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jueves, 2 de abril de 2020

Por qué estás soñando cosas raras durante el confinamiento

Artículo publicado originalmente por VICE España.

"El otro día soñé que Amancio Ortega organizaba un macrofestival en Herencia durante la cuarentena y estaba permitido ir, con mascarillas y eso. El caso es que nadie se lo agradecía y se enfadaba y lo desmantelaba en pleno concierto de Lori Meyers". Esta fue una de las respuestas que recibí en mi buzón de mensajes de Instagram cuando conté en una story que estaba teniendo sueños raros y que, sobre todo, me estaba acordando mucho de ellos al despertarme, cosa que no me ocurre normalmente.

Me llegaron decenas. No voy a reproducirlos porque oír los sueños de otros es, por regla general, interesante solo para el otro, para el que lo cuenta.

El caso es que durante la cuarentena muchos estamos experimentando que "soñamos más" —es decir, que recordamos más nuestros sueños— y que son por regla general más extraños, inquietantes o evidentemente simbólicos que antes. También soñamos, claro, con cuestiones relacionadas al coronavirus, con las medidas tomadas para paliar la pandemia en alguna de sus formas, con el estado de alarma, con los supermercados desabastecidos, con el fin del mundo...

Nuestro inconsciente, además, parece no atender mucho a lo del "no uses metáforas belicistas, que esto no es una guerra", porque muchos de nosotros soñamos con conflictos armados, trincheras, persecuciones o violencia en alguna de sus formas.

"Los sueños estos tienden a ir un poco por delante de lo que nosotros nos damos cuenta de nosotros mismos"

Y todo ello tiene explicación. Que soñemos raro en estos días ni es una excepcionalidad ni nos hace únicos. No somos tan especiales. Nunca. "Los sueños han tenido siempre, y siguen teniendo ahora para la ciencia, un cierto carácter de misterio, de ser algo desconocido. Todavía no conocemos en esencia las funciones de las imágenes que ocurren de forma autónoma durante el sueño", aclara en primer lugar el Doctor en psiquiatría y psicólogo Francisco López Cánovas.

"Los médicos nos interesamos por si un paciente tiene o no pesadillas, pues puede indicarnos y ser un criterio diagnóstico de haber padecido alguna vivencia difícil de digerir psicológicamente, y hemos de investigarlo. Por lo tanto, hemos de acercarnos con actitud científica, sin juzgar, sin sacar conclusiones antes de tiempo sobre algo que no hayamos reflexionado y estudiado antes, hemos de entender cómo han sucedido, como detectives ante un crimen".

"El sueño", dice, "tiende a ser una actividad que 'compensa' o 'señala' cómo ha estado yendo nuestra psicología durante el día. Un ejemplo simple pero ilustrativo sería pensar que si alguna noche nos hemos ido a la cama sin haber cenado lo suficiente, podríamos soñar que estamos preparando una receta, o que estamos en un restaurante en los minutos previos a que se nos sirva algo apetitoso. Son imágenes que se relacionan con el hambre de fondo con la que nos hemos ido a dormir", explica.

Y de una forma más compleja, en un período de confinamiento como el que estamos viviendo podemos soñar con "el miedo a enfermar por el virus, la fragilidad e impotencia ante familiares o amigos afectados, la incertidumbre ante el futuro, la percepción de forma diferente del valor de la economía, del trabajo, de las relaciones afectivas, del ocio, las comodidades materiales… En mi experiencia y en la de muchos autores psicoanalíticos, los sueños tienden a ir un poco por delante de lo que nosotros mismos percibimos. Quizá durante el día no haya tenido tiempo ni me haya podido parar a sentir miedo, pero en el sueño puede manifestarse en forma de imagen", añade.

CÓMO SE FABRICAN NUESTROS SUEÑOS (Y QUÉ HAY DE DISTINTO EN ETAPAS DE CONFINAMIENTO)

El psicólogo clínico Juan Antonio Membrive, que a petición popular publicaba en estos días un hilo en Twitter sobre por qué "soñamos raro" durante estos días, sostiene que solo podemos esbozar algunas hipótesis por que no hay evidencia suficiente de cómo funcionan los sueños en situaciones como esta.

La primera sería que "las experiencias que tenemos a lo largo del día o de nuestra vida", dice, "cuando son significativas o rompen con la monotonía, funcionan como 'marcadores' en nuestra capacidad para recordar. Prestamos más atención a estos eventos. Es obvio que en este tiempo que pasamos confinados tenemos menos experiencias a lo largo del día, por eso es fácil que nuestros sueños sean una experiencia muy diferente al resto de eventos diarios, donde la estimulación es siempre la misma".

"La segunda hipótesis", continúa, "tiene que ver con nuestra atención y estado de ánimo. Hay dos condiciones que aumentan la llamada autofocalización (centrarse en uno mismo y las propias reacciones psicológicas). Estas dos condiciones son el estado de ánimo disfórico (malestar) y la baja estimulación. Ambas condiciones se dan en nuestra situación actual y a su vez esta autofocalización conlleva un aumento del estado de ánimo disfórico, retroalimentándose el uno al otro. En este sentido, sabemos que un estado de ánimo alterado puede predisponer a tener más sueños y, sobre todo, sueños con una carga emocional mayor. Entre ellas, las pesadillas".

Al respecto, el Doctor López Cánovas habla de que "el estímulo para el sueño no depende tanto de que nos pasen cosas externamente, sino que se moviliza según la actividad interna, la vivencia subjetiva de lo que está ocurriendo. Esto puede estar siendo tremendamente intenso: puede que no haya hecho nada exteriormente, pero si he pasado el día confinado, sintiendo ahogo, preocupado por la vulnerabilidad de un familiar mayor o he sentido soledad o desconexión al ver el parque vacío por la ventana, todo esto es material que podría manifestarse como imagen en una escena de un sueño".

"Para fabricar sueños, el cerebro puede partir de eventos y personas reales que tenga en la memoria, más o menos deformados, pero también nos encontramos con que puede crear imágenes inéditas. Así, tanto niños como adultos pueden acabar teniendo un sueño con algo que no han visto ni vivido nunca y que sorprenden al soñante, pero lo importante de ello es agarrarnos a lo que la imagen puede estar queriendo exponer de forma simbólica", añade.

"Los contenidos de los sueños suelen hacer referencia a aspectos relacionados con nuestra supervivencia"

Pero, ¿cómo interpretarlos? "En La interpretación de los sueños, en 1900, Freud expone que en su experiencia el sueño suele ser una realización alucinatoria de deseos más o menos conscientes del soñante. El psicoanálisis actual, en sus diversas escuelas, aunque ampliando y matizando esta afirmación, está de acuerdo con la actividad compensatoria, prospectiva y simbólica de las imágenes del sueño en relación con la vida psíquica del soñante durante su día a día. Con todo lo que está pasando se generan situaciones emocionales muy diversas y personales. Soñar con un encuentro con una ex pareja, por ejemplo, durante el confinamiento, significará cosas muy distintas según la historia pasada y actual de quien lo sueña", responde López Cánovas.

