Mudarte con alguien es probablemente una de las decisiones más importantes que tomarás en tu vida. Estarán las pequeñas disputas que acompañan el comienzo de una relación entre dos personas que comparten sus vidas —desde
el horror ante que un miembro de la pareja no refrigere la mantequilla hasta las ideas ampliamente contradictorias sobre lo que realmente significa un dormitorio "ordenado"—, y luego surgirán cosas mucho más importantes. Cosas como el alquiler, el pago de servicios, los impuestos. Las cosas que marcan la diferencia entre poder dormir cómodamente por la noche o caminar bajo la nieve cubriéndote con una manta para pedirle a tus amigos que te dejen dormir en su sofá.
Son estos problemas, los de tipo completamente financiero, los que pueden transformarse en una forma de abuso y control en una relación. Estos escenarios pueden ir desde algo como "no estamos enamorados, pero supongo que esto funcionará hasta que reciba mi próximo cheque de pago" hasta situaciones mucho más aterradoras como vivir con una pareja abusiva y no tener la solvencia económica para poder mudarte.
Un portavoz de la Línea Nacional de Violencia Doméstica en Estados Unidos define a esta dinámica como "abuso económico o financiero". Los ejemplos de esto pueden incluir darle una cantidad de dinero a una persona y vigilar de cerca cómo la gasta o exigirle recibos de sus compras, o depositar el cheque de su pago en tu cuenta bancaria y negarle el acceso.
Una organización benéfica para personas sin hogar en el Reino Unido, Ziffit, encuestó a 2.040 personas en ese país y descubrió que el 28 % de los participantes en la encuesta que estaban en una relación actual admitió que la seguridad financiera era un factor clave para mantener la relación con su pareja.
Crisis, otra organización benéfica para personas sin hogar, también del Reino Unido, publicó un informe que muestra que el 27 % de los usuarios de servicios para personas sin hogar afirmaron haber incurrido en una relación de tipo sexual no deseada con alguien por no tener dónde vivir, y esta fue una medida a la que las mujeres recurrieron con significativamente más frecuencia que los hombres.
De las 2.040 personas encuestadas, el 28 por ciento de los participantes en la encuesta que estaban en una relación en ese momento admitió que la seguridad financiera era un factor clave para mantener la relación con su pareja.
En cualquier parte del mundo que te encuentres, el gran costo de la vida es una preocupación, especialmente cuando muchos de los trabajos mejor pagos se encuentran en las principales áreas metropolitanas. De hecho, la proximidad de las viviendas a esos centros de trabajo bien remunerados es parte de lo que aumenta los costos del alquiler. Por ejemplo, el costo de un departamento en Manhattan alcanzó una cifra récord el año pasado. En 2015, Los Ángeles tenía solo 3.3 % de vacantes de alquiler en una ciudad de 3.9 millones de personas. En el Reino Unido, según un estudio de Shelter, 352,000 inquilinos fueron amenazados con ser desalojados en 2015.
Muchos jóvenes están a merced absoluta de sus caseros o sus parejas. Luego, si a eso le sumamos el factor de la brecha salarial mundial de género, no es de extrañar que las mujeres se encuentren en posiciones difíciles una y otra vez.
Melinda*, una empleada administrativa de 25 años en Londres, conoce muy bien este sentimiento. Después de ser despedida de su trabajo como ama de llaves y niñera en la casa donde vivía, fue lanzada a la calle con muy poco dinero.
"Estuve quedándome a dormir en los sofás de diferentes personas por aproximadamente un mes, lo cual estuvo bien al principio, hasta que comenzó a hacer frio", dice Melinda. Ella logró obtener una pasantía en Kent y, a través de amigos, conoció a un hombre que le ofreció alojarla en su casa en Kent. "Me gustaba, pero nunca quise que fuera algo a largo plazo", nos dice.
Después de vivir dos meses con él, el plan dejó de ser atractivo. El hombre vivía a una hora de sus amigos, lo que hacía que Melinda se sintiera aislada. Además, él se volvió extremadamente posesivo. "Pronto me di cuenta de que quería irme, pero no tenía a dónde ir, así que soporté la situación. Era una casa agradable y él me preparaba la cena todas las noches; pero lo extraño era que por eso, actuaba como si yo fuera de su propiedad".
Después de vivir seis meses en ese extraño aislamiento, Melinda ahorró suficiente dinero para irse. "Un mes después de que me fui, aún me enviaba mensajes de texto todo el tiempo e incluso me ofreció una cantidad de dinero mensual para que volviera con él. Dijo estar 'preocupado' por mí, cuando lo que realmente hacía era un intento desesperado por ejercer control".
Kaylin, de 23 años, sufrió terribles lesiones físicas de parte de su novio controlador, de quien se volvió emocional y económicamente dependiente después de perder su trabajo.
Al principio, Kaylin recuerda que su novio era encantador y enigmático: "ya sabes, como en las películas en las que te enamoras del chico malo que nadie más comprende", pero resultó ser increíblemente abusivo. "Empezamos a salir hace unos años en el mes de octubre, me mudé con él en noviembre o diciembre, y comenzó a ser violento en febrero".
Él vivía con ayuda gubernamental y en viviendas subsidiadas. Kaylin trabajaba como camarera y no era necesario que pagara alquiler; pero terminó pagando todo lo demás, como los servicios, la comida y otros gastos relacionados con el consumo de drogas de su novio y la falta de un automóvil. "No es culpa de nadie más que mía", dice Kaylin. "Solíamos terminar envueltos en una gran discusión o en un estallido de violencia. Yo era demasiado débil para hacer algo". Una de esas peleas dejó a Kaylin herida e incapacitada para ir a trabajar. Fue despedida.
"Solo lo tenía como mi red de apoyo", dice Kaylin. "Ahora, tengo una buena relación con mi familia, pero no la tenía en ese entonces. Entraba y salía de sus vidas y ellos me decían: 'si quieres esta vida, no nos involucraremos'". Ella intentó dejarlo en 8 ocasiones aproximadamente, y a veces dormía en su automóvil durante algunos días o semanas.
El momento crítico llegó un mes de julio, cuando lo dejó para siempre. La confrontación fue violenta y los golpes que Kaylin sufrió le causaron una contusión cerebral. Sin lugar a donde ir, Kaylin se dirigió a una biblioteca y ahí la ayudaron a llegar al hospital. "Él golpeó mi cabeza contra las puertas, los pisos y las paredes, también me golpeó con un bong. Sufrí graves daños en los tejidos blandos de la mano derecha al cubrirme con ella, y tenía un hematoma en el lado izquierdo de la cadera y en un costado de mi rodilla derecha ", dice ella. "Entonces llamé a mi madre y ella llegó de inmediato". Kaylin ahora es asistente domiciliaria y realiza campañas para las víctimas de violencia doméstica con la organización benéfica Refuge.
Clare Prendergast, consejera de Relate, dice que existen diferentes estrategias que puedes seguir cuando necesitas salirte de una relación financieramente abusiva o de dependencia.
"Para algunas mujeres, sobre todo aquellas que sufren una forma sutil de control, puede ser que lo que las salve no sea un plan de un día para otro —las que sufren abuso físico deberían irse de inmediato—, sino un plan de cinco años. Puede ser una situación en la que necesites hablar con alguien para que te ayude a recuperar tu salud mental y luego a elaborar un plan para cambiar las cosas. El plan podría ser volver a la escuela, conseguir un trabajo, abrir una cuenta de ahorros secreta. Sin importar el plan, el solo hecho de saber que tienes un plan de salida podría ser suficiente para ayudarte a recobrar fuerzas y valor antes de poder irte".
Si estás en una relación poco sana o abusiva, busca ayuda.
25 de noviembre. Los grupos de chats empiezan a explotar con un mismo link. La recomendación, la misma: "tienes que ver esto". Al abrirlo aparece un grupo de mujeres acomodadas como un batallón. Algunas con vendas en los ojos, todas con los pies en el piso, paradas con una firmeza que se presiente inédita. Suena un pulso marcado con un silvato y, sin advertencia alguna, las mujeres empiezan a cantar al unísono "el patriarcado es un juez". Sus voces rompen las tensión que sobrevuela el aire chileno desde hace más de seis semanas. La canción avanza y las mujeres coordinadas dicen "es femicidio", y hacen una sentadilla con las manos en la nuca. Dicen "es la desaparición", y hacen otra sentadilla; dicen "es la violación", y hacen una última sentadilla. Aparentemente imitan una forma en la que la policía abusa de las detenidas en las protestas. Durante unos segundos sólo se escucha el pulso del silvato. Entonces todas gritan: "y la culpa no era mía, ni dónde estaba, ni cómo vestía". Lo gritan tres veces y para la última la piel erizada y un nudo en la garganta son inevitables. Paran otra vez en una pausa que se hace eterna por saber qué sigue en este espectáculo increíble, y finalmente gritan "el violador eres tú", levantando un dedo acusador que siempre va al frente, señalando a los victimarios y no a las víctimas.
