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viernes, 29 de noviembre de 2019

El reggaetón nos une: La gente más bellaca del Flow Fest 2019

Este artículo fue co-creado con Coca-Cola

Del reggaetón parece haberse dicho todo. Que domina el mundo. Que sus cifras son insuperables. Que ha roto paradigmas a granel. Que ha sido clave en la liberación de muchos conceptos estéticos. Que se ha convertido en uno de los géneros más inclusivos en el mundo. Y en general, que ha funcionado como una llave para abrir nuestro candado corporal, para destrabar la pelvis y prenderle fuego a nuestro interior. Seas quien seas, en el reggaetón hay un espacio para ti. Y son tantas bondades las que ha traído a nuestra dieta que pocas veces nos hemos podido parar a ver cómo todas ellas han actuado sobre nosotros, sobre la gente, sobre todas y cada una de las personas diferentes que están unidas por el género que popularizó El General, perfeccionó Daddy Yankee y masificó J Balvin.

El sábado pasado, la curva 4 del Autódromo Hermanos Rodríguez nos llamó a tener 12 horas de pariseo chocahueso sin descanso, donde nombres como Anuel, Ozuna o J. Balvin, se encargaron de hacernos sudar hasta acabar muertos, convirtiendo a la Ciudad de México en la cima mundial del reggaetón por una noche. Y a lo largo del día, encontramos una oportunidad perfecta para buscar, retratar y platicar con los asistentes al festival sobre sus looks, experiencias, y amor eterno por el reggaetón. Al final, La Cultura está hecha por su gente, que, como pudimos observar, es muy diversa y va desde aficionados a los sneakers y al ice, hasta drag queens, feministas y fanáticos que viajaron desde el otro lado del Atlántico al festival.

flow fest 2019 vice looks

Elena, 23 años, y Eva, 27

VICE: ¡Hola! ¿A quién vienen a ver?
Elena: Venimos a ver sobre todo a Rauw Alejandro que está por tocar ahora, a J Balvin y a C. Tangana.
Eva: También, a J Balvin, Ozuna, Anuel, no sé, en realidad a todos porque yo soy de Holanda y en Holanda no tenemos estos conciertos.
¿Ah, neta? ¿Y viniste entonces nada más al festival?
Eva: Sí, claro. Nada más venimos a esto.
¿Tú también eres de Holanda?
Elena: No, yo soy de Italia.
Qué chido. Oigan, y de sus looks platíquenme, ¿qué buscaban con ellos?
Elena: Algo que me haga sentir poderosa y empowered como mujer, y también algo que te haga expresar lo que sientes y cómo eres, ¿sabes?
Eva: Yo más bien es que no puedo vestirme así en la vida normal, así que decidí hacerlo aquí. Además el reggaetón es para todos, por eso todos los colores.
¿Algún indispensable para el perreo adecuado?
Elena: ¡Sí! ¡Claro! No se puede ir a perrear en falda, porque no te deja que te vayas hasta abajo, entonces mejor unos pantalones así.
Eva: Y también el pelo que no esté suelto, para poder ver bien todo y que no se te vaya para enfrente.

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Francisco “La Paca”, 19 años

¡Hola! ¿Qué tal el ambiente hasta ahora? ¿Cómo te la estás pasando?
Francisco: Todo bien, la verdad, muy padre. Yo pensaba de hecho que por venir así, en drag, iba a tener así como que un poquito de discriminación, pero la verdad es que las personas han estado súper amables.
Igual tiene que ver con que el reggaetón es un género muy abierto en muchos sentidos, de mucha liberación corporal, ¿no?
Ajá, es muy libre, es como para todas las personas, para todas las edades, no importa quién seas.
¿Qué te pareció el cartel?
Ah, pues es que mi amiga nos invitó, ella nos dio los boletos y todo. Me dijeron que iba a venir la de “Tu Sicaria”, entonces ya sabes, jajaja.
Ahhh, ¡Ms Nina!
Sí, ella. Dije “si viene no me la puedo perder”. Obvio también J Balvin, que si trae a la Rosalía pues mucho mejor.
Ufff, estaría bueno. ¿Cómo armaste tu look?
Pues mira, tenía poco dinero así que me fui al Centro jajaja, me encontré este kimono de flores que me costó como $200 pesos, y pues la peluca también la tuve que ir a comprar.

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Uziel, 27 años, y Alexa, 21

¿Cómo va todo? ¿A quien vienen a ver?
Alexa: Pues especialmente a Anuel y a J Balvin.
¿En qué se inspiraron para vestirse?
Alexa: Pues yo me quise venir súper cómoda, agarré unos buenos tenis para aguantar la caminata y pues también la cangurera que te ayuda al estilo y a cargar cosas y así.
Braulio: Sí, yo más que nada más fresco.
Están padres tus goggles.
Braulio: Gracias, ahí para rifar en el perreo.
Veo buenos sneakers. ¿No les da miedo arruinarlos acá entre pisadas, lodo y tal?
Braulio: Pues leve, pero no. Hay que venir a tirar el flow, ya luego vemos qué.
¿Cómo han visto el perreo?
Alexa: Pues chido porque sí jaló toda la banda, ¿no? O sea, desde los más fresitas hasta la mera banda.
¿Cuál es el indispensable para un buen perreo?
Alexa: Pues unos tenis chidos que aguanten hasta el piso, que aguanten el derrape.

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Marbe, ?, y Natasha, ?

¿No les gusta decir su edad?
Marbe: No, siento que es un poco de mal gusto preguntarla.
Ok, disculpen. ¿En qué se inspiraron para elegir sus looks de hoy?
Marbe: En el futuro, jajaja. No, pues nada más en nosotras mismas, en lo que nos gusta, en cómo somos. Yo soy estilista, me encanta hacer esto, así que elegí algo con flow, estilo, elegante, que creo queda muy bien para un festival.
Aparte me parece que justo los festivales son buenas oportunidades para crear un look más producido, ¿no?
Natasha: Pues, no sé, siento que sin pedos podríamos vestirnos así en nuestra vida diaria, jajaja. Pero sí, chance.
¿A quiénes van a ver?
Marbe: A Ozuna.
Natasha: Los Ghetto, Anuel, Ivy Queen.
Marbe: Ajá, Ivy Queen también tenemos que verla.

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Braulio, 23 años

Muy padres tus tennis, pero medio risky choice traerlos a un festival, ¿no?
Braulio: Sí, pero equis.
¿Por qué decidiste ponerte esto?
Braulio: Pues fue de último minuto, ahí lo que encontré en mi clóset.
Esos detallitos neón le dan buen toque.
Braulio: Gracias, pues sí, me encanta, creo que se ve bien y también te mira la gente.
¿A quién quieres ver?
Braulio: Sobre todo a Guaynaa y a J Balvin.

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Lorena, 28 años

Gran outfit, aunque estoy muy seguro que ya te llevaste la misma broma repetida 100 veces.
Lorena: Sí, de que soy la de seguridad, o de la basura o no sé.
Jajaja, me imagino. Pero pues la onda de un traje así también es destacar, ¿no?
Lorena: Todos los colores así me gustan mucho y están súper de moda, van perfecto para el Flow.
También esa riñonera como de animal print se ve muy moderna.
Lorena: Sí, pues tiene varios prints, el de serpiente, este como de cocodrilo, y este creo es como de leopardo.
¿Es la primera vez que vienes?
Lorena: No, ya la segunda.
¿Y qué sientes de distinto este año?
Lorena: Pues está más cool porque ya hay espacio, está más abierto, el año pasado fue adentro del Foro Sol y pues te sientes como más apretado, o no sé.

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David, 25 años

¿Sueles escuchar mucho reggaetón o namás decidiste venir al desmadre?
David: Pues sí me gustan algunos artistas de reggaetón, vengo a ver a C. Tangana, a J Balvin y a Danny Ocean en específico.
¿Qué opinas de este tipo de festivales?
Me encanta, está bien padre, el lugarcito aquí en el Autódromo queda perfecto, y ahorita funcionó bien para el Flow Fest.
Está de huevos tu camisa.
Gracias, de hecho me la regaló mi mejor amiga. La vi en Instagram y mi amiga me escuchó cuando dije que me gustó, me la compró de regalo sorpresa.
Veo a mucha gente de negro.
Sí, o sea a mí me mama el negro, por eso me vine así.

