Páginas

viernes, 25 de septiembre de 2020

La travesía de los residuos plásticos en Asia

Es hora de despertar. En el Día de Acción Mundial sobre el Cambio Climático, VICE Media Group estará contando exclusivamente historias sobre nuestra actual crisis climática. Haz clic aquí para conocer a los jóvenes líderes ambientalistas de todo el mundo y aprender qué puedes hacer para ayudar.

En 2020, los plásticos de un solo uso se han convertido en un arma de doble filo. Las mascarillas, los EPI y los guantes son esenciales para proteger a los sanitarios, pero el aumento de los materiales desechables ha afectado a un sistema de gestión de residuos que ya de por sí estaba sobrecargado. El problema no viene solo de los hospitales, sino también de los hogares. La gente continúa evitando los espacios públicos y acude a internet para hacer las compras y pedir comida a domicilio, que viene envuelta en rollos y contenedores de plástico. Esta práctica tan poco sostenible es un problema desde hace tiempo. Además, la mayor cantidad de desechos plásticos viene de la industria del envase y el embalaje.

En julio, una investigación de opinión pública llevada a cabo por YouGov y patrocinada por la ONG internacional Oceana halló que los clientes de Amazon en los Estados Unidos compraban más por internet desde el comienzo de la pandemia. Sin embargo, más del 40 por ciento de los 1268 participantes reconoció estar molesto por el plástico extra que recibían en sus casas.

En la región Asia-Pacífico, el 58 por ciento de los consumidores aumentó la frecuencia con la que compraban por internet, según una encuesta de Adobe. Otra consultora de gestión estadounidense, McKinsey & Co, halló que los países asiáticos habían visto un crecimiento de entre el 16 y el 70 por ciento de las compras de comida en línea.

En mayo, los organismos mundiales de vigilancia, como el Foro Económico Mundial (FEM), ya habían avisado de este incremento en la dependencia del plástico, tanto en la industria médica como en las compras. El aumento de los plásticos de un solo uso va a desencadenar una “nueva crisis sanitaria”, decía el informe del FEM, especialmente en el sur global, donde la mala gestión de los desechos hace que se amontonen en los centros de las poblaciones o acaben en los ríos y océanos. Esto es bastante preocupante, teniendo en cuenta que en todo el mundo ya se desechaban 29 millones de toneladas de plástico en los océanos al año, incluso antes del coronavirus. 

Así suele ser el embalaje habitual de una compra por internet:

Aquí podemos poner una fotografía flat lay de los materiales usados en el embalaje y los envases de las compras de internet y utilizar iconos de cada material para darle un aspecto limpio. Por favor, etiqueta cada uno de los iconos según corresponda.
Todos estos materiales están hechos de polietileno de alta o baja densidad. Se estima que puede tardar hasta 1000 años en descomponerse en los vertederos.

Así suelen ser los envases de la comida a domicilio:

Aquí podemos poner una fotografía flat lay de los materiales usados en el embalaje y los envases de las compras de internet y utilizar iconos de cada material para darle un aspecto limpio. Por favor, etiqueta cada uno de los iconos según corresponda.
En 2018, los científicos descubrieron que la industria de la comida para llevar en internet era responsable de 2 millones de toneladas de residuos de envases en China, uno de los países que más plásticos utiliza en todo el mundo. Entre los residuos se encuentran contenedores plásticos, palillos desechables, bolsas de plástico y cubiertos.

Con frecuencia, estos envases contienen plásticos de un solo uso, como los plásticos de burbujas, las bandejas de espuma o los cubiertos desechables. Cuando no se reciclan adecuadamente, se acaban convirtiendo en microplásticos que van a parar al mar, a la tierra, a los animales marinos y, al final, a nuestros cuerpos.

Estudios recientes han demostrado que el adulto promedio come y respira al menos 50 000 partículas de microplásticos al año. De hecho, se acumulan en el cuerpo humano en unos niveles alarmantes.

Algunos estudios hallaron que Asia produce más del 50 por ciento del plástico mundial, mientras que los países del sudeste asiático son los que más contribuyen a la fuga de plásticos en los océanos. Esto se debe a varios factores, como los mecanismos de organización y sistemas de gestión de residuos deficientes, el crecimiento de la población y el aumento de la demanda de los bienes de consumo que vienen en envases plásticos. Pero no se trata de un problema regional. Parte del embalaje de plástico utilizado en Asia proviene de compañías multinacionales de países occidentales. Las organizaciones medioambientales también han avisado de que los países asiáticos se han convertido en un vertedero de residuos provenientes de los países occidentales ricos.

Los países asiáticos se han enfrentado a este problema de varias maneras, algunas más efectivas que otras.

Tailandia

Se estima que los residuos plásticos de Tailandia, un país con aproximadamente 69 millones de personas, aumentarán anualmente un 12 por ciento. Eso son 2 millones de toneladas, de las cuales solo el 25 por ciento pueden ser reutilizadas. El resto, que se compone de un 80 por ciento de plásticos de un solo uso, termina en vertederos y vías fluviales.

En 2019, se estimó que Tailandia había producido 2000 toneladas de plástico al día. Durante la pandemia de la COVID-19, entre enero y abril del 2020, esa cifra pasó a 3440 toneladas al día.

Solo en Bangkok, según consta, los residuos plásticos crecieron un 62 por ciento en volumen en abril a causa de las compras por internet. Antes de la pandemia, la capital tailandesa ya generaba unas 2000 toneladas de residuos plásticos al día.

Los expertos en gestión de residuos también han avisado de que Tailandia se está convirtiendo en el vertedero del mundo, a causa de la cantidad de residuos plásticos que se han importado de países como Japón, Hong Kong y Estados Unidos. Hoy en día, se encuentra entre los cinco países que más plástico vierten al océano.

En 2017, el país se comprometió a reducir los desechos plásticos para 2030. A principios de ese mismo año, prohibieron las bolsas de plástico de un solo uso en la mayoría de tiendas y están contemplando prohibir por completo las importaciones de residuos para 2021. Sin embargo, desde que comenzó la pandemia, el Gobierno admitió que han vuelto a empezar de cero en la lucha contra los residuos plásticos a causa del aumento de las compras de comida a domicilio. Los servicios de pedidos a domicilio como Line Man o Grab registraron un crecimiento de los pedidos de entre un 300 y 400 por ciento durante el comienzo de la pandemia.

En cuanto al plástico, el Gobierno tailandés aboga firmemente por las plantas de energía a base de residuos, pero algunos expertos creen que esto solo serviría para incentivar el uso de los plástico y las importaciones de residuos. Además de prohibir las bolsas, tomaron la inusual decisión de censurar las bolsas de plástico en la televisión.

Muestra la travesía desde un hogar, con siluetas de gente sentada con envases de comida para llevar, que después son echados a las papeleras. De ahí, se recogen y se llevan a un vertedero. Podemos mostrar las partes en las que se filtra al mar. Las imágenes del último segmento pueden ser similares a las de este video de basura en el mar.
Se estima que cada año los residuos plásticos de Tailandia crecen un 12 por ciento. Durante la pandemia, el país ha visto un incremento inusual: entre enero y abril de 2020 se generaron 3440 toneladas al día, mientras que en 2019 fueron 2000 toneladas al día.

Singapur

Singapur es uno de los planetas más limpios del mundo. Sin embargo, el Consejo Medioambiental de Singapur (SEC, por sus siglas en inglés) halló que los singapurenses utilizaban al año 467 millones de botellas de plástico PET y 473 millones de objetos plásticos de un solo uso, entre los que se encuentran los cubiertos y envases desechables de los pedidos a domicilio. Una encuesta llevada a cabo entre abril y mayo durante el confinamiento reveló que los 5,7 millones de residentes de Singapur habían desechado 1334 toneladas más de plástico provenientes de la comida a domicilio y para llevar, lo que equivale al peso de 92 autobuses de dos pisos.

Según un informe del SEC, tan solo un 4 por ciento del plástico usado en 2018 se recicló. Además, el hogar promedio produce 1,56 toneladas de residuos al año, de la cual una tercera parte son plásticos de un solo uso y envases de comida, lo que equivale a 10 piscinas olímpicas. En 2019, Singapur mandó 3 millones de toneladas de residuos, del cual un 30 por ciento era plástico, al vertedero de Semakau, el único que queda en el país.

Comenzamos la travesía desde un hogar, con gente sentada con los envases para llevar, que después se tiran a la basura. De ahí, se recogen y se separan. Entonces podemos mostrar cómo se envían al vertedero de una isla (por favor, usa como referencia la imagen del enlace). Si es posible, mostrar de alguna forma de mostrar que la isla está hecha de basura incinerada.
Una encuesta halló que, entre abril y mayo de 2020, los residentes de Singapur generaron una cantidad de residuos plásticos equivalente al peso de 92 autobuses de dos pisos. Se espera que el vertedero de la isla artificial Semakau se quede sin espacio en 2035.

Bangladés

La gran mayoría de los plásticos de un solo uso desechados en Bangladesh durante la pandemia fueron bolsas de plástico fino de polietileno. Estudios anteriores mostraban que en Daca, la capital del país, se utilizan 14 millones de estas bolsas al día. Muchas de las cuales terminan en los ríos y océanos. Todo esto, a pesar de que se prohibieron en 2002.

Según un estudio de la Organización de Desarrollo Social y Medioambiental de Bangladés, se estima que el país produjo alrededor de 14 500 toneladas de residuos plásticos peligrosos solo en el primer mes del confinamiento el pasado marzo. Antes de eso, generaba unas 3000 toneladas de plástico al día.

