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miércoles, 1 de agosto de 2018

Estos ladrones fueron sorprendidos robando sapos alucinógenos

Artículo publicado originalmente por VICE Estados Unidos.

El viernes por la noche, una banda de ladrones supuestamente se coló en un área de conservación en el desierto de Arizona con linternas y bolsas de supermercado, y comenzaron a cazar. De acuerdo con el Área de Conservación Spur Cross Ranch, se querían robar unos sapos, de aspecto inocente que producen uno de los psicodélicos naturales más potentes de la Tierra, del desierto de Sonora.

Según KNXV, filial local de ABC, desde entonces la policía inició una investigación sobre los bandidos, que supuestamente lograron huir con un puñado de sapos. Desafortunadamente para ellos, pasaron caminando justo frente a una cámara de seguridad, que los sorprendió en el desierto con una bolsa de supermercado que supuestamente estaba llena de sapos.

Los sapos producen un veneno que contiene 5 MEO DMT, un psicodélico extremadamente potente que los chamanes han estado cosechando durante décadas. Ingerir el veneno del sapo es bastante mortífero para los perros y los mapaches, pero con los humanos puede inducir un estado eufórico, a veces con alucinaciones visuales. El biólogo local Randy Babb le dijo a ABC 15 que los ladrones probablemente querían lamer a los sapos, para drogarse con el veneno. Los usuarios ya descubrieron cómo extraerlo de los sapos acariciando las glándulas de sus espaldas, permitiéndoles secarlo en forma de cristal para poder fumarlo.

Algunos oficiales del área de conservación mostraron imágenes de los ladrones, quienes, entre reírse y hacer bromas extrañas sobre la masturbación, parecían estar pasando un buen rato ahí, cerca de la oficina del policía local. Mientras tanto, los ladrones de sapo todavía están en libertad, extremadamente drogados en algún patio trasero repleto de anfibios alucinógenos.

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Violaciones correctivas y tortura: así funcionan las terapias para “curar” la homosexualidad

Artículo publicado por VICE México.

Hace unos días las redes sociales se encendieron por las declaraciones de Mauricio Clark, un presentador de televisión que afirmó: “lo más difícil que he hecho en mi vida ha sido arrepentirme ante Dios y haberme perdonado por todas las aberraciones que cometí, porque no nada más fui adicto a la cocaína, también fui adicto a la pornografía y fui adicto a la prostitución. Si me preguntas por mi homosexualidad, hoy puedo decirte que la homosexualidad es parte de mi pasado, hoy retomo una vida como me hizo Dios naturalmente”.

Estas declaraciones no tardaron en hacer eco, sobre todo en personas de la comunidad LGBTTTIQA+, quienes señalaron que este tipo de aseveraciones, sobre todo viniendo de alguien que tiene acceso a cámaras y micrófonos, podían reforzar la idea de que la homosexualidad (y el resto de las orientaciones sexuales) eran algo reversible o “curable”. Incluso Pedro Sola, un comunicador que se encuentra totalmente fuera del clóset ironizó al respecto: “qué pena, pero no es gripe. No se quita”.

Y en efecto, la homosexualidad no es una enfermedad. Hace 28 años la OMS la retiró oficialmente de su lista de patologías, mientras que este año ocurrió lo mismo para la transexualidad, que ya tampoco se considera un trastorno. Y sin embargo, siguen existiendo terapias para “curar”, “corregir” o “revertir” las orientaciones sexuales o expresiones de género. Pero, ¿en qué consisten? ¿son legales? ¿qué relación tienen con los grupos religiosos y conservadores?

Para responder a estas preguntas contactamos a Iván Tagle, Director General de YAAJ México, una organización reconocida por su trabajo en contra de las llamadas “terapias de conversión” o “ECOSIG” (Esfuerzos para Corregir la Orientación Sexual y la Identidad de Género).

