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jueves, 2 de mayo de 2019

Desde un Manifiesto hippie hasta un obsequio de Yoko Ono: Fuimos a un museo donde vimos las mejores reliquias de la historia

Artículo publicado por VICE Argentina

“¡¿San Marcos Sierra?! Siiii, el pueblo del museo Hippie”, es la referencia que se escucha cuando uno pregunta en una estación de servicio, peaje o en el paraje de la policía caminera, por esta localidad ubicada a 150 km de la capital de Córdoba. Todos coinciden en lo mismo: hippies y marcianos fumando porro en las sierras —cualquier coincidencia con un sketch de Peter Capusotto y sus videos es pura realidad— Si bien hoy con Internet podes acceder a ver las fotos del lugar más inhóspito, todavía ningún dispositivo logró superar la experiencia de estar ahí. Así que conseguí un auto prestado y en medio de las vacaciones, convencí a mi compañera, y hasta allá fuimos. A comprobar que tan cierto era eso del tal museo.


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Para llegar al sitio hay que dejar el auto a unas cuadras, en una rotonda tapada de árboles, y atravesar caminando una especie de bosque frondoso con forma de túnel. Serán aproximadamente dos cuadras por ese trayecto denominado “el camino de los duendes”. Ahora sí, acá estamos. En la puerta del famoso museo hippie que tantas veces salió en televisión y por qué no, YouTube. No se tocan las manos y tampoco hay timbre. Se golpea con un hueso —parecido al que decía Luca Prodan que era de su abuela— una especie de garrafa hueca que suena como un gong. Intento varias veces hasta que una larga cabellera de color blanco se asoma: “Adelante, por acá”.

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Parecido al mago Gandalf del Señor de los anillos, este hombre que invita a pasar se llama Daniel “Peluca” Domínguez. Peluca es el responsable de llevar adelante esta casa hongo, donde se exhiben los objetos que va agrupando de las distintas personalidades de la cultura, los primeros hippies y las cosas que le van dejando los viajeros que visitan el lugar. “Están sentados en el primer museo hippie del mundo, inscripto en el ILAM (Instituto Latinoamericano de museos y parques)” dice Peluca a los turistas que estamos acá.

Somos un grupo de 10 personas que escuchamos atentamente. Peluca nos da una charla que denomina “Hippies, eran los de antes”. Muestra un cuaderno anillado con distintas fotos y hace un revisionismo de aquellos primeros hippies a los que se refiere. “Yo hablo desde la historia de la filosofía, de los cínicos y de los primeros cristianos como hippies, los goliardos, los cátaros, Francisco de Asís, los socialistas utópicos, Tolstoi y Gandhi”, cuenta.

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En esta habitación de luz natural, generada por las botellas de plástico que están incrustadas en el techo, algunos turistas se aburren y deciden abandonar la experiencia. A Peluca no le importa y se aventura a mostrar todo lo que tiene. Entre los objetos preciados se lucen: Una guitarra que fue de Tanguito (tal vez con la que compuso La Balsa); el primer Long Play de Los Beatles, editado en América por el sello VeeJay de Chicago; un manifiesto hippie en una bolsa de arpillera (vendido como la pieza más barata en el arteBA2009); un manuscrito original de una canción de Javier Martinez (baterista de Manal); un obsequio de Yoko Ono a Peluca (una bolsa de esas para ir al supermercado con un pezón de la viuda de Lennon como portada); un original de Marta Minujin; otro de Roberto Fontanarrosa; otro de Marcial Schvartz y otro de Liliana Maresca.


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Peluca hace un paréntesis en la muestra cuando llega al afiche de Pájaros Volando y cuenta su nexo con esa película del 2010 (dirigida por Néstor Montalbano) que contó con las actuaciones, entre otros, de Diego Capusotto, Luis Luque y Verónica Llinás. Parte del rodaje de ese largometraje se hizo en San Marcos Sierra y él fue quien gestionó la logística y hasta tuvo el lujo de actuar. Peluca, además de ser el loco que creó el primer museo hippie en el mundo, es la cara del Gaucho Córdoba en la película. Un personaje muy arraigado a sus tradiciones y un tanto xenófobo, que es recordado por cantar cosas como: Soy argentino trigo limpio/ conmigo nadie se mete/ los chinos a su continente/ desde el campo grito con pasión/ vivan los gringos de mi Nacion!/ antes q sushi como sorete!

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Peluca también aprovechó para contar su relación de amistad con Capusotto después de haber hecho esa película y nos regaló una anécdota como parte de la estadía. “Un día estaba dando esta misma charla, así como con ustedes ahora, y lo veo entrar al Capu (se refiere a Capusotto) al patio de mi casa con un paquete de facturas. Me venía a visitar. Quise atinar a saludarlo, pero se me adelantó y su presencia alertó a los que me estaban escuchando porque vino directo a gritarme: hippietalista. Por supuesto lo que estaba diciendo quedó en segundo plano y todos lo que estaban ahí se fueron a sacar fotos con él”.