Un estudio de 2019 del ministerio de Medioambiente y la ONG Waste Concern, reveló que Bangladés recicla un 36 por ciento del plástico en la economía informal, deja un 39 por ciento en los vertederos y filtra un 25 por ciento al medioambiente, que llega hasta el golfo de Bengala.

Se puede empezar con personas sujetando objetos en bolsas de polietileno transparentes, que acaban en la papelera. Entonces, se recogen. ¿Podemos mostrar a algunos trabajadores informales recogiendo los residuos? De ahí, se llevan a una montaña de basura. Aquí hay algunas imágenes de referencia. Después, podemos mostrar el plástico flotando a la deriva en los ríos y desembocando en los océanos y ríos de la India.
Un estudio de 2018 de National Geographic halló que 300 tipos de objetos de plástico acaban en el golfo de Bengala a través del río Padma. Ese mismo año, un informe del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente reveló que 73 000 toneladas de residuos plásticos se filtran al golfo de Bengala a través de los ríos Padma, Yamuna y Meghna.

Filipinas

Filipinas ha sido catalogada como el tercer país que más plásticos emite al océano. Según un informe de 2015 del grupo medioambiental Ocean Conservancy, el país genera 2,7 millones de toneladas de residuos plásticos al año. En 2019, una auditoría de la Alianza Global por las Alternativas a la Incineración halló que los filipinos desechaban al día 48 millones de bolsas de la compra, 45 millones de bolsas de plástico fino y 163 millones de envoltorios de plástico.

Mientras que el confinamiento llevó a un aumento de las preocupaciones y la concienciación sobre el plástico generado en los hogares filipinos, las políticas de distanciamiento social han hecho que las ciudades den varios pasos atrás en la lucha contra el plástico. La ciudad de Parañaque en la Gran Manila, pospuso la implementación total de la prohibición de los plásticos de un solo uso de junio de 2020 a enero del 2021, después de que las empresas avisaran que no podían cumplirla por el impacto económico del confinamiento. Ciudad Quezón, la población más grande de la zona con 3 millones de habitantes, también relajo las políticas de plásticos de un solo uso.

Podemos empezar con personas sentadas con envases o bolsas de plástico de comida para llevar, que van a la basura. Se recogen. Una parte termina en los vertederos y otra en las playas y costas. En este artículo se puede ver perfectamente cómo es esa basura: botellas de agua vacías, botellas de soda asomando en la arena, ropa deshilachada y láminas de plástico colgando de los árboles, montañas de champús, pastas de dientes, y bolsitas de salsa de soja por toda la línea de costa.
Un informe de 2019 de la Alianza Global por las Alternativas a la Incineración reveló que Filipinas utiliza 48 millones de bolsas de la compra y 163 millones de bolsitas de plástico a diario.
ClimateUprise_Button (1).png
Pallavi Pundir https://ift.tt/3kOPM3q

Artemisa Xakriabá: en defensa de la selva amazónica y los pueblos indígenas

Es momento de despertar. Este viernes de la Semana Global de Acción por el Clima, VICE Media Group presentará únicamente historias relacionadas con la actual crisis climática. En este enlace podrás conocer a jóvenes líderes de múltiples lugares del planeta y entender con ellxs cómo tomar acciones.

Desde los primeros casos de COVID-19 en Brasil, la frase “quédate en casa” se convierte en slogan de la seguridad sanitaria. Quedarse en casa es lo que más quisiera Artemisa Barbosa Ribeiro, más conocida como Artemisa Xakriabá. Para esta activista indígena de 20 años eso significa salir de la ciudad de Santa Maria, en el estado de Rio Grande do Sul, y volver al lugar donde nació. Su regreso solo será posible a mediados de septiembre, luego de que termine el primer semestre de universidad. Han pasado ocho meses desde su última visita. Justo el día antes de partir, el último de espera, hablamos por teléfono. Está cumpliendo 14 días de cuarentena en São João das Missões, Minas Gerais, a 32 kilómetros del territorio del pueblo indígena Xakriabá.

“Mi corazón se acelera. Cuando estás fuera de casa es como si una parte de ti también estuviera fuera de tu mente”, explica ansiosa en la llamada la estudiante que se dio a conocer en la Cumbre del Clima de Naciones Unidas 2019, celebrada en Nueva York, por alzar la voz contra la política ambiental del gobierno de Bolsonaro. Poco después de su llegada compartirá en redes sociales el valor que tiene para ella estar en su tierra: “Es donde encuentro mi espacio y me fortalezco. Es donde me recargo y tengo mis grandes momentos. ¡Es donde encuentro mi yo, mi libertad e identidad!”.

Artemisa permanecerá lo que resta del 2020 en el territorio Xabriabá, aprovechando un tiempo que no había podido disfrutar en su comunidad debido a sus estudios y trabajo. A los 12 años se fue a estudiar a São João das Missões. A los 16 se trasladó a Ribeirão Preto, en São Paulo, y comenzó a visitar su tierra solo de vacaciones. A principios de 2020 se fue aún más lejos, a Santa Maria, para estudiar música y psicología. Desde ahí, como parte de la Articulación de los Pueblos Indígenas de Brasil (APIB), dedica tiempo a pensar el futuro de la juventud indígena. Volver a su pueblo marcará el reencuentro con los cimientos que sostienen la fuerza que el mundo conoció durante la cumbre de Nueva York. “La gente de Xakriabá es muy guerrera”, me cuenta. “En la década de los ochenta los grilleros mataron a nuestro cacique Rosalino Gomes. Pero él dejó el mensaje de que es importante cuidar la gente y la tierra. Y hasta el día de hoy, luchamos por nuestro derecho a tener y ser”.

—Entonces, ¿tu activismo proviene de su legado? —pregunto.

—Sí. Desde pequeños en la escuela del territorio aprendemos a amar la naturaleza. A los nueve años comencé a reforestar y forestar el pueblo. Incluso cuando me fui seguí con acciones de reforestación en São João das Missões y Ribeirão Preto —dice.

A pesar de esto, Artemisa empezó a reconocerse en las palabras activismo ambiental hace poco tiempo. "Lo hemos estado haciendo desde que éramos pequeños, simplemente no tenía ese nombre", dice. El reconocerse como tal sucedió gracias a la activista Célia Xakriabá, la primera persona de su comunidad en obtener el título de maestra. Célia, que es prima y referente de Artemisa, fue una de las organizadoras de la Primera Marcha de Mujeres Indígenas en Brasil, que en agosto de 2019 llevó a 1.500 representantes de 130 pueblos indígenas a las calles de Brasilia para pedir al gobierno respeto por sus territorios, cuerpos y espíritus. Por invitación de ella, Artemisa escribió el himno de la manifestación: “Mi cuerpo está en el frente en defensa de los derechos, por la lucha, por la tierra, por el espacio y por el respeto”, decía la letra que compuso.

—¿En ese momento viste en la música una herramienta de lucha?

—La música tiene un significado muy profundo en mi vida. Cuando hice la canción para la marcha me di cuenta de que también era una forma de luchar. Como yo no estaba ahí dentro de mi territorio, trabajando y peleando como ellos, era una manera de luchar desde afuera— explica ella, quien aprendió a tocar la guitarra sola y, durante la pandemia, mientras esperaba regresar a su pueblo, escribió dos canciones. “Sīwamharzē”, como tituló a una de ellas, habla de la fuerza de la mujer indígena, una que siempre ha visto en su tierra en las figuras de Célia y la madrina Wanuam, y que percibió nuevamente en la marcha a Brasilia en referentes como la excandidata a vicepresidenta de Brasil Sônia Guajajara.

—¿Qué significa ser mujer indígena para ti?

—Es una pregunta difícil. Como mujeres ya sufrimos prejuicios, como mujeres indígenas es aún peor. Hay mucha gente que piensa que fuimos hechas solo para cuidar la casa y la tierra. Que no tenemos derecho a estudiar, a trabajar.

A pesar de que tarda unos segundos en contestar, como no ha ocurrido antes en la conversación, para Artemisa se ha hecho un poco más fácil responder a esta pregunta desde que se reunió con otras mujeres indígenas en la marcha. Aquel encuentro resultó en un documento en el que reafirmaron su deber de fortalecer y valorar los conocimientos tradicionales, defender la ascendencia y la cultura y honrar la memoria para evitar ataques a su propia existencia. Sobre todo, dice Artemisa, las mujeres indígenas son “personas luchadoras que ponen su cuerpo ante cualquier situación”.

Después de este evento en el que floreció como mujer activista indígena fue invitada a representar a la juventud indígena en la Cumbre del Clima 2019. En esa ocasión Artemisa fue la voz de la Alianza Global de Comunidades Territoriales, que reúne a cuatro organizaciones indígenas del continente americano y Asia. Entre todas, protegen 600 millones de hectáreas de bosque. "Fue una experiencia maravillosa. Me di cuenta de que no podemos parar, de que es una lucha de todos, no solo mía”, dice. “Es luchando por la tierra que todos seguimos vivos”.

Artemisa llevó a Nueva York el malestar de su gente frente a las políticas ambientales del actual gobierno brasileño, responsables de que la selva amazónica ardiera en llamas y aterrorizara al mundo meses antes de la cumbre. "No respetan nuestros territorios. El gobierno de Bolsonaro está cometiendo una masacre. No solo nos está matando a los indígenas, sino a todos los que estamos aquí, a la sociedad. Necesito que nos den visibilidad, pues juntos tendremos más fuerza", dijo en la cumbre.

El año pasado, durante los primeros ocho meses, el número de incendios en Brasil había crecido en un 83%. Para agosto de 2019 la cantidad de incendios en la Amazonia había superado el promedio histórico de los 21 años anteriores. El 33% de los incendios de julio y agosto se habían producido en tierras indígenas. Mientras se hacía evidente el abandono estatal a los pueblos indígenas, Jair Bolsonaro lanzaba declaraciones ofensivas que apuntaban contra sus derechos; en más de una ocasión, por ejemplo, dijo que había demasiadas tierras demarcadas en el país.