Respecto a la posibilidad de soñar con conflictos, amenazas, persecuciones o guerras durante estos días, Membrive añade que "se ha encontrado que los contenidos de los sueños suelen hacer referencia a aspectos relacionados con nuestra supervivencia, como amenazas a nuestra integridad y la salud propia u otras temáticas relacionadas como la agresión y su evitabilidad, las interacciones sociales relevantes y la sexualidad. No es que estos contenidos estén escritos en nuestros genes, pero somos más vulnerables a estos eventos y temáticas por motivos filogenéticos, de forma que son también los más salientes de entre todos los que ocurren en nuestro día a día".

¿PODEMOS TOMAR EL CONTROL DE NUESTROS SUEÑOS?

La respuesta rápida es no. "Hay personas que de forma natural tienen la vivencia de poder 'escoger' con qué soñar o qué hacer dentro de un sueño. Pero incluso para esas personas el sueño es en gran porcentaje un proceso autónomo", explica el médico psiquiatra.

El psicólogo añade que "ser un soñador lúcido es algo que se puede entrenar a través de técnicas como la de la reflexión. La capacidad de ser un soñador lúcido se ha utilizado para tratar problemas de pesadillas, con buenos resultados en algunos casos. Otras técnicas para cambiar el contenido de los sueños son las técnicas de imaginería mental (IRT) y desensibilización sistemática. Básicamente, consisten en repetir el sueño problemático en la imaginación mientras estamos despiertos, pero con un final diferente o mientras intentas relajarte como conducta alternativa al carácter ansiógeno y amenazante del sueño. Suelen utilizarse cuando el malestar generado por las pesadillas es tan intenso que interfiere en nuestro día a día, aunque pueden utilizarlas también personas que no tengan problemas tan graves o que simplemente quiera tener experiencias diferentes en sus sueños", remata.

Lo que con seguridad podemos hacer para prevenir sueños raros de cuarentena es cuidar la salud de nuestro sueño. "El confinamiento puede afectar mucho a nuestros patrones de sueño", dice el neurofisiólogo clínico especializado en medicina del sueño Javier Albares. "En él confluyen dos factores: por un lado, el estrés y la ansiedad por la situación dramática que estamos viviendo a causa de la pandemia y sus consecuencias y, por el otro, el confinamiento en sí mismo. Con él perdemos gran parte de nuestros sincronizadores externos. Nuestro sueño y nuestra vigilia funcionan de acuerdo a un ritmo circadiano, con períodos 24 horas, como otros muchos ritmos biológicos. Para funcionar bien necesitan relojes, uno interno central y varios periféricos, pero estos no funcionan solos sino que hay que darles cuerda a través de, fundamentalmente, tres sincronizadores externos: la luz y la oscuridad, la alimentación y la actividad física. Son tres factores muy fáciles de perder en una cuarentena, y el cuarto, que serían las relaciones sociales, también lo es en gran medida", explica.

"Es conveniente estar en ambientes con luces cálidas y de baja intensidad, evitar aparatos digitales y generar un ambiente relajado"

Por ello es importante que nos hagamos conscientes de que necesitamos sincronizadores externos y que trabajemos en ellos para descansar bien. "Lo esencial es trabajar en esos tres sincronizadores. En primer lugar, en el ciclo luz/oscuridad. Es muy importante que la luz natural, en la medida de lo posible, claro, porque no todo el mundo vive en las mismas condiciones, nos llegue desde primera hora de la mañana. Descorrer cortinas y persianas en cuanto nos levantamos es decirle a nuestro cuerpo que es de día, y este se activa. Si empiezo a tener luz antes, tendré sueño antes. Lo mismo con la oscuridad: dos o tres horas antes de dormir hay que empezar a decirle a nuestro cuerpo que es de noche para que segregue la hormona del sueño, la melatonina, y así facilitarlo. Es conveniente estar en ambientes con luces cálidas y de baja intensidad, evitar aparatos digitales y generar un ambiente relajado", explica.

Además, hay que atender a los otros dos sincronizadores: las rutinas de alimentación, "que son las que marcan el resto de las rutinas de nuestro día", comenta el neurofisiólogo, y la actividad física. Y por último recomienda hacer, en la medida de lo posible, "dieta informativa", regulando el tiempo que pasamos expuestos a información y noticias de actualidad, y practicar la meditación o hacer en casa técnicas de mindfulness.

Si aun así no lo consigues, si nada de lo anterior te funciona, si sigues soñando que Amancio Ortega monta macrofestivales en Herencia, si tus sueños parecen dirigidos por el jodido Tarkovski y te despiertas un poco desconcertado pues siempre puedes darle la turra a tus amigos con que "había una máscara, y salías tú, que bueno, en realidad no eras tú pero yo sabía que eras tú". Eso o empezar un diario con tus sueños porque recuerda: la ilusión que sentimos al contar uno es directamente proporcional a la tortura a la que sometemos a quien condenamos a escucharlo.

Sigue a Ana Iris Simón en @anairissimon.

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El orgasmo vaginal no existe, es una invención misógina

Artículo publicado originalmente por VICE España.

"Me gusta cuando está encima de mi pero no llego al orgasmo. Al final siempre acabo haciendo trampa y tocándome con mis dedos para llegar. Entonces sí lo logro, pero tener un orgasmo vaginal, que se supone que es más intenso y mejor... eso es imposible".

Es probable que estas frases se hayan repetido una y otra vez en grupos de amigas al comentar qué tal les iba en las relaciones sexuales. También que alguna dijera que ella sí sabe "lo que es" y "es increíble". Pero es menos habitual, sin embargo, que alguien conteste que eso es una tontería, y menos habitual todavía que otra interrumpa la conversación para decir que la distinción entre un orgasmo clitoriano y un orgasmo vaginal es un invento, una patraña misógina sin ningún fundamento científico.

Pero es necesario interrumpir esa conversación porque el mito de los dos orgasmos sigue impregnando nuestra sexualidad y nos presiona diariamente como un molesto chirrido de fondo, sin que sepamos muy bien su origen y a pesar de que las investigaciones hayan demostrado una y otra vez su invalidez. “Las expresiones 'orgasmo vaginal' y 'orgasmo clitoriano' están muy extendidas, aunque en realidad no existe ninguna diferencia entre ellos”, explican las expertas en salud sexual para jóvenes Nina Brochmann y Ellen Stocken Dall en El libro de la vagina.