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Gabriel, 20 años

Vienes con todo el hielo, eh, escurriendo la joyería.
Gabriel: Sí, con todo el ice.
Se ve muy bien, ¿no te da cosa traerlos acá?
Gabriel: La verdad que no.
Supongo que vienes a ver a Anuel, real hasta la muerte.
Gabriel: Así es, a Anuel AA.
¿Desde cuándo lo escuchas?
Gabriel: Desde que salió de la cárcel, que de hecho fue una detención muy mala.
Muy arbitraria.
Gabriel: Ajá, muy arbitraria, dicen que fue por la letras de sus canciones, pero yo creo que las canciones deben ser buenas y tener un poco de malianteo, como dice él, “nunca flow Maluma, siempre real G”.
Total. Al final creo que desde que salió de la cárcel tomó un impulso más importante.
Gabriel: Pues sí, un poco.
¿Y cómo te la estás pasando?
Gabriel: Bomba, bomba, todo prendido, esperemos que se ponga mejor. Está relajado el perreo todavía, hay que esperar a que las mamis se pongan más bellaquitas.

Ana, 23 años

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¿Te has divertido hasta ahora?
Ana: La verdad que sí, todo bien hasta ahora, muy chido.
¿Qué tal los outfits que has visto?
Ana: Pues sí hay padres, no he visto muchísimos pero sí hay algunos que he visto bastante chidos.
¿Qué te pareció el cartel?
Ana: Me gustó mucho, o sea, Anuel, J Balvin, Ozuna, todos en realidad, quiero ver a todos. Mucho perreo intenso.
¿En qué te inspiraste para tu look?
Ana: Mmmm, pues no sé, más bien los pantalones así aguados se me hacen muy cómodos, muy para la ocasión. Para perrear están a gusto, jajaja.

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Argelia, 17 años

¿A quiénes vienes a ver o qué rollo?
Argelia: Pues sobre todo los últimos, J. Balvin, Ozuna, Rauw Alejandro, Cazzu, ellos.
Buen outfit. ¿Te paga algo Coca?
No, jajaja, nada, pero estaría muy bueno la verdad. Búsquenme si quieren.
¿Ya tenías la blusa?
Sí, la compré desde hace varios meses, y ahorita dije pues perfecta para el Coca-Cola, ¿no?
¿Qué recomiendas para andar cómodo en el perreo?
Pues que no traigan mochilas, dejen sus mochilas, la verdad estorban bastante. Nada más traigan una chamarra que tenga unas bolsas adelante y ya.

Juan Carlos Rios https://ift.tt/2L4nJxx

jueves, 28 de noviembre de 2019

Durante la última década drogarse se volvió más rentable y aterrador

Artículo publicado originalmente por VICE Estados Unidos.

En los últimos 10 años, el panorama de los narcóticos ha sufrido alteraciones irreversibles. Desde el desbordamiento del comercio de drogas en línea en 2010 hasta la despenalización de los hongos alucinógenos en Denver este 2019, hemos visto los mayores cambios en el comercio y la política de drogas en más de medio siglo.

Algunos de estos cambios han sido impulsados por la ciencia y la tecnología, otros por la política y el dinero. Algunos han sido positivos, mientras que otros han resultado mortales. Pero cuando analizamos lo sucedido durante la década de 2010, vemos dos fuerzas en juego: un tráfico de drogas cada vez más resistente y mortífero y una creciente comprensión de que regular la venta de drogas, en lugar de simplemente tratar de aniquilarla, podría ser la mejor manera de evitar que se salga de control por completo.

Así es como el mundo de las drogas cambió para siempre en los últimos diez años.

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16 de abril de 2010: El Reino Unido prohíbe la mefedrona, señalando el auge del tráfico de drogas en línea y la nueva era de las drogas sintéticas

Cuando los jóvenes británicos se volvieron locos por la mefedrona (también conocida como "comida para cactus" o "miau, miau"), el nuevo estimulante barato y legal que podían comprar en Internet, las autoridades no sabían como responder. Aunque se trataba de una droga potente, incluso los niños podían recibirla legalmente y a bajo costo en las puertas de sus casas, sin necesidad de acudir a un traficante de drogas. Todos, desde universitarios hasta personas en aldeas remotas; es decir, casi todas las personas en un cierto rango de edad la probaron. Aún así, pocos podrían haber predicho que esta catinona, junto con el canabinoide sintético conocido como "spice", cambiaría el comercio mundial de drogas para siempre. Juntos, abrieron las puertas a un nuevo tipo de drogas sintéticas cada vez más tóxicas que por lo regular se fabrican en China, son vendidas por Internet y llegan al comprador a través del servicio postal y no mediante un traficantes de drogas.

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7 de noviembre de 2012: Colorado y Washington se convierten en los primeros estados de EE.UU. en legalizar el cannabis para uso recreativo

Si bien algunos Estados ya habían legalizado el consumo medicinal de la marihuana, la legalización de su uso solo con fines recreativos fue un gran avance. Desencadenó un experimento social masivo —¿qué sucede realmente cuando legalizas el cannabis?— que desde entonces ha sido emulado por otros ocho estados de EE.UU., Washington D.C. y dos países (Uruguay en 2013 y Canadá en 2018). El análisis del impacto de todo esto aún está en curso, pero lo que es seguro es que el pandemonio que los críticos habían vaticinado (grandes aumentos en el consumo de drogas, las adicciones y la delincuencia) no se ha desarrollado.

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6 de junio de 2013: Victor Burgos (Fat Boy) se convierte en uno de los primeros traficantes de drogas en ser acusado de vender heroína mezclada con fentanilo letal

Burgos fue arrestado en mayo de 2013 en Rhode Island después de que le vendiera a sus clientes heroína combinada con el opioide sintético fentanilo, entonces una droga poco conocida en la escena subterránea de los narcóticos, y provocara con ello una ola de sobredosis fatales. Desde entonces, el uso cada vez mayor del fentanilo en la cadena de drogas de Estados Unidos, debido al aumento de la adicción a los opioides, ha llevado a una crisis nacional de opioides. En 2017, los opioides sintéticos —principalmente el fentanilo— mataron a 28,000 de las 70,000 personas que murieron por una sobredosis ese año.

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2 de julio de 2015: La ONU revela un gran aumento en la producción de cocaína en Colombia, señalando un resurgimiento de su consumo a nivel mundial

Colombia alcanzó un nivel récord a la baja en la producción de hoja de coca en 2013, lo que aparentemente simbolizaba un raro momento de éxito para la guerra mundial contra las drogas. Sin embargo, este descenso resultó ser solo algo temporal. De hecho, todo el dinero invertido en acabar con los campos de coca y perseguir a los productores y traficantes no logró acabar con el comercio de esta droga. Desde entonces, el cultivo de coca en el país llamado "la fábrica mundial de cocaína" se elevó a más del doble, pasó de alrededor de 70,000 hectáreas a 169,000 en 2018, lo que ha dado como resultado el aumento mundial del uso y la pureza de la cocaína, así como de las muertes asociadas con su venta.

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28 de agosto de 2015: El primer episodio de Narcos se estrena en Netflix, cimentando la fijación cultural del mundo criminal de las drogas

Tras los éxitos de The Wire y Breaking Bad, Narcos, un drama sobre la caza del narcotraficante colombiano Pablo Escobar, representó la apropiación del género de los carteles por parte de Netflix en la segunda mitad de la década de 2010. Ahora en su cuarta temporada —a pesar de que uno de los encargados del scouting fue asesinado a tiros en México en 2017—, la serie ha contribuido a fomentar una obsesión por el mundo criminal de las drogas entre la audiencia. Mientras los estadounidenses ven la serie desde la seguridad de sus sofás en casa, la región en la que se desarrolla el programa ha alcanzado un número récord de asesinatos relacionados con la guerra contra las drogas.

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9 de mayo de 2016: Rodrigo Duterte (The Punisher) es elegido presidente de Filipinas, llevando la guerra contra las drogas a un nivel nuevo y letal

Mientras algunas jurisdicciones en Occidente estaban legalizando el uso de las drogas, Rodrigo Duterte ascendía al poder en Filipinas, en parte debido a la promesa de que abordaría el problema de metanfetaminas del país. En mayo de 2016, llevó a cabo una masacre de consumidores de drogas que comparó alegremente con el Holocausto. En los tres años transcurridos desde que llegó al poder, se estima que el estado ha auspiciado el asesinato de 29,000 personas sospechosas de ser usuarios y vendedores de drogas en la nación del sudeste asiático, una "operación de asesinato a gran escala" que ha cobrado víctimas inocentes, asesinadas frente a sus propios hijos. Desde entonces, las tácticas de Duterte han comenzado a ganar popularidad en países vecinos como Indonesia y Bangladesh.

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15 de noviembre de 2017: La ONU anunció que el cultivo de amapola había alcanzado niveles récord, poniéndole otro clavo al ataúd de la guerra mundial contra las drogas

Estados Unidos ha gastado 1.5 millones de dólares al día para llevar a cabo una guerra contra las drogas en Afganistán, causando la muerte de muchos civiles en el proceso, 16 años después de que las fuerzas estadounidenses y del Reino Unido invadieran Afganistán para perseguir a los talibanes y erradicar los cultivos de opio. Sin embargo, el país sigue siendo el principal productor mundial de heroína. De hecho, la cantidad de amapola de opio cultivada en Afganistán se disparó de 74,000 hectáreas en 2001 a 328,000 hectáreas en 2017. Junto con el fracaso liderado por Estados Unidos para frenar el tráfico de cocaína, la década de 2010 nos ha dado la prueba final de que la guerra contra los mayores productores de drogas del mundo parece estar completamente perdida.