Creada por el colectivo feminista de Valparaíso Las Tesis, la performance no sólo es una descripción de lo que denominamos la cultura de la violación —el entramado estructural, social, institucional y simbólico que naturaliza la violencia sexual hacia las mujeres—, sino que también se dio en el marco de las protestas en Chile, que ya llevan más de cuarenta días. La acusación que las performers hacen entre canto y coreografía — “El violador eres tú / El violador eres tú / Son los pacos / los jueces / el Estado / el Presidente”— no es menor. Hablar de “los pacos” (la policía) en medio de la cruda represión que sufren los manifestantes chilenos por parte de las fuerzas de seguridad es un acto bastante valiente. Según el reporte más reciente del Instituto Nacional de Derechos Humanos de Chile, desde que comenzaron las protestas se han registrado 190 casos de violencia sexual a personas detenidas durante las manifestaciones, 236 personas han resultados con heridas oculares y cinco personas perdieron del todo la vista como consecuencia de los excesos en el uso de la fuerza por parte de los carabineros. Hablar de las responsabilidades del Presidente y el Estado con relación a los derechos de las mujeres resalta la importancia de sumar la violencia machista a las protestas en Chile, porque los derechos de las mujeres son vulnerados con una saña particular y también gozan de mayor impunidad.
Desde que se presentó por primera vez la performance ha sido replicada por mujeres en casi todos los países de Latinoamérica. Con algunas variaciones, dependiendo de la jerga para llamar a la policía o las demandas de cada país, la idea se mantiene: las mujeres hemos sido violentadas y agredidas sexualmente, las instituciones han fallado en cuidarnos y garantizar nuestra seguridad, nos han revictimizado, nos han culpado, pero ahora estamos acá, señalando con el dedo índice que “el violador eres tú".
El video de las chilenas es emocionante y conmovedor todas las veces que lo veo. Es más emocionante aún ver las versiones de la coreografía en distintos lugares. Es que es un himno eficiente: la mayoría de las mujeres tenemos un violador en nuestro camino, la mayoría de las mujeres nos culpamos por ello (y también nos culpó la sociedad y sus instituciones), la mayoría de las mujeres nos sentimos acompañadas, fuertes, invencibles por ese dedo colectivo que se levanta y señala al frente. Que pone las responsabilidades en el lugar correcto: el Estado, la Policía y la Justicia, y que en ese gesto nos sana y nos impulsa a cambiar todo el sistema, a destruir al "Estado opresor, que es un macho violador", como dice la canción.
De la calle a la experiencia personal
Además de las réplicas en múltiples lugares, en los últimos días Un violador en tu camino llegó a las redes sociales en forma de hashtag para hablar de las historias personales de violencia sexual de las mujeres. El #ElVioladorEresTú fue trendic topic en Twitter en diversos países. Miles de mujeres lo usaron para contar relatos cortos que mencionan el lugar donde fueron abusadas, la ropa que tenían puesta en esa ocasión y la persona que las abusó, hablando por primera vez en el ámbito público de una realidad cotidiana de muchísimas más: la violencia sexual.
La vergüenza y la culpa que genera la violencia sexual sobre las mujeres es parte del engranaje aleccionador que tiene la misma sobre nuestros cuerpos. Las escasas conversaciones que existen sobre violencia sexual y sobre la vida después de la violación sólo aportan a los sentimientos negativos y la necesidad de callar que sentimos quienes fuimos abusadas. Hay una norma tácita, cruel y eficiente en la imposición del silencio para nosotras que se traduce en impunidad para los violadores y abusadores y en más sumisión de parte de las mujeres. Por eso, ejercicios como el que empezó el pasado 25 de noviembre rompen con ese círculo cruel, opresivo y violento.
Si todas levantamos la voz al tiempo y nos acompañamos entre nosotras, va a ser más fácil entender que la violencia sexual no es una excepción en la vida de las mujeres: es la norma. No olvidemos que, según ONU Mujeres, aproximadamente el 70% de las mujeres del mundo sufrió algún tipo de violencia sexual a lo largo de su vida. Evidenciar esto es importante porque combate el estigma de las mujeres víctimas de violencia sexual, el imaginario social de que sólo hay una forma de sobrellevar los abusos, la duda sobre los relatos, la culpabilización que se les impone a las víctimas y la patologización.
Los ejercicios de denuncias masivas son una forma de tomar la voz pública y también una forma de sanación. El abrazo de otras mujeres y la prueba de que las historias que más nos duelen hacen parte de un relato común de la mayoría de nosotras funciona como una forma de reparación y un ejercicio de liberación necesario para las mujeres. Ahora sabemos que fuimos muchas, no se puede chantajear con vergüenza y culpa a tantas de nosotras. Eso es una enorme victoria que necesariamente es colectiva y que manifestaciones como la de Las Tesis lograron impulsar. La capacidad de las feministas para subvertir lógicas patriarcales de manera creativa es fundamental. Si nuestras denuncias no son contenidas de manera eficiente por las autoridades, y si el espacio público tiene para nosotras reglas y limitaciones particulares, bailaremos unidas hasta romper las normas impuestas sobre nuestra voz.
Muchas violadas, ningún violador
Junto con la ola de denuncias de las mujeres en redes sociales apareció una ola de hombres que se sienten ofendidos por la consigna “el violador eres tú”. Nada nuevo bajo el sol. Los varones necesitan que las mujeres digamos que no todos son violadores y que hay unos buenos para poder seguir viviendo. El “no todos los hombres” es la contratendencia de Twitter, donde se nos acusa de exageradas, violentas, malas feministas, y se compara la dinámica con generalizaciones absurdas que hacen para defenderse de un señalamiento más estructural que personal, pero por el que se dan por aludidos.
El principal problema es una diferencia cognitiva entre lo que de hecho es un violador y lo que la gente se imagina por uno. La mayoría de violadores no son hombres con cicatrices en la cara y cobras tatuadas que premeditan sus ataques y que jalan de los brazos a indefensas mujeres a callejones oscuros, mientras estas se resisten, gritan y patalean. La realidad es que la mayoría de las violaciones ocurren en el ámbito privado de las víctimas, y los victimarios son hombres que ellas conocen: amigos o familia, principalmente.
Los estereotipos de la violación no sólo hacen que haya una catarata de machitos indignados en Twitter, también influencian las sentencias del poder judicial. Muestra de esto es el argumento que los jueces argentinos Pablo Viñas, Facundo Gómez Urso y Aldo Carnevale usaron en noviembre de 2018 para absolver a los acusados por el femicidio y violación de Lucía Pérez en 2016. Los jueces aseguraron que, según los chats, el acusado la había invitado a tomar leche chocolatada con medialunas y que esa no es una actitud “típica” de los hombres que violan mujeres.
No existe un sólo tipo de violador porque, como vimos en los relatos de las redes y como demuestran las estadísticas, los abusos sexuales suceden en una infinidad de contextos, mediados por muy diversos vínculos entre las víctimas y los victimarios. Pero para la mayoría de los hombres es imposible identificarse con violadores porque creen que esas situaciones están relacionadas con el estereotipo mencionado anteriormente. No se les ocurre que violadores pudieron ser ellos, que se aprovecharon de la borrachera de una amiga, ignoraron una negativa para tener relaciones sexuales o que seguramente vieron alguna violación en una fiesta o espacios laborales y no la detuvieron.
Para el periodista, activista y puto argentino Lucas Fauno Gutiérrez, “desarmar esa imagen del opresor, violador tan Hollywodense y tan Disney, lleva a los varones heterocis a hacerse cargo de que el violador puede ser el que encuentran todos los días en el espejo”.
