Artículo publicado por VICE México.
Construcciones arquitectónicas que parecen dar oídos sordos a su entorno y a la imperante necesidad social por formar parte de una estética comunal, se levantan en algunas zonas rurales de México declarando ese espacio como propio. Las casas, capturadas por el veterano fotógrafo mexicano Adam Wiseman, con quien habíamos platicado anteriormente en VICE para la columna de foto Ojo Mucho Ojo, muestran una aproximación aparentemente anarquista —e íntimamente surrealista— a la arquitectura de casas, parques, salones o centros que solamente se guiaron por una bujía: los deseos del constructor.
El proyecto fotográfico de Wiseman, nombrado apropiadamente como Arquitectura Libre, es una cacería de construcciones llenas de color, vitrales e inesperados giros arquitectónicos, que han pasado a formar parte indeleble del entorno en el que conviven. La facción trágica es que, muy seguido, los sueños de los constructores y arquitectos rara vez terminan por ser consumados por medio de habitar la vivienda y se quedan como casas fantasmagóricas de los lejanos mecenas de su construcción. “El dinero es enviado, una casa es imaginada y concebida, luego descrita e interpretada”, escribe Wiseman en su sitio. “Lo que es finalmente construido coincide rara vez con lo imaginado. Lo que es finalmente construido rara vez es habitado. Muchos no pueden vivir donde trabajan; trabajando para vidas que no pueden vivir”.
Adam finaliza contando que el proyecto, en realidad, aún no está terminado y que está preparando nuevas entregas en su sitio gracias al apoyo de una beca del Sistema Nacional de Creadores de Arte del FONCA.
Sergio sueña con construir una casa rarísima en Instagram.
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