En 2020, poco ha cambiado. Brasil está acusado de descuidar el control de la pandemia entre los 750.000 indígenas y los 5.800 pueblos repartidos por todo el territorio. Los incendios ya han destruido el equivalente a ocho ciudades de São Paulo en las áreas del Pantanal brasileño. Por eso, para Artemisa las declaraciones que dio en la cumbre de la ONU hace un año siguen vigentes.

“Es muy triste, porque es un sistema, una política genocida. Destruye tanto a los pueblos indígenas como a la naturaleza. Entonces no hay razón para dejar de luchar. Hay muchas personas, nuestros antepasados, que lucharon para que yo tuviera vida hoy. Ahora tengo que hacer esto para las generaciones futuras. Cuidar de la madre naturaleza es cuidarnos a nosotros mismos ", dice en nuestra conversación.

En 2019 Artemisa también viajó a Costa Rica, donde se reunió con otros jóvenes de América Latina para buscar soluciones a la desprotección de los pueblos indígenas en su país. "Es triste que tengamos que viajar al exterior para que nos escuchen. Es necesario tomarse de las manos, una unión, porque es con la fuerza que derribamos al otro, ¿no?".

La fuerza, que es sobre todo una suma de resistencias, es el ejercicio diario de Artemisa. Ella, que ha sufrido discriminación por caminar por las calles con el cuerpo pintado como es tradición en su pueblo, vive luchando contra la mirada de quienes intentan despojarla de su identidad.

Por eso regresar a casa después de ocho meses es volver a encontrarse. Encontrarse con alguien que todavía se está descubriendo indígena, mujer y lesbiana.

—¿Cómo te sentiste el año pasado cuando compartiste tu orientación sexual con tu comunidad?

—Estaba muy asustada. Me preguntaba si iba a tener apoyo, si me iban a considerar una vergüenza. Es un proceso de autoconocimiento, pero recibí el apoyo de mi gente. Uno de los líderes me llamó y pronunció una frase que guardo hasta hoy: “la felicidad es algo que no podemos ocultar. Donde no puedas ser tú, mi hogar es tuyo”.

En ese momento sus tres identidades —mujer, indígena, lesbiana— se cruzaron para revelar pertenencia. "Yo nací así. En el pueblo, en la ciudad, soy una sola persona. No tengo que dejar de ser quien soy para complacer a otros". De este viaje a su tierra Artemisa saldrá más fuerte para poner en práctica un plan de acción para su futuro y el de otros jóvenes indígenas.

En VICE celebramos a las defensoras del planeta. Lee las historias de otras GUARDIANAS dando clic aquí.

ClimateUprise_Button.png
Alice de Souza https://ift.tt/3cxrc47

La ecología juega un papel cada vez más importante en la ideología fascista

Es hora de despertar. En el Día de Acción Mundial sobre el Cambio Climático, VICE Media Group estará contando exclusivamente historias sobre nuestra actual crisis climática. Haz clic aquí para conocer a los jóvenes líderes ambientalistas de todo el mundo y aprender qué puedes hacer para ayudar.

El 15 de marzo de 2019, un neonazi australiano de Christchurch, Nueva Zelanda, comenzó a retransmitir un vídeo en directo en un aparcamiento de una mezquita. Lo que se vio a continuación fueron las imágenes más horribles jamás grabadas.

El vídeo, que fue compartido en masa por nazis en internet, mostraba a un hombre de 28 años armado hasta los dientes asesinando a 51 personas. Apenas cinco meses después, un tejano de 21 años acribilló a balazos a 23 personas en un supermercado de El Paso.

Ambos son el ejemplo de muchas cosas terribles: lobos solitarios que matan por la raza, la expansión internacional de la ideología de la extrema derecha, la ludificación del terrorismo de ultraderecha y el uso de servicios de transmisión en directo como herramienta de propaganda.

También son el ejemplo de las relaciones entre los ecologistas y la ideología fascista: ambos asesinos publicaron manifiestos en internet como propaganda para alentar a otros a hacer lo mismo; ambos manifiestos citaban el medioambiente como una de las razones para llevar a cabo los tiroteos.

“Soy un etnonacionalista ecofascista”, escribió el homicida de Christchurch en su manifiesto. “Autonomía étnica para todas las personas con un enfoque en la preservación de la naturaleza y el orden natural”.

La ideología de extrema derecha es una amenaza obvia y cada vez mayor. El ecofascismo —por lo general, el deseo de un régimen totalitario que sacrifique a poblaciones, normalmente minorías, para proteger al medio ambiente— forma parte de esa amenaza. Aunque no es un movimiento particularmente popular, no se debería obviar, dijo Alex Amend, que hace poco escribió un artículo detallado sobre el estado moderno del ecofascismo para el grupo Political Research Associate.

“El ecofascismo ofrece una explicación a por qué alguien, como el hombre de Christchurch, debería matar a los inmigrantes por ser, en su opinión, una amenaza para el cuerpo político blanco y la patria blanca”, nos dijo Amend. “Así que ya se ha demostrado que es fatídico. Y seguirá siendo fatídico”.

En conversaciones encriptadas que han sido reveladas, unos neonazis y otros seguidores de la extrema derecha hablan a menudo del medio ambiente y del papel que juega en sus planes.

“Puesto que el cambio climático causa cada vez más ansiedad y estrés medioambiental”, decía Alexander Reid Ross, un académico que estudia los movimientos fascistas, “la ecología juega un papel más importante en la ideología fascista de todo el mundo”.

¿Qué es el ecofascismo?

Al igual que el término ultraderecha, el ecofascismo ha perdido parte de su significado en los últimos años y se ha utilizado tanto que se ha convertido en un término peyorativo.

“Un ecofascista podría centrarse en la política ecológica, en la llamada superpoblación y tal vez en aspectos de la ecología profunda y del rechazo de los derechos humanos, mientras que otros fascistas se centran más en las plataformas de la clase obrera blanca”, dijo Reid Ross.

Amend describía a los ecofascistas como fascistas que tienen “una concepción de la identidad blanca que es básicamente la misma, o que está directamente ligada a lo que ellos creen que es el panorama histórico que es importante para esa identidad”.

Algunos ecofascistas afirman que la superpoblación está destruyendo el planeta y culpan al sur global. Esta idea, que poco a poco se va abriendo paso entre los círculos de la extrema derecha más tradicionales, fue mencionada por el terrorista de Christchurch. Otros creen que el consumismo de occidente explica la destrucción del medioambiente y es culpa de las élites judías.

Bernhard Forchtner, miembro sénior del Centre for Analysis of the Radical Right y profesor adjunto de la Universidad de Leicester, nos explicó que los ecofascistas normalmente tienen miedo de una degradación o un desastre ecológico. “Ese miedo está ligado a una amenaza a la integridad racial de los fascistas”, decía. “Para enfrentar esta amenaza o peligro, lo que se necesita hacer en un espacio profesional es reorganizar la sociedad alrededor de los principios autoritarios”.

El ecofascismo no es nada nuevo. La conocida frase neonazi de “sangre y tierra”, que coreaban los asistentes a las protestas de Charlottesville, hace referencia a la conexión directa de un solo grupo étnico con la tierra que habita. No han faltado los líderes de extrema derecha que han utilizado el medioambiente o algún principio del ecofascismo para adoctrinar y reclutar, entre ellos David Lane, un miembro del grupo neonazi americano The Order que acuñó las conocidas como 14 palabras y William Pierce, el hombre que escribió Los diarios de Turner.

Durante años, los fascistas trataron de infiltrarse en los movimientos ecologistas, a veces con éxito. La razón es que el ecofascismo comparte, hasta cierto punto, aspectos de algunas controvertidas pero reconocidas escuelas del pensamiento ecologista. Varios grupos fascistas siguen la ecología profunda —la creencia de que todos los seres vivos son iguales y por lo tanto la existencia de la humanidad es inherentemente perjudicial—.

“Vemos a muchas personas de la extrema derecha que adoptan esas mismas ideas y discursos”, decía Blair Taylor, del Institute for Social Ecology. “Los ecologistas profundos muestran a la humanidad como una garrapata o un parasito de la naturaleza, igual que los fascistas ven a los judíos como parásitos de la economía o a la gente de color y los beneficiarios de la seguridad social como parásitos del cuerpo político”.

Aunque en principio la ecología profunda no es una ideología fascista, ambas tienen similitudes. Cuando el ecologista profundo Pentti Linkola, un finlandés conocido por sus reflexiones sobre los beneficios del genocidio en la Tierra y su firme postura frente a la inmigración, murió a principios de año, algunos grupos de ecofascistas guardaron luto y publicaron homenajes en redes sociales. 

“Él criticaba la modernización, el humanismo y la globalización de una manera encantadora incluso en su forma más extrema y provocativa”, decía uno de los tributos.

Publicaciones en internet e incendios provocados

De un tiempo a esta parte, se han formado varios grupos de ecofascistas en internet. Los dos más prominentes son Green Brigade, que ya no existe, y Greenline Front, que prácticamente no tiene actividad..

La Green Brigade tenía relaciones con The Base, una célula terrorista neonazi ahora desmantelada. Fueron los responsables del incendio de una granja de visones —un objetivo típico para los ecoextremistas— en Suecia el pasado octubre.

Según un antiguo miembro, el grupo comenzó como un servidor de Discord (una plataforma de chat diseñada para jugadores) que circulaba por la “comunidad ecoextremista”. Nos explicó que, aunque no invitaban a los neonazis, tampoco los rechazaban.