Las miles de historias reveladas en redes sociales gracias a la performace Un violador en tu camino justamente sirven para derrumbar ese mito de la violación y que los varones puedan darse cuenta de que para violar a una mujer no se necesita tener malas intenciones, un tatuaje de cobra o que la víctima sea una niña: basta con no respetar el “no”, aprovecharse de una situación de vulnerabilidad, chantajear o cohesionar, o aprovecharse de un estado de inconsciencia.
Si los varones no empiezan a cuestionarse lo que entienden por consentimiento y a tener relaciones sexuales consentidas de manera entusiasta, en las que se procure el placer de ambas partes, se verbalice el deseo y se promueva el diálogo, va a ser muy difícil que las prácticas sexuales violentas (entiéndase por violentas a las no consentidas) cambien. Tampoco se puede ignorar que el consentimiento está atravesado por las relaciones de poder, las diferencias de edad, los riesgos potenciales y las palabras o incluso gestos que denotan que no lo hay. Es decir: asegurar que el consentimiento está dado cuando una persona no grita, patalea o corre es una idea muy peligrosa que se asienta sobre mitos de la violación.
En lugar de sentirse atacados con “el violador eres tú” y responder una catarata ridícula de defensas, sería más provechoso que los varones comprendieran que es probable que los violadores hayan sido ellos o sus amigos, y que es necesario y urgente que gestionen su sexualidad de forma más consentida, así como que desnaturalicen los abusos por parte de sus pares.
Denunciar no es una obligación
Muchas de las denuncias que están surgiendo con el #ElVioladorEresTú no contienen nombres propios de los agresores. Aunque en muchos casos las mujeres han realizado denuncias públicas o penales, motivadas y fortalecidas por el movimiento que ha generado la performance, considero fundamental respetar el derecho de muchas mujeres a no revelar el nombre de sus violadores. Una denuncia pública o penal no es un proceso sencillo. Según la psicóloga feminista Mónica Ramón, quien trabajó en la Comisaría de la Mujer en Colombia, en el proceso de denuncia institucional “las mujeres se ven sometidas a una constante revictimización por las entidades de salud y las mismas instituciones o funcionarios de la justicia. Es un proceso que no sólo es súper doloroso, sino que termina en medidas ineficientes y sin garantías reales”.
Denunciar requiere que las mujeres estén fuertes, acompañadas y absolutamente seguras de qué quieren con ello y qué forma de justicia están buscando. Es necesario que las denuncias se planifiquen, para que puedan contenerse las posibles respuestas violentas, no sólo de las instituciones, que suelen ser revictimizantes y crueles con las mujeres que denuncian este tipo de delitos, sino también de familia y amigos de los agresores o incluso los propios. El mundo que habitamos es hostil con las mujeres, también lo será si decidimos denunciar.
Tampoco es esto un llamado a que no se inicien estos procesos, apenas es un recordatorio de que lo más importante es respetar la voluntad de las víctimas, así esta sea no revelar el nombre y apellido de sus agresores. Finalmente creo que exigimos cambios estructurales, a los que no se puede responder sólo con penas más altas para los casos de violación. La demagogia punitiva no previene la violencia sobre nuestros cuerpos. Aunque menos del 1% de las denuncias por violencia sexual ha comprobado ser falsa, la idea de que las mujeres mentimos sobre violaciones por estar despechadas o querer sacar alguna ventaja de ello hace parte del sentido común de la mayoría de la sociedad. Uno que es fundamental cambiar, pero al que hay que enfrentarse a la hora de denunciar.
“Las mujeres hemos tomado la palabra pública”, como bien señala la abogada feminista argentina Sabrina Cartabia en referencia a los movimientos de denuncias masivas. Participamos de las manifestaciones e incluimos nuestras problemáticas en las agendas políticas. Bailamos en las calles, nuestra desnudez en las manifestaciones no es para el consumo de los varones ni sigue sus reglas y hablamos de lo que duele, de lo que fue mandato callarnos, tejiendo nuevas alianzas y redes entre nosotras. No volveremos a la ley del silencio, porque los violadores fueron ustedes. Somos muchas, ya nos vimos, nos escuchamos y nos abrazamos. Somos la mayoría y ni la vergüenza ni la culpa están más de nuestro lado. Somos una generación que creció imitando coreografías: estamos listas para derrumbar al patriarcado bailando.
Gatos, esas criaturas inescrutables. Recuerdo claramente cuando Emmett, el gato de mi amigo, me mordió. Yo tenía 10 años y me confundí sus gruñidos con ronroneos de satisfacción cuando lo estaba acariciando. Más tarde supe que tenía una lesión en la espalda, realmente no tenía idea de que me estaba avisando que me detuviera hasta que fue demasiado tarde.
A pesar de este trauma de la infancia, me gustan mucho los gatos. Simplemente no los entiendo. Pero según un nuevo estudio, algunas personas lo hacen; de hecho, algunas personas son expertas en interpretar las expresiones faciales de los gatos, incluso si no son dueños o no les gustan los gatos. Comprender en qué rasgos se fijan estas raras superestrellas puede ayudarnos a nosotros los mortales a apreciar mejor a los gatos y evitar enfurecerlos por accidente.
En el estudio, cuyos resultados se publicaron el mes pasado en la revista Animal Welfare, más de 6.000 participantes tuvieron la tarea de identificar si una serie de felinos tenían sentimientos positivos o negativos con base en videos cortos de sus expresiones faciales, sin contexto. En promedio, las personas identificaron el sentimiento correcto en solo 11.85 de los 20 videos; si adivinabas la respuesta al azar, se esperaba que obtuvieras un puntaje de 10.
Sin embargo, hubo excepciones a este rendimiento abismal. El 15 por ciento de los participantes obtuvo 15 o más respuestas correctas, lo que llevó a los investigadores a creer que los gatos realmente están tratando de comunicarse con el rostro, pero la mayoría de nosotros no logramos captar los indicios correctos.
"Cualquiera que califique a los gatos como malhumorados o distantes probablemente los esté subestimando", dijo Georgia Mason, autora principal del estudio. "El punto es que nos están dando señales, solo que son sutiles y necesitas experiencia y tal vez intuición para verlas".
Los llamados susurradores de gatos que pasaron exitosamente la prueba tenían más probabilidades de tener experiencia veterinaria. Entonces el hecho de poseer y amar a los gatos no influía en el rendimiento. Para Mason, esto sugiere que los gatos individuales pueden tener sus propias señales faciales que los propietarios reconocen, pero las personas que interactúan con muchos gatos pueden captar las señales generales de la especie. Las mujeres también obtuvieron puntajes ligeramente más altos que los hombres, y las personas más jóvenes obtuvieron mejores resultados que las personas de mediana edad.
En nombre de la ciencia y el periodismo de investigación, realicé una prueba con ocho videos usados en el estudio (la prueba no era parte de la investigación, solo la hice por diversión). Adiviné 7 de 8 emociones de gato correctamente. ¿Acaso soy una susurradora de gatos? Luego realicé una prueba más difícil basada en el estudio y obtuve un puntaje de 3 sobre 8, lo cual es peor que la posibilidad aleatoria y significa que probablemente no soy una susurradora de gatos. "¡Muy pocos lo son!", respondió Mason cuando se lo conté por correo electrónico.
Los gatos son notoriamente poco estudiados en comparación con los perros. Según el artículo de Mason, al menos 16 estudios han analizado los estados emocionales de los perros, pero solo cuatro han investigado los sentimientos de los gatos, más allá de las señales negativas obvias como los bufidos y el pelo erizado.
Luke y Sylvie, los dos gatos de Mason, también sirvieron de inspiración para el estudio. Cuando ella y su esposo reciben fotos de los gatos, a menudo adivinan de manera similar cómo se sienten los felinos. La mayoría de los videos de gatos utilizados en el estudio fueron obtenidos de YouTube o enviados por veterinarios, pero Luke y Sylvie también tuvieron apariciones especiales.
Mason dijo que eventualmente quiere convertir la investigación en una herramienta para ayudar a las personas a formar mejores vínculos con sus gatos. Mason alegó que existen datos de que los dueños de gatos están menos unidos a sus mascotas que los dueños de perros. Agregó que es más probable que abandonen a los gatos en los refugios, un síntoma de ese bajo apego.
"Con una mayor investigación, esperamos desarrollar herramientas para ayudar a las personas a leer mejor a sus gatos, lo cual haría que vivir con un gato sea más gratificante", dijo Mason.