Un ácido en el país de las maravillas

Pipas de agua, diferentes piedras que parecen tener textura de hierba y algunos otros caramelos con una envoltura que precisan explicación. Estamos frente a una vitrina repleta de drogas. “Acá tengo todas las drogas que me fueron regalando. Desde marihuana prensada hasta el ácido que tomó Lewis Carroll para escribir Alicia en el país de las maravillas. Y que también tomé yo para abrir el museo”, relata Peluca y aprovecha para recomendar el cultivo hogareño para exterminar el narcotráfico y no fumar cosas con “veneno para cucarachas”.


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Peluca, ahora, nos dirige hacia un patio que está atrás de la casa hongo. Nos muestra el ambiente que está construyendo con las botellas de vidrio que va recolectando y nos propone, como hace con todos los que visitan el lugar, que dejemos un mensaje para el futuro dentro de una botella vacía. Todos escribimos. Mientras acomoda las botellas en los paredones, uno le pregunta si cree que los hippies siguen existiendo. Peluca esboza una sonrisa y da a entender que sí sigue vigente el hippismo, pero con algunas mutaciones: “mochilebrios, artesanganos”, bromea.

Al fin y al cabo: hippies, eran lo de antes.

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Gustavo Grazioli http://bit.ly/2VcOJ4Q

Mi experiencia como recolectora de marihuana

Artículo publicado originalmente por MUNCHIES Estados Unidos.

He recorrido casi todo el mundo buscando experiencias a través de la comida y diciéndole que sí a todo, desde hot dogs de caimán hasta hormigas gigantescas con alas, pero nada se compara con lo que experimenté mientras trabajaba como recolectora de marihuana. Y ni siquiera fue porque estuviera drogada.

Cuando eres recolector de marihuana, como lo he sido durante los últimos cuatro años en las colinas del condado de Mendocino, te alejas de la sociedad y tienes que cocinar con tiempo y recursos limitados, lo que te brinda una visión muy detallada de la esencia de cómo tú y otras personas viven y comen.

El trabajo viene con algunos requisitos: no debes ser policía, tienes que tener cierto aprecio por la marihuana y debes estar dispuesto a acampar.



Mi primera temporada fue en el otoño de 2015, la primera cosecha de un tipo llamado Stephen en una colina con vista a las montañas y valles que parecía un paisaje pintado del período romántico. La cocina, en ese momento, estaba rodeada de estantes al aire libre construidos por Stephen, un exbaterista de rock and roll, que cultivaba la tierra y trabajaba como carpintero y personal de mantenimiento. Cuando llegué allí, no habían descubierto cómo alimentar a su personal de diez personas; las raciones incluían una pequeña selección de condimentos, paquetes de avena instantánea, cepillos de dientes, herramientas dispersas, un bote de crema de cacahuate, cajas de clavos, una barra de pan y una caja de pasta abierta. Junto a los estantes de madera había un fregadero, una estufa de campamento con dos hornillas y un mini refrigerador, todo cubierto de tierra por la brisa que llegaba desde la costa a unos 96 kilómetros al oeste.

En la primera temporada, Stephen se encargaba de preparar la cena para nosotros, y siempre comíamos chilli con carne pero con diferentes frijoles: blancos, negros y rojos, los cuales preparaba a fuego lento cada mañana. Después de un tiempo, sorprendentemente, nos cansamos del chili, y todos nos cooperamos y compramos filetes, que, por cierto, nos devoramos.

De vez en cuando, los días que teníamos que salir a los jardines y cosechar, en árboles de 2 a 3 metros de altura – en los que básicamente teníamos que cortar interminables ramas con tijeras– yo me encargaba de hacer suficiente café para cualquiera que lo necesitara. Por lo general, llegaba unos minutos tarde con una prensa francesa en una mano y un montón de tazas en la otra.

Al año siguiente, la cocina estaba mucho mejor surtida y mi pareja y yo nos habíamos vuelto veganos. Mejoramos nuestras habilidades y preparábamos de todo: huevos revueltos con tofu y papas, batidos, hamburguesas de portobello, burritos, wraps, sándwiches, pasta y, literalmente, cero chili, a costa de recesos más largos y mandados más caros que en el mercado. Otros recolectores dependían en gran medida de comidas congeladas como pizza y lasaña (ya sea por falta de interés en la cocina o por un enfoque especial en el trabajo). Pero todos comíamos con un ingrediente especial que no podíamos evitar: el hachís o el kif. El kif es un producto de tricomas, la capa peluda, blanca y azucarada de los cogollos que protege a las plantas de ser destruidas o devoradas por insectos o animales al producir niveles de THC lo suficientemente altos como para que una criatura esté demasiado drogada como para terminar de comerse todo el árbol. Después de un día de trabajo de recolectar, nuestros dedos quedaban llenos de estas cosas, por lo que, naturalmente, terminábamos comiéndonoslo. El sabor es parecido al orégano, terroso y con un toque de amargura, perfecto en pastas y panes.