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15 de noviembre de 2017: El rapero Lil Peep muere por una sobredosis, atrayendo la atención hacia el nuevo menú de drogas sintéticas que usa la generación Z

El mismo día que la ONU hizo su anuncio sobre el opio, la noticia de otra sobredosis sacudió la industria de la música: Lil Peep murió en Tucson a los 21 años después de tomar fentanilo y Xanax. La tragedia provocó una reacción de rechazo absoluto contra el Xanax en la comunidad rapera, pero también se volvió un punto de referencia con relación a las drogas que estamos consumiendo. Los jóvenes ahora se están drogando con una gama cada vez mayor de drogas sintéticas, las cuales van desde benzodiacepinas falsas y metanfetaminas mexicanas, hasta ketamina, GBL y pastillas para el dolor con fentanilo.

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12 de septiembre de 2018: La FDA declara al uso de vaporizadores como causante de una "epidemia" y esto hace caer en picada a esta incipiente industria

Para aquellos que no estaban prestando mucha atención (la mayoría de nosotros), el uso de vaporizadores parecía haber salido de la nada. Luego, de la noche a la mañana, era como si todos en el país tuvieran un vaporizador, o al menos, muchos adolescentes en Internet lo tenían. Pero casi con la misma rapidez, llegaron las consecuencias: en 2019, una serie de enfermedades y muertes relacionadas con los vaporizadores —vinculadas con el acetato de vitamina E, un agente espesante que a veces se encuentra en los cartuchos de THC ilícitos— dejó al descubierto el desastre que ocurre cuando no se crean regulaciones para la venta de accesorios para los vaporizadores.

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7 de mayo de 2019: Denver despenaliza los hongos alucinógenos, el primer cambio de ley en el renacimiento psicodélico mundial

Justo la primavera pasada Denver se convirtió en la primera ciudad de los Estados Unidos en despenalizar la posesión de psilocibina, el ingrediente psicoactivo de los hongos alucinógenos. Y, a medida que más laboratorios realizan pruebas con los psicodélicos para tratar problemas de salud mental, esta tendencia parece estar llegando a todo el país. Oregon está considerando una estructura de legalización basada en la terapia, otras ciudades de California, incluido el propio estado, están buscando o ya han logrado su despenalización, cada vez se involucran más donantes y la Universidad Johns Hopkins en Maryland tiene planes de abrir un nuevo centro de investigación dedicado a los psicodélicos. A medida que la década llega a su fin, se reconoce cada vez más el potencial de regular las drogas, en lugar de prohibirlas. Sin embargo, ¿puede este creciente cuerpo de evidencias combatir un siglo de propaganda y mitos dañinos sobre las drogas? Bueno, lo descubriremos en la próxima década.

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Max Daly https://ift.tt/2OUQL3Q

Los ojos vendados se han convertido en un símbolo de resistencia en Chile

Artículo publicado originalmente por VICE Estados Unidos.

Un viernes de este mes, un estudiante de psicología de 21 años llamado Gustavo Gatica decidió tomar fotos de una gran protesta en la Plaza Italia, históricamente el epicentro de las manifestaciones en Santiago, Chile. Desde que comenzaron las protestas en la zona, con una marcha de un millón de personas, todos los días volvían a acudir a la plaza para criticar la extrema desigualdad económica que provoca estragos en el país.

La asistencia de Gatica aquel viernes cambiaría el curso de su vida. Mientras estaba allí, fue atacado por las fuerzas policiales que, sin provocación, dispararon sus rifles de perdigones directamente a su rostro. Ese día, una imagen de Gatica sangrando por sus ojos mutilados apareció en las redes sociales y rápidamente recorrió el país. La gravedad de su caso se ha convertido en un emblema de la violencia policial descontrolada en Chile.

Gatica es uno de los 294 manifestantes en Chile que sufrieron un traumatismo ocular severo por perdigones y gases lacrimógenos disparados por la policía desde que comenzaron las protestas el 18 de octubre. Los numerosos casos de traumatismo ocular —ahora considerados una emergencia sin precedentes en la historia chilena— sugieren que la policía está violando el protocolo al disparar directamente a los rostros de las personas. La semana pasada, el director de la policía nacional, Mario Rozas, anunció que restringirían el uso de los perdigones después de que un estudio mostrara que contienen metales densos, incluido plomo. Sin embargo, se han reportado al menos 10 nuevos casos de trauma ocular desde entonces. La gente ha comenzado a asistir a las protestas con un ojo cubierto en solidaridad.

La historia de Gatica hace eco de los testimonios sobre violencia policial de otros manifestantes en la prensa local. Afirman que la policía, aparentemente exhausta y llena de ira, ha estallado contra la multitud varias veces sin previo aviso y ha disparado indiscriminadamente. Según el último reporte del Instituto Nacional de Derechos Humanos (INDH), ha habido 369 denuncias de tortura, 79 denuncias de abuso sexual, y 26 muertes, al menos 6 directamente a manos de agentes de policía.

"No hubo intención de su parte de ayudar, incluso cuando Gustavo quedó tendido en el piso, a causa de sus heridas", dijo Enrique Gatica, el hermano mayor de Gustavo. "La gente lo sacó de la plaza usando escudos improvisados, ya que la policía seguía disparándoles".

A principios de este mes, Amnistía Internacional publicó un reporte detallado que denunciaba la violación de los derechos humanos en Chile. El gobierno lo rechazó categóricamente. "Digamos que se trata de un cáncer, hay que tratarlo con quimioterapia, y a lo largo del camino habrá que matar células buenas y malas", dijo en una rueda de prensa Enrique Bassaletti, jefe del Departamento de Policía de Santiago. Human Rights Watch intervino esta semana y recomendó reformar las prácticas de la fuerza policial chilena.

El miércoles pasado, Gatica se sometió a una segunda cirugía que finalmente logró sacar los perdigones alojados dentro de sus ojos. Fue dado de alta del hospital el martes. Los médicos confirmaron que quedó permanentemente ciego en ambos ojos. Su hermano, Enrique, dijo que Gatica "se mantiene positivo, porque está muy seguro de que estaba luchando por algo justo".

VICE habló con otros cuatro manifestantes que, como Gatica, han perdido la vista a manos de la policía. A continuación presentamos sus historias.

Diego Foppiano, 22 años

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Vivo con mi familia en Puente Alto, en las afueras del sur de Santiago. El 19 de octubre, durante el segundo día de protestas en el país, las calles estaban repletas. Había una gran protesta planeada en la plaza de mi barrio, Plaza Puente Alto, así que me reuní con un amigo a las 6 PM y comenzamos a caminar hacia allí. La protesta se había extendido por toda la avenida y había una larga fila de personas caminando hacia el lugar.

Cuando llegué, la policía ya estaba allí. Estaban de pie y mirándonos en silencio. Me di cuenta de que había pocos y no tuve miedo, no pensé que algo pasaría.

Me paré frente a ellos y los miré directamente, y luego uno de ellos se salió de la línea y me disparó en el rostro. No había razón para hacerlo. Ni siquiera llevaba puesta una capucha. Mi cara estaba descubierta. Estábamos muy conmocionados. Habíamos estado en protestas antes y nunca habíamos visto a la policía usando esas armas. Como era el segundo día de protestas, mi caso fue uno de los primeros de trauma ocular. No sabíamos que podían disparar así y no emitieron ninguna advertencia.

Me caí, perdí el conocimiento y luego la gente me rodeó. Mientras intentaban ayudarme, la policía siguió disparando, y muchas personas que me ayudaron terminaron con perdigones en sus brazos y piernas. Comencé a caminar solo con la ayuda de mi amigo al centro de atención más cercano en Puente Alto (SAPU), que no contaba con recursos suficientes, así que me enviaron a otro hospital. Los hospitales estaban tan llenos en esos primeros días que no tenían ambulancias; acudí con mi madre en la camioneta de mi tío. Ese día se declaró el estado de emergencia.

El médico que me atendió dijo que mi cirugía fue una de las más largas y complicadas. No pudieron quitarme el perdigón hasta un mes después, en la tercera cirugía, que fue la semana pasada. Ahora tengo un dolor de cabeza constante, así que paso la mayor parte de mis días dormido, tratando de recuperarme. Intenté volver a la escuela de inmediato, pero no pude quedarme. Me sentía muy débil y no podía ver nada. Aún no me acostumbro a esto.

