Artículo publicado originalmente por VICE Alemania.
Eran las ocho de la mañana de un sábado. Rafaela, de 52 años, me contó que cree en el amor verdadero mientras se fumaba un cigarrillo. A unos metros, dos ratas corrían en un estacionamiento. Durante la noche y el día que pasé con ella, Rafaela solo tuvo sexo con un hombre, pero me aseguró que en una buena noche pueden ser ocho o más hombres.
Rafaela es una trabajadora sexual de ahí, de la Kurfürstenstraße, el distrito rojo más grande de Berlín. “El hombre de mis sueños está ahí, en alguna parte”, me dijo confiada. “Cuando nos conozcamos, sentiré su calidez, aunque estemos a menos 25 grados… ¿Entiendes lo que quiero decir?”. La risa de Rafaela era fuerte, profunda y frecuente. A veces parecía que estaba tosiendo. Se considera una mujer optimista, “aunque no sirva de mucho”.
En ese momento, Rafaela y yo llevábamos unas 24 horas de conocernos. Ella llevaba despierta todo ese tiempo. Se mantiene activa con café, vodka y cerveza, y pasa sus horas libres en las tragamonedas de los bares locales.
A las tres de la mañana volvimos al Nil, ya vacío, y Rafaela me confesó que estuvo casada con un hombre que murió estando en la treintena. Nunca le dijo que era trabajadora sexual, pero jamás se acostaba con él si ese día había tenido clientes.
Enseguida empezó a salir el sol. En la televisión, estaba el cantante alemán Udo Jürgens con una chamarra plateada y un corbatín junto a una mujer con un peinado ochentero. Cantaban: “Ojalá encuentres el amor sin sufrimiento y nunca pierdas la esperanza”. Rafaela y el camarero cantaban al unísono.
“¿Crees que existe eso del amor sin sufrimiento?, preguntó el camarero. Rafaela respondió con certeza: “No”.
Christina Hertel https://ift.tt/2RQncjG
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