“Ahora sabemos que el clítoris es un órgano de gran tamaño y no un botoncito situado en la parte delantera de la vulva. Las partes internas del clítoris rodean tanto la uretra como la vagina y pueden ser estimuladas indirectamente a través de casi todas las formas de estimulación de la vulva y la vagina”.

“Las expresiones 'orgasmo vaginal' y 'orgasmo clitoriano' están muy extendidas, aunque en realidad no existe ninguna diferencia entre ellos”

Sin embargo, el del orgasmo vaginal no es un mito cualquiera, transmitido acríticamente de generación en generación, como parte de una sabiduría popular inmemorial o algo parecido, sino que se trata de una teoría supuestamente científica que Sigmund Freud se sacó de la manga hace poco más de un siglo para infantilizar a las mujeres, patologizar su deseo y convertir la misoginia en un criterio de diagnóstico. En la práctica, la distinción servía para señalar a las mujeres frígidas que no alcanzaban el orgasmo mediante el coito vaginal.

En un contexto en el que la frigidez se utilizaba como herramienta de control social —permitía convertir a las mujeres en seres disfuncionales e inmaduros que debían recibir tratamiento psiquiátrico—, postular una teoría de este tipo no era para nada inocente. “Fue la técnica de dominación por excelencia”, concluyen las investigadoras Brochann y Stocken Dall. “O estabas de acuerdo con él o estabas loca”.

La historia del mito se remonta a 1905, cuando el padre del psicoanálisis, Sigmund Freud, publicó un libro considerado revolucionario, Tres ensayos sobre teoría sexual. Allí explicaba los términos para la comprensión psicoanalítica de la sexualidad femenina, haciendo referencia a la oposición entre la sexualidad clitoriana y vaginal, siendo la primera la que correspondía a las mujeres “inmaduras” y la segunda, a las “maduras”.

Estos ensayos ponían por primera vez la infancia en el centro de la sexualidad y tachaban de “perversión” cualquier forma de deseo centrado en zonas erógenas que no fuesen los genitales.

"Se trata de una teoría supuestamente científica que Sigmund Freud se sacó de la manga hace poco más de un siglo para infantilizar a las mujeres, patologizar su deseo y convertir la misoginia en un criterio de diagnóstico"

Lo sorprendente era que, al mismo tiempo que Freud universalizaba los impulsos perversos —consideraba como autoerotismo a un bebé chupándose el dedo o haciendo caca—, su teoría implicaba una infantilización de toda forma de sexualidad centrada en la estimulación de la boca o el ano, o de cualquier zona erógena que no fuesen el pene y la vagina.

Desde esta perspectiva, podía reconstruir creativamente la sexualidad de las niñas, quienes debían darse cuenta de que el tamaño y la función de su clítoris eran inadecuados en relación al pene al entrar en la adolescencia y, en consecuencia, debían renunciar al placer que le ofrecía su clítoris para centrarse en su vagina como órgano sexual dominante.

Pero si no lo conseguían, si la “transferencia” no era completa y el clítoris permanecía como centro de la sexualidad de una mujer tras pasar la adolescencia, corría el riesgo de sufrir problemas psicológicos tales como “envidia del pene, hostilidad contra los hombres, histeria y descontento neurótico”.

Toda la teoría descrita por Freud parecía la improvisación peligrosa de un tertuliano borracho tuiteando a las dos de la mañana —“¡la sexualidad de todas las niñas es perversa!”, “si se chupa el dedo, ¡cómo no le va a gustar lo otro!”—, y la verdad es que releída hoy parece tener menos consistencia científica que un chiste de mal gusto. Pero por muchas razones su relato resultó cautivador y se convirtió en una narrativa social aceptada: la libido, el complejo de Edipo o la sexualidad reprimida nacieron de ahí.

"Si el clítoris permanecía como centro de la sexualidad de una mujer tras pasar la adolescencia, corría el riesgo de sufrir problemas psicológicos tales como 'envidia del pene, hostilidad contra los hombres, histeria y descontento neurótico'"

Por su parte, la pervivencia del mito del doble orgasmo pudo extenderse porque fueron muchos los freudianos que dedicaron tiempo y esfuerzo a desacreditar el clítoris y a considerar su estimulación como un signo patológico en la sexualidad de las mujeres.

“No tiene importancia si la mujer se excita durante el coito o permanece fría”, comenzaba una monografía sobre la relación entre el clítoris y la neurosis de 1936, "si se detiene al comienzo o al final, lentamente o de repente, si se disipa en actos preliminares o ha estado ausente desde el comienzo. El único criterio para la frigidez es la ausencia de orgasmo vaginal”.

“Las mujeres frígidas, como las feministas y las lesbianas, no pueden tolerar que los hombres sean líderes en cuestiones sexuales y así, encubren fantasías neuróticas sobre sus propios poderes”. Tomando las palabras de Freud de manera literal, la patología que describían en esta monografía era en realidad una especie de hecatombe social: si las mujeres no rechazaban el placer que les otorgaba el clítoris, se estaban negando a aceptar sus roles femeninos.

El clítoris representaba el caos de las mujeres comportándose como ellos o aun peor, un intento de oprimirles: una subversión de lo normativo que mezclaba el fin de la familia con el desarrollo de mujeres anormales.

Esta fusión entre frigidez y feminismo no será desde luego anecdótica, sino que se convertirá en una herramienta realmente útil para popularizar el psicoanálisis después de la Segunda Guerra Mundial. Era necesario que las mujeres volvieran a su papel de madres y esposas silenciosas, y qué mejor forma de hacerlo que atribuyendo esta función a su normalidad femenina.

"Si las mujeres no rechazaban el placer que les otorgaba el clítoris, se estaban negando a aceptar sus roles femeninos"

No sería sino hasta los años 60 y después de varias investigaciones de sexólogos que se negarían rotundamente los supuestos de Freud, cuando Anne Koedt publicó un libro clave, El mito del orgasmo vaginal, en el que cuestionaba las ideas del padre del psicoanálisis y hacía referencia a los daños que causaba esta teoría en la salud mental de las mujeres, que “o bien sufrían en silencio culpándose o bien corrían en busca de un psiquiatra tratando desesperadamente de encontrar la represión oculta y terrible que las había mantenido alejadas de su destino vaginal”.

Poco después, fueron las feministas de los 70, entre ellas Kate Millet y Shulamith Firestone, quienes se opusieron tajantemente a esta división y además ofrecieron toda una serie de escritos que explicaban la incidencia negativa del método freudiano.

No se trataba solo de una falacia sin ningún tipo de validez científica, sino que habían utilizado la sexualidad de las mujeres para subyugarlas en lo público y en lo privado. La misma Anne Koedt, proponía la redefinición por parte de las mujeres de su propia sexualidad, y de este modo descartar las categorías de “normalidad” y “anormalidad” en el sexo, con el objetivo de generar unas pautas nuevas que tomasen en cuenta el goce de las personas implicadas en la relación sexual.

