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jueves, 15 de noviembre de 2018

Nos subimos a los microbuses que más asaltan en la CDMX

Artículo publicado por VICE México.

Son casi las cuatro de la tarde y el tránsito sobre la carretera México-Texcoco está completamente detenido. El ruido de los cláxones lastima los oídos. El calor hace el trayecto más pesado. El bochorno se cuela por las ventanillas del microbús y el sudor emerge en el cuerpo de los pasajeros: moja su rostro, sus hombros y espalda, hace que la ropa húmeda se pegue a los asientos. De pronto, en medio del caos vial, se trepan dos sujetos al camión.

— ¡Ya valieron madre pasaje! —dice uno de ellos. Su gorra cubre toda su frente y cae hasta sus ojos. Trae una pistola en la mano derecha y se coloca junto al chofer.

— ¡Que nadie se baje o se chingan! ¡Celulares y dinero! —ordena el otro con un tono más duro, mientras recorre el microbús con una mochila abierta.

Toda la gente comienza a sacar sus móviles y a depositarlos en la mochila. Billetes, monedas, relojes y hasta aretes caen en su interior. Pero una de las pasajeras se niega a colaborar. No es que sea terca o se haya envalentonado contra los asaltantes, simplemente no entiende lo que está pasando.



Es una niña sordomuda de 11 años que se aferra a su tablet. En ese dispositivo electrónico trae los juegos que más le gustan y no piensa entregar a unos desconocidos el mecanismo que todas las tardes la aleja de su complicada realidad.

Pero ellos no entienden que la menor no respeta la autoridad de un arma. Su nerviosa madre se convierte en la intérprete de los asaltantes. A ellos les dice que la menor no escucha y a ella le explica mediante señas que debe de darles su tablet y trata de arrebatársela. La niña forcejea, el hombre armado también.

—¡Con una chingada, señora, deme esa chingadera o aquí vale madres!

Fracciones de segundos después ¡pum!, suelta un balazo. Un sonido hueco y seco deja helados a todos. Acaba de disparar hacia el techo. Los pasajeros gritan. Los asaltantes se asustan y huyen perdiéndose entre el abrigo de los puestos ambulantes. En el motín no va la tablet. El micro se ha quedado con un hoyo en la lámina superior y los usuarios con el coraje de haber sido robados. La niña se ha quedado con sus juegos y con un ataque de nervios por no entender bien lo que acaba de ocurrir. Pasará los siguientes dos meses en tratamiento psicológico debido al incidente.

Bertha, la madre de la niña, me contó esta historia cuando supo que hoy saldré de casa para buscar algo parecido a lo que ella vivió. Subiré a las tres rutas de transporte público más peligrosas de la ciudad, las que han tenido más reportes de atracos en los últimos años. Atravesaré tres alcaldías de la CDMX y cinco municipios del Estado de México.



Por eso, antes de salir, tomo mis precauciones: cambio mi celular por uno inservible así que estaré incomunicado en las próximas horas, dejo mi cartera y tomo cuatro billetes de 50 pesos, abandono mis llaves, me pongo dos sudaderas para el frío, unos jeans, tenis cómodos y salgo rumbo a la adrenalina.

El objetivo es narrar la situación de inseguridad a la que se enfrentan miles de usuarios todos los días a bordo del medio de transporte más arriesgado: el microbús. Tan sólo entre enero y septiembre de este año se iniciaron 406 carpetas de investigación por robos con violencia en microbuses, más de una cada día, a éstas hay que sumar todos los asaltos que no se denuncian. Pero los últimos dos meses del año el riesgo aumenta por varios motivos: los trabajadores reciben aguinaldos, llega el buen fin y se pagan los bonos anuales, por lo que la mayoría de los ciudadanos cuentan con un poco más de dinero en estas fechas y los ladrones lo saben.

¿Cómo ubicar las rutas más peligrosas? Primero pregunté a mis contactos en redes sociales sobre qué lugares de la ciudad consideraban más susceptibles para los atracos. La lista es de más de 30 sitios en los cuatro puntos cardinales de la capital. Cada respuesta aseguraba que tal o cual ruta era la más arriesgada porque ahí los habían asaltado, por eso opté por buscar datos más precisos. Así fue como encontré un estudio de México Evalúa, un Centro de Análisis de Políticas Públicas, que muestra los puntos más calientes de la CDMX entre 2008 y 2016, estos son los datos más recientes basados en reportes policiacos.