Durante décadas vivimos bajo el engaño del falso progreso que significaba poder saciar cualquier antojo en cualquier momento. Desear un mango en el invierno y tenerlo, por decir algo, en lugar de esperar a que lo trajera de manera natural el clima del verano. Una afición ostentosa que —por fin— está por terminarse en aras de proteger al planeta y reforzar el tejido social.
Los últimos años, el mundo ha vivido una tendencia gastronómica de cocina local. En la Ciudad de México, destaca Meroma, un restaurante que abrió en 2016 en la colonia Roma. Lo fundaron Mercedes Bernal y Rodney Cusic, quienes tras graduarse del International Culinary Center de Nueva York y trabajar juntos en diversos restaurantes de dicha ciudad, hoy son co-fundadores, propietarios y co-chefs del restaurante, y, además, cómplices de vida.
“La cocina nos une a mi esposo y a mí en muchos sentidos”, asegura Mercedes. Decidieron trabajar juntos y su colaboración es tan intensa y personal que se ve reflejada en el restaurante. “Se siente como un lugar que tiene alma propia y eso es porque quienes lo llevamos estamos aquí todo el tiempo, es nuestra casa”. Lo anterior lo dice en un sentido casi literal, puesto que viven a solo una cuadra de distancia. “Así podemos ir y venir todo el tiempo”.
El menú, de cocina contemporánea, cambia según la disponibilidad de los ingredientes que hayan producido los alrededor de 12 pequeños proveedores locales con los que trabajan. Todo lo obtienen de lugares cercanos a la ciudad. Su relación con los productores es íntima y radical, ya que —de fondo— es de ellos de quienes depende lo que se presenta en el restaurante: desde el pan hasta la mantequilla y las más deliciosas proteínas.
“Nuestra evolución principal es que hemos logrado desarrollar nuestras alianzas con los productores locales. Al principio solo conocíamos a cinco o seis, y ahora contamos con el doble. Tenemos una relación muy cercana con todos ellos para obtener siempre el producto más específico para lo que buscamos en nuestra cocina. Ellos han aprendido de nosotros y nosotros de ellos”, dice Mercedes.
Para la chef, un buen ejemplo de estas alianzas estratégicas es la que han hecho con el Rancho Cuatro Encinos, en Zacatlán de las Manzanas, Puebla. Adquieren de ellos vacas lecheras retiradas, animales que pesan unos 600 kilogramos en pie, y que usan por entero, sirviéndolos poco a poco en distintas preparaciones, como su carpaccio de res con pepita (es importante recordar que el menú es móvil y que el plato favorito con el que uno se encuentra puede ya no existir en la siguiente visita).
Una metrópolis retadora
¿Por qué entre tantos destinos posibles eligieron establecer Maroma en la capital mexicana? En parte interviene que sea el lugar originario de Mercedes Bernal, y que su familia se encuentre cerca para apoyarlos en la aventura, pero sobre todo, dice la chef, es que pese a lo anterior decidieron llegar a la Ciudad de México porque hoy por hoy es una ciudad protagónica en la escena de la gastronomía global. “México, como país, está en todos los rankings y listas —que pueden significar más para unos u otros—, lo que nos deja ver que los comensales del mundo están volteando a vernos como un destino gastronómico. Y la Ciudad de México, siendo la capital, tan inmensa y llena de posibilidades, nos deja ver eso en los restaurantes que hay en ella”. Para la chef, en esta ciudad se puede ser quien quiera, “somos 20 millones de personas, eso te da libertad y variedad, al restaurante llega todo tipo de gente, extranjeros y locales, y puedes explicar los platos y todos te entienden y quieren probar, no hay límites. Dicen de Nueva York que si logras tener éxito ahí puedes tenerlo donde sea, pero los reto a abrir un restaurante en esta ciudad”.
El nacimiento de Meroma
Tras estudiar, vivir y trabajar en Nueva York, Rodney y Mercedes decidieron que era tiempo de tener su propio restaurante y llegaron a la Ciudad de México con espíritu de riesgo total. Desde siempre supieron que su restaurante debía estar en la emocionante colonia Roma, o cuando menos muy cerca de ella, y que su prioridad debía ser tejer relaciones que los llevaran a los ingredientes deseados para hacer realidad una carta acorde a sus estilos y perfiles de sabores favoritos. Encontraron el local deseado que tomó su forma gracias al diseño de O.P.A. (Oficina de Práctica Arquitectónica), un taller-despacho fundado por otra pareja creativa: Diego Mañón y Rosalía Yuste. Del mobiliario se encargaron Andrea Flores y Lucía Soto de Comité de Proyectos. Y fue así como se conformó este restaurante cuyo nombre refiere a las primeras sílabas de los nombres de la chef, su esposo y su madre.
El diseño es elegante y contemporáneo (como todos los platillos que ahí se sirven) pero para Mercedes, su restaurante no es más especial que los demás que son parte de la tendencia que busca priorizar la materia prima local.
“A ese respecto solo puedo hablar por lo que hacemos y creo que lo que nos distingue es el vínculo especial que tenemos con los productores”, dice la chef. Para explicarlo con detalle, pone un ejemplo: “Puedes crear un platillo con ciertos ingredientes que funcione muy bien y que a tus clientes les guste. Dado eso quisieras dejarlo en la carta ya que te resulta bien en costos, en presentación y todo lo que requiere. Pero la realidad aquí es que si acaba la temporada del producto este se va y fin, tienes que hacer otra cosa con lo nuevo que llega”.
Depender siempre de las vedas, las estaciones del año, o los resultados de una cosecha son los factores que motivan la creatividad de estos chefs, quienes hacen lo que hasta hace no mucho la humanidad se veía obligada a hacer antes de descubrir los grandes congeladores, la fabricación en masa y la sobreexplotación agrícola. “Nosotros respetamos el tiempo de los productos, y esto exige también un costo más elevado, porque a los productores pequeños les toma más trabajo y más cuidado hacer lo que hacen para obtener productos de alta calidad. Hay momentos en los que ya no podemos subir más los precios en la carta y muchas veces no tienen la relación apropiada de compra-venta, pero absorbemos el gasto con todo el gusto del mundo porque sabemos que vale la pena lo que estamos haciendo”. Ese carácter ético en su cocina ha hecho de Meroma uno de los restaurantes más populares de la ciudad. Es mucho más que una terraza de moda: se trata de toda una filosofía social, ecológica y creativa.
Un viaje al pasado
Al principio, Mercedes solo sabía que deseaba ser anfitriona. Quizá en la hotelería, tal vez organizando eventos. Pero cuando tenía 15 años se fue un año a Roma con su madre, quien tuvo que salir de México para atender un tema laboral. Fue ahí donde se enamoró de los mercados, de elegir los mejores jitomates para hacer una salsa cada día más sabrosa, comenzó a competir con sus compañeros de clase que presumían de hacer la mejor carbonara.
Luego leyó Kitchen Confidential, de Anthony Bourdain, y todo quedó más claro: la vida de chef en Nueva York, los tras bambalinas de los restaurantes, una admiración excesiva por Daniel Boulud, quien “llevó Francia a la Gran Manzana” y en cuya compañía tuvo la oportunidad de trabajar años más tarde. Ser chef se convirtió en su objetivo y vaya que lo logró: con un restaurante jovensísimo, hoy es ya reconocida como un referente de la cocina capitalina gracias a su congruencia y a su autenticidad.
En estos menús móviles de Meroma que siempre auguran sorpresas, hay algunos elementos que de vez en cuando reaparecen. Son un par de postres que Mercedes realiza en un mínimo espacio de la cocina del restaurante. “Yo no soy repostera, aunque tengo algo de experiencia en ello. Pero acordamos que todos los postres tenían que hacerse aquí y que los iba a hacer yo, así que hago cosas con pocos ingredientes, a veces de preparación complicada, pero de servicio sencillo». Ahí, en ese lugar mínimo al final de la carta, la chef nos revela parte de su personalidad y sus recuerdos. Hay una tarta de leche de cabra con crema de manzanilla y canela que “es realmente un sándwich de galletas María con cajeta, como a los que hace años mi hermano y yo les poníamos bombones quemados”.
También hace una tarta de cacahuate tostado con semolina y miel que evoca a bocadillos que preparaba con pan, mantequilla de maní, plátano y un poquito de sal. “Esos sabores me transportan a mis momentos jugando Super Nintendo y comiendo galletas María”. Toda una generación puede, con un bocado de estos postres de Meroma, remontarse en un instante a la memoria de aquellos buenos tiempos.