"El clítoris representaba el caos, la subversión de lo normativo"

Durante este mismo periodo de feminismo radical, en Italia, Carla Lonzi se reapropiaría de los conceptos en un sentido político, y haría de la mujer clitoriana un sujeto emancipatorio. En sus palabras, o se es una mujer que se somete a los deseos y normas de los hombres —mujer vaginal— o bien se es una mujer que no se somete y pretende hacer una subversión incorporando lo no pensado por los hombres: el deseo y placer femeninos de la mujer clitórica.

“El coito humano ha sido una primera etapa en la experiencia del placer, una etapa de sometimiento a las leyes del poder y del prestigio masculino”, concluye Lonzi en La Mujer, “la afirmación del clítoris como sexo propio es la fase actual de liberación de la mujer que descubre su identidad en el curso de la especie, de la historia y en el presente”.

“Es un hecho. Muchas mujeres vienen a mi consulta para contarme que no tienen orgasmos vaginales y cuando les explico que ese tipo de orgasmos no existen... ¡alucinan!”. Para Nayara Malnero, sexóloga, el mito no ha muerto aún y las razones de este malestar deben buscarse en el carácter falocéntrico que todavía en el S. XXI tienen las relaciones sexuales: “es lógico que las mujeres busquen las relaciones con penetración en una sociedad machista, coitocentrista y heterosexista”.

A pesar del feminismo radical y de los muchos estudios médicos que se han realizado, la distinción popularizada por Freud sigue afectando la forma en cómo percibimos y experimentamos nuestra sexualidad. La conversación que recreábamos al principio del texto no es una ficción: las mujeres nos seguimos preguntando qué nos pasa en nuestra vagina debido a años de representaciones opresivas y misóginas sobre nuestro cuerpo.

"Freud sigue afectando la forma en cómo percibimos y experimentamos nuestra sexualidad las mujeres"

“Las mujeres siguen sintiendo presión de muchos tipos durante las relaciones sexuales”, apunta también la fisiosexóloga Marta Galobardes, quien cree que “hay que dejar claro que el orgasmo está en nuestro cerebro, no en nuestros genitales. Esa sensación de éxtasis se da en el cerebro y lo que llamamos orgasmos son las manifestaciones físicas a nivel de contracciones de la musculatura estriada de nuestro suelo pélvico”.

Por ello, ambas sexólogas coinciden en que la solución debe pasar por una mayor educación sexual. “Nadie nos ha enseñado en casa o en la escuela —siempre hay excepciones— sobre sexualidad, sobre intimidad, sobre placer, sobre orgasmo. Uno de los grandes retos considero, es la autoestima. Porque quizás las mujeres temen expresar lo que quieren que les hagan, qué tipo de estímulo necesitan o qué les apetece en ese momento”, explica Galobardes. Y en este aprendizaje es imprescindible, como explica El libro de la vaginal que tengamos claras las exigencias: “sé generosa contigo misma. Es un error considerar al orgasmo como una mera propina. El orgasmo debería ser la norma, también para las mujeres”.

@Berta_Gomez

Berta Gómez Santo Tomás https://ift.tt/eA8V8J

Colapsa el sitio web Hentai por publicar gratis su contenido porno

Artículo publicado originalmente por VICE Estados Unidos.

Fakku, una plataforma hentai en inglés, se acaba de unir a la lucha contra el Covid-19 anunciando de que todo su contenido porno será gratuito durante las próximas dos semanas.

Sin embargo, a las pocas horas de la revelación, el sitio colapsó, posiblemente debido a una abrumadora horda de entusiastas del hentai confinados en sus hogares que sobrecargaron sus servidores e intentaron descargar el contenido gratuito mientras podían.

"A medida que el mundo continúa practicando el distanciamiento social para luchar contra la propagación del COVID-19, debemos unirnos y permanecer en casa", publicó la cuenta de Fakku en Twitter el domingo por la noche. "Comenzando AHORA MISMO, todo el hentai de suscripción será gratuito durante las próximas dos semanas en FAKKU".

Sin embargo, al hacer clic en el sitio al día siguiente, mostraba esta página de error:

Si bien no podemos determinar cuándo, exactamente, Fakku sucumbió a la sobrecarga de su servidor, el sitio estuvo inactivo durante al menos dos horas, dijeron los usuarios en un subreddit de acumulación de datos que se quejaron de que el sitio estaba desplegando errores mientras intentaban archivar el contenido gratuito.

Al momento de escribir esta nota, el sitio aún está inactivo en su mayor parte, pero algunas imágenes están cargando a medias, mientras se resuelve la situación.

Fakku fue lanzado en 2006 y tiene más de nueve millones de visitantes únicos cada mes, según sus propias estadísticas. La cuenta de Twitter tiene más de 256.000 seguidores.

Los sitios porno de todo el mundo se están subiendo al tren del marketing viral del coronavirus: Pornhub está ofreciendo contenido Premium gratuito, xHamster y Stripchat están dando sesiones gratuitas con cam models, y OnlyFans publicó consejos para las personas que están teniendo dificultades para ganar dinero debido a la falta de ventas o la reducción de sus trabajos diarios por la pandemia.

Samantha Cole https://ift.tt/3bBJteL

miércoles, 1 de abril de 2020

Menstruar o morir lejos de casa

Fueron cuatro horas de viaje arriba del autobús junto a mis compañeros de colegio. Treinta preadolescentes de doce años a punto de vivir la primera aventura fuera de la ciudad sin padres a la vista. Cinco de mi compañeros varones se ubicaron en los asientos del fondo y hacían chistes sobre un posible juego: la botellita. Varias chicas nos miramos tímidamente con una leve sonrisa. Era posible que muchas de nosotras tuviéramos nuestro primer beso en ese viaje al fin del mundo.

Me dolió la panza todo el trayecto, pero no dije nada. Corrí hasta el final del pasillo jugando con una pelota mientras una profesora intentaba alcanzarme para ponerme el cinturón de seguridad y hacerme quedar quieta. Estaba atrapada sobre la ruta sin tener un mínimo espacio de privacidad. Metí la cabeza dentro de mi mochila y saqué un walkman; me quedaba pila para escuchar un lado de Yendo de la cama al Living, un casette de Charly García que me había encontrado en mi casa entre las cosas que nadie usa pero que no tiraríamos jamás. Todavía faltaban dos horas de viaje hasta llegar al destino.

Manzano Amargo se llamaba el pueblo, un lugar que olía a manzanas rojas recién cortadas y bosta de caballo. El típico paisaje del valle sureño de Argentina, de colores naranjas y temperaturas que rozan los cero grados en cualquier época del año. Antes de bajar del autobús una de las profesoras pidió silencio y nos aclaró que dormiríamos en un colegio, dos aulas separadas, las nenas por un lado y los nenes por el otro.

