeña con enormes ojos negros y piel color canela. “Mi niña era una valiente”, recuerda Brenda.

La vida de Brenda y Valentina giró en el centro de Morelia, en Michoacán. Después de su nacimiento, los padres de Vale se separaron. “Él era el mejor papá que pudo tener, la amaba, la amábamos, y aunque preferimos separarnos, la relación como padres no la perdimos”, me cuenta Brenda.

Cuando Brenda tenía que trabajar, la pequeña Valentina estaba en la guardería. Aunque la vida no era la mejor, Brenda trataba de salir adelante con su pequeña de pelo rizado, ojos grandes y una hermosa sonrisa. “Siempre quise darle lo mejor”, confiesa Brenda, “le compraba cosas muy bonitas y los mejores momentos de mi vida los pasaba con ella”.

En julio de 2017, Diego, llegó a su vida. Se conocieron porque Brenda trabajaba en una tienda de conveniencia y él era chofer de una empresa que surtía los productos. Tiempo después iniciaron una relación. Los meses pasaron y al principio “él era muy amable, lindo conmigo y la niña, nunca vi que fuera un mal hombre”, me platica Brenda. En marzo de 2018 empezaron a vivir juntos y todo cambió.

Diego le quitó el celular a Brenda, aislándola, y le pidió que se quedará en casa porque él se encargaría de los gastos. Así pasó. Después la alejó de su familia, llevándola a vivir a los suburbios de Morelia. Brenda dejó de tener contacto con sus amigos y familiares por miedo a que Diego se enojara y, cuando esto pasaba, el sujeto la golpeaba. Después empezó a maltratar también a Vale. “Ahí sí le tenía mucho miedo, prefería hacer lo que pidiera con tal de que no lastimará a mi niña”, expresa Brenda.

El sujeto se caracterizaba por ser inestable en sus empleos. De marzo a junio, tiempo en que Brenda estuvo con él, Diego cambió de empleo por lo menos en cuatro ocasiones. Los últimos dos meses vivieron con lo que le habían dejado sus liquidaciones de empleos anteriores y no alcanzaba para nada. El 25 de junio, Brenda regresó a trabajar y ante la falta de dinero se vio obligada a sacar a Vale de la guardería.

“Tenía que trabajar, Frida, no podía dejar a mi hija sin comer”, me cuenta, “aunque a Diego no le gustaba nada, porque yo ya iba a dejarlo y él lo sabía, los últimos días me decía que yo ya no era la misma, porque sí, ya no quería estar a su lado, la violencia era demasiada, y él se encargó de alejarme de todos, tenía que dejarlo”.

El 26 de junio de 2018, Brenda se fue a trabajar, era su segundo día. Vale se quedaría al cuidado de Diego y Brenda estaba pensando cómo decirle a su nuevo jefe que le permitiera llevar a su hija a su trabajo, sin embargo, al ser el segundo día no era todavía posible.

“Fue el peor día de mi vida”, recuerda Brenda. Se encontraba en el trabajo cuando le llamó la hermana de Diego por teléfono:

—Brenda, tienes que venir, Vale se cayó y Diego la va a llevar a la clínica.

Brenda sintió que algo no estaba bien. No tenía dinero, por lo que su jefe le dio algo para poder tomar un taxi y llegar a la clínica. Ahí le dijeron que su hija, Vale, se había caído. Diego estaba ahí: “Todo va a estar bien, mi amor”, le dijo.

Debido al estado de gravedad de la pequeña de cuatro años, la trasladaron al Hospital Infantil de Morelia. Ahí fue donde Brenda pudo ver a Valentina, quien tenía oxígeno. La pequeña la reconoció y comenzó a balbucear, pero no podía hablar, sólo gemía y suspiraba. Desde ese momento Brenda no se separó de la niña e iniciaron los interrogatorios, primero en el hospital: ¿qué había pasado?, ¿cómo?, ¿quién estaba con la niña?, ¿por qué ella no estaba?, ¿por qué la había dejado con Diego?

Valentina fue ingresada a Terapia Intensiva. “Ahí fue donde supe todo lo que tenía: tres fracturas en el cráneo, el hígado deshecho, fractura en la cadera, hemorragia interna, golpes en todo el cuerpo y mordidas”. Le preguntaron qué había pasado y Brenda respondió que no sabía, ella se encontraba trabajando. “Desde ese momento no quise ver a Diego pero tuve que fingir para que no sospechara. Pedí la intervención de un abogado del hospital, quien le preguntó a la trabajadora social si ya habían notificado a las autoridades y ella aseguró que sí”.