Ese año perdimos una de las muchas gallinas del campamento el fin de semana de Halloween, porque algunos de los muchachos querían comer eso para la cena. Sacaron una gallina del gallinero, la agarraron por la cabeza y la giraron hasta que quedó decapitada. Una vez que la carne estuvo cocida e increíblemente dura, se dieron cuenta de por qué las personas generalmente no comen gallinas.

En años posteriores, adoptamos nuevas tradiciones, como la fiesta de tocino de un colega, donde abría una bolsa de tocino, la asaba y se la comía toda después de un largo día de recolectar, por lo general, totalmente drogado. También, los porros al atardecer: cada puesta de sol de las últimas semanas forjábamos un par, dejábamos el trabajo atrás y salíamos a un mirador a fumar, compartiendo la última luz del día. Y al final de cada temporada, visitábamos un restaurante japonés local y ocupábamos toda la parte de atrás, era un festín de comida. Ese era el momento que nos juntaba en la mesa, como amigos y compañeros, con alegría y entusiasmo. También marcaba el comienzo y el final de cada temporada, una experiencia que aún estoy muy agradecida por vivirla de esa manera tan deliciosa y excéntrica.

Andrea Aliseda https://ift.tt/eA8V8J

miércoles, 1 de mayo de 2019

El cangrejo 'quimera' de hace 90 millones de años fue una mezcla de varios animales

Artículo publicado originalmente por Motherboard Estados Unidos.

¿Qué animal tiene el caparazón de una langosta, la boca de un camarón y un par de ojos saltones?

Es el Callichimaera perplexa, una especie cretácica completamente extraña que lleva el nombre de la combinación quimérica de características que lo convierten en un hallazgo único. Esta extinta especie de cangrejo, que vivió junto a los dinosaurios hace unos 90 millones de años, fue revelada en un artículo publicado recientemente en Science Advances.

Dirigidos por Javier Luque, un paleontólogo postdoctoral de la Universidad de Alberta y la Universidad de Yale, los autores describen decenas de especímenes de cangrejo quimera encontrados en Colombia y Estados Unidos.

Estos animales eran extremadamente pequeños: medían aproximadamente el ancho de una moneda de pierna a pierna, con un caparazón no mayor a unos pocos granos de arroz. "Es emocionante, porque se conservaron con tan buen detalle a pesar de su tamaño pequeño", dijo Luque a Motherboard en una llamada telefónica.

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C. perplexa fosilizado. Imagen: Daniel Ocampo R., Vencejo Films

La exquisita condición de los cangrejos permitió al equipo reconstruir la extraña anatomía del C. perplexa, que Luque llama el "ornitorrinco del mundo de los cangrejos".

"Tenemos una idea de cómo es un cangrejo típico, y estos nuevos fósiles rompen todas esas reglas", dijo Luque en un comunicado.

El cangrejo tenía abultados ojos larvarios, lo cual es uno de los muchos indicios de que la especie retuvo las características de cuando era un cría incluso después de llegar a la edad adulta. Es un fenómeno conocido como pedomórfosis, o desarrollo heterocrónico, que se ha observado en muchos animales, como el axolotl mexicano.

Aunque sus enormes ojos no tenían cuencas ni capas protectoras perceptibles, el cangrejo probablemente tenía una visión funcional que lo ayudaba a cazar presas, evitar a los depredadores y reconocer a los miembros de su misma especie.

"Estamos tratando de desentrañar el tipo de ojo visual de este cangrejo quimera", dijo Luque. “Hasta ahora, lo que pensamos es que este animal nadaba libremente en la columna de agua. Tal vez era capaz de migrar durante el día y ser un depredador activo en condiciones de poca luz. Pero es algo que esperamos explicar con más detalle a medida que avanzamos".

Además de ser un espécimen hermoso, las adaptaciones disparejas del cangrejo quimera arrojan luz sobre la amplia historia evolutiva de los cangrejos y muestran que hay tesoros paleontológicos en regiones ecuatoriales poco exploradas.

"Solíamos saber muy poco sobre los registros fósiles en los trópicos", dijo Luque. “Estamos empezando a obtener una masa crítica de investigadores que trabajan en áreas tropicales de baja latitud, pero hay mucho por descubrir. Es solo un ejemplo de un grupo previamente desconocido y podría haber muchos otros organismos esperándonos".

Becky Ferreira http://bit.ly/2WdE9XM

Este hombre amenazó al personal de un restaurante porque no tenían aderezo Ranch

Artículo publicado originalmente por Munchies Estados Unidos.

Si pides algo en un restaurante, y el personal te dice que se les terminó el aderezo ranch, hay muchas maneras en que podrías manejar la situación. Podrías asentir y decir: "Está bien"; y podrías ordenar alguna salsa que sirva de sustituto; o simplemente podrías pedir un platillo diferente que no requiriera de dicho aderezo. Lo que no debes hacer es amenazar a cualquier empleado que tenga que mirarte a los ojos y decirte que, por el momento, no tienen aderezo ranch.