Los restaurantes favoritos de la chef Mercedes Bernal en la CDMX
Masala y maíz. Cocina de autor que combina sabores de México, India y África del Este. “Es uno de mis favoritos, no sólo porque los chefs Norma Listman y Saqib Keval son grandes amigos nuestros, sino porque en verdad creo que lo que hacen es espectacular. Además se acaban de mudar muy cerca de nosotros, lo que nos tiene muy contentos porque ahora podemos ir todo el tiempo”. Marsella 72, Col. Juárez.
Cantina El Mirador. Cantina tradicional fundada en 1904. “Siempre que nos visita algún amigo extranjero lo llevamos ahí. Es un lugar muy especial porque puedes comer cosas mexicanas deliciosas y también otros platillos rarísimos, como el Tribilín”. El Tribilín está compuesto de abundantes porciones de filete de pescado, filete de res y camarón; todo cocido con limón, especias de la casa, amontillado y aceite de olivo. Eje 1. Pte. 1, Col. Tabacalera.
Bar El Sella. Cantina española tradicional. “Siempre vamos, nos encantan el chamorro y el perejil frito, es muy bueno”. Dr. Balmis 210, Col. Doctores.
Máximo Bistrot. Cocina internacional con productos locales. “De la escena contemporánea es uno de los lugares que más admiro. Cada que voy tengo una experiencia mejor que la anterior”. Tonalá 133, Col. Roma.
Ticuchi. Espacio dedicado a los destilados mexicanos y al maíz. “Es el nuevo restaurante de Enrique Olvera, está justo donde estaba el primer Pujol. Está muy chido”. Petrarca 254, Col. Polanco.
Y sus puestos favoritos de comida callejera
Las quesadillas de Jenny en la Roma. “A una cuadra de Meroma hay un puesto de quesadillas buenísimo. No se lo pierdan”.
Tacos de birria en la Roma. “En la esquina de Colima y Orizaba están mis favoritos. Mi esposo va como tres veces a la semana, es un problema”.
Los Cocuyos. “Es el mejor suadero, en las noches, ya muy tarde”. Bolívar 57, Centro Histórico.
Los Parados. “Hablando de tacos, estos también están muy bien”. Monterrey 333, Col. Roma sur.
Los Panchos. “Este es un restaurante bastante establecidos, muy cerca del hotel Camino Real. Ahí vamos muy seguido y es muy bueno. Son algo con lo que crecí”. Tolstoi 9, Col. Anzures.
Visita http://www.americanexpress.com.mx/gold para conocer los beneficios que The Gold Card de American Express® te ofrece, así como más restaurantes aliados.
En 1984, poco después de la medianoche del 3 de diciembre, se informó una fuga de gas de la Planta Número C en la fábrica de pesticidas de Union Carbide (ahora Dow Chemicals) en Bhopal, Madhya Pradesh. A medida que aumentaba la brisa fría del crepúsculo, el gas venenoso (que luego se estimó en aproximadamente 42.000 kilogramos de isocianato de metilo, un gas altamente tóxico e incoloro, que no solo es inflamable y reacciona con el agua, sino que también pone en peligro la vida) atravesó la ciudad.
En pocas horas, alrededor de 3.000 vidas fueron borradas de la faz de la tierra. Hoy, los registros del gobierno muestran 5.295 muertes. Amnistía Internacional sostiene que fueron al menos 7.000 muertes en los primeros tres días. Pero los activistas y las familias de las víctimas afirman que fueron de 8.000 hasta 10.000 muertes. Una declaración jurada de 2006 indicó alrededor de 5.58.125 heridos, con 3.900 personas que quedaron con lesiones graves y discapacidades permanentes.
Hoy, cuando se habla de Bhopal, solo piensas en una cosa: que fue, y sigue siendo, el desastre industrial más mortal del mundo. Han pasado 35 años desde que la mitad de la población de 8.5 lakh Bhopali tosió, jadeó y se quejó de que les ardían los ojos y la piel, hasta que encontraron una muerte rápida o duraron lo suficiente como para ver sufrir a sus descendientes.
Cuando el fotoperiodista con sede en Nueva Delhi, Rohit Jain, de 32 años, decidió ir a Bhopal el año pasado, se fue con cierta ira, pero también con cierta complacencia porque ya pasó. “Como muchas personas, pensé que a estas alturas la tragedia ya habría terminado. Que la gente ya no se vería afectada porque ya no habría noticias sobre la tragedia. Que todos los periódicos cubrirían solo lo que sucedió en el pasado y sobre las personas afectadas que luchan por una indemnización", dijo Jain. “Pero cuando fui, me di cuenta de que las personas se siguen viendo afectadas, incluso ahora".
Akash, de 16 años, que quedó ciego de un ojo y del otro solo ve parcialmente, pinta en una escuela especial de Chingrari Trust
Umar Khan, de 24 años, con sus padres, muestra fotos de su hermano menor Azhar, quien murió el año pasado. Azhar sufría de distrofia muscular, al igual que Umar. Umar vio morir a su hermano menor el año pasado y sabe que él morirá en unos pocos años. Los padres de Umar se preocupan mucho por él. Lo alimentan, lo bañan y lo ayudan a ir el baño. Necesita atención las 24 horas. Eso es lo que estaban haciendo por ambos niños hasta el año pasado.
Lleno de curiosidad y con una donación del Centro Pulitzer sobre informes de crisis, Jain fue a Bhopal el año pasado en noviembre durante una semana, pero terminó quedándose durante más de un mes. El resultado de sus interacciones con las personas allí resultó en una desgarradora serie de fotos titulada ‘Children Disabilities: A Forgotten Case of Union Carbide’ (Discapacidades de los niños: un caso olvidado de Union Cardibe), que se lanzó a principios de este año y se exhibirá en India por primera vez en Mumbai del 2 de diciembre al 22. Estos son retratos de la segunda y tercera generación de sobrevivientes de la fuga de gas, que luchan contra un espectro de discapacidades en una escala nunca antes vista en el país. "La parálisis cerebral, la distrofia muscular, el síndrome de Down, el trastorno por déficit de atención con hiperactividad, la ceguera, las dificultades de aprendizaje y el retraso con las habilidades motrices son rampantes", dijo. “Muchos de los adultos jóvenes tienen múltiples afecciones. Muchos están inmóviles, necesitan ayuda para bañarse, comer e incluso defecar".
Hoy, los expertos reconocen que si bien la gran tragedia fue la fuga de gas, la más grande es la que se ha desarrollado en los años venideros. Los manifestantes y activistas continúan luchando y exigen que el gobierno estatal no solo deje de minimizar la tragedia, sino que también brinde alivio y rehabilitación a las víctimas y sus familias. Pero los informes muestran que hay dos variables principales para ver el impacto continuo del desastre: los niños nacidos después del desastre y el agua que se consume aún hoy y que sigue siendo venenosa.
Aaliya, de 14 años, que lucha con discapacidad intelectual y distrofia muscular, con su padre en su casa de una habitación; la madre de Aaliya, afectada por el gas, falleció hace ocho años. Ahora su padre Asad cuida de ella.
"¿Por qué no la mantienes en una institución especial?", a menudo le hacen esa pregunta a Asad sobre su hija, Aaliya. Su respuesta es que "nadie más la cuida como yo. Ella no puede vivir sin mí ". Asad ha dejado todo, incluyendo su trabajo ya que no puede dejar sola a Aaliya porque necesita atención las 24 horas. La Chingari Rehabilitation Trust le ayuda con las medicinas y terapias especiales de Aaliya a las que la lleva todos los días.
“Al principio, solo quería ir y conocer a las personas que habían presenciado la tragedia. Pero cuando fui, vi que las cosas todavía están evolucionando. También me di cuenta de que no vemos la tragedia desde la perspectiva de los niños nacidos después de la tragedia”, dijo Jain, quien trabajó y fue apoyado por organizaciones locales como Chingari Rehabilitation Trust y Sambhavna Trust Clinic, junto con activistas. "Cuando vi que tantos niños tienen múltiples enfermedades, me sorprendió".
Suraj Malam, de 21 años, sufre parálisis cerebral. Aquí, está parado y perdiendo el agarre de su hermana mientras ella huye.