El padre biológico de Vale, su abuela y tíos llegaron y Brenda se sintió apoyada. Buscaron a Diego y lo interrogaron. Al no tener respuesta por parte del sujeto, lo golpearon. Brenda lo vio en el suelo, lleno de lodo, y él le lanzó una mirada de odio, cuenta Brenda, “fue la última vez que lo vi”.

Brenda fue trasladada al Ministerio Público para poner su denuncia. Ya era 28 de junio y en el MP le informaron que el hospital nunca notificó los hechos. Eran las seis de la tarde. “Para ellos, yo era la culpable”, cuenta Brenda. Cerca de la una de la mañana, todo indicaba que Vale había muerto. La trasladaron al departamento de feminicidios, pero en ese momento no había quién la atendiera. Salió de ahí hasta las seis de la mañana del día siguiente rumbo al hospital a despedirse de su pequeña.

Brenda solo estuvo por ratos en el funeral de su niña, su única hija, ya que tenía que estar con las autoridades. En algún momento la llevaron a Delitos Sexuales. “Fue cuando supe que la había violado”, me confiesa. “La investigadora me dijo: 'tú sabías que él la violaba, dime la verdad o a la que me voy a chingar es a ti porque es a la que tenemos aquí'”. La MP que estaba tomando la declaración no le permitía ver lo que escribían y en un momento Brenda se dio cuenta que Diego ya había sido liberado.

Desde entonces Diego se encuentra prófugo y Brenda llena de culpas.

Las lágrimas de Brenda no cesan. Además del dolor, la culpa es una lapida que debe cargar al ser cuestionada por las autoridades, juzgada por una sociedad indolente, atacada por la familia de Diego, que lejos de permitir que haya justicia, lo están ayudando a seguir libre, sin darse cuenta que, hasta sus sobrinas o cualquier pequeña que esté cerca corren peligro.

El frío acompaña la noche lluviosa que al redactar tanto dolor me acompaña. Diego es el presunto feminicida de Valentina para las autoridades, para sus padres es inocentes, tanto que lo protegen. Para Brenda es el violador y asesino de su hija. Nunca se había permitido hablar con ningún medio hasta el pasado 25 de agosto que decidió hablar conmigo. “Porque quiero justicia, porque necesito que la gente me ayude a hacerle justicia a mi bebé”

Vale era una niña feliz, con hermoso pelo chino, ojos sublimes y una sonrisa contagiosa. Era muy inteligente, sabía escribir a sus cuatro años, le gustaba que mamá le oliera los pies y se los besará, decía que era Moana, su palabra favorita era “mamá”, su color el rojo y unos días antes empezó a hablar de Dios, a pesar de que Brenda no le habló mucho de él. Hoy sólo es ese el consuelo.

La vida de una niña de cuatro años fue arrancada por la ira y el deseo de un sujeto que, lejos de estar enfermo, simplemente la tomó porque así lo decidió, porque en este país se puede, porque la impunidad impera.

Quieres contar una historia de feminicidio, desaparición o intento de feminicidio, búscame y ayúdame a visualizarlas.

@FridaGuerrera

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Este corto retrata el infierno de un asalto sexual en el metro

Artículo publicado por VICE México.

Cada día suceden cientos de abusos, acosos y miles de formas de agresión sexual. Todos los fines de semana mis amistades tienen una nueva historia que contar en la que, personas desconocidas y conocidas, han sido partícipes o víctimas de estas situaciones. Pareciera que la enorme lucha por terminar con esto sólo sigue motivando a las mentes violadoras para terminar de consumar sus crímenes, sin respeto, temor o cualquier freno que pudiera detenerlos de seguir destruyendo al mundo.

Retratando esta realidad, “Cheer up baby”, escrito, editado y dirigido por Adinah Dancyger, tiene como protagonista a una joven bailarina que experimenta en carne propia un asalto sexual en uno de los vagones del metro en el que se desplazaba hacia su casa. Las consecuencias de este crimen llevan a la protagonista a un estado psicológico de perpetua amenaza y dislocación sensorial, convirtiendo su vida cotidiana en un reflejo eterno de aquella noche en el metro.

Mira el corto abajo:

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La mujer que mordió los testículos de su ex es exonerada de castración

Artículo publicado por VICE México .

Todos hemos tenido encuentros desagradables con la persona que amamos en algún momento. Ya sea estando con ellos o después de terminar la relación, esos mismos encuentros pueden dejar cicatrices muy profundas que podrían llegar a ser extremadamente difíciles de superar. En una relación medianamente sana, esas cicatrices quedan en el ámbito emocional, pero los casos de abuso físico no son algo nuevo, y desgraciadamente nunca lo ha sido.