Ni bien llegamos al destino fui al baño; algo me pasaba, sentía mi ropa interior húmeda. Cuando vi la bombacha, me senté en el inodoro y busqué con la vista una lastimadura entre mis piernas, después dentro de mi vagina: no había nada. Me rompí, o algo se me rompió por dentro, pensé. ¿Por qué la sangre que veía era de color marrón? Me quedé encerrada esperando a que alguien viniera y me preguntara algo, un algo para el que yo no tenía respuesta. No sabía por qué me dolía la panza ni por qué tenía la bombacha manchada; no sabía si se me iba a pasar pronto o era el inicio de mi muerte en el medio de un pueblo rural sin ninguna de mis cosas más preciadas alrededor.

No sabía por qué me dolía la panza ni por qué tenía la bombacha manchada; no sabía si se me iba a pasar pronto o era el inicio de mi muerte en el medio de un pueblo rural.

Una maestra apareció y, desde el cubículo de dos por dos, le comenté en voz baja “mi situación”. ¡Sos señorita!, gritó del otro lado de la puerta, y cuando la abrí ella ya no estaba; había salido corriendo por los pasillos del colegio cual loca liberada después del encierro. A los dos minutos volvió con una toallita y una bombacha limpia que había encontrado en mi mochila. No sabía de dónde había sacado la toallita, tampoco le pregunté por vergüenza. Me pasó ambas cosas por debajo de la puerta, y antes de escuchar algún tipo de indicación absurda abrí rápido el envoltorio y la pegué sobre la bombacha limpia. Apoyé con cuidado mi kit de señorita sobre el inodoro y me cambié. Salí triunfante del baño con una bombacha sucia en una pequeña bolsa y una docente custodiando mi paseo por el colegio.

Para cuando llegué al aula llena de bolsas de dormir todas mis compañeras estaban al tanto de “mi situación”. La mayoría había ido preparada “por las dudas”, yo ni siquiera sabía que ese “por las dudas” podía existir. Era la primera de la clase que pasaba de ser un algo, a ser señorita. De repente se hizo un círculo a mi alrededor; tuve un instante de popularidad no buscada entre mantas y tazas de mate cocido. Era una estrella de rock y ellas las paparazzi; querían conocer todos los detalles.

—¿Te duele?

—Creo que no, pero me siento incómoda con esto puesto, siento que se me nota.

—¿Pero cómo es?

—No sé… no es sangre roja, como cuando te lastimás, sino distinta, marrón.

—¿Querés llamar a tu mamá?

—Sí.

Encontré un monedero en el bolsillo y fui en búsqueda de un teléfono público. Descubrí uno justo en frente de la dirección. Metí en la ranura del teléfono un par de monedas que me habían dado, esas sí “por las dudas”, y marqué.

—Hola mamá, creo que soy señorita —dije apropiándome de la expresión de la profesora.

—¿Cómo “creo”?

—No sé, me lo dijo la profe, tengo una toallita puesta.

—Te felicito, Paloma. ¿Igual no sos chica para eso? Creo que nunca te dije que te iba a pasar todos los meses.

—¡¿TODOS LOS MESES?!

— Bueno, no es traumático, es incómodo. Hablamos cuando vuelvas.

Corté el teléfono y sonreí. Esperaba que mi madre reaccionara como lo hacían mis compañeras de curso, que armara una telenovela del prime time a través del teléfono, que gritara, llorara y me hiciera llorar a mí. Pero con mi madre jamás pasaría eso. Mi conversación se transformó más bien en un segundo de sitcom con un remate perfecto. Era la segunda vez en el día que me hacían sentir que estaba adelantada a algo. ¿Qué era yo antes de descubrir un chorreón de sangre en mi bombacha? ¿Acaso sería un ardilla que simplemente correteaba por pasillos de autobuses buscando el sol?

Paloma Navarro mujer recostada en sofá con manos en barriga

Una hora después me encontraba con un jabón y un cepillo en la mano limpiando mi ropa interior como si no tuviera algo mejor que hacer. La mancha estaba seca, impregnada en el centro de la bombacha como si la tela fuese mi piel y hubiese originado una cicatriz de por vida. Raspé fuerte, luego froté uniendo ambos lados como había visto que lavaban en alguna película de guerra. Pocos hombres morirán sabiendo lo que es sacar sangre de la ropa, una situación que no se asemeja ni un poco a salvar rápidamente una camisa de una mancha de vino con sal; esto es fuerza, enojo y finalmente resignación.

Esa tarde hicimos una excursión. Ya toda mi clase lo sabía . La profesora lunática había programado un paseo por la montaña. Uno de mis compañeros me agarró de la mano para subir el sendero, me preguntó si podía hacerlo igual que el resto. Claro que sí, le contesté. No me enojó su pregunta, en lo único que pensaba era en mi toallita desacomodada, en que se me notaba, en que quería volver a mi casa.

Pocos hombres morirán sabiendo lo que es sacar sangre de la ropa.

Veía las caras de los varones desconcertados, preocupados por “mi situación”, como si tuviesen la obligación de estar atentos a lo desconocido. Era la primera menstruación en un semicampamento de fin de curso sin ningún tipo de información a la que acceder. Las horas pasaban y comenzó a circular el rumor de la charla sobre la menstruación para el fogón de la noche. Mientras mi vergüenza crecía, mi cuerpo no podía olvidarse de la sangre que bajaba; sentía que llevaba un pañal pequeño que se desacomodaba a cada rato.

En mi clase me decían que a veces parecía que buscara ser la protagonista de una historia. Pero esa historia era incómoda y yo no quería ser su protagonista. Mi madre me recuerda siempre que fui el personaje que obligó a que una de las profesoras nos hablara de sexualidad en un imprevisto nocturno. “Paloma está viviendo algo muy lindo y tenemos que acompañarla”, dijo la profesora entre la oscuridad. Me reí para no llorar. Después de todo, no tenía escapatoria.

Después de esa charla nos encerramos varios de los varones y mujeres en un aula aislada. Un compañero sacó una botella de plástico y la puso en el centro. Sin que ningún adulto responsable nos descubriera decidimos dar otro paso hacia la adultez. Un juego que nadie nos había explicado, una vez más.

A Paloma la encuentras en Twitter como @pily0.

Puedes leer más textos de la edición Cuerpo: narrativas personales en este link.

Paloma Navarro Nicoletti https://ift.tt/3bIH4Pt

Zoom enfrenta demanda colectiva por compartir datos con Facebook

Artículo publicado originalmente por VICE Estados Unidos.

El lunes pasado un usuario de la popular aplicación de videoconferencia Zoom presentó una demanda colectiva contra la compañía por enviar datos a Facebook. La demanda argumenta que Zoom violó la nueva ley de protección de datos de California al no obtener el consentimiento adecuado de los usuarios sobre la transferencia de datos.

