Artículo publicado originalmente por VICE Estados Unidos.
Andy Warhol (1928–1987) es ahora una estrella más grande en su muerte que cuando estaba en vida. Sus pinturas se venden por cifras que él solo pudo haber soñado, y sus imágenes son licenciadas y reproducidas alrededor del mundo. Su asenso al panteón de genios revela que Warhol conocía a Estados Unidos mejor que lo que nos conocemos a nosotros mismos.
Warhol transformó la cultura pop en arte fino, subvirtiendo ambos en el proceso. Tomó el ensayo de Walter Benjamin “La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica” a su conclusión lógica, convirtiendo en arte a la propia acción de la repetición. Al hacerlo, plantó las semillas de todo desde el culto a las celebridades, los realities de televisión, la imagen personal, y la cultura de memes.
Warhol se apartó de su imagen característica de la peluca gris y el uniforme clásico —una camisa blanca de paño con tejido oxford abotonada de Brooks Brothers, Levis azul marino sin lavar, y una chaqueta de cuero negro— y asumió la posición de un oráculo. En público, era un hombre de pocas palabras, guardándose todo para el espectáculo que liberaría en su arte, fotografía, películas, libros, revistas, portadas de discos, y eventos.
Andy Warhol—From A to B and Back Again está en exposición en el Whitney Museum of American Art, Nueva York (hasta marzo 31 de 2019), en el San Francisco Museum of Modern Art (mayo 15 de 2019–septiembre 2 de 2019), y en el Art Institute of Chicago (octubre 20 de 2019–enero 26 de 2020).
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