He dado algunas entrevistas en televisión. Me han estado molestando en las redes sociales; dicen cosas desagradables, como que estoy fingiendo o me lo merezco. Como ya no puedo asistir a las protestas, traté de responderles, pero ahora creo que es inútil. Mis amigos están en las calles ahora mismo, dicen que lo están haciendo por mí. Aprecio sus esfuerzos pero temo por ellos.

Natalia Aravena, 25 años

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Escuché el ruido e inmediatamente sentí el impacto. Dispararon una bomba de gas lacrimógeno directamente en mi cara. Fue intencional, lo sé porque los vi a 5 metros de mí.

A menudo se refieren a Chile como un gran país estable en Latinoamérica. Muestran excelentes indicadores económicos, pero aquí las personas usan tarjetas de crédito para comprar alimentos y se endeudan durante 20 años para obtener créditos para pagar la universidad.

Iba a reunirme con un amigo en el Paseo Bulnes, en el centro, pero no pude llegar. Cuando salí del metro, vi a un grupo de personas protestando con pancartas y comencé a caminar a través de ellas. Comenzaron a correr, ya que la policía se nos acercaba con mucha rapidez y violencia, con un camión de cañones de agua. Yo también empecé a correr y me metí en un pequeño callejón, ya que supuse que [los policías] se quedarían en la avenida. Era muy difícil moverse; había muchos autos y personas allí. Miré hacia atrás para ver si nos seguían y luego sentí el impacto.

Un paramédico que estaba ayudando a la gente en las calles me encontró rodeada de una nube de gas. Traté de escapar pero estaba aturdida, así que me llevó a una tienda que usaban como clínica de salud, luego me limpiaron los ojos y me llevaron a la sala de emergencias pública, Posta Central.

Cuando vi por primera vez mi ojo, era un pequeño punto rojo. Ser enfermera me ha ayudado mucho estos días a no estar demasiado obsesionada conmigo misma ni perder los estribos. Luego, en la Clínica Indisa, un hospital privado al que pude llegar porque tengo un seguro médico privado, me hicieron una prueba de luz. No podía ver nada, lo cual es una mala señal. Si no ves ninguna luz, hay muy pocas posibilidades de que vuelvas a ver. Entré a cirugía. Me suturaron el ojo y el párpado, y esperamos una semana para ver si el globo ocular podía salvarse, pero no fue el caso.

Al ser la única mujer y la más joven de una familia de cuatro hermanos, me sobreprotegen. Mi familia sigue sintiéndose culpable por algo que no podrían haber anticipado. Soy pacifista. Hace muchos años me hice vegetariana. Intento reciclar y no consumir tanto cuando no lo necesito. No es mucho, pero es mi intento personal de hacer que mi existencia en el mundo sea lo más inofensiva posible. No salí a las calles a destruir o lastimar a nadie. Salí a pedir igualdad. A cambio, me mutilaron un ojo.

Alejandro Muñoz, 36 años

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El miércoles 23 de octubre fui al centro con mi banda, como lo había hecho muchas otras veces desde que comenzaron las protestas. Era mediodía y estábamos en el Cerro Santa Lucía, a unos diez minutos de la Plaza Italia, cuando la calle comenzó a ponerse violenta. Había un camión disparando agua y la policía estaba arrojando bombas de gas lacrimógeno para dispersar a la gente.

Antes de separarnos, nos abrazamos y nos deseamos buena suerte. Luego, cada uno comenzó a hacer lo suyo. Yo estaba apagando bombas de gas lacrimógeno, recogiéndolas y poniéndolas en botes plásticos de agua, como hacen muchos jóvenes estos días, para que el resto de la multitud pueda continuar marchando sin peligro. No llevaba escudo ni estaba aventando piedras.

Una de las bombas de gas lacrimógeno me partió el ojo. El médico dijo que estoy vivo porque llevaba gafas protectoras. De lo contrario, la bomba habría atravesado la cuenca del ojo. Mientras algunos chicos me arrastraban por la calle hacia los árboles, la policía siguió disparando. De hecho, nos siguieron hasta las puertas del Hospital de la Universidad Católica en ese vecindario, donde me dejaron.

Estuve hospitalizado por cinco días. Tuve la suerte de estar en esa clínica privada, ya que en lugar de vaciarme el ojo, un cirujano plástico salvó el globo ocular con un poco de silicona de relleno. Perdí la visión por completo.

Estoy en una banda llamada Anarkía Tropical. Soy la mascota de la banda, lo que significa que uso una máscara y un disfraz como crítica social. Es una especie de disfraz de payaso similar al estilo del carnaval chileno. Es un homenaje a un chico anarquista que murió hace 11 años. Tengo que descansar por un año y la banda me ha ayudado mucho. Siguen tocando en las calles.

Para mí, cada día es algo nuevo. Estoy empezando a acostumbrarme a vivir con un solo ojo. Yo era una persona muy activa. Realmente me gustaría que las protestas continúen. Pero también quiero que todos sepan lo que está sucediendo aquí: las personas están siendo torturadas, las mujeres están siendo violadas en las estaciones de policía, y muchas están siendo asesinadas en las calles.

Carlos Puebla, 46 años

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"No quiero mentirte", me dijo la doctora Torres en la Unidad de Trauma Ocular del Hospital Público El Salvador, "voy a tener que vaciarte el ojo". Luego procedió a retirar el perdigón de su interior y después me quitó el ojo derecho por completo. Me habían reventado el globo ocular. No había nada que pudieran salvar.

El jueves 24 de octubre, una semana después de que comenzara la protesta, salí de trabajar a las 4 PM. Trabajaba en una construcción y había decidido unirme a la marcha. Realmente sentí que era mi derecho.

Las calles estaban llenas de personas. Había familias y niños en la Plaza Italia y todos estábamos saltando, cantando y gritando. Recuerdo sentirme muy feliz y esperanzado. Quince minutos después y sin ninguna provocación, las fuerzas especiales aparecieron en Vicuña Mackenna, una de las esquinas de la plaza. Comenzaron a dispersar a la gente violentamente con camiones que portaban cañones de agua y disparaban gas lacrimógeno.

Los casos de violación y tortura por parte de la policía se hicieron públicos esa misma semana. Había muchos videos terriblemente violentos en Internet. La gente estaba tan enojada y furiosa que la situación se volvió un caos de inmediato.

Cuando el cañón de agua se acercó a nosotros, vi a muchos policías por el rabillo del ojo. Estaban escondidos detrás de un quiosco de periódicos a 15 metros de mí. Uno de ellos se asomó y lo vi ponerse el rifle en el hombro; estaba apuntando a mi rostro. Inmediatamente sentí el impacto. Sentí que se me hinchaba el ojo y comencé a sangrar. Mi cara estaba caliente. Corrí 5 metros y caí al suelo.

La gente me llevó a rastras con los voluntarios de la Cruz Roja, uno de los muchos grupos de estudiantes y médicos que se han organizado de forma independiente para ayudar a las personas heridas durante las protestas. No podía respirar. Estaba asustado. Traté de ver a esas personas pero no pude abrir los ojos. Mientras estaba allí, las personas heridas seguían llegando al lugar. Uno de los paramédicos gritó que necesitaban una ambulancia para mí. Entonces supe que era un asunto serio.

Ahora estoy esperando una prótesis, que es un tipo de lente de contacto que fortalecerá la piel del ojo. No soy la misma persona, por supuesto. Tengo pesadillas y perdí mi sentido del espacio. Tendré que conseguir un trabajo más seguro y con menos paga. Sin embargo, me rehúso a dejar de participar en las protestas. Mis hijos me acompañan cada vez. Esto no puede terminar de esta manera.

Andrea Guzman https://ift.tt/35CukHd

Infancia perdida: fotos del matrimonio infantil en la India

Artículo publicado originalmente por VICE Asia.

En Shravasti, un distrito del Estado indio de Uttar Pradesh, poner bermellón (pigmento rojo) en la frente de una niña, o cúrcuma en su cuerpo, marca el final de su corta infancia y el comienzo de su vida matrimonial. Obligada a casarse antes de que llegue a la pubertad, sus días están llenos de quehaceres domésticos y procreación.

El matrimonio infantil en la India ha visto una disminución en la última década, pero todavía tiene más de 15 millones de novias menores de edad. La práctica se remonta al período medieval y ha persistido como una tradición cultural desde entonces, a pesar de que técnicamente es ilegal que una niña menor de 18 años y un niño menor de 21 años se casen. Las razones para la persistencia del matrimonio infantil en la India son variadas y complejas, basadas en diferentes factores económicos, políticos y socioculturales que sustentan la decisión de las personas de casar a sus hijos. En las zonas rurales, donde el matrimonio infantil es más frecuente, la pobreza, el analfabetismo femenino —la falta de acceso a la educación— y los servicios de salud perpetúan la práctica.

La fotoperiodista de Nueva Delhi, Saumya Khandelwal, comenzó a documentar la práctica del matrimonio infantil en Shravasti, donde una de cada cuatro niñas se casa antes de los 18 años.