ClickOnDetroit informa que la policía recibió una llamada desde un restaurante aún no identificado en Sterling Heights, Michigan, después de que un cliente los amenazara al informarle que ya no tenían aderezo ranch. La situación no escaló a una agresión mayor, pero sí le pidieron al hombre que abandonara el lugar, lo cual hizo.

A veces los restaurantes no tienen lo que queremos, cuando lo queremos, pero podríamos tomarlo con calma, ¿no? Este incidente con el aderezo ranch ocurrió solo un par de semanas después de que una mujer hiciera destrozos en un restaurante de St. Luis, Missouri, después de enterarse de que no tenían helado de chocolate. Según un informe policial obtenido por The Smoking Gun, presuntamente ella "enfureció después de ordenar su comida", le escupió a los empleados y luego rompió las ventanas del restaurante con un bate de béisbol. Abandonó la propiedad abordo de una SUV gris y, hasta el momento, no ha sido identificada ni detenida.

En enero, un hombre de la ciudad de Oklahoma, al parecer, no obtuvo suficiente salsa picante al detenerse en la ventanilla de un Taco Bell drive-thru, y respondió sacando una pistola y disparando más de una vez al restaurante. "Siempre que hay gente dentro de un negocio y alguna persona decide, por alguna razón, disparar dentro de ese negocio, se convierte en una situación muy peligrosa y somos extremadamente afortunados de que nadie haya resultado herido", dijo el sargento mayor Gary Knight del Departamento de Policía de la ciudad de Oklahoma.

Los empleados lograron encerrarse en el baño y, después de disparar, el hombre se marchó.

Tal vez deberíamos empezar a llevar con nosotros pequeños paquetes de salsa picante o catsup o cualquiera que sea el condimento de nuestra elección. O tal vez, solo por decir algo, podríamos calmarnos y aceptar que a veces los restaurantes se quedan sin suministros. Además, de cualquier modo, el aderezo ranch está sobrevalorado.

Jelisa Castrodale https://ift.tt/eA8V8J

Los conductores piensan que los ciclistas son menos que humanos, revela encuesta

Artículo publicado originalmente por Motherboard Estados Unidos.

Si viajas regularmente en bicicleta por la ciudad, conoces la escena. Estás tratando de mantenerte en el carril para ciclistas, o tal vez intentas sortear algunos autos para dar vuelta a la izquierda, cuando el auto detrás de ti parece ir más rápido, no más lento, como si intencionalmente quisiera hacerte la vida más difícil.

Los investigadores han encontrado una explicación de por qué muchos conductores se comportan así con los ciclistas: en realidad, son personas que deshumanizan a quienes andan en bicicleta, según un estudio realizado en abril por investigadores australianos en la revista Transportation Research. Esta deshumanización, la creencia de que un grupo de personas es menos humano, se correlaciona con el comportamiento agresivo de los conductores.

Desde 2010, las muertes de ciclistas han aumentado en un 25 por ciento en Estados Unidos. Un total de 777 ciclistas murieron en choques con conductores en 2017, y 45,000 resultaron heridos por accidentes en 2015. Los datos compilados por la Liga de Ciclistas Estadounidenses también sugieren que, en algunos estados, los ciclistas tienen un exceso de representación en la cifra de víctimas mortales en accidentes de tráfico.

"La idea es que si no ves a un grupo de personas como enteramente humano, entonces es más probable que seas agresivo con ellas", señaló Narelle Haworth, profesora y directora del Centro de Investigación de Accidentes y Seguridad Vial de la Universidad de Tecnología de Queensland, una de las autoras del estudio.


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Los investigadores pidieron a 442 australianos, incluidos quienes se identificaron como ciclistas, clasificar al ciclista promedio en una escala de simio a humano. Este diagrama de simio a humano ya ha sido utilizado en otros estudios, como uno de 2015 que analiza la deshumanización de los grupos marginados, como los musulmanes y los negros.

También se les pidió a los participantes que clasificaran a los ciclistas en una escala similar que mostró la evolución de cucarachas a humanos, debido al lenguaje despectivo que a veces se usa contra los ciclistas, quienes son comparados con cucarachas, dijeron los investigadores. La primavera pasada, por ejemplo, The Courier-Mail publicó un artículo de opinión en contra de los ciclistas en el que el escritor dijo: "En una ocasión, [el político australiano] Derryn Hinch llamó a los ciclistas 'cucarachas sobre ruedas', y estoy empezando a entender su punto de vista".

También hay puntos de vista que abogan por la violencia absoluta contra los ciclistas. El estudio también examinó un discurso de 2016 en el que el director ejecutivo de Ryanair dijo: "Deberíamos quitar a los ciclistas y dispararles".

En ambos modelos, más de la mitad de los encuestados dijeron que no consideran que los ciclistas sean completamente humanos. De los participantes, quienes no eran ciclistas calificaron al ciclista promedio como solo un 45 por ciento humano, mientras que aquellos que se identificaron como ciclistas calificaron al ciclista promedio como un 70 por ciento humano en una puntuación combinada para ambos modelos.