Jain fue a bastis y mohallas, y conoció a familias que, debido a sus circunstancias financieras, estaban atados a la tierra que los sigue matando. “Había muchas casas, que tenían niños afectados por una u otra cosa. Pero también fue inspirador que los padres, a pesar de tantos desafíos, siguieran mostrando un amor excepcional hacia sus hijos”, dijo. “Por supuesto, todavía hay mucha ira hacia Union Carbide y el gobierno. Muchos todavía no han recibido su compensación, y los hospitales de Bhopal no están funcionando muy bien".
Según The Bhopal Medical Appeal, una organización que rehabilita a los sobrevivientes y brinda asistencia médica, los desechos tóxicos del sitio de la fábrica continúan siendo arrojados en los estanques locales, que se abren paso en el suelo y el agua subterránea. Lo que significa que las víctimas continuarán. Y, por supuesto, esto no puede ser fácil de digerir, admite Jain.
“Cuando comencé a conocer gente, personalmente me sentí muy afectado; me sentí muy deprimido. Nunca antes había hecho algo como esto. Me imaginé ser el padre de un hijo adulto que no puede pararse solo, ni defecar, ni siquiera aplastar una mosca sobre sus hombros. En algún momento, quise renunciar al proyecto”, dijo. “Pero hablé con muchos amigos y familiares. También hubo voluntarios de Sambhavna Trust que me aconsejaron y me dijeron que estoy aquí por una causa. Que es mi trabajo documentar. Si me siento así, ¿cómo transmitiré el problema a la sociedad y al gobierno?".
Siddhesh, de 17 años, sufre de parálisis cerebral severa y aquí es atendido por su abuela materna, en su casa. La madre de Siddhesh también está afectada por el gas. Él, junto con su madre, vive con sus abuelos maternos. Su familia de cuatro sobrevive con la pensión de su abuelo que tiene 78 años. ¿Cuál es el futuro para Siddhesh, que depende completamente de su familia para recibir atención las 24 horas?
Mientras tanto, el sitio de la fábrica de pesticidas de 70 acres continúa estando allí. Union Carbide ha sido acusado de homicidio involuntario, entre otros delitos, y continúa evadiendo las audiencias judiciales en India. Pero a pesar de que Dow Chemical, que se hizo cargo de Union Carbide en 2001, no ha podido invertir en India durante los últimos 18 años y se ha enfrentado a una oposición violenta de los agricultores locales, la verdad es que la ciudad sigue contaminada. Incluso los entusiastas de la cultura pop comparan el caso de Bhopal con el desastre nuclear de Chernobyl en Ucrania.
Kartik, de 16 años, en su casa. Kartik es incapaz incluso de sentarse en un sillón y, a veces, se cae de la cama.
Jain, quien ha sido fotoperiodista durante siete años, dice que no ha regresado de Bhopal con respuestas. Es posible que regrese nuevamente en diciembre, lo que completará 35 años desde la tragedia. Pero, junto con la ayuda y el apoyo de las personas y activistas locales, espera mostrarle a la gente que, después de todo, se debe responsabilizar a alguien. "Cuando mostré mi trabajo en Europa y Estados Unidos, una persona británica me dijo que si ocurriera algo así en un país europeo, Union Carbide habría estado en bancarrota y las personas responsables habrían sido convocadas ante el tribunal”, dijo el fotógrafo, que quiere crear conciencia a través de este trabajo, especialmente para financiar tratamientos de los afectados. "Pero solo porque es en India, a nadie le importa".
Las fotografías de Rohit Jain están curadas por Method Art Space en un programa titulado ‘Aftermath: 35 Years After the Bhopal Gas Tragedy’ (Consecuencias: 35 años después de la tragedia del gas Bhopal), y se llevará a cabo del 2 al 22 de diciembre en G-5 / A, Laxmi Mills Estate, Shakti Mills Lane, Mahalaxmi West, Mumbai, Maharashtra 400011.
El año pasado, Yojana García Hernández recibió una llamada de un familiar que vivía en la frontera mexicana con Estados Unidos: su hijo había sido secuestrado. Tres meses después que Yefri González García, de 17 años, salió de Honduras esperando lograr asilo en los Estados Unidos, fue retenido contra su voluntad a plena luz del día por miembros armados de lo que vecinos sospechaban era un cartel mexicano.
Yefri se fue de Honduras en mayo del 2018, porque la pandilla en su barrio lo había golpeado después de que se rehusara a ser reclutado. Migró hacia el norte, se quedó en la ciudad de Nuevo Laredo, y ahí desapareció. Cuando su padre, que trabajaba en la frontera entre Estados Unidos y México, salió con su vehículo a buscarlo, también desapareció.
Este año, Yojana ha venido a México desde Tegucigalpa en Honduras, junto con una organización que busca a miles de migrantes desaparecidos, para intentar encontrarlos.
En el último año, cerca de 850.000 migrantes, muchos de ellos centroamericanos, fueron detenidos en la frontera entre México y Estados Unidos. Mientras algunos fueron liberados de centros estadounidenses de detención de inmigrantes y otros quedaron varados al norte y al interior de México, otros ni siquiera lograron llegar a la frontera. De algunos se sabe el paradero, de otros solo se sabe la ubicación de la última llamada.
En cada punto de la ruta de paso, la caravana de madres se encuentra con migrantes esperando su oportunidad para seguir avanzando hacia Estados Unidos. Fotografía por Félix Melendez.
Cuando hay un familiar migrante desaparecido la distancia hace difícil siquiera dar seguimiento a la denuncia policial que se hace desde sus países de origen. Sin embargo, anualmente, colectivos de familiares de migrantes de Centroamérica buscan a los suyos, con el apoyo del Movimiento Migrante Mesoamericano, una organización civil con base en México.
Este año, el bus que les lleva ha cruzado desde Talismán, una pequeña ciudad fronteriza entre Guatemala y México, hasta Monterrey, el centro de negocios en el norte de México. Si bien estas caravanas solo llegan a una pequeña parte de México, en cada ciudad en que paran los familiares se bajan para manifestar contra el abandono de los gobiernos a los indocumentados y para difundir las fotos de los desaparecidos.
Las fotos que traen los colectivos de madres datan de fechas tan lejanas como los años 80, cuando miles de familias huyeron de los conflictos armados internos en Centroamérica. En aquel entonces, la incomunicación entre las familias se debía a la falta de un número de teléfono fijo o al poco conocimiento de los códigos de área de sus países de origen. Hoy en día es difícil imaginar un migrante que deje de comunicarse por teléfono o redes sociales, y si ocurre la incomunicación, los familiares intuyen que ha pasado una situación más grave.
En el caso de Yojana, antes de partir de Honduras en la búsqueda de Yefri, su hijo desaparecido, le dio una muestra de su ADN a un equipo forense para ver si lograban un match con cualquier cuerpo encontrado en la frontera. Les contó que su hijo tenía solo dos muelas, un lunar en el pecho, y una cicatriz en la frente . Yojana fue también al Ministerio de Relaciones Exteriores de Honduras, la Fiscalía General, la oficina de Derechos Humanos, la Policía Nacional y hasta a la Interpol para reportar el caso de desaparición de su hijo. Dice que la única respuesta que obtuvo fueron tres llamadas de un oficial confirmándole que tenían documentado su caso.
“Ya no podíamos hacer nada porque nos amenazaron”, le dijo a Yojana el tío de Yefri, que vivía en ese entonces en Nuevo Laredo y quien le había ayudado a buscar al joven.
Sofía Ajanel Xon, joven guatemalteca, sostiene la foto de su hermano desaparecido por migración en México. Fotografía por Félix Melendez.
Eventualmente, ante el desamparo de las autoridades, Yojana decidió que se encargaría de la búsqueda ella misma. Dejó su pequeño negocio de preparación de tortillas en cocina de leña y se dirigió hacia México. De acuerdo a un reporte sobre el secuestro de migrantes en México, hecho por investigadores de IBI Consultants y la Universidad de Texas en Austin, su caso no es un hecho aislado.
Entre 2006 y 2018, según el reporte, se estima que más de 250.000 migrantes, la mayoría de Centroamérica, podrían haber sido secuestrados. Muchos de estos hechos son atribuidos a miembros del crimen organizado, aunque también existe una cantidad considerable de casos en que presuntamente están involucradas autoridades, que buscan extorsionar a los familiares.