Hablamos con Khandelwal sobre su trabajo y la vida de las niñas en Shravasti.

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Todas las fotos por Saumya Khandelwal

VICE: ¿Por qué decidiste documentar el matrimonio infantil en Shravasti?

Saumya Khandelwal: Me encontré con una obra literaria que hablaba sobre las altas tasas de mortalidad infantil y el matrimonio infantil de Shravasti. Shravasti está a unos 100 km de mi ciudad natal, Lucknow, así que me sorprendió que esto sucediera tan cerca de mis compatriotas, pero nadie hablara de eso. Cuando hablamos sobre el matrimonio infantil en India, se sabe que en Estados como Rajasthan y Bengala Occidental continúan existiendo, pero en realidad no hay mucha investigación.

¿Qué razones tienen las personas en Shravasti para casar a sus hijas?

Durante mis viajes, hablé con una madre que había casado a su hija de 15 años. La madre misma también se había casado de niña y experimentó muchos problemas durante su matrimonio, incluido el parto. Entonces le pregunté por qué había casado a su hija tan joven. Me dijo, “¿Qué pasa si el próximo año hay inundaciones en el pueblo y mi esposo muere? ¿Quién cuidará a los niños? Necesitamos asegurarnos de que estos niños al menos sean alimentados”. Entonces, aunque la falta de educación y las presiones sociales fomentan prácticas como el matrimonio infantil, las personas también tienen razones prácticas.

¿Las personas en Shravasti son conscientes de que la práctica es ilegal?

En teoría saben que es ilegal, pero todos lo practican. El gobierno no ha podido controlar el matrimonio infantil y la policía no hace nada al respecto. Incluso cuando se intenta detener un matrimonio infantil, lo máximo que sucede es que la ceremonia se pospone, y luego sucede en secreto.

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¿Entonces la gente no tiene miedo de que la atrapen?

El hecho de que sepan que es ilegal y aún así sigan haciéndolo, y que estén de acuerdo con que yo los documente, demuestra la confianza que tienen de que no serán castigados. De hecho, cada vez que visito los pueblos, recibo invitaciones para matrimonios infantiles, lo cual es una locura.

¿Cómo se enteran las niñas de que se van a casar?

Conocí a chicas que se enteraron justo el día de la ceremonia. Existe esta práctica en la que se aplica cúrcuma al cuerpo de la novia. Hubo una niña que, cuando pasó eso, se dio cuenta de que la fiesta era en su casa porque se iba a casar. También conocí a chicas que se habían enterado un par de meses antes, pero en ninguno de los casos se les preguntó si querían casarse.

¿Qué actitud tienen las niñas en Shravasti en cuanto a su futuro?

Cada vez que les preguntaba a las chicas qué querían hacer con sus vidas, en realidad no tenían una respuesta. Algunas decían, tal vez nos casemos y tengamos hijos. Una chica que conocí dijo que quería ser policía. Estas chicas realmente no piensan que tienen derecho a un futuro. Ni siquiera están conscientes de que hay niñas de su edad que hacen cosas diferentes en la vida.

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¿Qué piensan de estar casadas?

Había una chica a la que estaba fotografiando llamada Muskaan, el día de su boda le pregunté cómo se sentía acerca de su matrimonio, y ella dijo: “¿Qué tendría que sentir al respecto? Va a pasar. Le pasa a todas y no soy diferente, así que me va a pasar a mí”. Es como si se resignaran al destino que ya fue escrito para ellas.

¿Estas niñas entienden lo que significa el matrimonio a tan corta edad?

Principalmente, su comprensión del matrimonio es que tendrán que cuidar la casa, alimentar al ganado, hacer la comida, lavar los trastes y la ropa, porque eso es lo que han visto al crecer.

¿Cuáles son los rituales o tradiciones de un matrimonio infantil?

Por lo general, en los matrimonios hindúes, las chicas no viven con su esposo justo después de su ceremonia de matrimonio, sino después de una ceremonia llamada "gauna", que tiene lugar unos meses o unos años después del matrimonio. Gauna es el momento en que piensan que la chica es lo suficientemente madura como para comenzar a vivir con su esposo. Creo que en algún lugar reconocen que 14 años es demasiado joven para que una niña se case.

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¿Cómo se decide que una niña es lo suficientemente madura?

Creen que cuando una niña comienza su período, es lo suficientemente madura.

¿Qué sucede durante una ceremonia de gauna?

La ceremonia de gauna es básicamente una pequeña ceremonia de despedida que involucra a la familia y amigos de la niña que se reúnen en su casa. Se espera que la niña llore, y también los parientes. Se me hace fascinante porque, aunque se supone que es teatral, se convierte en un desencadenante para una liberación emocional genuina. Por ejemplo, durante la gauna de Muskaan, se veía que primero lo hacía de manera teatral, pero después realmente lloraba porque se iba. Luego se despidió de todos y se fue en auto a la casa de su nuevo esposo con todas sus cosas.

¿Cómo es la vida de las niñas después del matrimonio?

Lo diré sin rodeos: básicamente trabajan como empleadas domésticas gratuitas en la casa de su nuevo esposo. No pueden salir de la casa y hacen lo que su esposo o lo que sus suegros les piden que hagan.

¿Tus pensamientos sobre el matrimonio infantil han cambiado desde que empezaste a documentar a estas niñas en Shravasti?

De lo único de lo que siempre estuve consciente es que, aunque no estoy de acuerdo con la práctica del matrimonio infantil, no quiero entrar con la perspectiva de: "Hola, vengo de la ciudad y no creo que el matrimonio infantil sea lo correcto". No creo que sea justo, porque al final del día, incluso si no estamos de acuerdo con eso, esa es la forma en que la sociedad ha evolucionado a lo largo de los años. Tienen una normalidad en sus propias vidas, y traté de capturar esa normalidad en mis fotografías.

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Dinithi Perera https://ift.tt/2XZIqzJ

miércoles, 27 de noviembre de 2019

La tradición innovadora de la chef Liz Galicia

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Hay algo que resulta casi palpable en cuanto uno atraviesa las puertas de El mural de los poblanos: es un sitio orgulloso de sus orígenes. Esta noción se encuentra dibujada, literalmente, en las paredes que le dan nombre al restaurante: ahí está retratada toda una colección de poblanos notables, desde Sergio Pitol hasta Clavillazo. También su carta lo deja en claro: chiles en nogada, tacos árabes, taquitos de canasta, muéganos, merengues. La condición poblana desborda a este restaurante.

No es muy diferente el asunto cuando uno conoce a su chef, Liz Galicia. Apenas mencionamos Puebla y Liz ya se soltó a hablar, incansable, sobre la extensa oferta gastronómica del estado y la ciudad. Lo hace con alegría, entusiasmo; con orgullo, sin duda.

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Liz aún recuerda el momento en el que se interesó por la cocina: a los 12 años, frente a un adobo con pollo, le preguntó a su abuela, “¿Qué va a pasar cuando no vengas y yo quiera comer esto?”.

La infancia de Liz transcurría entre los platos de sus abuelas y las comidas dominicales en los mercados, en una cercanía auténtica con la gastronomía de su ciudad y su estado. Fue en esos años que se sembraron las semillas de lo que es El mural de los poblanos: un sitio capaz de complacer a foodies exigentes, comensales casuales y abuelas y tías especializadas en gastronomía poblana tras una vida de probar y perfeccionar sus mejores platos.

“Son las más difíciles de complacer”, dice la cocinera, quien busca satisfacer a la arquetípica cocinera poblana, celosa de su recetario pero capaz de reconocer cuando alguien más lo hace bien. La mezcla de tradición e innovación de Liz resulta evidente en el menú, el cual –además ofrecer platillos clásicos como chile en nogada (capeado o sin capear) y mole poblano– incluye platillos populares que no se sirven en otros restaurantes tradicionales. Por ejemplo, los tacos árabes de este lugar, son elaborados con cordero de producción local, en lugar del típico cerdo. Una innovación en el corazón mismo de la costumbre.

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Pero la comida es, de hecho, solo uno de los ingredientes de El mural de los poblanos: “el espacio físico donde se come es indispensable”, dice la chef. Las artesanías locales habitan el espacio, no como ornato, sino como parte intrínseca de la experiencia. Uno literalmente puede servirse salsa de recipientes hechos por las manos de artesanos poblanos.

El camino de Liz hasta el lugar donde se encuentra ahora —en un sitio notorio de la cocina poblana— no llegó a través de la escuela, o al menos no solamente. Después graduarse en 2008 del Instituto Suizo de Gastronomía y Hotelería, Liz trabajó en restaurantes en Estados Unidos, en todos los niveles: lavaloza, mesera, hostess, ayudante de cocina. Uno la escucha hablar, con pasión y cariño, de cada uno de esos empleos, y no puede evitar sentirse contagiado por su entusiasmo.