“Cualquiera podía entrar siempre y cuando le gustasen los árboles y odiase a las corporaciones. No importa que llamasen a esas corporaciones capitalistas o judíos”, decía. “Teníamos de todo, desde socialistas a anarquistas, pasando por fascistas”.

La mayoría de los miembros, explicaba, eran paganos y de los Estados Unidos, aunque tenían algunos internacionales. Los describe como unos “guerreros de los teclados” que principalmente hacían propaganda juntos.

Algunos, sin embargo, fueron un paso más allá: el miembro de la Green Brigade que supuestamente quemó la granja de visones también participaba activamente en The Base y había publicado tutoriales sobre cómo hacer bombas caseras en el sitio web de memes iFunny.

Al final, los líderes de la Green Brigade se vincularon más con The Base e incluso enviaron un correo electrónico al grupo neonazi señalando cómo podían ayudarse mutuamente para reclutar a más gente.

A muchos miembros del grupo ecologista esto no les gustó demasiado.

“Comenzamos como un grupo general de ecoterrorismo, no específicamente ecofascista. La distinción es importante porque el ecoterrorismo acepta a cualquiera sin importar su ideología política siempre y cuando salve el medioambiente a través de la fuerza”, decía el exmiembro. “Éramos alrededor de 30 personas antes de juntarnos con The Base. The Base son principalmente nazis, lo que hizo que muchos nos fuéramos de la Green Brigade, yo incluido”.

El líder de la Green Brigade nunca negó su conexión con The Base, pero dijo que seguían siendo autónomos. Aparte de los incendios, contaba el exmiembro, el grupo solo planeaba intervenciones menores como “bombardeos de semillas” que consistía en lanzar “bolas de tierra fertilizadas con semillas de plantas difíciles de exterminar al césped”.

Green Brigade se disolvió poco después de que el FBI arrestara a varios miembros de The Base por conspiración.

El Greenline Front se fundó en Europa del Este a mediados de la década del 2010 y se extendió a varios países. Forchtner dijo que tenían reuniones a menudo, acudían a actos políticos con banderas y recogían datos durante estos eventos. En su sitio web, explicaban que participaban en limpiezas y otras actividades de activismos, como plantar árboles, pero no declaraban participar en ninguna acción mayor.

Hoy en día, el perfil de redes sociales más prominente de Greenline Front es una mezcla de imágenes de animales y de Hitler. Forchtner dijo que es indicativo de otros grupos que, como muchas comunidades marginales, no pueden mantenerse a sí mismos ni acumular miembros durante mucho tiempo.

“Es más por razones pragmáticas”, decía Forchtner. “La razón por la que no salen adelante no es ideológica”.

La primera semana de septiembre, tras mi entrevista con Forchtner, el Greenline Front publicó una foto de un grupo de ocho hombres con la cara difuminada sujetando una bandera de Greenline Front en frente de lo que parecía ser unas ruinas antiguas.

Una herramienta ideológica

Hay jóvenes fascistas que han creado por completo una marca personal predicando una versión suavizada del ecofascismo. Se centran en una vida simple, viviendo de la tierra y entrando en contacto con ella, algo parecido a la filosofía Völkisch anterior al nazismo en la que los jóvenes alemanes trataban de conectar con la patria. Muchos grupos de esta ideología han estado distribuyendo propaganda medioambiental de extrema derecha.

Otros grupos fascistas han visto en el medioambiente una herramienta que están dispuestos a explotar para reclutar a más gente.

“¡TRAIGAN AL FASCIMO DE VUELTA AL ECOFASCISMO! Francamente, el ecologismo de extrema derecha es un mercado que no se ha explotado”, escribía un fascista en el foro de extrema derecha Iron March en 2016.

Según Amend, las generaciones más jóvenes de derechas que no han sido adoctrinadas en el negacionismo del cambio climático que se observa en los medios conservadores más populares podrían ser especialmente vulnerables a esta línea de pensamiento.

“Saben que es real. Saben que hace más calor. Saben que es su futuro. Así que los jóvenes conservadores, el futuro de la derecha, podrían cambiar rápidamente”, dijo Amend. “Sus soluciones probablemente sean políticas más duras, militarizadas y antinmigrantes”.

Amend cree que el pensamiento ecologista y las diferentes versiones de la ideología ecofascista se ven en “los grupos de jóvenes fascistas” como Patriot Front o Identity Evropa [ahora American Identity Movement], aunque ellos no se definirían a sí mismos necesariamente como ecofascistas.

En su chat encriptado, el grupo neonazi The Base compartía libros de escritores influyentes del ecofascismo sobre cómo reclutar y utilizar esta ideología para su propaganda política. Un grupo similar, Atomwaffen, utiliza la cara de Ted Kaczynski, conocido como Unabomber, en sus mensajes.

En un foro de extrema derecha que Unicorn Riot filtró en Discord, un fascista describe cómo una persona puede pasar fácilmente de un punto de vista ecofascista a uno aceleracionista (hacer que la sociedad colapse para reconstruirla a su manera):

“Aquellos que están de acuerdo con una visión ecofascista del mundo, aunque no estén directamente involucrados en actos de violencia, piden cada vez más actos de violencia contra aquellos que creen                que constituyen una amenaza para el medioambiente”, decían en el foro. “Esta aparente amenaza proviene mayormente de los judíos, a quienes, según creen los ecofascistas, solo les importa ganar dinero, aunque sea a costa del medioambiente”.

La naturaleza como justificación de la jerarquía

Es absurdo pensar que los fascistas no van a actuar mientras el cambio climático se intensifica. De hecho, es muy probable que veamos un crecimiento de esta ideología.

Taylor nos explicó que él cree que hay tres razones por las que los ecofascistas se volverán más populares: las juventudes de derechas han crecido en un mundo en el que el ecologismo se ha normalizado; la blancura del movimiento medioambiental; y la tendencia de la extrema derecha a buscar pensadores diferentes de los conversadores tradicionales, que tienden a negar el cambio climático.

“No creo que exista peligro de que los ecofascistas se hagan con el poder”, dijo Reid Ross. “Pero deberíamos preocuparnos… por los ataques de los lobos solitarios”.

5c8b8bcedd086137ca2f4e94.jpeg

En la portada del manifiesto del asesino de Christchurch, se puede ver una rueda dividida que surge de un sol negro, en la que cada segmento representa una parte diferente de su filosofía. El primero a la derecha es el ecologismo. Esta quizás sea la mejor forma de pensar en el ecofascismo dentro del resurgimiento de la extrema derecha: una parte de un todo que además sirve como una herramienta de marca.

Mientras el mundo arde, el nivel del mar aumenta y poblaciones enteras tiene que ser desplazadas, la gente busca desesperadamente respuestas que aquellos en el poder no pueden o quieren dar. Algunos encuentran esas respuestas en la relación entre la idea de la pureza de la raza y la idea de la limpieza de la tierra. Para Taylor, que ha sido ecologista toda su vida, es solo la última batalla en lo que parece una guerra cultural sin fin.

“La naturaleza es un arma importante en esta guerra para el corazón y la mente de la gente”.

Sigue Mack Lamoureux en Twitter.

ClimateUprise_Button.png
Mack Lamoureux https://ift.tt/304lEsY

El Himalaya se derrite más rápido que nunca. Una propuesta del Gobierno indio podría acelerar el deshielo.

Es hora de despertar. En el Día de Acción Mundial sobre el Cambio Climático, VICE Media Group estará contando exclusivamente historias sobre nuestra actual crisis climática. Haz clic aquí para conocer a los jóvenes líderes ambientalistas de todo el mundo y aprender qué puedes hacer para ayudar.

Dawa Steven Sherpa, un montañero y activista medioambiental, recuerda vivamente una tarde de agosto de 2017. Se encontraba en la capital de Nepal, Katmandú, cuando recibió una alerta de una organización de investigación medioambiental con la que trabajaba: el pueblo nepalí de Chukung, a los pies del Everest, estaba a punto de ser asolado por una inundación de los glaciares que se estaban derritiendo.

“El lago Imja, que está por encima del pueblo donde vive mi comunidad sherpa, se desbordó. Me pidieron que los evacuara de inmediato”, nos contó Steven. Era una inundación de un lago glaciar, una de las secuelas más peligrosas del deshielo.

Como montañero que ha subido al Everest tres veces, Steven conoce de primera mano el impacto de la industrialización en el Himalaya. “Si haces un agujero en la nieve del Himalaya, se puede ver una capa de hollín negro proveniente de las emisiones de carbono de las fábricas cercanas”, contaba.

En un intento por combatir los efectos negativos de la industrialización, está construyendo un gavión, una estructura hecha de piedras para proteger a las comunidades de las montañas, como los sherpas, de las inundaciones glaciares.

Steven pertenece a una comunidad cada vez mayor de voluntarios, activistas y ecologistas que trata de concienciar al mundo sobre el impacto del cambio climático en los glaciares del Himalaya, que se derriten a un ritmo sin precedentes.

El 28 de julio de este mismo año, 52 organizaciones protectoras del medioambiente y activistas de los 12 estados del Himalaya en la India, redactaron una carta para el Ministerio de Medio Ambiente, Bosques y Cambio Climático. La carta subrayaba cómo las decisiones regulatorias y los proyectos industriales habían contribuido al inmenso daño ecológico en la cordillera más joven del planeta.

La cordillera de 2400 kilómetros que pasa por cinco países, incluidos Nepal, India, Pakistán, Afganistán y China, lleva derritiéndose considerablemente desde 1991.

La carta señala que un proyecto de una central hidroeléctrica que genera 150 000 megavatios podría afectar potencialmente de forma negativa al 90 por ciento del valle indio del Himalaya y destruir un 27 por ciento de los densos bosques de la región.