Cuando le preguntamos si es posible cambiar la orientación sexual, Iván hace hincapié en que esto no es el punto central del debate, sino la libertad y sobre todo la violencia que se ejerce al buscar “corregir” a los individuos. “Actualmente existe todavía este famoso debate de si uno nace o se hace. Diversos organismos y profesionales de la salud tienen aún hoy tienen opiniones encontradas al respecto. Sobre si es posible cambiar la orientación no sería la cuestión relevante, sino que aún si se pudiera modificar la orientación sexual o la identidad de género, esto decisión nunca tendría que darse en un contexto de coerción. Y sobre todo, no se puede permitir que estos esfuerzos por modificar o corregir la identidad de género estén basados en tratos crueles, inhumanos y degradantes”



Iván puntualiza que si bien las llamadas “terapias de conversión” existen, no son los únicos esfuerzos que existen por modificar la orientación sexual. Y que todo este amplio abanico de actos suele recurrir a la violencia en diversos grados y formas. “Muchas veces se recurre a la privación de la libertad, a la tortura, a la violencia física y psicológica e incluso a las llamadas violaciones correctivas. Y somos muchos organismos los que que señalamos que además de ser ineficaces, estas terapias dañan la salud mental y física de las personas”.

Uno de los grandes problemas surge cuando los prejuicios religiosos y/o morales se mezclan con argumentos que quieren hacerse pasar por científicos. “Estas ideas no son nuevas, existen desde hace siglos y han penado y patologizado a las orientaciones sexuales diversas y a toda relación que no tenga como fin la procreación. Y lamentablemente, estos prejuicios mucho tiempo se han ido mezclando con los criterios científicos y médicos de la época para criminalizar la sexualidad e incluso hacerla pasar como una enfermedad”.

Uno de los rasgos comunes de estas terapias es que están promovidas por grupos ultraconservadores, mismos que están mezclados con la religión. “Cuando uno revisa el sustento científico o los argumentos de las personas que defienden este tipo de prácticas encontramos que la mayoría de las personas y estudios que citan, por lo general pertenecen a grupos o instituciones sumamente conservadores. Y ya cuando empiezas a hacer un poco más de investigación, te das cuenta de que aunque a veces haya médicos o grupos supuestamente científicos involucrados, te das cuenta de que al final siempre se encuentra la religión”.



La existencia de estas no es un asunto menor. Pueden parecer bien intencionadas, pero pueden terminar en la muerte de quienes las reciben. “Someter a las personas a estas terapias, muchas veces en contra de su voluntad, es ponerlas en riesgo. Por eso es que tantas organizaciones alrededor del mundo estamos trabajando para visibilizar este tema. Estas famosas terapias no sólo no “corrigen” ni “curan” las orientaciones, sino que pueden llevar a problemas como la baja autoestima, la depresión, la adicción a las drogas, al alcoholismo y en el peor de las casos incluso al suicidio”.

Otro de los puntos a resaltar es que estas terapias actúan al margen de la ley. “En México ya existe una legislación en contra de la tortura y de los actos crueles y degradantes, así como el atropello a los derechos humanos. Las terapias de conversión y los ECOSIG en general están dentro de estos actos violatorios de los derechos humanos. En el caso de las lesbianas, por ejemplo, es común la existencia de las “violaciones correctivas”, en las que las mujeres son sometidas en contra de su voluntad a actos sexuales con el fin de “restituir” su heterosexualidad. Por supuesto, la violación es un delito. Pero no sólo este método lo es. Las terapias de conversión constituyen un delito porque coartan el libre y pleno desarrollo de la personalidad. Por otro lado también son actos discriminatorios, y la discriminación también está penada en nuestro país”.

Uno de los signos más alarmantes es que la mayoría de quienes son sometidos a estas “terapias” son menores de edad: “El que muchos de los que acuden a estas terapias sean menores de edad plantea un riesgo aún mayor y un reto muy grande para las organizaciones que estamos peleando por erradicarlas. Muchas veces estos menores en teoría acuden en libertad, cuando en realidad están coercionados por sus propias familias y por un entorno hostil, agresivo y machista que no los acepta y los violenta. A esa edad lo que buscas es ser aceptado, y si acudes a estas terapias por complacer a los padres o a la familia, mucho menos los vas a denunciar. Es por eso que se tienen tan pocos números respecto a estos casos”.