"El acusado sabía o debería haber sabido que las prácticas de seguridad de la aplicación Zoom eran inadecuadas para salvaguardar la información personal de los miembros de la demanda colectiva y que el riesgo de divulgación no autorizada al menos a Facebook era muy probable. El acusado no implementó y mantuvo procedimientos y prácticas de seguridad razonables apropiados sobre la naturaleza de la información para proteger la información personal del demandante y los miembros de la demanda colectiva", se lee en la demanda, que fue publicada por primera vez por Bloomberg.

Al analizar el tráfico de red de la aplicación Zoom iOS, Motherboard descubrió que, cuando se abría, la aplicación enviaba información sobre el dispositivo del usuario, como el modelo, la ciudad y la zona horaria desde la que se conectaba, el operador de teléfono que estaban usando y un código de identificación único del anunciante creado por el dispositivo del usuario.

Días después de que Motherboard informara a Zoom sobre la transferencia de datos, la compañía emitió un comunicado confirmando el análisis. Zoom también introdujo una actualización de la aplicación para eliminar el código que envió los datos.

"Zoom parece no haber tomado ninguna medida para bloquear el funcionamiento de ninguna de las versiones anteriores de la aplicación. Por lo tanto, a menos que los usuarios actualicen su Zoom, es probable que continúen enviando información personal no autorizada a Facebook, y tal vez a otros terceros, sin saberlo. Zoom podría haber obligado a todos los usuarios de iOS a actualizar la app para continuar usando Zoom, pero al parecer decidió no hacerlo", dice la demanda. (Los usuarios de iOS pueden ver cuándo hay una actualización disponible de una aplicación cuando abren App Store).

La demanda argumenta que Zoom tampoco se ha asegurado de que Facebook haya eliminado los datos. También afirma que Zoom participó en prácticas comerciales ilegales e injustas y violó la Constitución de California.

Zoom no respondió de inmediato a una solicitud de comentarios.

Joseph Cox https://ift.tt/eA8V8J

AHORA YO PICHEO

YHLQMDLG. Yo hago lo que me da la gana. Es el título del reciente álbum de Bad Bunny, menos conocido como Benito Martínez. “Yo perrea sola”, su último single, ha sido presentado por la prensa como “una oda al empoderamiento femenino” al mostrarnos al trapstar dragueado, un gesto con lo que —supuestamente— rompería estereotipos de género. El colorido videoclip dirigido entre Benito y el fotógrafo estadounidense colombiano Stillz invita al debate sobre el vínculo entre feminismos, música urbana, capitalismo, corporalidades y sexualidades disidentes. Esto, en plena cuarentena mundial, en tiempos en los que estamos arriesgando nuestra vida y/o en total confinamiento / aislamiento del otro.

Aclaremos una cosa: no existe el “vestirse de mujer”. La ropa no tiene género. No hay ropa que te haga hombre o mujer. No hay colores de hombres o de mujeres. Tampoco hay “mujer”. Existen mujeres, muchas. ¿Cómo es vestirse de “mujer”? ¿Todas las mujeres nos vestimos iguales? ¿Todas las mujeres nos ponemos falda? ¿La falda hace a una mujer? ¿Una mujer de Ghana se viste similar a una mujer colombiana? ¿Las mujeres puertorriqueñas se visten iguales entre sí? Sabemos que no. Lo que opera en el videoclip de Bad Bunny son estereotipos patriarcales de la mujer y sus preconceptos de lo femenino. El conejo se ha vestido de prototipos de mujeres, por tanto: ¿cómo va a romper o correr un cerco que él mismo está reforzando? Vamos paso a paso.

Antes de seguir con la crítica, revisemos cada una de las escenas del video. Vamos paso a paso.

La travesti de rojo: Benito enfundando en un traje de vinyl rojo corto que recuerda a Britney Spears en “Ops I did it again”, botas hasta el muslo, guantes largos, pelo negro corto, pulseras, aros largos y collares, sobre una escenografía de fantasía, de la que jamás se bajará. Hace una seguidilla de poses y de pasos de baile sin separar los pies del suelo, probablemente porque se le dificulta mantenerse sobre los tacos. Vemos su boca abierta, los labios brillantes y húmedos, el septum de su nariz (¡Sí, ahora sabemos que es Bad Bunny!), sus dientes, su rostro rasurado. Mientras Benito travestido baila, se acercan seis hombres queriendo tocarle hasta que les suelta el “yo perreo sola” y salen volando. Es el primer shock con el que nos encontramos: la gata fiera de la discoteca. Esa drag que está más allá del bien y del mal, mientras hace playback sobre la voz de una mujer a la que desconoce y se contornea delante de dos equis iluminadas.

La Rosalía de amarillo: Un Benito caracterizado de mujer con pelo largo crespo, muy peinado, en un conjunto naranja, lleva tetas enormes y duras que no deja de tocarse mientras expone unas uñas rosadas y largas como las de Rosalía. Diríamos que es ella excepto por las axilas peludas y ¿bototos? para el perreo.

Las flores bailan: El conejo malo arriba de un Roll Royce tapizado de rosado, igual que su atuendo. “Los nenes y las nenas quieren con ella”, canta mientras se abre el plano y las flores del set comienzan a moverse. Seis bailarinas tapizadas en flores rosadas y fucsias cabalgan sobre sus pompas y mueven los brazos. Mientras Benito muestra la última tendencia en streetwear para chicos del trap, mujeres enflorecidas y en cuclillas se trepan al auto queriendo tocarlo. Él sigue sentado sobre el descapotable sujetándose la cabeza mientras se pregunta ¿qué hago aquí? Ellas twerkean el infatigable coro.

La platinada: Letreros de neón verde oscuro —que hacen alusión a los pañuelos del aborto libre— vibran sobre la figura de una femme fatal con boina brillante y lentes. Entero ajustado de negro y cinturón grueso modelan la curva de una coneja que entrega sus nalgas a un Benito urbano, con corte de pelo habitual, que nos saca la lengua mientras la perrea. En esta suerte de autoperreo, le da la cara a un “Las mujeres mandan” y la espalda al “Ni una menos”; así nos entrega una clave de lectura sobre el uso del feminismo en su video.

Las domadoras: A los dos minutos y al centro de una pileta, de gafas, con falda larga escocesa, encadenado por las piernas, brazos y cuello, está parado Benito: es el centro de algo que nunca pasa. A su alrededor, entronadas, hay cinco mujeres; son reinas y carneras, animalescas y diabólicas, que carecen de acción y poder. Por su parte, Bad Bunny suda bien sexy, pero muestra cero resistencia al sometimiento, no sabe nada sobre sado.