“El Gobierno ha clasificado a la región del Himalaya en el índice de riesgo climático. Lo que quiere decir que cualquier proyecto en la región podría provocar desprendimientos, sequías en las aguas subterráneas y deshielo de glaciares”, nos dijo Manshi Asher, una activista de la organización Himdhara y una de los 52 signatarios de la carta. Asher está llevando a cabo una campaña para prevenir el daño ecológico y proteger a las comunidades vulnerables del Himalaya.

Cree que los acontecimientos en el estado indio de Assam, al nordeste, son preocupantes. Se trata del lugar dentro del índice con más riesgo debido a factores como la deforestación y la carencia de zonas irrigadas. Sin embargo, alberga un pozo de gas natural, que pertenece a una corporación gubernamental, Oil India Limited. El pozo petrolífero lleva expulsando gas natural descontroladamente a causa de una fuga desde mayo de este año. Una amenaza muy seria para un ecosistema muy delicado. La fuga ha obligado a más de 3000 personas a desplazarse a otros lugares.

Mientras, en el estado de Sikkim, alrededor de 600 kilómetros al este de Assam, 23 glaciares han retrocedido considerablemente o descongelado desde 1995. El alarmante ritmo al que se derriten tiene unas consecuencias muy graves, como las inundaciones relámpago o los desprendimientos, que ya han matado a 21 personas y desplazado a más de 30 familias en los últimos tres meses.

Es una tragedia que Mayalmit Lepcha, una ecologista que vive en Sikkim, nunca olvidará. En agosto, Lepcha participó en una sesión del Janta Parliament, un evento en línea en el que se discutieron los problemas medioambientales relacionados con la región del Himalaya. “Unas 30 presas construidas en Sikkim han tenido un efecto adverso en nuestros bosques y ríos sagrados”, dijo durante el evento.  

Sin embargo, a pesar de que la cordillera se enfrenta a una crisis ecológica, el Gobierno indio ha presentado el proyecto de Evaluación del Impacto Medioambiental 2020 (EIA, por sus siglas en inglés). Este permite comenzar operaciones industriales sin permisos previos, reduce el alcance de la indemnización pública y espera que los infractores evalúen sus propias infracciones.

Hasta ahora, un comité de valoración de expertos, formado por científicos y gestores, mide el impacto de un proyecto propuesto teniendo en cuenta cómo afecta a las comunidades locales que viven en el área a través de un proceso de consulta pública. Si el EIA 2020 se aprueba como ley, este proceso quedaría obsoleto.

Gopal Krishna Agarwal, un representante del partido en el poder, el Bharatiya Janata Party [Partido Popular Indio], negó las acusaciones de que el Gobierno estuviera comprometiendo la biodiversidad de zonas susceptibles a favor de los negocios. “La gente se opone al EIA principalmente porque cree que nos hemos desecho de las audiencias públicas, pero esto es solo para proyectos específicos en regiones fronterizas”, nos dijo Agarwal.

Pero independientemente del proyecto, el impacto en esas tierras es real y tangible.

El Dr. Ravi Chopra, un científico medioambiental radicado en el estado norteño de Uttarakhand, dijo que estos proyectos, que se vendían como una ayuda para los locales, al final harían más daño. Una vez que se derritan los glaciares, acelerados por estas intervenciones, se alterará el flujo continuo de los ríos del Himalaya que crecen y decrecen en verano e invierno respectivamente. “En última instancia, los proyectos de energía hidroeléctrica ni siquiera afectan al suministro de recursos hídricos utilizables”, decía Chopra.

Keshav Singh Panwar tiene un supermercado en Uttarakhand. En 2012, perdió su hogar y todas sus pertenencias en las devastadoras inundaciones y desprendimientos que se saldaron con la muerte de 10 personas y la desaparición de 38. Panwar, que ha estado en un centro de rehabilitación hasta ahora, nos dijo que la culpa es de la deforestación masiva para proyectos comerciales.

Por si no fuera poco, el Gobierno no ha hecho prácticamente nada para ayudar a aquellos que, como él, se han visto afectados por unas tragedias relacionadas con la degradación medioambiental que podrían haberse evitado. Algo que solo empeorará con leyes tan laxas como la EIA.

“En los últimos ocho años, el Gobierno me ha estado diciendo que me daría una casa nueva, pero no me han dado nada”, decía.

Y en cuanto a Steven, también está preocupado por cómo el deshielo de los glaciares contribuye a las tormentas, avalanchas y los casos cada vez mayores de congelaciones en las montañas. Tiene miedo de que ya no sea seguro escalar el Himalaya.

“Como montañeros, dependemos de nuestras habilidades, pero un clima errático hace que sea difícil predecir el tiempo”, decía Steven. “Para nosotros no es un inconveniente. Es una amenaza de muerte”.

 Sigue a Shamani en Instagram. 

ClimateUprise_Button (1).png

Follow Shamani on Instagram.

Shamani Joshi https://ift.tt/305hLUD

Este país europeo es uno de los que peor calidad del aire tiene en el mundo, pero solucionarlo es ‘demasiado caro’

Es hora de despertar. En el Día de Acción Mundial sobre el Cambio Climático, VICE Media Group estará contando exclusivamente historias sobre nuestra actual crisis climática. Haz clic aquí para conocer a los jóvenes líderes ambientalistas de todo el mundo y aprender qué puedes hacer para ayudar.

Toni Nikushevski contemplaba con seriedad los dos camiones viejos de basura que subían dando tumbos por las colinas que van hacia el vertedero de Drisla, uno de los más grandes de Europa, para depositar la carga diaria. Un hilo de basura, desde botellas y latas hasta bolsas de plástico y pañales sucios, se extendía cuesta arriba.

Nikushevski era uno de los alrededor de cien ecologistas que se habían reunido esa mañana de febrero de 2019 para denunciar las laxas normas de seguridad, la falta de transparencia de la gestión y la contaminación que emitía el vertedero en los alrededores de Skopie, la capital de Macedonia del Norte.

“Pedimos un cambio inmediato en el tratamiento de residuos de esta institución”, decía Nikushevski a los reporteros. “Drisla es uno de los lugares más contaminantes de la ciudad y del país”.

Un camión de basura se dirige a Drisla, uno de los vertederos más grandes de Europa. Foto cortesía de Jana Cholakovska
Un camión de basura se dirige a Drisla, uno de los vertederos más grandes de Europa. Foto cortesía de Jana Cholakovska

Dos semanas antes, Skopie había registrado unos niveles peligrosos de contaminación atmosférica, 8,6 veces más altos de lo que las autoridades de la salud mundial consideran saludable, sobrepasando a Nueva Deli en la India y a Daca en Bangladés y convirtiéndose en ese momento en la ciudad más contaminada del mundo.

Este año, mientras que los niveles de contaminación de Europa caían drásticamente debido a las estrictas medidas implementadas para controlar la pandemia de la COVID-19, Macedonia del Norte sobrepasaba los límites establecidos en varias ocasiones. La contaminación atmosférica del país, que acabó con la vida de 3580 macedonios en 2019, podría ser incluso más letal de lo que se cree, según unos investigadores de la Universidad de Harvard que la relacionan con las altas cifras de hospitalizaciones y muertes por la COVID-19. La tasa de mortalidad del coronavirus en Macedonia, un 4,4 por ciento, está entre las más altas de la región.

En las últimas tres décadas, Macedonia del Norte no solo ha combatido la contaminación del aire, sino también los problemas de un proceso de democratización lento y a veces incluso doloroso. Tras el colapso de la Unión Soviética en 1991, una ola de liberación política y económica arrasó en el sureste de Europa y Macedonia del Norte emergió de la Antigua Yugoslavia como una república independiente. Mientras trataba de hacerse un hueco en el mundo, el Gobierno macedonio no tenía ni la capacidad ni los recursos para asegurar unas prácticas sostenibles que fuesen efectivas, dejando así muchas instituciones públicas, como Drisla, desatendidas.

El vertedero de 78 hectáreas es el único regulado oficialmente en todo el país, lo que quiere decir que, de entre los 3000 vertederos de Macedonia del Norte, es el único que opera con alguna medida de seguridad.

Sasho Todorovsk, gerente de Drisla desde su apertura en 1994, se siente orgulloso de su labor. “Hay que tener en cuenta que somos el único vertedero de Macedonia del Norte en el que se utilizan procesos tecnológicos”, decía.

Los trabajadores amontonan los residuos sólidos, los comprimen y los cubren de arcilla para aislar los posibles contaminantes y evitar que huelan. Drisla recoge, identifica, pesa y procesa la mayor parte de los materiales nocivos del país y recoge y quema la mitad de los residuos sanitarios.

La gestión de los residuos nocivos de Drisla ha provocado la ira del público. Los trabajadores recogen jeringuillas, medicamentos caducados, guantes desechables y cosas por el estilo, los ponen en bolsas selladas que se cortan en piezas lo más pequeñas posible y se tiran a la incineradora que Reino Unido les regaló en 2001. El aparato, que fue donado como “ayuda humanitaria”, era extremadamente contaminante y no cumplía las normas de la Unión Europea. Unas piezas extras habrían hecho de la incineradora mucho más sostenible, pero el precio estaba fuera del alcance de Macedonia del Norte.

Fueran cual fuesen los problemas del incinerador de Skopie, era mucho mejor que las prácticas que se llevaban a cabo antes, como amontonar los residuos tóxicos en mitad del vertedero y prenderlos fuego. Dijana Veljanoska, jefa del personal, reconocía los fallos del vertedero. “No cumple con todas las normas”, decía. “Pero es lo mejor que tenemos”.