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Una de las mayores inspiraciones para Liz es visitar los mercados, en donde se encuentran personas que están en contacto con ingredientes, técnicas y acercamientos tradicionales, probados ya por los pasos de los años. La chef Galicia cree que justo en esos lugares es donde se concentra la esencia de cada plato, y resulta claro que habla por experiencia propia cuando describe sus visitas familiares de infancia a los mercados de Puebla y Cholula: “había una señora”, relata, “que te asaba la cecina y tú nomás le ibas a comprar el tomate, la cebolla, el aguacate…”. Liz no bromea. Su baúl de anécdotas de la cocina regional de su infancia es casi inabarcable, y es claro que esto es parte del espíritu de El mural de los poblanos: la capacidad de evocar, recrear y también perfeccionar e innovar en una gastronomía típica no puede venir de otro lado sino del conocimiento profundo de lo que se quiere revolucionar.

Poco a poco, durante los casi 10 años de camino en este restaurante, la cocinera ha sabido ganarse el gusto y los paladares de un grupo tan amplio y tan diverso como Puebla misma. Quién sabe, quizá en algunos años, dentro de unas décadas, en el mural pueda verse una nueva añadidura al mural: la chef Liz Galicia, cocinera ejemplar y tragona extraordinaria. Ojalá que así sea.

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Los lugares favoritos de Liz Galicia para comer en Puebla

“Viajar a algún lugar y conocer las recomendaciones de un local es como sacarse la lotería”, sentencia Liz Galicia. Está en lo cierto: nadie como aquel que ya recorrió todos los changarros para dar las mejores recomendaciones. La chef tiene una sabiduría envidiable sobre el particular, y la comparte con mucho gusto.

Los molotes de la esquina (en la 8 poniente número 32), son su primera elección. Liz no elige, sin embargo, los molotes, sino las pelonas: un pan frito que se abre y se rellena con frijoles refritos y carne de res. “Pésimo para la salud, pero igual me he comido tres de un jalón, siempre con salsa roja”. Todo un récord.

Tacos Beirut. “Tacos árabes, por supuesto: soy pipope y tengo que comer tacos árabes”, dice Liz. Los Tacos Beirut (en la 5 poniente 718) son su elección: dos tacos árabes (con limón), jocoque y un café de olla conforman su orden típica.

Los tacos del mirador. “Puebla no es bien conocida por sus tacos de asada, pero Los tacos del mirador (Manuel Espinosa Yglesias 1614) son estupendos, entre otras cosas, por sus 10 salsas acomodadas por picor”, dice Liz, que es una aficionada rotunda al picante.

Tacos Pablo. Liz, que también es una estudiosa del taco, es amante de los Tacos Pablo, en la esquina de la 5 norte y la 12 poniente: tortilla pochada sobre la que se coloca una generosa porción de tripa frita y suadero.

Tacos de la Procu. Liz ama la comida callejera, como resulta evidente, y su última elección no desentona: los Tacos de la Procu —no confundir con su homónimo de tacos al pastor—, ubicados en la 31 oriente, a la vuelta de la Fiscalía General del Estado. Tip ultrasecreto de guía local: la señora se llama Alex y los buenos son los de milanesa y de chile relleno. Ahora sí: feliz estancia en Puebla.

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Luis Reséndiz https://ift.tt/2OPL1Ir

¿Quién mató a Dilan Cruz?

El paro nacional en el centro de Bogotá avanzaba en paz en la tarde del sábado 23 de noviembre, entonces su tercer día, cuando el Escuadrón Móvil Antidisturbios (Esmad) intentó dispersar la marcha con gases lacrimógenos. Así lo confirman varios recuentos, como el de la politóloga Sandra Borda o el de Carmen Teresa Castañeda, Personera de Bogotá, quien también resaltó que, en contra de los protocolos, no se le notificó a la Personería que el Esmad iba a intervenir. Desde la 28 con 7, recuenta Borda, la movilización persistió a pesar de la intimidación del Esmad, y llegó a la Plaza de Bolívar; ahí también llegó el Esmad y dispersó a la multitud con gases lacrimógenos. De ahí los manifestantes tomaron distintos rumbos y el Esmad los persiguió. En la calle 19 con carrera 4, un agente del Esmad disparó contra Dilan Cruz, uno de los manifestantes. El lunes por la noche se anunció que Dilan Cruz, que había sido trasladado al Hospital San Ignacio, había muerto.

Según el artículo 56 del Código de Policía, el Esmad solo es enviado “cuando no sea posible por otro medio controlar graves e inminentes amenazas a los derechos”. Es claro, entonces, que la acción del Esmad fue irregular desde el inicio, y vulneraba el derecho a la protesta. Además, como reporta Carlos Hernández Osorio en La Silla Vacía, el disparo del agente del Esmad contra Dilan Cruz no solo probablemente no respetó la distancia y la trayectoria reglamentarias, sino que además el proyectil disparado parece haber sido una “recalcada”, tela que envuelve balines prohibida por el Derecho Internacional Humanitario, y no una granada lacrimógena, como se reportó inicialmente. Así también lo confirmó el brigadista Dilan Gutiérrez, que atendió a Cruz cuando cayó.

En una manifestación pacífica, con uso desproporcionado de la fuerza y con un proyectil diseñado para hacer más daño, Dilan Cruz fue asesinado por el Esmad y el Estado. Su muerte es un crimen, uno que debería sacudir e indignar profundamente a cualquier humano con un mínimo de empatía y que prueba la necesidad de desmontar el Esmad, para que morir en manos de la fuerza pública no sea una posibilidad cuando se protesta pacíficamente. Sin embargo, distintas reacciones han defendido al Esmad y narrado la muerte de Dilan Cruz como un accidente, distribuido la culpa o buscado domesticar las emociones que un asesinato tan cruel y vil como este puede suscitar. Todas estas reacciones, pienso, maquillan o niegan directamente que Dilan Cruz fue asesinado por el Estado, o buscan encauzar los sentimientos para que se alejen de la crítica y la confrontación democrática, de la dignidad. Por eso mismo vale la pena detenerse en ellas y analizarlas con más detenimiento.

“Fue un accidente, no culpen al Esmad”

Desde el Gobierno, la Policía y las instituciones implicadas han intentado convencer al país de que el asesinato de Dilan Cruz fue, en realidad, un accidente; a la vez, han defendido la labor del Esmad y han resaltado su necesidad. “Hasta aquí me llegó mi vida, hasta aquí mi familia, hasta aquí mi profesión”, dijo el comandante de la Policía Metropolitana de Bogotá, Hoover Penilla, que le había dicho el agente que mató a Dilan Cruz. Hizo un llamado a la empatía cuando dijo que tenía que ponerse en los zapatos del agente, pero ese llamado se reveló como una cortina de humo cuando afirmó que a los que había que cuestionar era a los “del otro lado, de los que están creando el caos, de los que quieren perturbar, de los que quieren que exista el malestar”. No es claro quiénes son los del otro lado, pero sí es claro que Pinilla, con esa declaración, estigmatizó de nuevo a los que protestan por sus derechos. Curiosa y arrodillada decisión plantear el orden público como ideal máximo de una sociedad, y a los que lo hacen tambalear buscando garantizar sus derechos como los culpables de la represión estatal.

Por ese mismo camino discursivo avanzó la Vicepresidenta Martha Lucía Ramírez: primero llamó a la calma y afirmó que era necesario tener en cuenta todo el contexto antes de emitir juicios sobre la muerte de Dilan; luego señaló que el problema no era el Esmad, sino “cuando se incita a la agresividad y a la violencia”, por lo que la fuerza pública tenía que reaccionar. A Penilla y Ramírez se les sumó en la senda del cinismo la Ministra del Interior, Nancy Patricia Gutiérrez, que calificó la muerte de Dilan Cruz como un accidente “derivado de un enfrentamiento entre personas que estaban protestando de manera violenta y la reacción de las autoridades que están constituidas para eso”. La mezquindad de las declaraciones de Ramírez y Gutiérrez es evidente: implícitamente culpan a Dilan Cruz de su muerte. Sus palabras son una extensión de la lógica perversa que expresó el expresidente Álvaro Uribe Vélez frente a los casos de ejecuciones extrajudiciales: no estarían recogiendo café. No importa que todas las pruebas demostraran que la protesta estaba siendo pacífica, ninguna de las dos es capaz de abrir espacio para la duda frente a una institución con amplio historial de abusos como el Esmad.