Las diferentes: La bailarina de cabaret, una anciana, una negra gorda tapada hasta el tobillo, la instagrammer que comenzó con su challenge de #YoPerreoSola en la calle, su coreógrafe y al menos seis jóvenes que podrías encontrar en la calle de Miami bailan como quieren con el mismo fondo que la falsa Rosalía. En la escena se intercalan las tetas falsas sin pezón de Bad Bunny con hiper zoom.

SACAR LA LENGUA

Este video tiene antecedentes. Hagamos sólo un poco de memoria. Hace exactamente un mes, en el Show de Jimmy Fallon, Benito presentó la carátula del disco y apareció con una camisa que llevaba la consigna “Mataron a Alexa, no a un hombre vestido de mujer”. Alexa, mujer afrodescendiente y transgénero, fue brutalmente asesinada el 24 de febrero en la ciudad de Toa Baja, en Puerto Rico. Las noticias locales publicaron su foto con el rostro pixelado en un restaurante de comida rápida; le desaparecieron la cara. Y Bad Bunny aprovechó su visibilidad para respaldar la denuncia y abogar por los derechos LGTBIQ+. Luego de eso, Benito se reconoció como heterosexual, pero planteó dudas sobre si en el futuro seguiría siéndolo.

El género urbano, en específico, el reggaetón y el trap, conforman una lucrativa industria musical. También es una factoría de producciones masivas cada vez más cercanas al pop, con líricas que históricamente han arrastrado la grosería y el machismo, no solamente en sus voces, sino también en sus prácticas. Hoy estas son tan importantes, que los Grammy Latinos escucharon la polémica protesta del 2019 y las integraron con una categoría propia, con lo cual consiguieron el mayor espacio de institucionalidad al que podría llegar el underground callejero boricua.

Ahora, el género se encuentra en el epicentro del mainstream siendo un espacio público de convergencia musical y divergencia teórica. En este espacio público hoy se encuentra Bad Bunny travestido de chama cantando un “yo perreo sola” a la par de “si tu novio no te mama el culo entonces que no mame” y un par de videos de Tik Tok de una mamá de cabeza gigante y unas abuelas que no pueden más con la declaratoria.

El cosmos weirdo que abre Bad Bunny al público millennial ya lo antecedió J Balvin y también la actual escena under española y latinoamericana: Pablo Vittar, Kevin Fret (RIP), King Jedet, Ms Nina, Bad Gyal, Tomasa del Real, etc. Sin tener un decidido discurso político representan valores feministas a través del mismo perreo; lo han subvertido al proponer una fantasía más que un manifiesto de sí mismos. Por eso, cuando la coneja mala dice que perrea sola en el género urbano de la rareza, hagamos un alto; desde el “Yo quiero bailar, tu quieres sudar (...) eso no quiere decir que pa’ la cama voy”, de Ivy Queen, sabemos que no necesitamos de un otro que venga a quitarnos de encima a los hombres de la discoteca. Principalmente porque somos nosotres quienes ponemos el cuerpo, las nalgas y el goce al twerkear. No ellos.

¿A quién le habla Bad Bunny en la leyenda final, que dice “Si no quiere perrear contigo, respeta, ella perrea sola”? Las uñas pintadas y las faldas de las presentaciones en TV son poca cosa cuando nos preguntamos esto. Porque evidentemente les habla al corillo, al combo de sus amigos, a los machotes que le cantan al bichote. Este es un videoclip de hombres para hombres. Pregunto: ¿por qué sólo ella perrea sola? ¿Acaso ellos y/o elles no perrean soles? Elles también son objeto de acoso en la discoteca. Esa interpelación intrusea y eclipsa un movimiento, un discurso, al volverlo una estética. Al convertirlo en un producto, en moneda de cambio, casi una seña; ya no son los dos meñiques bajo los ojos de X100pre, sino que la lengua afuera de YHLQMLG.

LAS TETAS PLÁSTICAS

El conejo no deja de tocarse las tetas plásticas. Pero ¿qué hay más allá? La gramática de la mujer de Bad Bunny es la mujer del exceso falso, la mujer de las tetas sin pezones: la Barbie, la muñeca inflable, la de la industria pornográfica que oscila entre la muñeca para niñas y los juguetes para adultos. Martínez, a diferencia de Freddie Mercury o David Bowie, estrellas musicales antes travestidos, es ajeno a su contexto político cultural, pues inscribe una cosificación. Nos promete perreo de mujeres libres pero nos devuelve juguetes vibradores.

En una reciente entrevista Bad Bunny declaró: “ Escribí desde la perspectiva de una mujer (...) yo quería la voz de una mujer para cantar “Yo perreo sola” porque no significa lo mismo cuando un hombre la canta. Pero yo me siento una mujer a veces”. One moment, Bad Bunny ¿Cuál es esa perspectiva de su idea de mujer? ¿De cuál mujer? ¿Cómo siente una mujer? ¿Cómo toma una foto una fotógrafa a diferencia de un fotógrafo? ¿Cómo enseña una maestra a diferencia de un maestro? ¿Cómo escribe un hombre a diferencia de una mujer? Este es un debate abierto de las artes y el género. Al ponernos en el lugar del otro transitamos un lugar que no nos pertenece, volviéndonos el otro dentro de nosotros mismos. Nos sacamos una incesante selfie.

LAS MUJERES MANDAN

¿Sobre qué mandan las mujeres? En la escena sado las reinas / carneras / animales son pasivas, no hay sometimiento ni control, no hay sobre qué mandar. No hay deseo porque nada falta. Bad Bunny-es-todo, todo lo llena. Cuando el conejo malo perrea a su versión femenina es él quien saca la lengua, él es el ganador. Es él quien goza. Las mujeres parodiadas no necesitan a los hombres, porque Benito está allí, en todo, tanto “las mujeres” en primer plano como los hombres del video. Es el ser omnipresente. Emisor y receptor, se interpela a sí mismo como “feministo” y no corre el cerco de sí mismo; se autodestruye, porque ha encontrado el límite de su repertorio y el límite de su autorrepresentación como ícono. Es el goce perverso del capital, diríamos con Jacques Lacan. Esa es la selfie, la de un canalla sin otros evidenciando sus límites, ocupando toda la pantalla.

NOS FALTA UNA

Nesi (Génesis Ríos, Puerto Rico, 22), la voz que canta el pegajoso coro de esta canción, no aparece en los créditos del disco. ¿Con cuál de todos los semblantes nos hacemos los “feministos” y le negamos el nombre propio, el rostro y el cuerpo a la única mujer del álbum? Dicen que fue por una cláusula de exclusividad entre Nesi y Hear This Music, exsello de Bad Bunny de donde salió de malas con Dj Luian y tal... ¿Pero qué nos importa a nosotres? Benito la desaparece, la hace parodia de una Rosalía, hace playback sobre su voz y nos devuelve su boca húmeda. “Lo único que quería era mi voz”, declara Génesis. No es suficiente. Atrás quedaron los tiempos en que las mujeres del reggaetón sólo podían optar a coristas, a volverse meros arreglos musicales o instrumentos para el manejo de machirulos que además se iluminan con led verdes abortistas.

