Artículo publicado por VICE Argentina
La primera —y hasta apenas unas semanas la única— referencia que esta cronista del sur del mundo tenía de Legoland era un capítulo de Los Simpsons en el que la familia amarilla más famosa del planeta visita “Blockoland” o “Cubolandia”, según el doblaje mexicano de la caricatura en Argentina. Un universo de atracciones hecho de bloques encastrables. Un guiño de Matt Groening al imperio de los ladrillos de plástico. Quizás eso despertó el entusiasmo ante la noticia: por primera vez llegaba a Buenos Aires la LEGO Fun Fest, una feria que prometía más de cuatro millones de ladrillos distribuidos en cinco mil metros cuadrados y 20 estaciones de actividades. Allí los visitantes podrían zambullirse en una pileta de Legos y hacer angelitos de colores, fabricar universos monocromáticos o personalizar un robot. No era Legoland pero estaba cerca.
“The LEGO Group ha hecho una promesa al mundo: allá donde operemos, dejaremos una huella positiva”, afirma la compañía en su sitio web. Quizás la mamá que arrastra a su hija entre llantos rogando que le compre Legos disienta. Al parecer, ni siquiera el colorido universo encastrable es perfecto. Hasta a la Torre Eiffel que Lisa traía de Cubolandia le faltaba una pieza.
No hay comentarios:
Publicar un comentario