Artículo publicado por VICE Argentina
La conquista del Planalto por Jair Bolsonaro movilizó a Brasil pero también provocó replicas al interior de la política argentina. Pocos días después de conocerse los resultados electorales, el diputado ultraconservador Alfredo Olmedo confirmó su candidatura a presidente. Lo siguió el dirigente del Frente Renovador, Sergio Massa —que tampoco esconde sus aspiraciones presidenciales— cuando definió a Bolsonaro como el garante de los intereses brasileños, lo que empujó a su vieja aliada electoral, Margarita Stolbizer, a desmarcarse de las declaraciones del ex intendente.
A un año de las presidenciales, el panorama electoral se mantiene abierto. La crisis económica golpea fuerte los índices de aprobación de Mauricio Macri mientras el peronismo no logra ponerse de acuerdo a la hora de definir candidatos. A la actual incertidumbre, provocada por la falta de precisiones de los dos actores políticos de peso en la Argentina, se le suma el sismo que generó el triunfo de Bolsonaro. Pero ¿es posible que surja un candidato como este en Argentina?
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Para José Natanson, director de la edición Cono Sur de Le Monde Diplomatique y autor del libro El milagro brasileño, la política no se mueve por efecto contagio sin embargo no subestima el aprendizaje que pueden generar este tipo de experiencias en los países cercanos. “Estamos viendo, en distintos países, una respuesta conservadora de ciertos sectores de la sociedad que reaccionan ante determinados temas —como la paranoia anti inmigración, el matrimonio igualitario o el avance del feminismo— aunque que cada uno de estos países tenga un modo de procesarlo distinto”.
El fenómeno de Bolsonaro no se acomoda fácil a las etiquetas tradicionales. La combinación entre el militarismo brasileño de rasgos conservadores con un discurso liberal en lo económico pero reaccionario en lo político hace difícil el uso de las categorías conocidas.
En ese sentido, la influencia de las Iglesias evangélicas vienen creciendo en América Latina. En Guatemala, llegaron a la presidencia. En Colombia, cumplieron un rol fundamental en el rechazo al acuerdo de paz con la guerrilla. En Brasil, se convirtieron en una fuerza política dentro del Congreso. “Existe un movimiento evangélico que lleva varios años de trabajado social de base en la Argentina pero todavía no constituyen una fuerza política, menos una fuerza electoral”, analiza Tokatlian.
De cualquier manera, el triunfo de Bolsonaro marca un punto de quiebre en la política regional. Al menos en lo inmediato, Argentina parece contar con algunos anticuerpos que impiden un vuelco hacia la ultraderecha. La pregunta es cuán sostenible es este escenario en un contexto global de fuerte crecimiento de impugnación a las elites políticas, en un continente donde el debate sobre la corrupción parece haber dominado la agenda política.
La emergencia o no de un Bolsonaro en Argentina dependerá de la capacidad que tengan los partidos políticos de impedir el crecimiento de aquellos líderes reaccionarios periféricos. Y también de la sociedad, que tendrá que estar despierta y mantenerse activa en la impugnación del discurso del odio así como en el repudio de aquellos candidatos que busquen llegar de cualquier modo y a cualquier costo al cargo de presidente en Argentina.
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