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Tercera Parada

Ahí sobre la Calzada Ignacio Zaragoza, uno de los tres puntos más calientes de la capital según el reporte de México Evalúa, me subo a un camión que dice “San Francisco Ixtapaluca”. Son las 9:30 de la noche y a diferencia de los microbuses que pasaron antes, éste va casi vacío. Apenas nueve personas, entre ellas sólo una mujer, ocupan sus 39 lugares.

En el radio suena un programa llamado “Los Adoloridos de la Z”. De las bocinas emerge la historia de un noviazgo de invidentes. La chica llamó a la estación para dedicar una canción de banda a su novio. Sólo una persona revisa su celular, los demás van atentos a la radio.

Pasamos el metro Tepalcates, Guelatao y hasta la estación Peñón Viejo se sube otra persona. Al parecer este camión no es tan popular. Las combis que pasan a nuestro lado con el mismo destino van a su máxima capacidad. Pasamos por el Puente de la Concordia, donde en octubre de 2015, encontraron un cuerpo colgado con visibles huellas de tortura. Fue una de las primeras narco imágenes que vimos en la capital.



Abajo, sobre los muros del puente, se ofrecen en carteles terrenos a buen precio en el Estado de México, servicios de brujería y amarres. Metros después llegamos a la estación Santa Martha, la frontera entre Iztapalapa y el municipio de los Reyes La Paz. El vehículo comienza a llenarse. Tardamos más de 20 minutos en pasar ese punto.

No va completamente lleno pero sí están todos los asientos ocupados y varias personas paradas. Nadie tiene su celular en la mano. Ya son tres las mujeres que van a bordo. La mayoría son hombres de entre 20 y 35 años. Su semblante cansado y su aspecto desaliñado refleja que han pasado bastantes horas en una dura jornada laboral. Otros son estudiantes, vienen más frescos pero igual de exhaustos.

Sólo la mitad del camión está iluminada por una luz blanca que recorre desde adelante hacia atrás la unidad. Cada tope la gente brinca debido al descuidado estado en el que se encuentra el vehículo. Y cada que hace una parada todos voltean atentos a ver quién se sube y lo siguen hasta su asiento con la mirada. “No vaya a ser que otra vez se suban los malandros”, dice un hombre en voz baja a su compañero de trabajo.

Me bajo en la Renault de Ixtapaluca y tomo una combi que me lleve a Plaza Sendero. Atravieso las letras con el nombre del municipio colocadas en un camellón iluminadas en varios tonos y una pequeña Torre Eiffel un poco deformada afuera de una plaza comercial.



Son las 11 de la noche. Espero casi 50 minutos a unos metros de la autopista México-Puebla en una zona poco iluminada, hasta que aparece la primera combi con destino al metro Zaragoza. Después de esperar casi una hora afuera de una plaza vacía, con sólo otro pasajero, en un cruce donde pasan muchos tráileres y ninguna patrulla, es un alivio ver un medio de transporte que me lleve de regreso a la CDMX.

Una mujer es la única pasajera, al vernos subir le pide al chófer que la deje ir adelante, él accede. “Es que vas a agarrar la pista y está bien solo por aquí”, le dice. Es cierto, la combi se mete a la autopista y cruza el municipio de Valle de Chalco rumbo a la capital. Va a más de 100 kilómetros por hora. En este momento no me asusta un asalto sino un accidente. La poca luminosidad es la característica principal de la zona.

Hace una parada en un sitio conocido como la Caseta Vieja. Se baja el otro pasajero y la muchacha. Me quedo solo con el chofer. De nuevo a acelerar. Para romper el hielo le pregunto, a través de una rejilla, sobre la inseguridad en su ruta.

— Pues a veces nos asaltan más y otras menos. Hay como temporadas.

— ¿A qué se debe? ¿Es porque viene diciembre o algo así?

— No, es cuando los líderes de la ruta no pagan la cuota a la maña. Esos cabrones se cobran a lo chino. Hasta han matado compañeros.

Llego a mi casa después de la 1 de la mañana. He tenido suerte el día de hoy. Prendo mi celular y veo en Twitter la última noticia del día anterior: “Pasajeros golpean a presunto asaltante en Naucalpan”.

Rogelio Velázquez https://ift.tt/2zV3vQq

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