Artículo publicado originalmente por VICE Brasil.
Garanhuns parece un paraíso. Rodeada por siete colinas, y con un clima templado en verano que contrasta con otras ciudades del estado de Pernambuco, esta ciudad de poco más de 113 mil habitantes suele ser llamada "Suiza Pernambucana" y "Ciudad de las Flores" gracias a su aire bucólico. "Dice la sabiduría popular del pueblo en el corazón del Agreste Pernambucano que quien bebe agua de Garanhuns, un día volverá," describe la prefectura. El que fuera el lugar de nacimiento del expresidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, también fue escenario de una de las historias más macabras de la década de 2010: Jorge Beltrão Negromonte da Silveira, Isabel Cristina Torreão Pires y Bruna Cristina Oliveira da Silva, mataron a varias mujeres, descuartizaron sus cuerpos y con su carne hicieron empanadas que luego les vendieron a sus vecinos.
Los caníbales de Garanhuns lograron hacer que la leyenda urbana de la carnicería de Porto Alegre en la calle Rua do Arvoredo pareciera un cuento de Disney.
Las desapariciones
Es normal que la gente crea que los asesinos seriales son genios del crimen, pero en realidad muchos de ellos son atrapados gracias a sus propios errores —los más básicos del mundo—. Los tres asesinos de Pernambuco no fueron la excepción. Sus crímenes fueron descubiertos por un error muy tonto.
Ya tenía tiempo que la población de Garanhuns reclamaba que la policía no lograba encontrar a dos mujeres que habían desaparecido sin dejar rastro. Giselly Helena da Silva, de 31 años, desapareció el 25 de febrero de 2012. Era una mujer bonita y sonriente, conocida en la ciudad como "Geisa de los Panfletos" debido a su profesión. Tenía familia, amigos y empleo. No había un solo motivo plausible para que simplemente se fuera. La otra mujer era Alexandra Falcão da Silva de 20 años. Era joven, con familia y estaba en busca de empleo en la ciudad para mantenerse. Desapareció el 12 de marzo después de hablar con su madre y decirle que trabajaría como empleada doméstica ganando más de un salario mínimo.
La primera pista llegó por correspondencia. La familia de Giselly se extrañó al recibir un recibo de la tarjeta de crédito de la chica. Dos días después de su desaparición se hicieron compras en su nombreen cinco tiendas de la ciudad. No tenía sentido. La familia llamó a la policía.
Las autoridades revisaron las cámaras de seguridad de las tiendas que aparecían en el recibo, y en lugar de Giselly se veía una pareja desconocida para la familia. Después de investigar, consiguieron una dirección en el barrio Jardim Petrópolis, a donde llegaron siguiendo las evidencias. La policía no esperaba abrir una caja macabra de Pandora.
En abril, la policía encontró a tres adultos en una casa: Jorge Beltrão Negromonte da Silveira, Isabel Cristina Torreão Pires y Bruna Cristina Oliveira da Silva. Había también una niña pequeña, identificada como hija de Jorge y Bruna. Asustada, la niña apuntó al patio trasero, indicando el lugar donde se encontraban los cuerpos de las dos mujeres asesinadas por el trío.
Giselly fue atraída a esa casa por medio de Isabel, una señora canosa de mayor edad de la que aparentaba, quien la a ayudaría a conocer más la palabra de Dios. Ahí, conoció a Bruna, luego la llevaron al interior del lugar sin saber que Jorge ya la estaba esperando. De manera sorpresiva, Jorge golpeó el cuello de la víctima, y con ayuda de Bruna, la arrastró hasta el baño donde la descuartizaron y le extrajeron la carne de los muslos, los brazos, las nalgas y el hígado para luego almacenarla en el congelador.
Alexandra pasó por lo mismo. Fue atraída por una propuesta de empleo para trabajar como empleada doméstica en la casa, y ahí la degollaron. Los restos mortales de las mujeres fueron encontrados en fosas de un metro y medio en el jardín. Alexandra fue enterrada con sus documentos y Giselly con su propia fotografía.
Teniendo los documentos personales de la víctima y de su hija, Bruna asumió la identidad de Jéssica y registraron a la niña ante la ley como hija de Jorge. Bruna, incluso, se presentó en su primera cita ante la ley como Jéssica. La niña, criada por los tres, además de haber visto a su madre ser brutalmente asesinada y descuartizada, fue obligada a comer la carne de las víctimas y la utilizaron como recurso para conquistar la simpatía de las mujeres que querían atraer. En una entrevista desgarradora hecha por TV Record, la niña identificó a Jorge como caníbal y como el asesino de su madre. Ahora, vive con su tía abuela, lejos de los reflectores, después de cinco años bajo el dominio de esos tres asesinos.
“No percibí alguna diferencia que indicara que era carne humana, solo estaba muy salada”
Además de todos los elementos surrealistas que constituyen la historia de Jorge, Isabel y Bruna, la información de que la carne de las víctimas fue usada para rellenar las empanadas que Isabel vendida en la ciudad fue la cereza del pastel que despertó la curiosidad de la prensa nacional e internacional.