Eso significa que incluso los ciclistas deshumanizan a otros ciclistas. Haworth dijo que esto puede deberse a que el estudio preguntó a los encuestados sobre el ciclista promedio, y "tal vez pensaron que el ciclista promedio era diferente de ellos. En Australia, los hombres de mediana edad en lycra realizan muchas actividades de ciclismo en las vialidades. Así que creo que tal vez pensaron en ese estereotipo".

Los investigadores dijeron que esta perspectiva en torno a la deshumanización está directamente relacionada con la forma en que los conductores se comportan con los ciclistas. Según el estudio, el 17 por ciento de los encuestados dijeron que habían usado su automóvil para bloquear deliberadamente a un ciclista, el 11 por ciento dijo que había conducido cerca de un ciclista a propósito, y el 9 por ciento dijo que le cortaron el paso deliberadamente a un ciclista. Estas conductas se consideran agresivas, en lugar de solo acoso, como gritarle a alguien.

En 2011, la Administración Federal de Carreteras le dijo a NPR que con frecuencia es difícil determinar quién tiene la culpa cuando ocurren accidentes y muertes en incidentes entre ciclistas y motoristas. Mientras que algunas agencias locales de Estados Unidos han culpado a los ciclistas con más frecuencia que a los conductores, como informó NPR, un informe de 2014 realizado por La Liga de Ciclistas Estadounidenses demostró que el 52 por ciento de las muertes de ciclistas fueron causadas por colisiones traseras y el parachoques frontal de un automóvil que golpea el costado de un ciclista.

En el estudio de Queensland, un hallazgo también sugiere que a medida que más ciudades exhortan y animan a las personas a andar en bicicleta, el comportamiento agresivo de los conductores podría empeorar con la frecuencia de exposición. Los conductores que en su trayecto pasaron junto a ciclistas al menos una vez a la semana reportaron un comportamiento agresivo cuatro veces mayor hacia los ciclistas que los conductores que pasaron junto a ciclistas con menos frecuencia.

El coautor del estudio, Nicholas Haslam, de la Escuela de Ciencias Psicológicas de Melbourne, mencionó que esto podría deberse a que "las personas que conducen [cerca de los ciclistas] a menudo tienen más oportunidades de comportarse mal con ellos, por lo que reportan un mayor número de agresiones".

Haworth dijo que se necesita más trabajo para determinar qué intervenciones —un ejemplo es una campaña de educación pública que presenta a los ciclistas como miembros cotidianos de la comunidad en lugar de un subgrupo en particular— podrían funcionar para revertir la percepción de los conductores sobre los ciclistas.

Julissa Treviño https://ift.tt/eA8V8J

Cannabis: ¿Cultivar, aprovechar o hacer parte del negocio?

Según la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes —órgano independiente asociado a la ONU— en el año 2000 la producción lícita de cannabis en el mundo fue del orden de 1.4 toneladas. Diecisiete años después, ese número saltó para 406.1 toneladas, un aumento explosivo que representa la expansión de los campos de cultivo de marihuana legalmente producida, sea para investigación, para transformar en medicamento, o para consumo. Para cualquier persona atenta eso significa exactamente lo que es: un negocio fantástico, ¿cómo hago para incorporarme?

Es también la pregunta que más he escuchado desde que el cannabis empezó a evidenciarse como el negocio que es, de manera legal. De ancestrales hippies cultivadores hasta encorbatados empresarios que nunca han visto una planta de marihuana, todos quieren subirse al barco. Con muchos países latinoamericanos pasando por una especie de preámbulo a la legalización definitiva, en el que se ensayan movimientos y efectos, queda la duda: ¿Cómo será el acceso a la marihuana y a sus beneficios como un todo?

California, un estado norteamericano de tendencias progresistas, fue el primer territorio en legalizar la producción de cannabis en 1996, convirtiéndose en un laboratorio de experimentos sociales y económicos que se volvió referencia para cualquier país en vías reglamentarias. Allá, desde el principio, cada ciudadano detentor de una prescripción médica para uso de cannabis puede por ley poseer hasta seis plantas en floración para su propio consumo. Si esta persona no está en competencia de hacerlo, puede conceder ese derecho a una segunda persona, que produce para la primera, así como para otras tantas. El número máximo de personas a que esta segunda persona puede atender con su aprovisionamiento depende de provincia en provincia, pero normalmente está por debajo de las 20 personas, lo que impide que el cultivador este a cargo de operaciones muy grandes de cultivo.