Otra de las razones por las que pocas veces se penaliza estas “terapias” es que se les disfraza de otros “servicios”. “Se vuelve muy complejo denunciar a alguien cuando están disfrazando las terapias de conversión con otras fachadas. Hay quienes los llaman “grupos de autoayuda”, terapia psicológica, hipnosis. Nos han tocado casos casi insólitos, como los de oftalmólogos que presumen que pueden “curar” la homosexualidad. Es por eso que no sólo hablamos de terapias de conversión, sino de Esfuerzos por Corregir la Orientación, ya que la diversidad de “oferta” en este sentido es muy amplia”.

Aún con este panorama ambiguo y nebuloso, en México sí se puede denunciar a quien oferte o realice estas terapias de conversión, “claro que pueden realizarse las denuncias, estas se pueden hacer en instituciones como Copred y la CNDH. Una vez que la resolución sea emitida, se debe acudir con la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas para la completa reparación del daño”.

Para Iván, mientras exista la homofobia, tanto la externa como la interiorizada, existirán este tipo de esfuerzos y terapias: “es un fenómeno muy interesante cómo las personas y asociaciones que brindan este tipo de terapias se han apropiado del discurso abortista del derecho a decidir. Ellos legitiman el ofertar estas terapias porque dicen que hay personas homosexuales, lesbianas y trans que los buscan libremente, y si nosotros nos oponemos a que acudan con ellos estamos coartando su libertad. Pero no podemos hablar de una verdadera libertad cuando estas personas, tal vez sin darse cuenta, están actuando bajo coerción”.

“Por querer ser aceptadas y por miedo a ser hostigadas, segregadas o violentadas, muchas personas normalizan e interiorizan discursos homofóbicos de la sociedad en la que han vivido. Por eso me parece que mientras siga existiendo homofobia, la exterior y la interiorizada, seguirán existiendo estas terapias de conversión y esfuerzos por corregir la orientación sexual y la identidad de género”.



Finalmente, respecto a las declaraciones de Mauricio Clark, no tiene empacho en afirmar: “a título personal, sólo puedo ver al señor Clark como lo que es: una víctima. Y no podemos caer en el juego de culpabilizar a las víctimas. Está siendo una víctima de la homofobia exterior, y ya la ha empezado a interiorizar. Y el tiempo ya nos dará la razón, como ha pasado muchas veces en la historia: estos famosos conversos que salen a decir que están “curados” casi siempre regresan a ser homosexuales y lo hacen de una manera escandalosa”.

“Pero que no se le culpabilice no lo exime de decir la verdad: la homosexualidad no se puede curar, esa discusión ya se superó en 1990. El que personas como él, que tienen acceso a los medios hablen de estas supuestas “curas”, lo único que fomentan es que las familias sometan a sus seres queridos a esos tratos crueles, inhumanos y degradantes. Y si bien vivimos en un estado laico que respeta la libertad de cultos y en el que todas las opiniones caben, también vivimos en un estado de derecho”.

Iván es contundente cuando afirma que nadie, ni aún los grupos conservadores allegados al poder, están por encima de la ley: “Nadie está por encima de la Constitución Política. Y en nuestra Constitución también está consagrado el derecho a la no discriminación por orientación sexual. Está penalizada la tortura, está penalizado privar de la libertad y están garantizados los derechos humanos. Y si las personas que promueven estas supuestas “curas” cometen algunos de estos delitos, tendrán que rendir cuentas ante la justicia”.

@PaveloRockstar

Pável Gaona https://ift.tt/eA8V8J

Los investigadores han descubierto una nueva forma y ​​está dentro de tu piel

¿Cogemos menos cuando no hay dinero?

Expoweed 2018: "Vamos por la libertad"

Artículo publicado por VICE México.

Por tercer año consecutivo, Expoweed México reunirá a personalidades mundiales del cannabis para un encuentro de tres días en donde habrá talleres, conferencias, música y actividades relacionadas con los usos medicinales, industriales y ancestrales de la planta.

Nacida en Chile, Expoweed fue traída a México en 2016 por Leopoldo Rivera y Julio Zenil, quienes además forman el consejo editorial de la revista Cáñamo en México y han organizado la marcha cannábica desde el año 2001. El objetivo principal de Expoweed, me explica Leopoldo a una semana del evento, es informar a los usuarios de la planta, así como incidir en la vida cannábica mexicana.