Las condolencias del Presidente Iván Duque, por su parte, se sienten vacías, tanto como las del Alcalde de Bogotá, Enrique Peñalosa. “Reitero mi solidaridad con esta familia”, afirmó el Presidente vía Twitter. Lo cínico de su afirmación está en que su “solidaridad” y condolencias no serían necesarias si no hubiera criminalizado y estigmatizado la protesta ni, con la orden del toque de queda de la noche del viernes, tratado la situación como si fuera más una guerra que el ejercicio legítimo de un derecho. Sus lamentos no son más que lágrimas de cocodrilo, pues él tenía el poder para evitar que el Esmad atacara a los manifestantes sin razón. Y cualquier asomo de solidaridad por parte del Presidente se esfumó horas después. El martes, en entrevista en la FM, afirmó que “lo que ha ocurrido dolorosamente en el caso de Dilan no será una excepción. Eso ha ocurrido en muchos lugares del mundo también que se pueden presentar situaciones accidentales, dolorosas”. Vaya consuelo y vaya declaración de un Jefe de Estado. En todo caso, para él fue más importante argumentar la urgencia de “que no se lleve a una afirmación como decir que la Policía de Colombia es una Policía asesina”. Las prioridades por parte del Gobierno estaban claras: antes que la vida de Dilan Cruz, lo importante era defender al Esmad y a la Policía Nacional.

El Gobierno ha intentado narrar el asesinato de Dilan Cruz como un accidente, una tragedia. Como si fuera una avalancha, una inundación o un fenómeno natural sin culpables. Este no es el caso, y el lenguaje es importante para que quede claro: el asesinato de Dilan Cruz no debe ser confundido como algo menor que eso. Probablemente el agente del Esmad que le disparó no deseaba matarlo, pero eso es irrelevante: incumplió todos los protocolos, violó las normas, lo mató. Y, más allá de los lamentos, es notable que en las palabras del Presidente, la Vicepresidenta, la Ministra del Interior y el Comandante de la Policía de Bogotá no se encuentra una promesa de encontrar la verdad, de garantizar justicia, de trabajar para que nadie más vuelva a morir así. No, simplemente se narra como un accidente imprevisible, y así, la próxima vez que pase, nadie tampoco va a tener la culpa.

“A Dilan lo matamos todos”

Mientras el Gobierno y sus instituciones niegan que la muerte de Dilan Cruz fue un asesinato de Estado, otros buscan distribuir la responsabilidad. No es que el Esmad haya matado a Dilan, dicen, sino que todos “nos estamos matando. El activista liberal Luis Ernesto Gómez afirmó que “nos estamos matando por la incapacidad de dialogar. ¡No más! La muerte de Dilan no puede ser en vano. ¡Solo con inteligencia y acción colectiva podemos sacar este país adelante!”. Por su parte, el Alcalde de Cali, Maurice Armitage, lamentó la muerte de Dilan Cruz. ¿Cuál fue la causa de la muerte del estudiante según él? “La falta de entendimiento de los colombianos”. Añadió que “solo con tolerancia es que lograremos salir de este momento tan convulsionado que estamos viviendo”.

Por otro lado, Juan Pablo Echeverry, edil de Chapinero, tras manifestar su dolor por la muerte de Dilan Cruz, argumentó que le dolía aún más decirnos que “a Dylan no lo mató un bando ni el otro, lo matamos todos sin darnos cuenta. (…) A Dylan lo mató cada corrupto del país, no solo los politiqueros, sino los que sobornan policías, cobran y dan coimas para otorgar y ganar contratos; todo el que se roba los servicios públicos; lo mató la violencia, incentivada por los extremos irresponsables que lo convocaron”. Para estos tres políticos, entonces, no fue el agente del Esmad el responsable de la muerte de Dilan Cruz, sino todos nosotros. Este enfoque, aunque puede que parta de buenas intenciones, es particularmente nocivo: la distribución de la culpa evita que los que sí son responsables directos tengan que asumir su responsabilidad, y distrae el debate hacia cuestiones que no son pertinentes.

Y claro que es importante que aprendamos a dialogar, como plantea Gómez; claro que es necesario que, como colombianos, sepamos entendernos y convivir, como dice Armitage, para que sepamos solucionar los conflictos sin matarnos; y claro que la corrupción es un gran mal que azota a Colombia, como infiere Echeverry, pues afecta lo público y deteriora nuestra relación con ello. Pero plantear el debate del asesinato de Dilan Cruz en esos términos es miope. Es vital pensar también en la estructura, en lo macro, y no solo en los sucesos particulares: es decir, ver el bosque y no solo los árboles. Pero Gómez, Armitage y Echeverry, así como el resto de los colombianos que llevan sus argumentos por ese lado, no están viendo el bosque que es. No se preguntan sobre la historia de violencia del Esmad ni sobre la criminalización de la protesta en las semanas previas al paro por parte del Gobierno. Como ellos lo plantean, es por no poder entendernos que Dilan Cruz está muerto. Y dejan totalmente de lado al agente que apretó el gatillo, a la institución que avala su accionar o impulsa esas prácticas y al Presidente o Alcalde (o ambos) que dieron la orden de dispersar lo que era una marcha pacífica.

Estos argumentos, pienso, revictimizan a Dilan Cruz. Esconden las decisiones tomadas que llevaron a su muerte, y (aunque por otro camino) también la explican, de cierta forma, como un accidente, uno que se deriva de nuestros males sociales. Más aún, estos enfoques evitan cuestionar al Estado y al Esmad, que en ningún momento de sus reflexiones son mencionados. Repito, probablemente estas palabras surjan de un afán de entendernos como sociedad, de preguntas sobre nuestra historia manchada de sangre. Pero en un caso tan concreto, diluir la responsabilidad permite que el Gobierno y el Esmad queden impunes de un crimen del que son responsables.

“Lo mató el odio”

Para varios opinadores, la culpa de la muerte de Dilan Cruz es del supuesto odio que líderes políticos que han convocado al Paro Nacional han difundido. Sergio Rodríguez (que, según su Twitter, es del Partido Conservador Colombiano), declaró que “el responsable de la muerte de Dilan Cruz ni es él, ni es el ESMAD, es ese grupo de políticos y sindicatos que adoctrinaron a la juventud diciéndole que el odio de clases y las vías de hecho son la solución para el país, estos los enseñaron a delinquir, robar y violentar”. Por su parte, Gabriel Vallejo, Representante a la Cámara por Risaralda del Centro Democrático, manifestó que “instrumentalizar la muerte de Dilan para fines políticos, para sembrar odio hacia nuestros policías, no es otra demostración más de que nuestra sociedad está enferma. Dejemos descansar en paz el alma de Dilan y no aumentemos el dolor de su familia!”.

Los dueños de estas declaraciones toman el ejercicio legítimo de la protesta y la convocatoria al Paro Nacional, así como como los señalamientos de la sociedad civil al Gobierno como responsable del asesinato de Dilan Cruz, como afrentas. También entienden la crítica como necesariamente dañina, y, seguro, su peor pesadilla es “la polarización”. A ver, ¿cómo esperan que se haga oposición? ¿Mandando cartas privadas? ¿Esperando a que el Presidente se de cuenta de que algo molestó a la oposición y decida arreglarlo? La democracia también tiene espacio para el antagonismo; es más, es inevitable. Estos comentarios son políticamente inmaduros y, en lo que respecta al asesinato de Dilan Cruz, terminan culpando al ejercicio de la protesta además de negar la agencia que tenía el propio Dilan Cruz al haber elegido salir a marchar sin ser manipulado por nadie. Describir a los estudiantes que luchan por sus derechos como “adoctrinados” es irrespetuoso, desconoce su capacidad de pensamiento crítico, su dignidad. Y asociar, como lo hace Rodríguez, la protesta con el delito es revictimizar a Dilan Cruz. Para Vallejo, probablemente, este artículo también contribuya a “sembrar odio hacia nuestros policías”; pero no vamos a callar ante las violaciones a los derechos humanos, vamos a denunciarlos y a pedir justicia para las víctimas y los culpables.

La teoría del odio tiene otra cara, más hacia el “centro”. Cuando Gustavo Petro opinó que, en memoria de Dilan, nadie debía hablar con el Presidente al día siguiente de su muerte, Daniel Samper Ospina le respondió que ese liderazgo era incendiario y que el fin debía ser el diálogo: “En memoria de Dylan hay que dialogar y buscar las reivindicaciones de forma pacífica: el diálogo impide que tragedias como las de Dylan se repitan”. El problema con la reacción de Samper Ospina es que no hay nada que dialogar sobre el asesinato de Dilan Cruz si el Gobierno sigue entendiéndolo como un accidente.

Hay un fetiche del diálogo por parte de Samper Ospina y otros opinadores de “centro” que equiparan todas las opiniones y posturas como válidas: según ellos, debería poderse dialogar con un Gobierno que asesina, lesiona los derechos humanos y tiene un historial de ocultar la verdad al respecto y también se entiende como odio negar la posibilidad de diálogo con una postura violenta que revictimiza a Dilan Cruz. Pero los “extremos” no son lo mismo, al contrario de lo que han argumentado estos opinadores, y aunque rechazar la violencia es importante, también importan los “bandos”, al contrario de lo que sugiere Samper: no podemos unirnos en oración con el Centro Democrático para que el discurso de odio no nos separe si ese partido ha sido en gran parte responsable de que los acuerdos de paz no se implementen, por ejemplo. No se puede, ni se debe, dialogar con cualquiera, y el diálogo en sí no debe ser el fin último si no se tiene claro para qué se quiere dialogar.