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Ese modelo es posible a partir de la existencia de leyes que garantizan el autocultivo y refuerzan ese derecho, pues facilitan su ejercicio ya que ni todos los que necesitan tienen la capacidad, el tiempo y la disposición de producir. El auto aprovisionamiento sería menos popular si dependiese exclusivamente de que los usuarios produjeran todo su consumo de manera consistente. En tal lógica se basa también el programa médico de cannabis medicinal de Canadá, en el que un cultivador puede abastecer a cuatro pacientes; o los clubes cannábicos de España o Uruguay, territorios con autocultivo garantizado, en los que determinado número de personas pueden asociarse para recibir una cuota mensual de cannabis cultivada por alguno de los asociados para quien eso se vuelve un trabajo. Entre las ventajas de ese tipo de organización son frecuentemente citadas la reducción de los precios, la proximidad del usuario al cultivo y la transparencia de los procesos, la personalización del producto, la mejor adecuación de pequeños jardines a los parámetros orgánicos, y la independencia de proveedores externos o de la importación de productos.

Incluso en California, antes de 2018, la legislación no regulaba el comercio. Los negocios que comerciaban con marihuana legalmente no podían tener fines lucrativos, funcionando como asociaciones civiles. El fin de la represión a las actividades alrededor de la planta y la falta de leyes que dictaran las reglas del juego propició un ambiente libertino donde la creatividad era el límite para la creación de una infinidad de negocios cannábicos que duró por más de 20 años. Fue una era de “zonas grises” legales, que podía ser aprovechada por cualquier persona. Una especie de preámbulo a la legalización.

Steve D´Angelo, activista y empresario californiano con más de 40 años de experiencia en el bagaje, así describe el periodo: “En ese tiempo era fácil entrar al negocio. Mucha gente que nunca tuvo chance de salir de la clase obrera pudo emerger con su propia iniciativa cannábica. Fue un período muy fértil para los amantes de la libertad. Creamos un modelo para una economía promisoria, y fue allí que cambiamos la percepción del mundo sobre el cannabis”.

Steve vivió y navegó en mares cannábicos en distintos momentos políticos: fundó Harborside Health Center, uno de los dispensarios más notables de su país, la empresa de inversiones en cannabis Arcview, y Steep Hill Labs —el primer laboratorio de análisis dedicado al cannabis—, además de la Asociación Nacional de la Industria del Cannabis en EU. Él se refiere a ese periodo como “legacy market”, comprendido entre 1996 hasta la reglamentación definitiva del mercado en 2018: “Sí que había un poco de caos. Hubo aprovechadores que sacaron ventajas de manera injusta, pero también hubo un florecimiento de creatividad y un emprendedurismo innovador y extraordinario. Por ejemplo, muchos de los métodos de extracción populares actualmente fueron inventados en ese entonces. La vaporización surgió allí, a partir de experimentos que no necesitaban pasar por centenas de controles burocráticos, con el intercambio activo de conocimiento entre la comunidad”. Otra cosa que se fue adecuando en ese mercado al estilo lessaiz-fare fueron los precios, que cayeron más del 50 por ciento con el aumento de la oferta.

Si te suena familiar puede ser que sea, algunos países latinoamericanos pasaron o están pasando por momentos similares.


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En México, el autocultivo no es permitido para la población en general, pero el torrente de amparos de la Suprema Corte de Justicia que han habilitado a ciudadanos para producir. Y las modificaciones que permiten el uso medicinal y científico, aunque todavía sin reglamentación específica, han creado un estado libertario en el imaginario popular. Eso aliado al instinto creativo y emprendedor natural mexicano y a cierta falta de represión policial ha propiciado ciertos escenarios de permisividad. México en los recientes años vio surgir una infinidad de productos cannábicos como dulces artesanales e industriales, cremas, cervezas, aceites, comidas, y hasta cajetillas de cigarrillos de marihuana, que se venden casi sin restricción en internet y en las calles, pero también en eventos, congresos, ferias, en espacios públicos, y hasta en copas cannabicas.

“Mucha gente no entiende que aún es ilegal, tanto producir como comerciar o consumir. Los medios de comunicación contribuyen a esa confusión. Imagina la gente ve hasta el expresidente saliendo en portada de periódicos al lado de plantas de marihuana. Muchos nos escriben pidiendo orientación para iniciar su empresa cannábica legal, o como ser distribuidor oficial de productos. Hasta en el metro puedes encontrar oferta de productos supuestamente cannábicos”, dice Polita Pepper, representante la Asociación Civil de educación y reducción de riesgos Cannativa.

Ya Colombia vivió un boom de iniciativas cannábicas a partir del 2015 cuando se reglamentó el decreto que garantiza el derecho al cultivo y al acceso medicinal del cannabis a todos los ciudadanos. A lo largo de unos tres años hubo éxtasis para las iniciativas de pequeña escala, incluso con la incorporación de varias iniciativas propias de indígenas, que habían cultivado por generaciones en la ilegalidad y en medio de la guerra, y que entonces reclamaban su derecho a incorporarse a la industria naciente. En la calle, en los mercados populares y en ferias de artesanos o de manualidades se podían frecuentemente encontrar productos cannábicos como cremas y aceites, comúnmente exhibidas al lado de plantas de cannabis en vasos, que también se vendían.