“Expoweed se construyó desde la sociedad civil. Está hecho por los actores del cambio”, me dice Leopoldo, quien recuerda que al momento de realizar la primera edición de esta feria cannábica, no había prácticamente otros eventos de este tipo en el país. “Es bueno ver que el interés crece, así como el número de personas que quieren llevar a cabo este tipo de eventos".

En los últimos años, México ha dado algunos pasos hacia la regulación de la planta del cannabis, enfocándose principalmente en su uso médico —con un cambio a la Ley General de Salud que permite el uso de medicamentos con CBD y menos de uno por ciento de THC—, pero también con cuatro amparos en la corte que respaldan el derecho a consumir marihuana basándose en el principio del libre desarrollo de la personalidad.

“Vamos por la libertad”, me dice Leopoldo cuando le pregunto sobre la importancia de Expoweed y del activismo cannábico en un momento tan relevante para la marihuana en México. “En una frase que resume lo que busca el movimiento: buscamos el acceso libre y universal, con las responsabilidades que eso implica”.

Para esta edición, Expoweed contará con dos talleres de cultivo y uno de extracciones, así como conferencias sobre tecnología y medicina aplicada al cannabis, sus usos industriales y posibilidades legislativas. El evento de tres días también contará con actos musicales de Alika, la Banda Bastón, Corina Lawrence, Unidub Stereo, Los Astros de Mendoza, entre otros.

Expoweed se llevará a cabo el 3, 4 y 5 de agosto en Expo Reforma Canaco CDMX. Consulta toda la información sobre el evento en su página.

José Luis Martínez Limón https://ift.tt/eA8V8J

Esta mujer usó a un pez muerto para beber cerveza

Artículo publicado originalmente por Munchies Estados Unidos.

"A menos que tengas una despedida de soltero, o que tu equipo favorito haya ganado una competencia deportiva, es probable que no tengas una excusa para tomar cerveza de fondo nada más porque sí", escribió VinePair en su guía sobre el "arte y la idiotez" de tomar cerveza. Si actualizaran esa publicación podrían agregarle: "o que alguien te haya ofrecido la oportunidad de beber cerveza directo de la boca de un pez muerto", porque al parecer esa fue una buena excusa para esta mujer.

Una nativa de Wisconsin llamada Aimee Lynn, se volvió viral después de publicar un video de 15 segundos en el que aparece arrodillada en un bote, bebiendo alcohol de lo que parece un pescado recién salido del mar. El momento en el que toma la cerveza sólo dura unos cinco segundos, pero al parecer eso fue suficiente para que dijera: "Uf, estuvo horrible", después de chocar la mano con alguien que no quiso besarse con un salmón muerto.

"Si ves el video, [la que sostiene el pescado] lo levantó muy alto", le dijo a CBS58. "Casi me trago la garganta del pez, así que fue como si me lo fuera a tragar completo. Estaba tratando de respirar y al mismo tiempo de no reírme, así que fue horrible tomarme la cerveza, supongo".

Ella respondió a muchos comentarios de Facebook y al explicar su decisión escribió: "Si no eres el primero, eres el último". Ay, corazón. Esperamos que esa no sea la única razón, porque esto ya está causando controversia entre las personas que disfrutan la pesca y la gente a la que le gusta usar cadáveres de peces como recipientes.

En 2011, un tipo identificado como "Ted Haggard" publicó un video titulado "Salmon Bong", el video dura 46 segundos y sale él succionando cerveza de una parte del pez bastante prinvada. Esta es la única contribución de Ted Haggard a YouTube.

Dos años más tarde, un hombre llamado Derek se atrevió a beber su lata de alcohol directamente de las branquias de un pez que acababa de atrapar. Porque INTERNET.

Y durante la segunda ronda de los playoffs de la Copa Stanley de este año, el jugador de los Tennessee Titans, Taylor Lewan, se tomó una Bud Light de un bagre muerto. (Los fanáticos de Predators de Nashville acostumbran a meter un bagre en el campo, sólo para poder tirarlo al hielo. ¡DEPORTES!)

En su única entrevista hasta el momento, Aimee Lynn le dijo a la estación de noticias que "espera ver a más mujeres hacerlo en el futuro".