En un caso sucedido en Jacksonville, North Carolina, Martinne Delavega de 54 años fue exonerada del cargo de castración maliciosa y también de asalto cuando en el 2015 mordió los testículos de su entonces novio durante un argumento. El hombre había testificado el pasado martes que durante el encuentro tuvo que golpear la cabeza de Martinne conforme ella mordía su pecho, brazos y rompió con su boca completamente su escroto durante la discusión.

Delavega, por su parte, aseveró en la corte que ella estaba actuando en defensa propia, declarando que creyó que estaba mordiendo su pierna mientras él la tiró, pegó y ahorcó.

El hombre añadió que aún tiene rezagos psicológicos y físicos debido a las acciones de Delavega. No obstante, el abogado de Delavega dijo que el veredicto fue una victoria simple y vacía, pues ella “aguantó tres años de ser villanizada”.

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La actualización del Kama Sutra en acuarela para 2018 te dejará sin aliento

Estos investigadores editaron genes de ratones para evitar que soñaran

Artículo publicado originalmente por Motherboard Estados Unidos.

Pasamos casi la mitad de nuestras vidas durmiendo, pero muchos de los aspectos fisiológicos relacionados con la regulación del sueño siguen siendo un misterio para los investigadores. Para los científicos es de particular interés, los mecanismos moleculares detrás del sueño de movimientos oculares rápidos (REM, por sus siglas en inglés), que se caracteriza por una mayor actividad neuronal y el inicio de los sueños.

En una investigación publicada ayer en Cell Reports, un equipo de científicos japoneses identificó dos genes clave relacionados con la regulación del sueño REM. Además, cuando estos investigadores utilizaron la tecnología CRISPR para "anular" los genes en ratones, descubrieron que reducían el sueño REM "a un nivel casi indetectable".

Se sabe desde hace décadas que un neurotransmisor, un químico que envía información entre las células cerebrales, llamado acetilcolina, era fundamental para regular el sueño REM. Debido a la abundancia de acetilcolina liberada durante la vigilia y el sueño y la complejidad de las redes neuronales que regulan el sueño, sin embargo, no estaba claro qué receptores de acetilcolina estaban involucrados en la regulación del sueño REM.

Para abordar este problema, los investigadores utilizaron la herramienta para editar genes CRISPR, que usa una enzima llamada Cas9 para extirpar pequeñas porciones de ADN e introducir cambios genéticos en esa ubicación. En este caso, los investigadores usaron CRISPR para desactivar selectivamente los genes que codificaban los receptores de acetilcolina.

Cuando los investigadores eliminaron los genes que codifican dos receptores de acetilcolina llamados Chrm1 y Chrm3, descubrieron que esto inducía un "perfil de sueño corto". En otras palabras, la actividad cerebral de los ratones mostraba que estaban ciclando a través de las etapas del sueño, pero casi no mostraba signos de llegar al sueño REM.

La investigación ha identificado el sueño REM como un componente clave de nuestra salud en la vida de vigilia. En particular, el sueño REM se ha relacionado con el rendimiento cognitivo y se ha demostrado que es importante para el desarrollo cerebral de los bebés. Cuando los investigadores concluyeron su artículo, el descubrimiento de estos genes reguladores de REM permitirá que estos enlaces sean probados profundamente para "verificar si el sueño REM desempeña un papel crucial en las funciones fundamentales del organismo, como el aprendizaje y la memoria".

Daniel Oberhaus https://ift.tt/eA8V8J

Los invisibles: así viven los hijos de las reclusas en México

Artículo publicado por VICE México.

Cuando acabe este día, cerca de 700 niños se habrán ido a la cama dentro de una prisión mexicana. No porque sean delincuentes, sino porque sus madres infringieron la ley. Se trata de menores que estaban con ellas al momento de ser detenidas, o que fueron procreados tras las rejas, y que hoy padecen las condiciones deplorables de las cárceles mexicanas. Son los niños invisibles del Sistema Penitenciario nacional.

Cada jornada de encierro implica para ellos estar expuestos a un clima de violencia constante. A no recibir asistencia médica, alimentación o educación. A caerse frecuentemente de las literas que les asignan e incluso a ser testigos de encuentros sexuales durante las visitas conyugales de sus madres.


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Según el último estudiodiagnóstico sobre este tema, realizado por la asociación civil Reinserta y el Instituto Nacional de las Mujeres (Inmujeres), las evidencias gritan que la vida de cualquier menor al interior de una cárcel no es sana. Sin embargo, el hecho de estar juntos es un derecho universal que poseen las madres y ellos mismos.