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Pilar Sánchez, fundadora de la empresa líder en la producción de cannabis medicinal PIDEKA, cuenta que “en el 2016, a nivel nacional existían por lo menos unas 50 iniciativas empresariales constituidas, y el numero iba creciendo rápido. La mayoría se quedaron atrás cuando vinieron las reglamentaciones del 2018, que fueron acompañadas de los grandes capitales y laboratorios. Hoy hay tipo 500 solicitudes de licencias, y por ahí unas 1200 iniciativas, pero solo 140 licencias concedidas, distribuidas entre unas 50 empresas. En esa transición fuimos una de pocas empresas pequeñas que lograron sobrevivir, gracias también a las inversiones necesarias en este momento”.

Fenómeno similar es encontrado nuevamente en el ejemplo de California. Las reglamentaciones que se establecieron para el comercio lucrativo de cannabis fueron muy estrictas. Demandas por infraestructura de punta, sistemas de vigilancia 24 horas, reglamentaciones de empaquetado, restricción de leyes de uso de suelo que obligaban pequeños productores a mudarse lejos de los centros de consumo, entre otros, provocaron un “efecto embudo” entre las miles de pequeñas iniciativas.

Según D´Angelo, “sacar la licencia para producción comercial puede llegar a costar desde centenas de millares hasta decenas de millones de dólares. También se exige los productores que haya trazabilidad de la semilla a la venta, lo que significa que el productor tiene que ser capaz de identificar las características de cada gramo de flor que se vende en la tienda desde el punto en el que fueron semilla. Es incomprensible tamaño control para flores que llegan a muchos mercados, como el recreativo, ¡la marihuana tiene controles más estrictos que la basura nuclear!”

Hubo entonces una gran transición. Muchos de los pioneros que ayudaron a fundar y edificar la industria—incluso provenientes de tradicionales generaciones de cultivadores que remontan hasta los años 60—, perdieron su lugar en ella: “Llegaron a la industria personas que son banqueras, farmacéuticas, empresas grandes con mucho capital, invirtiendo masivamente en marqueteo, desarrollo de producto, gente con experiencia y habilidad en el manejo de capital de inversión, desplazando los pequeños negocios de hasta entonces. Muchos salieron de negocio, otros tantos están batallando para mantenerse a flote, y solamente algunas compañías que salieron del “legacy market” lograron mantenerse en pie. Para mi es una tragedia”, concluye Steve.


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Razones como estas hacen que muchos canadienses desconfíen de lo establecido en las nuevas leyes que reglamentan el cannabis. De acuerdo con Lisa Campbell, CEO de Lifford Cannabis Solutions, “muchos de los consumidores están preocupados que la entrada de la “big weed” arruine la industria, y prefieren consumir de lotes menores. El estigma a la gran industria es enorme. Mientras tanto, muchos productores pequeños están intimidados por los costos de entrada al mercado oficial”. Canadá no tiene la cultura de autocultivo que tuvieron en California, y la insuficiente participación de los pequeños proveedores, aliado al manejo de stock de las pocas empresas capacitadas a operar en el mercado, está provocando la escasez de productos cannábicos, un aumento de precios y dificultad en el acceso. Lisa apuesta que la llegada de productos provenientes de países como Colombia y Jamaica al mercado canadiense, con buenas ofertas de precio y calidad, podría reestablecer el equilibrio de la oferta y mejorar el acceso.

En Uruguay el mercado legal también está presentando serias dificultades para suplir la demanda. La proximidad con Paraguay, el mayor proveedor de marihuana del cono sur, siempre hizo llegar producto abundante de muy bajo precio. El país tampoco tuvo tiempo para desarrollar una cultura de autocultivo antes de la reglamentación, por lo que cuando las farmacias se abastecen, las filas en las puertas llegan a dar vueltas a cuadras enteras. Apenas dos empresas están habilitadas para proveer cannabis para el uso recreativo. Eso ha creado un “mercado gris” según el nombre dado por el gobierno, de autocultivadores que proveen la demanda faltante, pero nada libertino.

Según Gaston Durana, reconocido cultivador argentino que vive en Uruguay, las iniciativas que están afuera del control gubernamental son perseguidas, y los autocultivadores que no están debidamente registrados son allanados y encuadrados como proveedores del mercado ilegal: “Pero el auto cultivo sigue creciendo. Hace un par de años eran cerca de tres mil auto cultivadores registrados. Hoy son siete mil, y hay muchísimos más que aun con el riesgo, no se registran, pero representan una alternativa real para el mercado”.

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Para Juan Vaz, activista y presidente da Cannacoop, los problemas son de orden social: “Para que un pequeño cultivador se vuelva un productor tiene que aprender e incorporar muchas prácticas como saber diseñar un plan de producción, tener buenas practicas de manufactura, y saber reunir inversiones y organizar los recursos. Lo que se puede hacer es organizar pequeños agricultores para que se incorporen a una industria que demanda mano de obra especializada, que es lo que nos estamos proponiendo a brindar con nuestra cooperativa, para que se desarrolle la industria”.