NO LO SÉ, AIMEE.

Jelisa Castrodale https://ift.tt/eA8V8J

Por qué hay gente que se obsesiona con cambiar su color de piel

Artículo publicado originalmente por Tonic Estados Unidos.

Trevor Ritchie es un joven de piel pálida que creció en la brumosa Nueva Escocia, en Canadá, y empezó a someterse a sesiones de rayos UVA a los 15 años. Trevor estuvo yendo una vez por semana al estudio de bronceado hasta el último año de la preparatoria, cuando, según él, “el bronceado empezó a desaparecer”. Durante los siguientes cinco años, iba dos veces al día a dos estudios distintos. De esta forma podía burlar la norma de la mayoría de estos locales, que prohíbe a los usuarios hacerse más de una sesión por día. “Tenía el color de una rama de árbol”, afirma.

Un día se vio un lunar en el brazo que resultó ser un tipo de cáncer de piel llamado carcinoma de células basales. Él lo atribuye al uso excesivo de rayos UVA, puesto que en su familia no hay antecedentes de cáncer de piel. Cuando su dermatólogo le retiró el lunar y le dijo que ya no había rastro de cáncer, Trevor volvió al salón de bronceado, haciéndose una media de cuatro sesiones semanales durante otros cinco años. “Cada vez que me metía en la máquina de rayos UVA me entraba una ansiedad extrema”, recuerda Trevor, que hoy tiene 30 años y lleva dos sin pisar uno de esos locales. “Me odiaba a mí mismo”. Pero no podía evitarlo.

Por otro lado, Nicole Manlangit, de 29 años y originaria de Manila, busca precisamente lo contrario: “una piel blanca como la leche”. Manlangit, que reseña productos para blanquear la piel en su canal de YouTube, empezó a aclarar su piel hace unos seis años. Todos los días, por la mañana y por la noche, se lava el cuerpo con un jabón blanqueador y luego se aplica una loción también blanqueadora, productos que pueden adquirirse fácilmente en cualquier droguería de Filipinas.

A veces se aplica crema blanqueadora y de vez en cuando también se toma pastillas para aclarar la piel. Ella se toma como cumplidos los comentarios que recibe en los que le dicen que se la ve demasiado pálida, y asegura que le gustaría tener la piel todavía más clara, como las actrices de los dramas coreanos que tanto éxito tienen en Filipinas. “Sé que es imposible, pero es lo que quiero”, dice.

No hace falta irse muy lejos para encontrar otros ejemplos de personas que han hecho lo increíble con tal de aclararse u oscurecerse la piel. Los selfis de Instagram de una Lil’ Kim traslúcida fueron noticia en 2016; varios años antes, Patricia Krentcil, arrestada por haber llevado a su hija de cinco años a una sesión de rayos UVA, también salió en los titulares por su preocupante tono de piel.

Las nociones de belleza a menudo reflejan nociones de poder, que a su vez también difieren según las culturas

¿Qué lleva a algunas personas a querer alterar drásticamente su tono de piel? Según los expertos en salud mental, la percepción sociocultural del atractivo —y, por extensión, del poder— desempeña un papel muy importante. “Tener la piel más clara o más oscura otorga ventajas sociales reales”, dice Becky Choma, directora del laboratorio de psicología social y política de la Universidad de Ryerson, en Toronto. En los casos más extremos, puede tratarse de problemas psiquiátricos como el trastorno dismórfico corporal (TDC) o las adicciones.

También es fácil atribuir esta obsesión por cambiar el tono de piel al deseo humano de poseer lo que no tenemos, aunque Choma sostiene que las razones pueden ser más complejas. “Creo que, en general, el proceso psicológico es el mismo tanto en los casos de blanqueamiento como en los de oscurecimiento”, señala. “Las mujeres han interiorizado la idea de que debemos ser hermosas”. Pero los cánones de belleza se establecen en función de una serie de normas culturales. La psicóloga clínica Kelly Lewis-Arthur coincide en este argumento. “Hay nociones de belleza específicas de cada cultura; es importante reconocer ese aspecto”.