De acuerdo con los hallazgos de dicha investigación, realizada en 11 centros penitenciarios femeniles a lo lago de la república, esta experiencia deja en los niños diversos estragos emocionales, psicólogicos y hasta físicos, que seguramente los acompañarán toda su vida.

Cárceles pensadas para hombres

Para lo grave que es, el tema ha sido poco explorado, eso dice mucho del actual estado de cosas. Elena Azaola, una de las investigadoras y activistas más reconocidas en la materia, está segura de que esto es resultado de una compleja suma de factores. Uno de los más importantes: el de la masculinización de las prisiones.

“El sistema penitenciario, como otros, se rige fundamentalmente por un modelo masculino en el que la norma, se dicta y se desprende a partir de las necesidades de los hombres y donde la mujer pasa a ser un apéndice que se agrega a dicho modelo”, dice.

Las cifras apuntalan este argumento: del total de las casi 233 mil personas que se encuentran en prisión actualmente en México, sólo el 5.2 por ciento —es decir, poco más de 12 mil— son mujeres.

Esto ha propiciado que, desde siempre, los reflectores apunten sobre la abrumadora mayoría de hombres, y que baste con mirar “el diseño arquitectónico de las prisiones, la distribución de sus espacios, así como las normas, los discursos y los manuales que explican su funcionamiento”, para darse cuenta que las condiciones de las reclusas, y de los hijos que viven con ellas, están en un muy lejano segundo —o tercero, o cuarto— término.

No obstante, antes la situación era todavía peor. Antes del 2016, la normas para la reclusión de estos niños ni siquiera estaban asentadas. Fue hasta después de esa fecha, y de la presión de organismos como Reinserta, que surgió la Ley Nacional de Ejecución Penal, donde estas minorías ya estaban reguladas.


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A partir de entonces quedó establecido que la edad máxima de permanencia de los niños con sus madres en prisión es de tres años, y se reconoció su derecho a la salud, alimentación, educación y su inclusión a Centros de Desarrollo Infantil (CENDI).

Todos los estados de la república tenían como límite el pasado 30 de noviembre para acatar y homologar esas reglas, pero hasta el momento no ha ocurrido.

La mayor parte de la manutención de estos menores corre a cargo de sus madres, quienes forzosamente deben trabajar dentro de las cárceles; otra proviene de donaciones de organizaciones civiles y —una mínima fracción—, del gobierno.

Los CENDI existen en muy pocos reclusorios, por lo que el acceso infantil a la educación y al sano esparcimiento tampoco están garantizados. Muchos de estos niños pasan todo el día con sus madres, expuestos eventualmente a riñas, intentos de fugas y hasta motines, que ponen en riesgo su integridad.

Una investigación relacionada, pero realizada en Argentina por terapeutas especializados, encontró que por el hecho de tratarse de infantes tan pequeños y con una configuración cerebral —y hasta corporal— tan maleable, estos entornos sí los podían afectar en su desarrollo.


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Además de que mientras están en prisión no adquieren herramientas para enfrentarse al mundo, descubrieron que también desarrollan una alta propensión a aprender conductas que los pudieran llevar a delinquir en el futuro, así como a presentar problemas emocionales, y hasta menores estaturas y sobrepeso.

La lista podría seguir creciendo, pero hay otro tema sobre el que tampoco se ha profundizado y es igual de importante: el de los hijos que por circunstancias diversas viven fuera de las prisiones donde están sus madres. ¿Con ellos qué pasa?

Estar preso en libertad

La inclusión de la 'infancia invisible' al mapa penitenciario fue una pequeña gran batalla ganada. Sin embargo, de los pequeños que se quedan bajo cuidado de sus familiares, o de alguna dependencia de asistencia externa, casi no hay información. Prácticamente todo lo que se sabe de ellos es de cuando visitan a sus madres en los penales, en caso de que tengan la posibilidad y los recursos para viajar y hacerlo.

Nadie se ha ocupado de censarlos. Y esto también los perjudica, los margina y va en contra de sus derechos fundamentales, según el estudio de Reinserta e Inmujeres.

Esto lleva a pensar que, entonces, el número ‘niños invisibles’ es mucho mayor del reportado, pues éste sólo toma en cuenta a los que viven en encierro. La cifra real se extiende mucho más allá de las rejas, donde no hay madres, donde las carencias pudieran ser incluso peores.

Los esfuerzos de cada vez más activistas por poner en el centro de la discusión este tema han rendido frutos, pero aún falta mucho por hacer. Mientras existan cárceles pensadas para hombres en el país, y mientras las autoridades no hagan algo respecto de eso, y al respecto de muchas otras cosas, serán bastante más de 700 los niños que sigan durmiendo todas las noches dentro de penales. Y también fuera de ellos.


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