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martes, 20 de noviembre de 2018

Los hombres que están desaprendiendo la 'masculinidad tóxica'

Artículo publicado originalmente por Broadly Estados Unidos.

En 2006, Nathan de 56 años se peleó con Mandy, su hijastra adolescente, por la forma en que estaba realizando sus deberes. Las cosas se tornaron físicas; la empujó para adelante y para atrás contra la puerta. Siempre peleaban, pero las cosas nunca antes se habían salido de control de esta manera.

"Fue una de las peores cosas que he hecho", me dice Nathan. "Fue como si hubiera dejado mi cuerpo. Mi furia simplemente explotó de una forma horrible que fue completamente desproporcionada para la situación. Tengo que decir que la forma en que reaccioné debió haberme asustado casi tanto como la asustó a ella".

Después de eso, Nathan se dio cuenta de que necesitaba procesar sus emociones. Era el tipo de hombre liberal, generalmente compasivo que recolectaba dinero para Planned Parenthood, evitaba películas violentas, y no actuaba para nada como los arquetipos de "masculinidad tóxica" que saturan en la política. Pero, como la mayoría de personas, había crecido con la idea de que el dominio físico era un rasgo masculino deseable. Como un jugador de fútbol vitalicio, suprimir el dolor y actuar de forma resistente siempre parecía ser la forma en que los hombres se supone que deben actuar.

Unos pocos meses después de la pelea, Nathan descubrió el ManKind Project, un entrenamiento sin ánimo de lucro y una organización de educación que realiza "programas de desarrollo experimental personal para los hombres". Se inscribió en un entrenamiento intensivo de tres días, seguido por un "grupo de integración" de diez semanas.

En lo relacionado con la marca, ManKind atiende a una demografía tradicionalmente masculina —sus iniciaciones son llamadas “Aventuras de Entrenamiento para Nuevos Guerreros”— pero gastan mucho dinero trabajando con cosas estereotípicamente "no masculinas", como la emoción. A lo largo del programa Nathan aprendió a estudiar sus sentimientos y descubrir exactamente de dónde provenían, dice. También le fueron dadas herramientas para realizar registros productivos de sí mismo y le enseñaron como desescalar su furia.

"Se necesitó de mucha autorreflexión para entender cómo había estado proyectando mis frustraciones sobre mi vida hogareña en [Mandy]", dice. "Siempre he sabido que cosas como adquirir responsabilidad y hacer trabajo emocional podrían ser facetas de la masculinidad, pero ponerlas en práctica dentro de mi propia vida cambió completamente la forma en que me relacionaba con mi familia".

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Foto por Visualspectrum, vía Stocksy.

Cada iteración del entrenamiento de masculinidades saludables tiene su propia receta única para enseñar la "masculinidad progresiva"; algunos se enfocan en inteligencia emocional; otros educan sobre consentimiento y no violencia. Las clases del artista Daniel Crook se enfocan específicamente en la vulnerabilidad, una cualidad que, dice, al aprenderse puede hacer una gran diferencia para cambiar la forma en que los hombres se relacionan con sí mismos y tratan a los demás.

Después de crecer con el tipo de padre que dice que le rompería la nariz a alguien si lo mira mal, Crook se fascinó mórbidamente en la marca violenta, típicamente cargada de alcohol de la expresión masculina que los hombres de su ciudad de origen rural y conservadora estaban usando para hacer valer su hombría. Crook, un hombre queer identificado con lo femenino, se involucró en expresiones de género alternativas desde una edad temprana, y no podía entender por qué tenían que pelear con los demás para sentirse como hombres. Al mismo tiempo, se encontró a sí mismo queriendo ayudar.

"Eran tan frágiles y estaban tan enojados", dice. "Era muy claro para mí que estaban actuando de esta manera para adaptarse a la forma en que creían que deberían ser los hombres. Yo había encontrado una expresión de género en la que estaba más feliz y más seguro—siempre y cuando quisieran, ¿no podría ayudarlos a que hicieran lo mismo?"

De adulto, Crook comenzó a poner esto en práctica a través de su arte. Invita a hombres cis heterosexuales a su estudio para modelar para sesiones de retratos desnudos en las que intenta (de forma consensuada) deconstruir y reconstruir su sentido de masculinidad a través de un tipo de discusión íntima que trasciende las charlas hombre-a-hombre. Pregunta cosas como, "¿Recuerdas la primera vez que fuiste disuadido de tocar, abrazar, o ser emocional con tus amigos hombres?" y "¿Cómo se siente que te digan 'marica' o que de digan que 'actúes como hombre'?"

“Era muy claro para mí que estaban actuando de esta manera para adaptarse a la forma en que creían que deberían ser los hombres".

La vulnerabilidad de responder estas preguntas estando desnudos —frente al tipo de hombre que han sido socializados para pensar que representa una amenaza para su reputación sexual— puede tener un efecto transformador.

"Creo que los empuja a una cornisa de la que se han estado alejando", dice Crook. "No podría decirte cuántas veces he estado en la habitación con un hombre que lo único que necesitaba realmente era algo de ternura". Crook recuerda la vez que un modelo colapsó en sus brazos después de enojarse consigo mismo por llorar la muerte de un ser querido. No había razón para estar enojado en ese momento, pero pudo ver por qué el hombre reaccionó así—no había tenido un buen abrazo en cinco años, le dijo a Crook.

Otro sujeto de Crook me dice que la vulnerabilidad que sintió modelando le permitió finalmente lidiar con una parte de su psique que había sido dañada en sus relaciones toda su vida—su atracción a mujeres mucho más jóvenes. Y sin embargo, otro dice que se sintió emocionalmente muerto y que no había llorado por una década hasta que posar para Crook lo ayudó a bajar la guardia. "Es un alivio descubrir que uno no tiene que ser de ninguna forma particular para ser un hombre", me dice. "A veces, tiene que ser un poco vulnerable para encontrar ese alivio, pero uno sale mucho más fuerte" (Aún así, ambos hombres pidieron que sus identidades se mantuvieran anónimas).

"Cuando los hombres aprenden a reconocer e interpretar sus emociones y las emociones de otros, y que hay fortaleza en la vulnerabilidad, tienden a sentirse más seguros de sí mismos y de su lugar en la sociedad", dice Ronald Levant, profesor de psicología de la Universidad de Akron y co-editor del libro The Psychology of Men and Masculinities. "Esto hace que se sientan menos propensos a perder el control y lastimar a otros en un intento de hacer valer su autoridad".

Una abundancia de investigaciones también evidencia que los hombres que se subscriben a roles de género que favorecen la dominación masculina, la legitimación, y la represión emocional son más propensos a sufrir enfermedades mentales no tratadas. También, parece que los programas de masculinidad saludable podrían tener un impacto más amplio—algunos estudios han comprobado que exponer a los hombres a definiciones más extensas de la masculinidad reduce el comportamiento violento y las creencias opresivas en ellos. Curiosamente, existe incluso evidencia de que las expresiones más progresivas de la masculinidad pueden reducir el cambio climático y la contaminación y crear sociedades más económicamente rentables.

"Todo se trata de plantar semillas, poco a poco", dice Hicks. "Uno no puede cambiar el mundo de la noche a la mañana. Pero si uno puede hacer la vida de un hombre más saludable y más positiva, uno puede mejorar dos; cuatro; ocho; 16 y así sucesivamente. Es un efecto adictivo que está creando un cambio real".

Isabelle Kohn https://ift.tt/2R0mu35

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