En muchas comunidades de color, por otro lado, históricamente ha existido una jerarquía basada en el color de la piel, según la cual el tono claro está en lo más alto de la cadena y el más oscuro, en el fondo

Esas nociones de belleza a menudo reflejan nociones de poder, que a su vez también difieren según las culturas. Dicho de otro modo: el poder en las comunidades blancas puede tener un aspecto muy distinto del que tendría en las comunidades de color. Tras la Revolución Industrial, el tono de piel se convirtió en un “indicador de riqueza” en Europa, según Choma, y transmitía un mensaje: “Yo tengo dinero y, por lo tanto, tiempo para disfrutar al aire libre”. Muestra de ello es el caso de Trevor, que empezó a broncearse a principios de la década de 2000, inspirándose en Paris Hilton y The Simple Life. “En aquella época, estar moreno significaba que llevabas un estilo de vida más lujoso”, reconoce, y recuerda con nostalgia la época en la que sus amigos le preguntaban que adónde había ido de vacaciones para estar así de moreno.

En muchas comunidades de color, por otro lado, históricamente ha existido una “jerarquía basada en el color de la piel, según la cual el tono claro está en lo más alto de la cadena y el más oscuro, en el fondo”, afirma Lewis-Arthur. Y las Filipinas no son una excepción a esta norma. Después de siglos de vivir bajo el yugo del imperio colonialista de España y EU, “los filipinos ven a los blancos como más ricos; ser blanco es símbolo de estatus”, añade. “Creen que la piel blanca es mucho más estética”. El mundo del espectáculo filipino está plagado de estrellas que se han sometido a blanqueamiento de la piel, lo que contribuye a perpetuar esta mentalidad. Además, tener la piel clara es indicativo de que te puedes permitir comprar productos para aclararla.

En todo caso, hay que remarcar que “todo esto ocurre en una sociedad en la que la piel clara tiene más privilegios que la oscura”, señala Choma. Si bien ambas tendencias, la de blanquear y oscurecer, son formas que utilizan ciertas personas para obtener estatus social, “las implicaciones de estatus son mayores en personas de color”. En India, donde Choma ha estudiado el fenómeno del blanqueamiento de la piel, las mujeres de piel clara obtienen más beneficios sociales que las de piel oscura, como mejores sueldos o ser consideradas más atractivas por los hombres de clase alta. “Sin embargo, el hecho de que una persona blanca se broncee no implicará necesariamente que vaya a obtener un trabajo concreto, a ganar más dinero o a alcanzar determinado estatus social”.

Y ¿qué hay de los casos más extremos? ¿Qué lleva a la gente a querer alterar su color de piel pese a las posibles consecuencias para la salud y a que, al final, los resultados suelen ser bastante desastrosos? Aunque la causa en esos casos se origine en factores socioculturales, este tipo de comportamientos extremos indican que hay algo más, tal como ocurre con la diferencia entre un hábito alimentario desordenado y un trastorno alimentario completamente desarrollado.

En algunos casos, el TDC puede ser el culpable. Para 1 de cada 50 personas que sufren el trastorno, hay una enorme discrepancia entre lo que ellas ven en el espejo y lo que ven los demás. Las personas con TDC no sólo no están satisfechas con su aspecto: “Se obsesionan con lo que ellas consideran defectos físicos”, asegura Katharine Phillips, profesora de Psiquiatría en Weill Cornell Medicine y autora de varios libros sobre este trastorno. “Sus cerebros seguramente ven las cosas de forma muy distinta… Los pequeños detalles les impiden ver la imagen en conjunto”. Su obsesión por los defectos percibidos les provoca una gran angustia emocional y les impide llevar un día a día normal. También provoca que surjan comportamientos repetitivos o compulsivos, o que realicen rituales, como oscurecerse o blanquearse la piel. A su vez, esos rituales agudizan su obsesión con el supuesto defecto.

Phillips, que ha investigado el bronceado en relación con el TDC, explica que la mayoría de sus pacientes con TDC se broncean porque se ven muy pálidos. Otros lo hacen para ocultar el acné, la celulitis o el vello corporal. Una paciente pensaba que cuando estaba bronceada parecía más joven, mientras que otro estaba convencido que el bronceado le ayudaba a disimular su calvicie.