Yojana, sin embargo, encontró respaldo en el Comité de Familiares de Migrantes Desaparecidos Amor y Fe, un grupo de madres de Tegucigalpa y sus alrededores cuyos hijos también desaparecieron en el proceso de migración. Algo que no esperaba Yojana era que la búsqueda, como parte de la XV Caravana de Madres Centroamericanas de Migrantes Desaparecidos, sacaría a la luz a personas que se han escondido de sus familias por años, perturbados o apenados por lo que enfrentaron en el camino.
“Me he movido hasta donde ya no he podido por encontrar a mi hijo”, dice Yojana. “Me puse muy mal, preparándome todos los días, esperando a que me pidieran dinero, pero nunca me llamaron”, asegura.
Las pistas se encuentran en las calles
En 2018, aumentó la visibilidad de la migración a través de varias caravanas, peregrinaciones en las cuales se contaban miles de personas que partieron en un principio desde una terminal de buses en Honduras, y a las cuales se fueron sumando más centroamericanos en el camino. Dichas movilizaciones hicieron que los caminos de los migrantes salieran en televisión. La respuesta del Gobierno de México este año, bajo presión del Gobierno estadounidense, fue desplegar una nueva fuerza de seguridad para parar a la gente que seguía viniendo.
Pero la estrategia de contención en México se había establecido años atrás, obligando a los migrantes a viajar a escondidas, por esto las madres los buscan en puntos intermedios entre fronteras: la de México con Guatemala y la de México con Estados Unidos.
Yojana comenzó su recorrido en la XV Caravana de Madres Centroamericanas de
Migrantes Desaparecidos el pasado 15 de noviembre. A los días llegó a Huixtla, una ciudad en Chiapas donde las calles son hechas de tierra y grava. Se fue tocando puertas, y aunque parece improbable que una persona que desapareció en Nuevo Laredo apareciera en estos caminos, Yojana igual mostró la fotografía de Yefri, preguntando a los vecinos de las casas cercanas, a los dueños de las bodegas y a los vendedores ambulantes: “¿Has visto a esta persona por acá, es mi hijo y lo estoy buscando?”
Lo mismo hacen en cada ciudad: marchan por la calle, gritando lemas. Curiosamente este método, de esparcir la noticia voz a voz, o de repartir volantes en las calles ha sido más efectivo que cualquier investigación oficial, porque están buscando individuos que usualmente quedan fuera de cualquier registro. A veces, los migrantes para mantener el anonimato, usan nombres falsos con los cuales quedan registrados en hospitales, albergues, o cárceles, lo cuál dificulta la búsqueda.
Yojana igual mostró la fotografía de Yefri, preguntando a los vecinos de las casas cercanas, a los dueños de las bodegas y a los vendedores ambulantes: “¿Has visto a esta persona por acá, es mi hijo y lo estoy buscando?”
Yojana es consciente, al igual que muchas de las madres, que las pistas que les dieron podrían ser equivocadas, según los lapsos de memoria, o la similitud entre las caras de los migrantes. Aún así espera que la mirada de alguna persona se quede fija en la foto de su hijo, un selfie en la que lleva una gorra de béisbol, un collar de metal, y una sonrisa coqueta.
Durante su paso por las calles de Tapachula, la caravana de madres exigió el respeto al derecho de emigrar (Tapachula, Chiapas). Fotografía por Félix Melendez.
México tiene un registro de más de 40.000 personas desaparecidas, aunque colectivos mexicanos de familiares de desaparecidos aseguran que hay muchos casos que no han sido incluidos en estos conteos. Ellos han peleado por años para que el Gobierno invierta en un nuevo sistema de búsqueda, pues el anterior dejó la mayoría de los casos sin resolver. Sin embargo, solo hasta este año se están haciendo nuevos diagnósticos para medir el tamaño real del problema.
“Los gobiernos prefieren ignorar el problema. Prefieren minimizarlo. Prefieren que no se diga. Cuando hablan de las estadísticas en México, jamás hacen mención a migrantes desaparecidos”, dijo Marta Sánchez Soler, la fundadora del Movimiento Migrante Mesoamericano, en una conferencia de prensa en El Tecnológico de Monterrey.
Desde 2015, se ha permitido que familiares centroamericanos hagan la denuncia de desaparición a las autoridades mexicanas desde sus países de origen, pero este procedimiento ha visto pocos resultados. Las caravanas han servido a las madres para entender que sus hijos pueden haber pasado por lugares difíciles, donde fueron coaccionados por los carteles para cometer crímenes, involucrados en el tráfico de drogas, u obligadas a hacer trabajo sexual.
La caravana de madres, sin embargo, no solo está enfocada en encontrar a los hijos de aquellas que la integran, sino también en identificar a otros migrantes cuyos familiares piensan que están desaparecidos. Migrantes perdidos que al ver las marcha en ocasiones admiten que no se comunicaron a sus países por un sinfín de circunstancias. Por ejemplo, en Huixtla, antes que las madres expusieran sus fotografías en un campo de básquetbol, una mujer guatemalteca se acercó a la caravana para pedir apoyo porque llevaba ocho años sin comunicarse con su familia. Llegando a una iglesia en el mismo pueblo, otra mujer hondureña confesaba haber sido víctima de trata, y decía que llevaba más de veinte años sin comunicarse con los suyos.
Caravana de madres centroamericanas muestra las fotos de sus familiares desaparecidos en la macro plaza de Monterrey (Monterrey, Nuevo León). Fotografía por Félix Melendez.
La explicación de varios, sin embargo, ha sido más simple: perdieron su teléfono en México, y el riesgo de salir de este país sin papeles para volver a encontrarse con sus familiares, implicaba posiblemente perder parte de lo poco que han conseguido con su trabajo. Según Rubén Figueroa, el coordinador de búsqueda del Movimiento Migrante Mesoamericano, es más probable que los migrantes que huyeron hace décadas sin comunicarse se hayan quedado en el sur del país, mientras los que se fueron reciente intentan llegar a las ciudades más al norte.
Aunque usualmente son los encargados del Movimiento Migrante Mesoamericano los
que emprenden una búsqueda basada en las pistas que han recolectado, cada tanto,
algunos de los familiares logra reconocer a migrantes que se encuentran durante el
recorrido.
Dentro de una cárcel en Tapachula, en el estado de Chiapas, Balthazar Hernández una de las personas que viene de Guatemala buscando a su hijo, habló con un paisano que observaba una de las fotos. Balthazar averiguó sobre la familia del detenido, y se dio cuenta que había trabajado con su padre, porque eran del mismo pueblo. “Uno de pobre sale de su casa y no espera esto”, dice Balthazar en Tapachula. “Ese joven me dijo, ‘Qué tal si me echan la mano. Qué tal si logran sacarme de aquí”.
Nadie en la cárcel le dio información sobre el paradero de su hijo, quien llamó por última vez en 2007 para avisarle que había llegado a Arizona. Sin embargo, en el proceso de buscarlo, salió con una noticia de un paisano cuyos familiares no lo habían visto en aproximadamente veinticinco años pero a quienes podría asegurar, a su regreso, que lo había visto.
La posibilidad de encontrarlos
Las cifras no son prometedoras: se asume que una parte de los desaparecidos se encuentran en fosas comunes, sitios donde presuntamente el Gobierno mexicano enterró a cuerpos sin identificarlos, o en fosas clandestinas, donde miembros del crimen organizado escondieron a personas que mataron. Algunos han sido exhumados por las autoridades debido a la presión de colectivos mexicanos que encontraron cementerios escondidos en la tierra excavando con sus propias herramientas.
En el punto más al norte al que llegó la caravana de madres, en la ciudad de Saltillo, en Coahuila, México, un grupo de madres centroamericanas fue a un panteón municipal para ver una exhumación masiva—la primera en el estado—vigilada por miembros de varios colectivos que se encuentran asegurando que el proceso fuese realizado debidamente. Los peritos del Gobierno, vestidos en trajes blancos con tapabocas azules, estaban en un rincón alejados, mientras filmaban cada bolsa de los restos que sacaban
Reencuentro entre Lilian Alvarado, madre salvadoreña con sus dos hijos luego de más 30 años de espera (Marín, Monterrey). Fotografía de Félix Melendez.
Las madres se sentaron en unas sillas bajo una carpa, mirando el proceso por una hora, intentando entender cómo se puede confirmar cuales de los cuerpos son de migrantes. Se entiende que tatuajes específicos, hasta la marca de la ropa, puede ser una señal de donde vino la persona antes de que falleciera, pero como en la mayoría de casos en México, faltan detalles sobre muchos de los cuerpos sin nombre y la condición de estos va empeorando con el tiempo.