En los últimos 30 años, Drisla se ha mantenido en pie con presupuestos muy ajustados que han dificultado el correcto funcionamiento del vertedero. Cuando la incineradora llegó por primera vez, Drisla estaba bajo control municipal. Sin embargo, pronto se vio que la gestión de la ciudad era pésima: ni siquiera podían llevar a cabo uno de los procesos más básicos de gestión de residuos: separar la basura en categorías como orgánica, sólida o reciclable. Veljanovska decía que por aquel entonces no había ningún tipo de control.

En los siguientes años, Drisla cambió de gestión repetidas veces. Entre 2009 y 2010, el vertedero fue una exitosa entidad privada autofinanciada hasta que un proyecto costeado por el Banco Mundial sugirió que se convirtiera en una sociedad mixta: una empresa de gestión de residuos internacional poseería el 80 por ciento de las acciones e invertiría constantemente, mientras que la ciudad gestionaría el otro 20 por ciento y mantendría la supervisión institucional.

Lo que se suponía que sería el comienzo de un futuro mejor y más ecológico para Drisla, resultó ser todo lo contrario. La empresa seleccionada para gestionar Drisla fue FLC Ambiente, una compañía italiana desconocida que fue elegida frente a dos de las principales empresas de gestión de residuos de Europa, la alemana Scholz AG y la austriaca Asa International Environmental Services. El sitio web Balkan Insight reveló que FCL Ambiente se había creado tan solo tres días antes de la fecha límite de licitación, a pesar de que las compañías interesadas debían demostrar que las ganancias anuales eran al menos de 21,7 millones de dólares y un despegue de al menos 271 millones de dólares en los cinco años anteriores. La sospecha de irregularidades y actos ilegales en la licitación originaron una extensa batalla legal. En los siguientes diez años, FCL Ambiente utilizó los juicios como excusa para no invertir los 86,1 millones estipulados en el contrato.

“Los meses siguientes a la batalla legal fueron decisivos para Macedonia del Norte. Durante el invierno de 2014, hubo una ola de protestas por el medioambiente que avivaron el debate nacional sobre la contaminación atmosférica. Gorjan Jovanovski, ingeniero de software y creador de la conocida aplicación de control de la calidad del aire AirCare, admitió que por aquel entonces él no conocía lo grave que era la situación de la contaminación atmosférica del país. “Decíamos que era el olor del invierno. No sabíamos que ese olor a humo era una nube enorme de contaminación”.

Ese olor químico a ceniza tan característico de Skopie se debe a las partículas en suspensión, unas partículas tóxicas microscópicas que pueden ser sólidas o líquidas y que quedan suspendidas en el aire. A pesar de su tamaño, son partículas pesadas. En invierno, el aire caliente empuja el aire frío hacia el valle, atrapando las partículas en suspensión y creando una capa gruesa de niebla y polución.

Las escarpadas montañas que protegen a las ciudades de Macedonia del Norte ofrecen las condiciones perfectas. Estas murallas naturales impiden el paso a las ráfagas de viento que normalmente se llevarían las partículas en suspensión. Lo único que alivia la situación son los días cálidos de lluvia en primavera.

Según la Agencia Europea de Medio Ambiente, la contaminación atmosférica es uno de los mayores peligros para la salud, puesto que las partículas en suspensión dificultan el correcto funcionamiento del sistema inmune y empeoran condiciones como el asma o la hipertensión arterial.

Petre Nikolovski, ingeniero eléctrico retirado, es un macedonio que ha experimentado cómo su salud se veía afectada permanentemente por la contaminación del país. Nikolovski se pasó mucho tiempo trabajando cerca o para complejos industriales, en su mayoría sin regular, con niveles de contaminación extremadamente altos.  A finales de los 90, Nikolovski y su familia atravesaron sin querer una nube tóxica de cloro que se había formado por una explosión de una tubería de gas cerca de su casa. El accidente le redujo considerablemente la capacidad pulmonar, que ya de por sí era baja.

“Me cuesta mucho respirar ahora”, decía. “A veces siento que voy a explotar. Es como si tuviera a alguien sentado en el pecho. Esa sensación no solo me produce dolor, sino también pánico”.

Nikolovski se mudó a las afueras de Skopie con la esperanza de que la concentración de partículas en suspensión fuese menor en los límites de la ciudad. Sin embargo, en los últimos dos años, ha notado cómo la niebla grisácea se acerca cada vez más a su casa.

Tanto la UE como la OMS han fijado unos límites para las partículas en suspensión. Pero, en los últimos años, las deterioradas 18 estaciones oficiales de control de calidad del aire de Macedonia del Norte registraron niveles que los superaban ampliamente.

El subsecretario del Ministerio de Medioambiente y Ordenación Territorial, Jani Makraduli, apoya el plan del Gobierno de invertir principalmente en identificar y eliminar posibles contaminadores, en vez de en un sistema de control nuevo. “Estamos centrándonos en los orígenes de la contaminación”, decía Makraduli. “Y según la información que tenemos, viene de las calefacciones. Es ahí donde tenemos que buscar una solución”.

Los sistemas de calefacción y los gases de escape de los vehículos son una de las principales razones de los niveles tan peligrosos de contaminación atmosférica, puesto que, en un país con salarios medios que rondan los 450 dólares, muchas familias no pueden permitirse un coche nuevo o cambiar a un sistema de calefacción sostenible.

Sin embargo, para Macedonia del Norte, uno de los principales problemas es la falta de precisión y regularidad en los datos sobre contaminación atmosférica. Hoy en día, el país sigue utilizando algunos de los primeros sistemas de control que recibieron en 1998. Estos aparatos viejos son difíciles de mantener y reparar y a menudo se utilizan solo un par de meses. Por esta razón, las mediciones no son siempre completamente fiables y precisas.

Además, el ministerio es la única institución acreditada y por lo tanto la AEMA y la OMS solo reciben datos del Gobierno macedonio.

Jovanovski también utiliza esta información para su aplicación. “Aunque la contaminación venga de la calefacción y los coches viejos, no son los únicos que contribuyen hasta ese punto”, decía Jovanovski. “El problema real es ignorar de dónde viene de verdad la contaminación atmosférica. Viven en un mundo sin datos”.

Makraduli reconoció las preocupaciones y dijo que las estaciones de control siempre se arreglan tan pronto como se puede. Además, cree que una renovación sistemática, como proponen los ecologistas, requeriría muchísimo dinero. “Las peticiones de los activistas están presentes de una forma o de otra en los documentos del ministerio”, decía. “Nadie está en contra de este tipo de proyectos, pero son demasiado caros”.

Al igual que en el resto del país, el sistema de control de Drisla funciona de vez en cuando. Veljanoska dice que sería imposible tener el aparato constantemente en funcionamiento. “Sería demasiado caro, no nos engañemos”, decía.

El dinero es la principal excusa para evitar el tema de la contaminación atmosférica. “En países pobres, como Macedonia del Norte, es muy difícil estar al frente de la lucha por el medio ambiente”, decía Makraduli. “Lo que debemos hacer como país es juntarnos y preguntarnos: ¿cómo se mantendrá energéticamente Macedonia del Norte en el futuro? ¿Cómo vamos a equilibrar el desarrollo económico con la protección medioambiental?”.

Mantener ese equilibrio es extremadamente difícil. Pero el Acuerdo de París estipula que los Gobiernos de los países en desarrollo deben comprometerse a una “reconversión justa”. Makraduli lo ve como uno de los aspectos más importantes de su labor. Cree que, como la transición a un sistema sostenible acarrea la pérdida de trabajos, se debería hacer de forma estratégica.

De momento, Drisla no tiene la capacidad de transformar los residuos en energía. Pero Markraduli y Nikushevski están convencidos de que esa es la vía del progreso. Una renovación total requeriría mucha más transparencia, inversión y compromiso de las instituciones gubernamentales, de los ecologistas y de los ciudadanos.

En los últimos meses, ha habido un progreso considerable tanto en Drisla como en el resto del país. En enero, finalmente se rescindió el contrato de Drisla con la compañía italiana y en junio se deshicieron de la incineradora. En su lugar, adquirieron una nueva esterilizadora que mejoraría el tratamiento de los residuos sanitarios. En marzo, tras treinta años de incertidumbre, el país se convirtió finalmente en el miembro número 30 de la OTAN y ha retomado las conversaciones para acceder a la UE.

“Entrar a la Unión Europea nos ayudaría mucho”, decía Makraduli. “Es algo que nos impulsaría mucho más, con mayores estándares. No es que no sepamos lo que hay que hacer o que no queramos. Sino que cuesta dinero. Tengo la esperanza de que la entrada en la UE cambie por completo nuestra sociedad. No habrá excusas ni pretextos. Solo trabajo”.

Jana Cholakovska es una periodista radicada en Nueva York y especializada en el cambio climático, la política y el este de Europa. Síguela en Twitter.

ClimateUprise_Button.png
Jana Cholakovska https://ift.tt/2Qu0e35

Diana Ríos Rengifo: dar la vida por la tierra

Es momento de despertar. Este viernes de la Semana Global de Acción por el Clima, VICE Media Group presentará únicamente historias relacionadas con la actual crisis climática. En este enlace podrás conocer a jóvenes líderes de múltiples lugares del planeta y entender con ellxs cómo tomar acciones.

En la mañana del 1 de septiembre de 2014 Edwin Chota, Leoncio Quintisima, Jorge Ríos Pérez y Francisco Pinedo Ramírez, dirigentes asháninkas de la comunidad de Saweto, fueron acribillados y luego arrojados a los pantanos en la selva del Alto Tamaya, en la frontera entre Perú y Brasil. Días después fueron hallados, incinerados, restos de dos de ellos. De los otros jamás se supo nada.