La demanda de productos medicinales en muchos de esos ejemplos es actualmente suplida en gran medida por los mismos pequeños proveedores, legales, grises o ilegales. Desde las cremas para dolores articulares hasta el aceite que calman y regresan la vida a niños epilépticos, frecuentemente son originadas en los jardines de autocultivadores y pequeños productores. Muchos afirman que esos productos, siempre que estén bien cultivados y debidamente procesados, son incluso superiores a los farmacéuticos disponibles hoy en día. Sin embargo, otros afirman que los productos artesanales no mantienen la consistencia necesaria para una respuesta siempre previsible por parte de los usuarios.

Aparte la validez del argumento, con las reglamentaciones la tendencia es que cualquier medicamento producido a base de cannabis sea altamente controlado, pasando por estándares farmacéuticos de fabricación. Eso significa que ese mercado está lejos de las pequeñas iniciativas, ya que para alcanzar el rigor de ese tipo de producción se necesitan voluptuosas inversiones y elaborados esquemas productivos —un ambiente natural para las grandes empresas farmacéuticas que ya extienden sus negocios a prácticamente todos los países, y que no encuentran ninguna competencia en los países en los que no se ofrece otra alternativa vital como el autocultivo—. Esto causa que buena parte de las personas que no tienen el poder de compra quedan excluidas del acceso.


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De cualquier manera es cada vez más claro que el acceso al cannabis es un derecho fundamental, que no puede ser negado por el Estado o por otros individuos. Y aunque la mayoría de los países de Latinoamerica aún no permite el autocultivo, ese parece ser el camino democrático del acceso por naturaleza. No solo eso, sino que el autocultivo permite el desarrollo de un ambiente creativo, cultural, y parece estar íntimamente ligado al comercio y las iniciativas locales, fortaleciendo la economía de base. El comercio debe ser reglamentado, para que los consumidores sean protegidos, pero no sobre-reglamentado, porque eso puede concentrar el poder y reducir el acceso.

Sobre la pregunta de si hay tensión entre el aprovisionamiento por autocultivo o por emprendimientos industriales Steve D´Angelo concluye: “Yo doy la bienvenida a la entrada de corporaciones y de personas ricas con sus esquemas de inversiones y planes de desarrollo a este negocio. No hay suficientes hippies o indígenas para distribuir la marihuana que el mundo necesita. Pero el blanco son modelos regulatorios que se pautan en los valores que el cannabis nos enseña: a ser generosos y pasar el porro. Del punto de vista empresarial no hay porque sentirse amenazado por el auto cultivo. En un escenario donde se consigue marihuana en la tienda de la esquina los que cultivan o son aficionados o son pobres. El auto cultivo permite el acceso seguro a la medicina más valiosa del planeta. Al fin del día lo más importante es que la gente tenga acceso. Ambos modelos pueden y deben coexistir de manera sana e incluso retro-alimentadora”.

Nicoletti Motta http://bit.ly/2J6vX88

martes, 30 de abril de 2019

Cada vez hay más tormentas en los océanos

Artículo publicado originalmente por Motherboard Estados Unidos.

Desde 1985, cada vez hay más tormentas en los océanos, según un estudio publicado el jueves en Science. En los lugares más extremos, la velocidad del viento y la altura de las olas han aumentado entre un 5 y 8 por ciento.

Si esta tendencia continúa, podría exacerbar los efectos del aumento del nivel del mar, incluidas las inundaciones que dañan a las comunidades costeras y los ecosistemas naturales.

El estudio, escrito por Ian Young y Agustín Ribal, profesores del departamento de ingeniería de infraestructura de la Universidad de Melbourne, analizó los datos de viento y olas de 31 satélites y 80 boyas oceánicas.

El equipo descubrió que, en promedio, los vientos y las olas se han hecho más fuertes, en todo el mundo. El fenómeno está más presente en el Océano Austral, que se ha vuelto 8 por ciento más ventoso y 5 por ciento más propenso a producir olas extremas que hace 33 años.

"Si bien los aumentos del 5 y 8 por ciento podrían no parecer mucho, si la situación continúa en el futuro, dichos cambios en nuestro clima tendrán un impacto importante", dijo Young en un comunicado. "Estos cambios tienen impactos que se sienten en todo el mundo".

Los autores dijeron que el papel que está jugando el cambio climático en esta tendencia aún no está claro, porque las interacciones entre los océanos, la atmósfera y el clima global son muy complejas. Es posible que los mares se estén volviendo más tormentosos debido al calentamiento de las temperaturas y que éstas condiciones contribuyan a los fenómenos meteorológicos extremos.

"Las estimaciones de los futuros estados oceánicos del viento y las olas, son elementos importantes de las proyecciones del nivel total del mar", dijeron los autores en el documento.

Durante siglos, los marineros han contado historias de olas anormales y huracanes en el agua. Ahora parece que los océanos se perfilan para un futuro aún más tormentoso, y que afectará cada vez más a las comunidades costeras además de los marinos.

Becky Ferreira https://ift.tt/eA8V8J