Benito Martínez no rompe estereotipos, sino que los refuerza. Afianza su esteticismo para validarse como interlocutor de lo que se pase por el frente, confundiendo así carnaval con serpentina. Podía haberse comprometido con causas relevantes como la LGBTQ+, como la muerte marginal y sola de Alexa, pero como el rey midas toca y perrea todo lo que se cruce por el frente. No se compromete con la violencia fuera de pantalla de los discriminados, abusados, violados, torturados, asesinados por ser quienes son, aquellos del rostro pixelado que carecen de autorrepresentación, sino que se refriega sobre la caricatura de las mujeres boricuas de tetas duras en HD.

No se puede llegar, tocarlo todo y revolver las carteras así sin más, irse y salir invicto tal y como ocurre en el video de “Solo de mí”, en el que, después de mostrarnos a una mujer golpeada y ensangrentada cantándole sin voz a un maltratador, Bad Bunny la toma y se la lleva de party, así sin más. Ya no todo da igual. “Yo perreo sola” es una canallada. Es la selfie de Bad Bunny travestido, mandándonos corazones y subiéndonos el dedo del medio. Es su más íntimo retrato de amor. Se reafirma en el goce perverso de un Benito confinado a sus límites. Y no le importan en absoluto las consecuencias que eso tiene para los otros. Esos otres, que somos su público.

Andrea Ocampo Cea https://ift.tt/eA8V8J

La historia de la vidente millonaria que ‘predijo’ el coronavirus

Artículo publicado originalmente por VICE Reino Unido.

Ante la avalancha de noticias falsas y teorías de conspiración que vemos por Internet sobre el coronavirus, no es de extrañar que muchos famosos traten de arrojar luz sobre lo que ocurre. Es el caso de Kim Kardashian, que el 12 de marzo tuiteó: “Kourtney acaba de pasar esto por el grupo” con la captura de pantalla de un libro que alguien había compartido en el muro de Facebook de Kourtney. Era una predicción sacada de un libro publicado en 2008, End of Days: Predictions and Prophecies about the End of the World [El fin de los días: predicciones y profecías sobre el fin del mundo], de Sylvia Brown, una médium famosa. En ella se hablaba de la llegada del coronavirus en 2020:

"En 2020, una enfermedad grave parecida a la neumonía se extenderá por todo el mundo, atacando los pulmones y los bronquios y resistiendo a todos los tratamientos conocidos. Casi más desconcertante que la enfermedad en sí será el hecho de que desaparecerá de repente tan rápido como llegó, atacará de nuevo diez años después, y luego desaparecerá por completo”

El tuit de Kim inevitablemente provocó que miles de personas compraran el libro en Amazon y le dieran cinco estrellas, principalmente, porque la primera parte de la predicción habla de dinero y segundo, porque todos tenemos un montón de tiempo libre en este momento.

No todo el mundo se alegró de ver que la Kardashian compartía este tipo de información. En Twitter, alguien contestó a Kim diciendo: “Es una irresponsabilidad, señora”. Así que, en aras de la responsabilidad, me he leído End of Days. Esto es lo que he aprendido sobre el apocalipsis y Browne.

End of Days comienza así: “Estoy cansada de estar asustada, sé que tú también”. Al parecer, hace 12 años también la gente tenía miedo del mundo moderno y necesitaba una respuesta a esa inminente sensación de perdición que tenían. Browne escribe que los males del mundo serían muchos, incluidos los malos políticos y los titulares sin fin. (Suerte que no vivió para ver la realidad de las noticias falsas o los ciclos de noticias de 24 horas).

Browne murió en 2013 en San Jose, California, siendo millonaria. La autora escribió más de 40 libros sobre temas de espiritismo y clarividencia y apareció frecuentemente en televisión y radio para hablar de sus poderes. En 2008, el año en que publicó End of Days, Browne cobraba más 700 dólares por una sesión de 20 a 30 minutos de adivinación. Teniendo en cuenta que normalmente la sesión cuesta entre 55 y 160 dólares, era bastante dinero.

Muchas veces se cuestionaron sus habilidades paranormales tras descubrirse que sus predicciones y afirmaciones eran falsas, incluidas pistas sobre gente desaparecida. De hecho, en su mayoría, las predicciones de End of Days que tienen una fecha nunca ocurrieron. El resto son tan vagas y obvias que lo raro hubiera sido que no sucedieran.

Browne aseguraba en el libro que el resfriado común desaparecería en 2010 “para disgusto de innumerables compañías farmacéuticas” y que en 2020 no habría ciegos ni sordos. Sobre el cáncer dice que desaparecería, al igual que la anorexia y la bulimia. Lo más raro es que dice que la infertilidad en hombres y mujeres aumentaría porque “el fin de los días” estaría cerca y menos espíritus querrían reencarnar y estar en la Tierra cuando dejara de existir. También que el mundo acabaría pronto, claro está, como resultado del cambio climático.

Si hay alguna verdad universal que extraer del libro de Browne es que desde que existe, la humanidad ha intentado siempre predecir el apocalipsis.

He aquí algunas predicciones históricas sacadas del libro: unos astrólogos predijeron una inundación global que destruiría el mundo entero en 1524 y luego la segunda venida de Cristo el 28 de abril de 1583 a mediodía. El 13 de octubre de 1736, muchos se prepararon para la gran inundación que había predicho William Whitson, un teólogo y matemático británico. El 17 de diciembre de 1919, según Albert Porta, un sismólogo y meteorólogo, una conjunción específica de seis planetas crearía una corriente magnética tan fuerte que haría explotar al Sol y se tragaría la Tierra. Luego tenemos, claro está, el problema informático del año 2000, Y2K.

Querer saber qué va a pasar es una respuesta muy humana ante un mundo en constante cambio que produce ansiedad. Sabemos con seguridad que todos vamos a morir, ¿pero y si ocurre algo mucho más grande que nos lleve a todos? Construimos una narrativa de nuestra vida que le da significado e importancia a la misma. Esperamos que las cosas estén conectadas, aunque lo que en realidad pasa sea mucho más confuso y decepcionante. “Es una característica humana indiscutible que nos sentimos más seguros si sabemos qué ocurre al final de la historia, especialmente cuando se trata nuestra historia”, escribe Browne.

En 2003, en el programa Larry King Live la famosa psíquica predijo que moriría a los 88 años. Sin embargo, ocurrió a los 77, en 2013. Nadie puede ver realmente su final, por razones obvias y poco románticas. Si pudiéramos saberlo, el miedo nos mataría.

@hannahrosewens

Hannah Ewens https://ift.tt/eA8V8J