Al enterarse de que su papá había sido asesinado luego de estar años denunciando que una mafia de traficantes de madera operaba dentro de su territorio indígena sin que el Estado peruano se inmutara al respecto, a Diana Ríos la invadió la tristeza. Después llegó la ira. Diana tenía 22 años la última vez que lo vio.

“Cuando murió mi papá estaba molesta y dolida. Pero después piensas que hay que seguir la lucha porque no queda de otra en esta vida: seguir construyendo sobre lo que él dejó”, dice en videollamada, desde su casa en Pucallpa, Perú. “No ha sido fácil porque son enemigos muy poderosos. Pero si yo no lucho como madre o como mujer, ¿entonces quién va a luchar por mí?, ¿quién va a proteger a mi pueblo?, ¿quién garantiza que mis hijos no deban migrar más adelante porque ya tienen un territorio que les pertenece y en donde encuentran todo? Para eso tenemos que visionar”, cuenta.

“Pero si yo no lucho como madre o como mujer, ¿entonces quién va a luchar por mí?, ¿quién va a proteger a mi pueblo?”

De nada sirvieron las denuncias que presentaron los dirigentes asháninkas  por tala ilegal desde el año 2008 ante distintas entidades, ni las fotografías que  habían tomado de los infractores, ni siquiera las coordenadas que indicaban los lugares exactos en donde operaban estos grupos criminales. Desde hace casi siete años, Diana —la mayor de nueve hermanos— ha tenido que vivir con la ausencia de  Jorge Ríos, su padre, y Edwin Chota, el papá de uno de sus hijos y entonces jefe de la comunidad amazónica.

Lo que sí logró conseguir el pueblo nativo de Alto Tamaya-Saweto, un año después de la muerte cruel de sus cuatro líderes, fue la titulación de su territorio con una extensión de 76.800 hectáreas de bosque natural. Ese documento, que certifica que ellos viven ahí, no solo reconoce legalmente sus derechos sino una forma eficiente de conservar los ecosistemas. Sin embargo, el triunfo no se siente completo hasta que la justicia no llegue. Para los cinco acusados del crimen —tres actores materiales y dos intelectuales— la Fiscalía solicita 35 años de pena privativa de la libertad por el delito de homicidio calificado. Las familias de las víctimas siguen esperando.

Diana Ríos tiene una voz dulce, pero habla con firmeza. Su piel es trigueña, lleva la cara pintada con achote y una cabellera negra y lisa que le roza la cadera. Cuenta con orgullo que hoy es la vicepresidenta de Saweto y que —con una señal de internet precaria e intermitente— está estudiando un diplomado en Política, territorio y biodiversidad para estar más preparada y responder mejor a los retos que le esperan en el futuro. "Hay gente que estudia para ser profesor y otros para que no nos saquen de nuestra tierra", señala.

Actualmente está ayudando a otras tres comunidades indígenas —San Miguel de Chambira, Unión Paraíso de Alto Huao y Nueva Amazonia de Tomajao— para evitar que se repita el capítulo de violencia que vivió en carne propia la suya: “Personas en riesgo y un jefe asesinado al que nadie escuchó en su debido momento”. Como lideresa los asesora en aspectos técnicos y jurídicos que van desde saber cómo ampliar su territorio y qué es la consulta previa e informada hasta cómo interponer una denuncia ante la Fiscalía y hacerle seguimiento.

“Mi papá decía: ‘Si es que en algún momento tendré que dar mi vida, pues la daré. Si es que en algún momento tendremos que ganar, pues saldremos victoriosos de esta lucha’. Para nosotros el territorio significa todo, está articulado con nuestro ser y sin él no podemos vivir… no somos nada”, explica Diana, de 28 años.

La madera

Las actividades ilegales que han acorralado al territorio y amenazado a su gente han llevado distintos nombres a lo largo de la historia. Primero, indígenas trabajando de sol a sol, abriéndose camino entre la espesa selva a machetazos, en busca de árboles de caucho para venderles a los patrones europeos que los estafaban y trataban como esclavos. Cuando el boom del caucho acabó, le siguió el tráfico de pieles de animales exóticos y después llegó el de la madera. Este apogeo arremetió de distintas maneras contra la naturaleza durante el siglo XX.

El 30% de la madera que se comercializa en el mundo es ilegal. El delito, además, es lucrativo: en 2016 movió entre 51 y 152 mil millones de dólares, de acuerdo con la ONU. A su paso, las motosierras y el fuego devoran los árboles: cada seis segundos el planeta pierde un área de cobertura de bosque tropical equivalente a un campo de fútbol. Solo el año pasado, Perú arrasó con 162.000 hectáreas de bosque primario. Fue el quinto país más deforestado, según el monitoreo satelital de Global Forest Watch.

Como actividad, no está prohibido talar árboles siempre y cuando se cuente con los documentos que certifiquen su procedencia; de ahí que cualquier trámite sea susceptible a irregularidades. En el informe La máquina lavadora, publicado en 2012 por la Agencia de Investigación Ambiental (EIA, en inglés), se detallan las artimañas más comunes de las que se valen los mafiosos: los concesionarios presentan listas de árboles a extraer que no existen y las autoridades —por corruptas, desconocedoras del tema técnico o incapaces de corroborar la información directamente en campo por falta de recursos— “autorizan la extracción de volúmenes de madera que no están en la concesión”. El informe advierte también que “los permisos correspondientes son vendidos en el mercado negro y utilizados para lavar madera extraída ilegalmente de cualquier otra parte del país, como áreas protegidas o territorios indígenas”.

El 80% de la madera que exporta Perú —señala el Banco Mundial— tiene origen ilegal, y puede ir en forma de sillas para el comedor, armarios, bibliotecas, colgadores de ropa, tablas para el piso, mesas de noche o marcos para las puertas. Todas podrían estar en su casa.

Por eso, Diana Ríos cree que debe haber corresponsabilidad para combatir el tema. “Si no conozco el origen de la madera, pues me informo antes de comprar, ¿no? Hay que pedir los documentos e investigar de dónde la sacan. Hay que cuestionar para que podamos contribuir”, dice la líder y madre de cuatro niños.

Diana denuncia que los madereros ilegales siguen merodeando e invadiendo sus tierras. No le tiene miedo a la muerte. “A mí lo que me gusta es defender a mis pueblos, que sean respetados y vivan en armonía”, resalta. "Que se reconozca nuestra identidad y se eleven nuestras voces".

Aunque se ha demostrado que los bosques ubicados en territorios colectivos están mejor conservados que otros, irónicamente las comunidades nativas se demoran hasta 30 años en conseguir su titulación, mientras que las empresas que solicitan concesiones tardan entre 30 días y cinco años, máximo.

Defender la naturaleza es una labor de alto riesgo en América Latina, la región más peligrosa del mundo para activistas ambientales, según Global Witness. En su último informe, Colombia, Brasil, México, Honduras, Guatemala, Venezuela y Nicaragua aparecen entre los diez países más mortíferos para ser un defensor del ambiente y el territorio. En 2019, 212 personas perdieron la vida por esta labor.

Defender la naturaleza es una labor de alto riesgo en América Latina, la región más peligrosa del mundo para activistas ambientales, según Global Witness.

De acuerdo con la investigación Tierra de resistentes, en los últimos once años se han registrado más de 2.360 episodios violentos contra líderes ambientales y sus comunidades —desde asesinatos y desaparición forzada hasta acoso judicial y desplazamiento— en diez países de la región. Las minorías étnicas son especialmente vulnerables. Los indígenas y afrodescendientes han pagado un precio muy alto por defender ecosistemas estratégicos: fueron blanco del 48 % de los ataques. La agroindustria es su principal amenaza.

Diana es consciente de que en cualquier día y a cualquier hora, ella o algún familiar suyo podrían convertirse en meros números de una lista que año a año crece, pero “seguiremos”, dice. El conflicto armado interno, que tuvo lugar entre 1980 y 2000, también hizo de las suyas con este pueblo cuando el Partido Comunista del Perú - Sendero Luminoso abrió otro capítulo de sangre. Según el informe final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación, de 55.000 asháninkas, cerca de 10.000 fueron desplazados forzosamente en los valles del Ene, Tambo y Perené, 6.000 personas fallecieron y 5.000 estuvieron cautivas por Sendero Luminoso. Desaparecieron entre 30 y 40 comunidades asháninkas.

Lo suyo es resistir. Resistir a los de antes, a los de ahora y a los que vendrán. Pero lo suyo también es batallar. “Al final todos tenemos derechos, todos somos peruanos y todos somos un mismo pueblo”, recuerda Diana Ríos. Mujer. Hija, hermana y madre. Indígena amazónica. Asháninka del Perú. Lideresa y vicepresidenta de Saweto.

En VICE celebramos a las defensoras del planeta. Lee las historias de otras GUARDIANAS dando clic aquí.

*Tatiana es reportera freelance. Está interesada en temas relacionados con medioambiente, ciencia, derechos humanos y género. En Twitter la encuentras como @TatiPardo2.

ClimateUprise_Button.png
Tatiana Pardo Ibarra https://ift.tt/3i2fTSF

Mabette Colón Pérez: la incansable lucha de para poder respirar

Es momento de despertar. Este viernes de la Semana Global de Acción por el Clima, VICE Media Group presentará únicamente historias relacionadas con la actual crisis climática. En este enlace podrás conocer a jóvenes líderes de múltiples lugares del planeta y entender con ellxs cómo tomar acciones.

Basta. Cuando tenía tan solo 15 años, Mabette Colón Pérez se cansó de no poder respirar con normalidad. Ella vive a tan solo 1,93 kilómetros de la planta energética que la compañía Applied Energy Services (AES) instaló en Guayama, Puerto Rico, para producir electricidad a partir del carbón.