Los que rechazan el “odio” seguro querrían que todas las opiniones y los argumentos fueran igual de insustanciales que el reciente “pronunciamiento” de J Balvin sobre el paro, en el que se jactó de no ser de izquierda ni de derecha, sino de ir derecho. Un mensaje así que no dice nada, pero que tampoco ofende a nadie. En democracia las posiciones chocan, hay que aprender a vivir con eso. Y señalar la responsabilidad del Gobierno y el Esmad en el asesinato de Dilan Cruz no es difundir el odio: es, precisamente, actuar en contra del odio hacia la protesta que llevó a su muerte, y actuar para que algo así no vuelva a suceder.

En una manifestación pacífica, con uso desproporcionado de la fuerza y con un proyectil diseñado para hacer más daño, Dilan Cruz fue asesinado por el Esmad y el Estado. Su muerte es un crimen de Estado. Hay que decirlo así, con todas las letras. Decir otra cosa es irrespetar su memoria y su valentía por luchar por sus derechos en un país en el que te matan por hacerlo.

Santiago Cembrano https://ift.tt/eA8V8J

En búsqueda de crear la mejor cancha callejera de basquetbol de México

Esta nota fue co-creada con Nike Sportswear

Stéphane Ashpool siente un cosquilleo en los pies y en las manos. Se encuentra parado en lo que actualmente es un terreno en construcción, pero que en un mes se transformará en la mejor cancha callejera de basquetbol no sólo de la Ciudad de México, sino del país –o al menos, esas son sus intenciones. Pero en este momento, en lo único que puede pensar es en salir corriendo de ahí para realmente jugar basquetbol –donde sea, con quien sea, sin importar que trae puestas unas sandalias con calcetines. Y eso mismo hace, subiéndose a una camioneta que lo lleva a una de las canchas más cercanas, en el parque de los Viveros, en Coyoacán.

Pero retrocedamos un poco. ¿Cómo es que un diseñador de moda francés terminó siendo el líder del proyecto para crear una cancha de basquetbol en México que sea un atractivo mundial? Para eso, hay que ir 11 años atrás, a los inicios de Pigalle.

Stéphane Ashpool en la Ciudad de México. Foto por Ana Hop.
Stéphane Ashpool a las afueras del Gimnasio Juan de la Barrera. Foto por Ana Hop.

En 2008, Stéphane creó la tienda Pigalle, nombrada por el barrio en el que se sitúa, en lo que solía ser la zona roja de París (donde se encuentran cabarets como el famosísimo Moulin Rouge, en donde de hecho la madre de Stéphane trabajaba como bailarina). Ese barrio es también donde Stéphane creció, y donde ha residido toda su vida. Pigalle, la tienda, comenzó como una boutique para vender ropa de algunas marcas de diseñador icónicas, como Rick Owens y Comme des Garçons, pero también funcionaba como escaparate para su propia marca de streetwear –a pesar de que no tenía experiencia alguna en el mundo del diseño textil.

Rápidamente, Pigalle se transformó en algo más grande que una tienda de ropa: se volvió la plataforma en la que Ashpool iba a desarrollar todos los proyectos con los que soñaba. Y entre ellos estaba, principalmente, tener una cancha de basquetbol decente en el barrio. “Cuando yo era chico, teníamos que tomar el metro 30 minutos para poder jugar”, recuerda- Ashpool se enamoró del básquet en el colegio, y ahí, junto a su escuela primaria, encontró un estacionamiento que tenía el tamaño perfecto para que fungiera como cancha. Después de hacer una campaña con las autoridades locales, consiguió que Nike se sumara al proyecto, y en 2009 crearon la cancha Pigalle Basketball, la cual inauguró LeBron James, y que se ha convertido en un atractivo no sólo para los fanáticos de basquetbol en el barrio, sino a nivel mundial, por su inusual y llamativa gama de colores, la cual es perfecta para un mundo en donde Instagram reina.

La cancha de Pigalle en Beijing. Foto cortesía de Nike.
La cancha de Pigalle en Beijing. Foto cortesía de Nike.

A la par, Ashpool consiguió convertir a Pigalle en una marca respetada y admirada a nivel mundial, colaborando con algunas de las marcas de ropa más importantes del mundo, como Chanel y Missoni, y generando una base de fanáticos gigante en países como Japón, así como de celebridades como A$AP Rocky. En estos 11 años, Pigalle dejó de ser únicamente una marca de streetwear, para crear prendas más convencionales, así como una línea específica para jugar basquetbol. Sin embargo, en el centro de todo lo que hace siempre está su barrio como inspiración, sede, y como el sitio en donde todo recae. Es ahí donde suceden todos los desfiles en donde presenta sus nuevas colecciones, y de ahí proviene la mayor parte de la gente con la que trabaja y juega.

Pese a esa identidad híperlocal, Ashpool ha logrado llevar su influencia por todo el mundo, tomando el éxito de la cancha en París para replicarlo en otras ciudades, como recientemente sucedió en Beijing, y próximamente será en México, continuando su colaboración con Nike 10 años después de esa primera alianza, tomando los aprendizajes y adaptándolos a las realidades de cada ciudad.

Stéphane Ashpool en la CDMX. Foto por Ana Hop.
Stéphane Ashpool caminando por la cancha que está rediseñando en la CDMX. Foto por Ana Hop.

En México, el proyecto busca renovar por completo las dos canchas disponibles afuera de la Alberca Olímpica y el Gimnasio Juan de la Barrera, sedes de los Juegos Olímpicos de 1968, y casa de los Capitanes, el equipo local de la Liga Nacional de Baloncesto Profesional. Por todos lados, un lugar icónico para el básquet en la capital. Ese domingo soleado en el que Stéphane no podía más con las ganas de irse a jugar, me enseñó antes de marcharse el diseño tentativo: un degradado de colores fuertes, como es el caso de las canchas de París y Beijing, sólo que aquí la gama de color está completamente inspirada por los tonos que uno puede ver en los alrededores de ese centro deportivo: amarillos y azules, predominantemente, alejándose de los pasteles.

Tres cosas quedan absolutamente claras al charlar con Stéphane. La primera, que está completamente loco por el básquet. Y no en el sentido de ser un fanático que vive por ver los partidos de la NBA, sino que la actividad como tal es algo que inunda su mente constantemente, y que desahoga tanto jugando en cualquier oportunidad que se le presenta; como entrenando al equipo de baloncesto juvenil de su barrio, al cual lleva dirigiendo unos ocho años, cuando el promedio de edad de los jugadores era de 12; y, por supuesto, haciendo proyectos como el de la Ciudad de México (entre sus planes está crear una cancha en Cuba, un proyecto completamente personal que está financiando de su propio bolsillo).

En segundo lugar, es evidente que realmente tiene un interés por crear una comunidad, de conocer e involucrarse con la gente local del sitio en el que se encuentre, y que considera que los deportes, y en específico el basquetbol, es el mejor vehículo para hacerlo. El tipo genuinamente va a las canchas y se pone a platicar, o a comunicarse de la manera que pueda, con el que sea que tiene enfrente, y a todos los chicos que entrena los ha ido involucrando en la marca Pigalle de alguna manera u otra, ayudándolos a desarrollar sus habilidades creativas y a tener una experiencia laboral envidiable, creando una gran familia, y llevándolos de viaje con él para que conozcan el mundo.

Finalmente, conocerlo es darse cuenta de que estás con una de las pocas personas en este mundo que ha logrado hackear el sistema y crear el mundo en el que quiere vivir. Por determinación propia, Stéphane ha logrado salirse con la suya una y otra vez, viajando por el mundo, explorando su creatividad de distintas maneras, uniendo a la gente a través del deporte, y echando fiesta y bailando salsa en cada parada, matando las resacas al día siguiente en la duela.

Así es como lo conocí ese día en las afueras del gimnasio Juan de la Barrera, y como lo dejé. De platicar con el equipo local que le está ayudando a crear este santuario del basquetbol, pasó a una cancha a jugar primero con un chavo que andaba practicando sus tiros libres, y luego a echar un 3 contra 3 con una familia. Él, incluso sin entender lo que decían los demás, estaba en su elemento.

La cancha Pigalle/Nike inaugurará al público el 8 de diciembre a las 10am, en las afueras del Gimnasio Juan de la Barrera, en la Ciudad de México. De 10 a 4 habrá actividades de básquetbol, customización, live shows de DJs y otras sorpresas.

Lucas Vernon https://ift.tt/2L15FnL