“La primera dificultad que se tiene es que las personas no solo están desaparecidas físicamente, sino que están también desaparecidas dentro de todo el sistema de archivos y trámites burocráticos”, dijo Carlos Rodríguez, subcomisionado de la Comisión Estatal de Búsqueda en Coahuila, a las madres en la Casa de Migrante en Saltillo, el día que asistieron a la exhumación.
Se teme que con el aumento de migrantes esperando en el extenso territorio de México, los
migrantes seguirán enfrentando caminos peligrosos. Desde enero, debido al cambio de las políticas migratorias de Estados Unidos, han enviado más de 50.000 migrantes de regreso a México, donde tienen que esperar meses hasta que puedan presenter sus casos en cortes de EEUU. En el mismo periodo, han ocurrido por lo menos 418 secuestros en la frontera norte, casi todos de migrantes, de acuerdo al Instituto para las Mujeres en la Migración (IMUMI).
El secuestro se hace frecuentemente con el fin de extorsionar a las familias de migrantes, con cantidades que pueden llegar hasta los 5.000 $USD, pero a veces no termina como se esperaba. “En los casos en los que no tenían dinero para dar, los migrantes se quedaron detenidos y a veces trabajaron dentro del grupo de secuestradores, especialmente en casos de mujeres, cuyo trabajo era limpiar o cocinar. En otros casos, si los migrantes no tenían el dinero para pagar el rescate, los mataron”, dijo Caitlyn Yates, coordinadora de investigación de IBI Consultants.
La Hondureña María Félix Molina, presenta la foto de su hijo José Gregorio Alonzo Molina ante los medios de comunicación. Fotografía por Félix Melendez.
Es, precisamente, el hecho de asegurarse que el Estado mexicano cumpla con la búsqueda de los desaparecidos lo que más se les dificulta a las madres centroamericanas desde lejos. Sin embargo, hasta la fecha el Movimiento Migrante Mesoamericano ha logrado encontrar más de trescientas personas: desde las que sufrieron pérdida de memoria después de ser golpeados, aquellas que han trabajado en burdeles por muchos años, hasta las que están en prisión pagando condenas por cargos de tráfico de personas, aunque sean inocentes.
Yojana, por su parte, sigue aferrándose a creer que su hijo puede estar entre los perdidos y no entre los muertos. Piensa que si Yefri no hubiera estado en la frontera mientras esperaba respuesta de si sus familiares en Estados Unidos lo podían recibir como sus guardianes legales, él nunca habría desaparecido. Cree, además, que si él hubiera podido demostrar porqué huía de su país, probablemente estaría a salvo en Estados Unidos.
“Como yo hay muchas madres en Honduras, esperando una respuesta, una llamada de sus hijos desaparecidos. Déjeme decirle que esto es un dolor muy grande, es algo que lo consume a uno a diario. ¿Dónde están nuestros hijos? Por aquí pasaron, pero debido a la indiferencia de los gobiernos por donde pasan nuestros hijos, no hay justicia. No nos ayudan en la búsqueda. Les pedimos, por favor, que nos abran puertas”, dijo en Monterrey, lo más cerca que llegaría a donde desapareció su hijo.
“Quizás este no es el momento para mí, pero me voy con la fe puesta en mí y la esperanza de que en otra caravana pueda encontrar a mi hijo” continuó.
Es un prejuicio muy común pensar que las mujeres heterosexuales se precipitan a declararse con esas dos palabras, desesperadas por el: "pero tú y yo qué somos" o "hacia dónde va esto". Sin embargo, diversos estudios muestran que los hombres heterosexuales tienden a enamorarse ―o a creer que se han enamorado― mucho más rápido que las mujeres.
En uno de esos estudios entrevistaron a varios estudiantes universitarios. "Los varones", dice el informe, "afirmaron haberse enamorado más rápido y haberlo expresado más temprano que las mujeres. Estos resultados indican que las mujeres podrían no ser las 'neuróticas del amor' como la sociedad cree".
Este hallazgo entró en conflicto con las ideas preconcebidas de los estudiantes, dice la psicóloga Marissa Harrison, coautora del estudio. "Se presupone que las mujeres son emocionales —a veces demasiado— e impulsivas", dijo a Broadly. "Tanto los hombres como las mujeres de nuestro estudio suponían que las mujeres se enamoraban y decían 'te quiero' más rápido que los hombres".
Neil Lamont, un psicólogo que reside en Londres, piensa que la gente tiende a ver a los hombres como sujetos más pragmáticos, que a veces incluso evitan los compromisos. "[Pero] una relación significativa es importante tanto para los hombres como para las mujeres. Y aunque puede que las normas sociales y culturales hayan determinado que los hombres son fuertes y resilientes, la realidad es que la idea de una vida plena para los hombres normalmente incluye relaciones amorosas profundas y significativas".
Para los hombres, la intención es asegurar un vínculo lo más rápido posible y con la mínima presión para "hacerlo bien" la primera vez, en contraste con la gran inversión física y emocional que puede involucrar para las mujeres
Por qué los hombres se enamoran más fácilmente. Marisa dice que las mujeres son evolutivamente más cuidadosas y que lo son por buenas razones. "Creo que las mujeres posponen el amor inconscientemente. Las mujeres, en un sentido reproductivo, tienen mucho más que perder si eligen al hombre equivocado. Nacen con un número limitado de óvulos, en cambio los hombres producen millones de espermatozoides a diario".
"Si las mujeres se comprometen y quedan embarazadas de un hombre que no es el adecuado y que no ayuda a criar al niño, habrán desperdiciado un montón de tiempo y recursos".
Ingrid Collins, psicóloga en el London Medical Centre, afirma que el comportamiento masculino es muestra de un aspecto de la naturaleza que también pertenece al reino animal. "El macho normalmente es el cazador y es más propenso a sentir estímulos inmediatos. La hembra está más centrada en obtener una estabilidad a largo plazo, porque es mejor para la crianza de los hijos".
Y por si lo anterior no fuera suficiente, "enamorarse" rápido puede ser también una manera de marcar territorio, dice Neil. "Para los hombres, la intención es asegurar un vínculo lo más rápido posible y con la mínima presión por 'hacerlo bien' la primera vez, en contraste con la gran inversión física y emocional que puede involucrar para las mujeres".
Con respecto al acto de decir "te amo", Neil cree que los hombres tienden a llegar más rápido a ese punto porque, una vez más, las mujeres generalmente son más precavidas con los riesgos: "Por lo tanto, ellas son menos propensas a expresar esas emociones profundas, solo lo hacen cuando se sienten cómodas y seguras en la relación. Revelarle a tu pareja que la amas te deja en una situación de vulnerabilidad, porque nunca puedes estar seguro de si el otro siente lo mismo".
Dejando a un lado el esencialismo evolucionista, el motivo también puede encontrarse en que se enseña a los hombres a ser dominantes. "Podríamos decir que ser asertivo y liderar se consideran 'rasgos masculinos', así que en este caso las normas sociales podrían estar en juego".
De todas formas, que un hombre heterosexual crea que está enamorado no garantiza que el amor vaya a durar mucho. "En mi experiencia como terapeuta, los hombres están mucho más inclinados a emocionarse por una pareja, pero también son más propensos a estar pendientes del resto", dice Ingrid.
Mientras que la investigación de Marissa no se fijó en si los hombres heterosexuales se desenamoran más rápido, ella piensa que son más propensos a superar una relación más rápido que sus parejas femeninas. "Por ejemplo, un hombre puede tener sexo con cinco mujeres a la vez y todas pueden quedar embarazadas, mientras que una mujer puede tener sexo con cinco hombres al mismo tiempo pero solo quedará embarazada de uno", dice.
Sin embargo, también indica que esto no significa que la infidelidad pueda —o deba— atribuirse a los instintos de supervivencia. "Hoy en día, si un hombre se compromete con una mujer y viceversa, su corteza frontal moderna debería permitirle mantener ese compromiso. Esto significa que no estoy diciendo que los instintos evolucionados den licencia para la infidelidad o el abandono de la pareja".
Traducción: los hombres no pueden excusarse por ser infieles haciendo alusión al instinto de "supervivencia de la especie" o a la evolución porque ya han dejado de ser cavernícolas y sus cerebros evolucionaron para controlar sus necesidades.
Aun así, siguen siendo más propensos a ser los primeros en decir "te amo".