Las cenizas resultantes del proceso de combustión se apilan en las instalaciones, creando una montaña de 430.000 toneladas que llegó a ser más alta que el mismo edificio. Ese particulado también se acumula en las vías respiratorias de los habitantes de Guayama y otras comunidades cercanas.

Colón ya no quiere perder más mascotas. Sus dos perritas han muerto de males respiratorios. Su madre padece de asma. Sus vecinos están enfermos de cáncer. Ella misma sufre de los huesos debido al cadmio, un metal pesado presente en las cenizas del carbón.

También se cansó de la injusticia. Por eso desde hace cinco años se unió a la organización Comunidad Guayamesa Unida por tu Salud. Ella diseña las pancartas para las protestas que organizan contra AES en Puerto Rico y en Estados Unidos. Además, presta su voz a la causa.

En 2018, Colón viajó a Washington D.C. para comparecer en una audiencia pública ante la Agencia de Protección Ambiental (EPA, por sus siglas en inglés), entidad del gobierno federal de Estados Unidos a cargo de proteger la salud humana y el medio ambiente. Esa era la primera vez que la joven salía del país, también era la primera de varias audiencias.

En ese entonces, la EPA propuso cambios a un reglamento, el cual establecía que las plantas eléctricas debían manejar los residuos de una forma segura.

“Les dije que yo ya estaba cansada de perder clases por tener que decirles lo que ya sabían: ‘si ustedes van a hacer algo, lo tienen que hacer ya. No vengan con que eso [la ceniza] no hace nada o que nos mudemos. Eso es imposible, yo estaba aquí primero’. Todo ese coraje lo descargué en esa vista pública de la EPA”, dice Colón.

“De hecho, una de las audiencias se hizo para aprobar un nuevo reglamento sobre aguas subterráneas cuando recientemente había salido un estudio de la propia AES diciendo que habían contaminado. Esa nueva regulación proponía que no se tenía que verificar los pozos y podían depositar las cenizas donde ellos quisieran sin tener ningún tipo de problema”.

Esto motivó a los activistas a trabajar en otro frente. Su objetivo era que las normas puertorriqueñas fueran más estrictas que lo establecido por la EPA y, con ello, evitar una enmienda en el reglamento. Vale recordar que Puerto Rico es un Estado Libre Asociado de Estados Unidos. Los puertorriqueños son ciudadanos estadounidenses desde 1917, por lo que les cobija la misma normativa, aunque se les permite contar con su propia Constitución para manejar asuntos internos.

“Logramos eso, por lo menos. Ahora la empresa tiene que sacar las cenizas en barcazas y no las pueden depositar en ningún lugar en Puerto Rico”, comenta la joven de ahora 20 años.

Colón suele conjugar sus verbos en plural. Está consciente de que la lucha es colectiva e inició mucho antes de ella. El proyecto de la planta se empezó a gestar a finales de los años 80, construyéndose en la siguiente década y entrando en operación en 2002.

—En ese entonces, ¿la gente reclamaba? —pregunto.

"Sí que sí. Inicialmente esta planta se iba a poner en Mayagüez y allá no la quisieron para nada. Entonces vinieron a Guayama. Desde que comenzó la construcción, mucha gente venía a manifestarse; pero ellos fueron comprando a la comunidad, diciéndole que iban a dar trabajo. Somos una comunidad pobre y mencionar trabajo, aquí en Puerto Rico, es oro”, dice.

Los primeros habitantes de Guayama fueron afrodescendientes que trabajaron en las siembras de caña. Con el paso del tiempo, más personas fueron sumándose hasta constituir un poblado que vivía de la agricultura y la pesca. Siempre fueron comunidades pobres habitando un territorio rico en ecosistemas.

“Yo misma lo pude vivir”, afirma la joven. “En los primeros años de operación, el ecosistema no se veía tan afectado y el ambiente era muy bonito. Ver los mangles bien frondosos, la cantidad de peces que había en el mar. Poco a poco, se fue deteriorando.

”Nosotros solíamos ir a una playa cerca de la casa y empezamos a encontrar peces muertos en la orilla. La arena se empezó a tornar negra y esa cosa negra la endurecía. Hace poco, hablando con unos pescadores, nos dijeron que cuando meten las manos en el arrecife lo que tocan es un fango bien negro y baboso”.

—¿Termina siendo la lucha ambiental una lucha social?

“Esta área ha sido marginada por el simple hecho de ser pobre. Una planta así no la ponen en San Juan, que es la capital. Buscan ponerlas en áreas donde haya comunidades pobres a las que puedan ofrecer trabajo, porque saben que no van a tener tanto problema.

”Nos maltratan. No porque seamos clase trabajadora quiere decir que pueden hacer lo que quieran con nosotros, como ponernos una planta que nos está matando.

”Mucha gente también se ha ido por recomendación médica. ¿Cómo es posible que tú tengas que dejar tu comunidad, porque esta compañía llegó, te enfermó y tú te tienes que ir a gastar lo poco que ganas en otro lugar? Es bien fuerte. Yo creo que eso es lo que lo hace, más que una lucha ambiental, una lucha social”.

Según Colón, la situación ha dividido a la comunidad, ya que algunas personas trabajan en la planta o tienen familiares que lo hacen y esto provoca que se pongan en contra de los activistas.

“Hay gente que ha trabajado ahí y nos ha dicho lo pésimo que es. No les dan protección y han estado súper expuestos. Son padres de familia y ahora tienen mucho miedo, porque saben que esto no se va a reflejar de hoy para mañana. Las consecuencias de esa exposición se verán a través de los años”, comenta.

—¿Por qué se escuchan más los reclamos ahora que antes? ¿La lucha adquirió nuevos bríos?

“Por los estudios que se han hecho. Poco a poco, el área científica se ha ido uniendo. En el 2016, la Escuela de Salud Pública hizo un estudio en la comunidad y lo volvió a repetir en el 2018. Fue alarmante lo mucho que aumentaron las enfermedades, especialmente el cáncer. Eso preocupó mucho al pueblo.

”Cuando salió el estudio de las aguas subterráneas, los de AES tuvieron que admitir que sus pozos estaban contaminados con metales pesados. Esos metales pesados son básicamente la huella de las cenizas del carbón, no pueden decir que es por otra cosa. Como todo esto ha salido en la prensa, el pueblo se ha ido uniendo y siendo más consciente en cuanto a la lucha”.

Actualmente, la empresa AES está obligada a manejar las cenizas, sacándolas de la comunidad. Por tanto, la montaña ha reducido su tamaño. La misma AES ha dicho que eliminarla por completo puede tomarle dos años.

“Pero tenemos otra montaña inmensa de carbón y pues las emanaciones de las chimeneas son horribles”, dice Colón. “Cuando están quemando carbón, te tienes que ir de tu casa porque no soportas el olor. Ahora estamos en cuarentena y no podemos salir, así que te tienes que aguantar a como sea. Igual, cuando van a limpiar las turbinas para liberar la presión de vapor, el ruido que hace es como si un jet estuviera encima de tu casa.

”Ha sido bien difícil vivir aquí y ver cómo se ha dañado todo. La comunidad de Pozuelo, una de las más cercanas a AES, era todo mangle y este se ha secado por completo. La pesca ha disminuido de una manera drástica. Han sido muchos los cambios ambientales y en la salud. Es bien triste”, concluye.

—Entonces, ¿cuáles son los siguientes frentes de lucha?

“Parar la producción de energía a base de la quema de carbón, que es un combustible fósil. Hay que apostar por nuevas alternativas que sí son eficientes. Es cuestión de llevar una transición pareja, que todo el pueblo pueda beneficiarse.

”Ahora mismo, la propuesta es cambiar a gas natural o metano, que tampoco es tan bueno. No vamos a tener las cenizas, pero vamos a seguir teniendo las emanaciones y el riesgo de explosión es altísimo. Además, tendríamos que seguir trayendo producto de afuera, lo que implica la entrada y salida de barcos y eso ha sido lo que ha perjudicado a la pesca.

”Entonces, los próximos pasos serían lograr el cierre de la planta y la limpieza de las áreas. Ellos depositaron cenizas en 14 municipios. Nada más en Guayama hay un millón de toneladas enterradas.

”Es bien triste que todos estos empleados tengan que perder su trabajo. No es lo que queremos y pues le exigimos a la empresa que tenga un plan, o sea, que den otra alternativa a esos empleados”.

En lo personal, el activismo permeó las decisiones de estudio de Colón. Está cursando la carrera de Justicia Criminal en el recinto de Guayama de la Universidad Interamericana de Puerto Rico (UIPR) para luego continuar con Derecho Ambiental en una universidad en Estados Unidos. “Espero ir allá y, cuando termine, regresar a mi islita”, dice.

¿Qué le dirías a otros jóvenes que tienen luchas similares a la suya?

“No se quiten. Esto es bien difícil. Siempre va a ser bien difícil, pero los resultados valen mucho la pena. Esa satisfacción que tú tienes de saber que estás ayudando a otro. Yo hago esto para aquel que no puede salir a luchar, para el que tiene miedo. Yo represento su voz, yo lo represento a él.

”Es importante que nosotros, los jóvenes, seamos los que estemos en esta lucha constante, que no la dejemos morir porque es nuestro planeta, nuestra casa, y nosotros tenemos que cuidar de ella, sin importar lo que pase. Viento, mareas, tormentas, huracanes… ahí tenemos que estar, siempre dando la cara”.

En VICE celebramos a las defensoras del planeta. Lee las historias de otras GUARDIANAS dando clic aquí.

ClimateUprise_Button.png
Michelle Soto Méndez https://ift.tt/3cxrc47