Los rituales provocados por el TDC normalmente son extremadamente difíciles de resistir por quienes lo sufren, según Phillips. Aunque en el caso de Trevor no se pueda afirmar que tuviera TDC, broncearse probablemente fuera un ritual compulsivo para él que lo arrastraba una y otra vez a las máquinas de rayos UVA, a pesar del cáncer y de la ansiedad que sentía cada vez que se metía en una. “Puede que se vean impulsados a hacerlo por si resulta que la próxima vez es diferente”, añade Phillips.

Erin Bonar, profesora adjunta de Psiquiatría en la Facultad de Medicina de la Universidad de Michigan, y Lisham Ashrafioun, del VA VISN 2 Center for Excellence for Suicide Prevention, querían entender qué características de esta obsesión podrían ser similares a la adicción a las sustancias. Dado que un componente clave de la adicción es el ansia, los dos investigadores modificaron un proceso de evaluación creado para medir la compulsión de beber alcohol y lo adaptaron para medir el ansia por broncearse. Los participantes en el estudio que mostraron un alto nivel de ansia por broncearse lo hacían con más frecuencia y gastaban más al mes en ello.

Este ansia por estar moreno “es muy similar a lo que le sucede a alguien que consume sustancias pese a que tiene muchos problemas por hacerlo”, señala Bonar. Trevor, que se refiere a su obsesión por el bronceado directamente como “adicción”, compara el hecho de que siguiera yendo a sesiones de rayos UVA tras saber que tenía cáncer con alguien que sale un rato afuera a fumar un cigarro. “Sabía que estaba mal, y ahí precisamente radica el aspecto de la adicción”, dice.

Pese a todo, Phillips se muestra reacia a usar el término “adicción al bronceado”, argumentando que hacen falta más estudios que confirmen que la obsesión por el bronceado provoque los mismos cambios biológicos que la adicción a las drogas.

Hace dos años, después de ver el maravilloso aspecto de la piel blanca de su amiga, Trevor decidió seguir su ejemplo. Cada vez que pasaba por el estudio de bronceado de camino al gimnasio, tenía que resistir la tentación para no entrar a hacerse una sesión. “Casi me costaba la vida no entrar ahí”, asegura. Pero lo ha conseguido y aún hoy evita la luz solar, caminando por la sombra y llevando manga larga. “Tuve que priorizar la salud sobre los estándares de belleza”.

Al igual que el bronceado, el blanqueamiento de piel también conlleva riesgos para la salud. Las cremas blanqueadoras pueden provocar irritación y descamación. Las que contienen hidroquinona, mercurio o corticoides pueden provocar efectos secundarios más graves, como debilitamiento de la piel o problemas en el riñón. Manlangit asegura que unas de las pastillas que tomó para aclararse la piel le provocaron náuseas. ¿Por qué, pese a ello, hay gente que sigue usando estos productos?

Lo más fácil es tachar a estas personas de enfermas mentales, pero los problemas van más allá, sobre todo en personas que se obsesionan por aclararse la piel

Choma señala que “probablemente tenga que ver con en qué medida esas personas se vean a sí mismas como objetos, más que como personas”. Muchas mujeres sabrán a qué se refiere, en mayor o menor grado: calzarse unos tacones de aguja y soportar el dolor de hacerse la depilación brasileña, todo por intentar encajar en unos cánones de belleza totalmente irreales. En su investigación sobre el blanqueamiento de piel en Tanzania, Lewis-Arthur descubrió que muchas mujeres creían equivocadamente que si continuaban usando sus productos blanqueadores, el acné, la decoloración y los demás efectos secundarios desaparecerían.

Arthur-Lewis cree que en estos casos “hay que tener presente el contexto cultural”. Lo más fácil es tachar a estas personas de enfermas mentales, pero los problemas van más allá, sobre todo en personas que se obsesionan por aclararse la piel. “En apariencia, tienen problemas psicológicos que deben resolver, pero por otro lado tienen que luchar por la supervivencia”, señala. “Para entender de verdad por qué la gente hace lo que hace, hay que tener en cuenta el contexto histórico, el trasfondo de cada persona y la comunidad en la que vive”.

Melissa Pandika https://ift.tt/eA8V8J