Según el testimonio de Isabel, la carne también fue consumida como una forma de ritual macabro. Parece que los tres tenían una especie de culto llamado Cartel que predicaba la disminución poblacional y la purificación del mundo. Sus víctimas no eran elegidas por casualidad. Todas eran consideradas mujeres impuras que esparcían el mal y la discordia en la Tierra, y por eso debían ser eliminadas.
En el diario de Jorge, él comenta que antes de los asesinatos Isabel solía vender empanadas y otros alimentos para sostener la casa en la época en que él estaba deprimido. La población de Garanhuns solía comprarle por lástima. Algunos relatan en reportajes que Isabel vendía alimentos para comprar los medicamentos controlados de Jorge, aunque no siempre tenía éxito. "Ella decía que eran light y que estaban hechas con pollo. No percibí alguna diferencia que indicara que era carne humana, sólo estaba muy salada", dijo una habitante de Garanhuns.
La gente quedó tan asustada con la proximidad macabra de los asesinatos y la carne humana en empanadas que solo parecían mal hechas, que hasta los vendedores inocentes sufrieron una grave caída en sus ventas por la desconfianza de los clientes. ¿Qué les garantizaba que las empanadas de la esquina no estaban hechas con carne humana?
Los tres confesaron y luego se retractaron varias veces de la versión en que la carne humana fue vendida en la ciudad. En un primer momento, Isabel afirmó haber inventado la historia porque tenía miedo de ser agredida en la comisaría y quería que la internaran en un hospital de custodia. Sin embargo, todos admitieron haberse alimentado de carne humana y haberle dado de esa carne a la hija de Jéssica que vivía con ellos. En el período en que el trío fue arrestado, ya había puesto sus ojos en otras dos mujeres de la ciudad.
Como era de esperar, la casa de los horrores en el barrio Jardim Petrópolis fue devastada por la población. Primero, la saquearon por completo, después la destruyeron e incendiaron dos veces. Debido a este error bastante común de la policía brasileña de no acordonar las escenas de crimen, casi pierden el diario de Jorge y unas anotaciones de Bruna —que hasta hoy no han sido publicadas—.
Ya estando encarcelados, los tres asesinos recibieron innumerables visitas de la prensa. Fue un proceso muy bien documentado por todos los periódicos de Brasil, le prestaron una atención fuera de lo común. No es que el trabajo periodístico estuviera de sobra, pero fue algo triste ver la forma sensacionalista en que la prensa optó por abordar todo el asunto. Por eso, quizás sea difícil discernir qué versión de la verdad sobre la locura de los tres debemos creer.
Juegos mortales
El trío compareció ante el plenario por las acusaciones de doble homicidio triplemente calificado, vilipendio (violación) y el ocultamiento del cadáver de Jéssica Camila en 2014. En los testimonios de los acusados, las versiones de los crímenes presentaron algunas inconsistencias que dieron a entender que cada uno estaba haciendo lo posible para eximirse de la culpa. Sin embargo, la impresión que quedó es que la relación extraña de Isabel y Jorge, que era más maternal que amorosa, también era fruto de las manipulaciones de Jorge, descrito como un hombre carismático e inteligente, pero también muy agresivo e impredecible al ser contrariado. Bruna, con menos de la mitad de la edad de Jorge e Isabel, se mostró sarcástica ante el jurado, aunque también sostuvo que Jorge era un hombre manipulador y cruel con sus víctimas.
"Yo no participé en el asesinato ni en el descuartizamiento, cuando vi [las partes del cuerpo], me asusté. [En la película] Juegos Mortales perdería, comí la carne porque formaba parte del ritual. La niña no comió de esa carne", dijo Bruna.
La defensa de Jorge obviamente alegó enfermedad mental para intentar al menos que el hombre fuera internado en un hospital de custodia. Extrañamente, el informe médico negó cualquier indicio de enfermedad mental de Jorge. Por ello, fue condenado a 23 años de cárcel. Isabel y Bruna, a 19. Los tres fueron abucheados por la gente al salir de la corte Fórum de Olinda tras la sentencia. Hoy en día, los tres aguardan sus juicios por la muerte de Alexandre y Giselly en Garanhuns. Hay sospechas de que Jorge dejó más cadáveres en fosas en las ciudades donde vivió en el Nordeste, pero no hay pistas ni evidencias más allá de las palabras de Isabel y Bruna.
Poco se sabe sobre la vida privada del trío y sobre su historia antes de ser conocidos como caníbales. El propio Jorge en su diario advierte al lector que podría estar siendo engañado por la realidad que proyecta su mente.
"Todo eso que revelé, no soy yo, ni nadie, es sólo mi mente", escribió en el último capítulo de su libro, registrado ante un notario semanas después de la muerte de la tercera víctima.
Marie Declercq https://ift.tt/2DCh1vt
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